31 mayo, 2018

DIVERSIDAD DE LO PERSONAL Y LO PÚBLICO EN UNA MUJER FANTÁSTICA (2017)



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Introducción
Marina Vidal una mujer de no más de treinta años, transgénero, mesera en un restaurante y cantante. En pareja con Orlando un hombre de unos sesenta años, propietario, clase media, divorciado o separado con hijos. De manera repentina Orlando muere y a partir de allí la historia muestra cómo Marina debe lidiar con esta situación. No la pérdida de su amor, eso es algo que el ritmo frenético de sus problemas no le deja casi experimentar. Debe hacer frente a los ataques y discriminaciones de la familia de Orlando. Las interpelaciones (persecuciones) policiales, médicas. Para decirlo rápido ella solo demanda poder participar del funeral de Orlando y heredar su perra. Como contrapartida solo recibe destrato y violencia. Por lo demás, el singular modo en que Marina Vidal se para frente a la vida, su vida y su lucha por ser reconocida, articula el potencial formidable de esta película[1].  

Identidades solas y acompañadas.
A partir de esta película intentaremos abordar la cuestión de la diversidad sexual deteniéndonos en las características propias de este material para pensar específicamente estos problemas de la identidad sexual y de género. Cuestiones tales como la igualdad. Quién tiene derecho a amar y ser amado, a circular libremente. En definitiva a vivir. Tal como lo encontramos en el cancionero Por ese palpitar[2]  esas identidades de la diversidad sexual hablan de su posición deseante, adoptan determinadas posturas críticas frente al modo en que el género interpela su ser subjetivo. Como dice Moris 1970[3]:
 El hombre tiene miedo de ver la verdad,
de ver que él era algo que no podía definir
de ver que al fin su sexo pudo ser o no ser
que no era absoluto, que podía ser la flor(…)
En la escena rockera de Argentina, en el último tercio del siglo veinte puntualmente, a medida que van pasando los años, ese modo de nombrar el deseo y la configuración identitaria se va haciendo más explícito. Al principio esos yoes discursivo-poéticos mantienen una actitud ambigua, permiten una interpretación más libre y se supone que en su expresión hay también algo de ponerse al resguardo de la mirada pública. Como en esta canción de Marilina Ross 1980[4]:
Me nació este amor, sin que me diera cuenta yo
 tal vez el miedo no dejó que apareciera.
Y creció este amor alimentándose en el sol
 de los amaneceres de Puerto Pollensa.
 Y no me animé a decirte nada
 pánico porque me rechazaras.(…)
Podemos ver otros ejemplos del cancionero Por ese palpitar, más contemporáneos y entonces observar cómo esas identidades se multiplican se diversifican se enriquecen y cobran fuerza desde lo declarativo. Afirmándose en su estar. Eso es lo que acontece en este film donde una mujer con una identidad distinta de la normativa de género femenina y masculina irrumpe en el espacio público. Circula por instituciones públicas, interactúa con funcionarios y personas de su entorno y podríamos decir que el espacio se ve por momentos conmocionado, si es que ella decide habitarlo en un sentido fuerte. Pareciera ser que en nuestro presente ciertas identidades de género pueden circular hasta cierto punto. Mientras la cosa va con total normalidad, pero en cuanto hay algún tipo de emergente ahí aparece la discriminación y el ataque. Agreguemos al pasar algo en relación al contexto de producción de este film. Opinamos que intenta documentar a partir de una historia de ficción una problemática candente en la sociedad chilena actual, pero que se puede hacer extensiva a muchas comunidades latinoamericanas. Sin entrar en el detalle de la legislación en materia de género actual de Chile, se hace patente que la evolución en materia de derechos para las minorías sexuales es, en la práctica, un recorrido lleno de escollos. La cotidianeidad y las relaciones de poder en las instituciones no acompañan siempre los cambios en las legislaciones. Un ejemplo en el film es la escena en el hospital, el dispositivo médico-policial no sabe ni quiere ni puede escuchar el nombre transgenérico. El médico se ofusca y pregunta si es un apodo que ese cuerpo sea nombrado ´Marina´. El policía apela a la nominación del aparato registrador y dice lo que es, es lo que está escrito en esta cédula.      
Un modo inmediatamente ordenador de los conflictos y secuencias de esta película es la noción de «sociedad patriarcal» tal como la caracterizan Tarducci y Zelarayán:
“Al orden social donde la diferencia sexual se transforma en desigualdad social se lo denomina patriarcado. Uno de los indicadores del patriarcado es la delimitación del campo social en dos zonas: una “esfera pública”, considerada dominio de los hombres, y un “ámbito privado”, propio de las mujeres.”[5]
Si bien aquí lo que se establece es la dicotomía básica entre lo que es del varón y lo que es de la mujer, podemos hacer extensiva esta distinción a la identidad femenina transgénero de Una mujer fantástica. Lo importante es ver que Marina puede transitar el ámbito privado de un modo distinto a cómo transita el ámbito público, allí es rechazada, echada, su vida corre peligro. Debemos aclarar que lo privado está asociado no solo a la casa, a lo más interior, lo que comúnmente se entiende como lo doméstico, sino a ciertas zonas de su vida que funcionan como territorios seguros de manera que allí ella no está sospechada, puesta en entredicho todo el tiempo. Su trabajo es un ejemplo; un bar donde su empleadora la conoce, hay allí un aire de desprejuicio evidente, cierta complicidad.
Querríamos argumentar que se torna realmente una curiosidad que ella no pueda habitar el mundo de los demás y su mundo personal del mismo modo si está sola que si está acompañada. Como si su identidad fallada o monstruosa[6] no pudiera prescindir de ser complementada por alguna identidad más ortodoxa, más normal. El paradigma sería el siguiente: cuando está acompañada de su pareja, un hombre de clase media, blanco y “heterosexual”, es decir, cuando está acompañada del representante del género hegemónico las cosas van bien para ella, puede estar. ¿Qué pasa cuando el referente-complemento ya no está? El cimiento de su mundo cede. No solo el estado con su carga de autoritarismo burda y la perversidad de sus funcionarios la sobrevuelan, sino personas que se sienten llamadas a defender los valores del género heteronormativo. En este sentido señalan Tarducci y Zelarayán:
“(…)la famosa frase “lo personal es político”(…), hace referencia a que el poder no solo está en las estructuras sociopolíticas tradicionales, sino también en los espacios de la intimidad, como el hogar, la familia, el amor, la sexualidad”.[7]     

Antígona y la vieja tensión entre lo familiar-personal y lo público-político.
La cuestión de la tensión que según nuestra interpretación del film se da en el ámbito de la vida personal de la protagonista produciéndose estas formas escindidas donde, como señalábamos antes, una vez que ese pilar complementario que es su pareja deja de estar  entonces su apoyatura, su cimiento, ya no la sostiene, la intentaremos enriquecer con algunos comentarios de la pensadora Judith Butler. Quien analiza la tragedia de Sófocles Antígona donde justamente interactúan alrededor de la figura identitaria tan compleja de la hija de Edipo el ámbito de lo familiar-personal contrapuesto al ámbito público. Algunos desarrollos que allí aparecen pueden aportarnos elementos para pensar la singularidad de esta película. La noción de rebelión en Antígona es central. Antígona es repelida y muerta por fuerzas normalizadoras que en su caso particular se remiten al orden de lo político-institucional. En el caso de Antígona la relación de tensión con el orden público se da a partir de la contradicción entre lo familiar, lo afectivo, el amor y lo que el estado le exige a Antígona como ciudadana. En el caso de Marina Vidal ella pasa a ser vista como potencial delincuente, sospechada y carente de condición de ciudadanía al no estar ya más acompañada en su ámbito personal por la normatividad de género que el estado reconoce como válida. Pero la normatividad de género es mucho más compleja que un poder de policía; funciona como un plexo de relaciones donde lo performativo del género, ese desempeñar papeles, ese actuar, implica que el control y la represión pueda ejercerla cualquiera. En Antígona un edicto oficial prohíbe –a todos- que la hermana despida al hermano muerto en el campo de batalla. Aquí en el film se trata del no reconocimiento de un cuerpo vivo, llamado Marina Vidal, por parte de cualquiera, en este caso la familia del difunto Orlando. Marina no puede participar del funeral, no está apta para que su cuerpo aparezca en ese ámbito familiar y público a la vez. Ella reclamará su derecho a despedirse del cuerpo de su compañero que ahora no es el cuerpo muerto repudiado como lo fue el de Polinices. Ahora el cuerpo repudiado es el de Marina y el cuerpo muerto es el cuerpo amado por cualquiera. Se le disculpan los deslices, las rarezas de género a ese cuerpo masculino en tanto ahora ya muerto vuelve a ser plenamente el cuerpo de un varón blanco, con dinero (patrimonio) y “heterosexual”.
Es sintomático como Marina es atacada en reiteradas oportunidades por las leyes del parentesco en nombre de la familia. La entrevista que tiene con Sonia la ex-mujer de Orlando lo ilustra:
Sonia: Bueno. Cualquier cosa yo solo te pido disculpas, yo solo estoy protegiendo a mis seres queridos… nada más. Tú no vas a ir a ningún funeral y a ningún velorio. ¿Entiendes? Ya no sé cómo explicártelo, ¿qué quieres que te diga? Daniel! No vas a ir al fu ne ral. Ni a ninguna parte. Por favor, déjanos llevar este duelo en familia! Como tiene que ser, no te aparezcas! Te lo pido como mamá. Y piensa que hay una familia completa, devastada, en shock! [Y remata] Me sacaría un pulmón si fuera necesario por mi hija.[8]
 Inversamente a Antígona quien se vuelve insociable en nombre de lo parental (y muere defendiendo esa verdad), Marina es sociable y canaliza su violencia interna solo puertas adentro. Hay en el personaje un deseo tapado de romper todo, de pasar por la picadora de sus puños la “maldad del mundo”. Pide que lo parental la reconozca porque poder participar de la relación familiar solo exige afecto. Mientras que la visión arcaica de la ex-esposa Sonia habla de sangre, maternidad, donación de órganos, sentidos que siempre se clausuran. Todas sus palabras son como escupitajos frente a la templanza del canto de Marina.
Es atacada en nombre de lo familiar eso está claro. Tal como siempre se ha visto por ejemplo la iglesia entiende que el homosexual es un riesgo para la familia; algo que podría corroer la idea sagrada de lo familiar. Es cierto que en el personaje de Marina se presenta algo que Butler comenta diciendo que lo simbólico; el legado edípico está en crisis en nuestros tiempos o desde hace ya tiempo y a algunos eso parece molestarles. La consecuencia de que eso simbólico se haya borroneado implica que la familia se haya dispersado que los lugares hayan quedado vacantes hayan sido desplazados y ocupados por nuevas figuras. Butler lo formula así:
 Si la estabilidad del lugar maternal no se puede asegurar, y tampoco la del paternal, ¿qué le pasa a Edipo y a la prohibición que defiende? ¿Qué ha engendrado Edipo?
Planteo esta pregunta, por supuesto, en un momento en el que la familia es idealizada nostálgicamente en diferentes formas culturales; una época en la que el Vaticano protesta contra la homosexualidad, no sólo acusándola de ser un ataque a la familia sino también a la noción misma de lo humano, donde ser humano, para alguna gente, implica participación en la familia, en su concepción normativa. Pregunto esto en un momento en el que los hijos e hijas, debido al divorcio y los segundos matrimonios. Debido a las migraciones, el exilio y situaciones de refugio, debido a diferentes tipos de movilidad global, pueden ir de una familia a otra, de una familia a ninguna familia, de ninguna familia a una familia o vivir, psíquicamente, en el cruce de la familia, en multi­ plicidad de situaciones familiares en las que puede haber más de una mujer que actúa como madre, más de un hombre que actúa como padre, o ningún padre, ninguna madre, ninguno de los dos, o con medio-hermanos que a la vez son amigos -éste es un momento en el que la familia es frágil, porosa y expansiva.[9]
Marina expresa por supuesto esta movilidad. Está en pareja con un hombre que le lleva unos treinta años, además su hermana y su cuñado son su familia pero a la vez interactúa con ellos como si fuesen sus amigos. Su profesor particular de canto es su referente artístico-afectivo, una mezcla de autoridad paternal una amistad en sentido amplio y profundo. Las cosas también se resitúan de un modo singular, si bien una perra no es una cosa es cierto que las personas tenemos una relación de propiedad con las mascotas.  En este sentido, Marina reclama a la perra de su pareja fallecida como si reclamara el bien más preciado; como si se tratara de joyas, dólares o una finca.   
Hay identidades que por ser portadoras de un carácter tan subversivo deben ser relegadas a lo interior. Si bien lo femenino es históricamente aquello que encuentra su pertenencía en lo interior, también es un dato que al menos en el mundo occidental desde el siglo veinte esto se ha transformado. Podríamos decir que las reivindicaciones de las sufragistas a principios del siglo veinte son conquistas en la actualidad. Pero en el caso de una identidad transgénero se la conmina a Marina por así decir a guardarse, a alejarse de lo público. Como señalamos antes, el papel de policía de género lo cumple cualquiera porque el género captura las subjetividades y las hace actuar, por eso aquí se ve a varias mujeres siendo portavoz del orden patriarcal concentrado.
Para cerrar, podríamos preguntarnos: ¿por qué aún hoy hay ciertos cuerpos que no pueden ser leídos, reconocidos y por lo tanto aceptados? ¿Cómo se pueden producir las condiciones para que cuerpos diversos se tornen inteligibles?[10] Ser un cuerpo ininteligible es como en la escena en el estacionamiento en que otra vez Sonia le dice a Marina, tú para mí eres una “quimera”[11]. Es decir un tipo de entidad que este personaje Sonia no puede llegar a categorizar como real; su ética no es lo suficientemente elástica como para dar cuenta de que Marina sea mujer y persona.  





[1] Ver de DIOS, LARRAÍN, MAZA, LELIO (Productores) LELIO S. (Director) (2017) Una mujer fantástica. Chile. Fábula Prod.
[2] Por ese palpitar. Canciones para un deseo mutable. Ministerio de Cultura. Presidencia de la Nación. Instituto Nacional de la Música. Asterisco-Festival Internacional de Cine LGBTIQ. C.A.B.A. 2016
[3] Ver Opus Cit. pp. 15,16.
[4] Ver Opus Cit. p. 17.
[5] Ver TARDUCCI M. ZELARAYÁN M. “Nuevas historias: géneros, convenciones e instituciones”. pp.  6,7.
[6] En la línea de Susy Shock cuando dice: ”Yo, perra en celo de mi sueño rojo Yo, reivindico mi derecho a ser un monstruo Ni varón ni mujer ni XXI ni H2o Yo monstruo de mi deseo”(…) Yo del poemario Trans-Pirado, Ediciones Nuevos Tiempos, 2011. 
[7] Ver TARDUCCI y ZELARAYÁN, Ídem, p. 8.
[8]Ver de DIOS, LARRAÍN, MAZA, LELIO (Productores) LELIO S. (Director) (2017) Una mujer fantástica. Chile. Fábula Prod. 00:48`:45``
[9] Ver BUTLER, J, El grito de Antígona, Trad. Esther Oliver. El Roure Editorial. Barcelona. 2001. pp. 40 y 41.
[10] Ver BUTLER, Ídem, p.37.
[11] Ver de DIOS, LARRAÍN, MAZA, LELIO, Ídem, 00:46`:30``.

13 mayo, 2018

Viaje al campo

 Entre el polvo que se levanta en la tarde y que flotando luego se adhiere a la piel me quedo pensando o deseando más bien que sería óptimo ya no tener incursiones de miedo. En eso tiene razón Philipe cuando me dice que no tengo que tener miedo y casi impertinentemente me insta a que de lo contrario me compre un auto. Río como diciendo que para él todo parece ser muy simple, y entro. Sin embargo tengo que asumir, porque no me queda otra, que en este viaje al campo que hice ayer, y aún, no puedo explicarme cómo estoy acá. Pues si estoy contándolo... es porque retorné. Polvo y más polvo. Tan fina capa que se levantaba con mínimas ráfagas, un polvillo rojizo que se mezclaba con la transpiración, este polvillo entra por las fosas nasales y se queda adherido a las paredes tanto a las externas como a las internas.
 No sé por qué todos los cuerpos, es como que se me vienen encima. Cierta hostilidad en el ambiente. Más tarde me preguntaré si estas alucinaciones se explican porque estuve viajando en un colectivo urbano y subió una pordiosera con rastas que balbucea una mezcla de portuñón y árabe. Algo inventado. Algo sin entidad alguna. (A propósito describir esas rastas mezcla de varios reinos biológicos me llevaría tiempo). Esto fue en Parque de los Patricios, en el barrio, la mujer con una especie de gamulán de corderoy blancuzco que alguna vez fue una prenda, se abalanzaba y te tiraba literalmente un trocito de papel de revista en el regazo. La miré. Comenzó a sermonearme en su lengua inútil, voce un coracao quebra de coracao eisana si quirana... y cosas por el estilo. Ahora hago un Faraday, y me voy del otro lado. Todo se parece bastante a la invasión zombie, en el furgón se te echan encima parece como que babearan, vociferando. Al llegar al último pueblo me relajo, pero la casi alegría que siento se termina rápido cuando apenas descendido del tren puedo saber que no hay más cómo retornar, por lo menos hasta el día siguiente. 
El tren atraviesa el centro del pueblo, en las esquinas hay rastros de macumba. El tren atraviesa habitaciones, una tras otra como un túnel interminable. `Exceso` en ese momento me parece que se define así: Dícese de una fiesta de cadetes de la policía federal. Todo ha terminado y se ven las manchas de grasa en el piso. El interior de las habitaciones sigue su desfile frenético siluetas y más siluetas. La velocidad ilustrada en las revistas especializadas de la década del 90 que siempre decían: la velocidad es ver pasar lo que está al costado de las autopistas. Pero para mi caso es solo el tren que va por el interior.   

15 abril, 2018

Sombra

 Entiendo que a los boxeadores no les interese absolutamente nada de lo que digo. Eso lo puedo entender. De la cintura para abajo lo veo con claridad. La punta del pie. En dos puntas los pies apoyan en dos puntas y en eso no me digas que no hay un giro de ciento ochenta grados que se parece no digo que es igual que se parece, porque si fuera igual sería de trecientos sesenta grados el giro, y no lo es. Mani el pacman no es Fukiko Takase pero sabe volverse de humo sabe hacer sombra y no puedo ver sus movimientos aunque estos se me estrellen en los ojos. Hacer sombra es un poco como proyectar un encuentro con uno mismo que nos sale a interceptar para bloquearnos, para amarrarnos y para por qué no, fulminarnos. Hay que construir un movimiento lo suficientemente rápido como para que se pueda escapar de uno mismo y que sea tan hábil tan potente que al aire le duela sin romper el espejo que está enfrente, cerca. Sin romperse, eso sería un gesto que nos desacreditaría por violentos o torpes, un puñetazo a la pared rompe los nudillos y nadie quiere ver sangre. Quiero seguir hablándote de Mani el pacman y Fukiko Takase como que entre ellos hay una bodas locas. Así puedo imaginarlo. Y no solo porque tienen ojos rasgados, la piel amarilla, las islas, el mar cerca, estar siempre en puntas de pie. De todos modos lo que hace Fukiko Takase es mucho más abstracto y poético por eso Tom Yorke debe haberla llamado para que le enseñe a danzar en medio de un desierto de paneles y música electrónica y fantasmas. Mientras que Mani el pacman apenas sube al escenario se arrumaca contra una esquina y se pone a rezar. Es multimillonario, lo conmueve Dios, le gusta la política como profesión. Así que ahí está todo junto siempre las cosas que conmueven a las multitudes, las cosas que todos amamos. La violencia que se hace inmortal en la religión que se hace inmortal en el dinero que se hace inmortal en la ambición de los poderosos que lo desean todo con sus almas famélicas.      

25 marzo, 2018

Las piernas

 Me paro allí desde lo mental te digo. Y no sé como explicarme que todo esto es una venganza que me hago a mí mismo. Qué terribles son ahora que lo pienso las venganzas contra uno mismo. Estamos hablando por teléfono pero por teléfono de línea esa cosa que funciona con cables y postes y extensiones... Es una especie de suicidio pienso y vos me das la razón. No sé como que últimamente hablamos tanto de enfermedades, como hace tiempo no te veo debo contarte cosas de la muerte que por ejemplo el tío José o Pedro se murió engarzado de una extraña manera. Te sorprendería, y vos me hablas también de leucemia, cáncer de piel, tumores, linfomas, crisis , radios y tratamientos, glóbulos blancos y sistemas inmunológicos devastados. Quiero decirte que me conmueve que me hayas contado todo esto. Que ella preguntara por mí. Tantos años pasaron y me recuerda... cómo me recuerda, ¿desde lo mental? Reímos. Pero me conmueve saberlo.  
 Me resulta evidente, solo ahora, que aprender a pararme al menos es algo. Me molesta que mis padres no me hayan alguna vez permitido al menos eso y sí. 
 Vos decías, qué boludo, siempre la misma cantinela culpar a los padres. Andá y hacete ver. Castigo a los padres es el castigo más inconcebible y más a la mano. Difícil porque es pegarle al que nos trajo pero está ahí. Esto es como Kenzaburo Oé y el cuento Dinos cómo, dinos cómo. Qué misterio, quién debe responder, quién. Hay allí algo de omnipotencia, omnipresencia y omnisciencia, y sin embargo está tan alejado de una apelación a lo religioso. Dinos cómo sobrevivir a nosostros mismos, a nuestra historia, a nuestro reflejo, a la memoria y al encadenamiento de tropiezos. Algo gigante como una sábana inmensa irreal que nos cubre todo muy cinemátográfico; nos seguimos explicando la sobrevivencia a nuestra locura.    
 Vuelvo a lo mismo que es pararme ahí pero desde lo mental. Me acerco a los chicos y les digo muchachos qué calor y ellos asienten. Nos pasamos el bidón de cinco litros de agua natural y Philip me dice que me acerque al tacho para que me tire agua cerca de la nuca. No puedo parar de jadear. Un montón de transpiración me baja por el rostro como una cascada o como una gotera, porque después de todo el agua salada viene desde dentro de mí. Es que todos somos distintos me dice Lucho algunos transpiran mucho y otros nada, de todas maneras si usas gorra lo vas a notar menos. Philip tienen un gesto grandioso que es decirnos que cortemos antes con la clase y nos vayamos abajo al salón a tomar una cerveza, y agrega que él invita. Desde lo mental, me doy cuenta, que ahí, está, mi punto, más... endeble. Rubén que siempre se está riendo me dice que transpiro por eso porque estoy nervioso creo que él no se anima a decirme, que soy débil... desde lo mental. Extraño muchísimo el natatorio. Esos procesos. Desde lo mental estaba todo ahí también sin embargo no había un otro acechando amenazando; era sabido desde siempre que no va a pasar nada. Desde lo mental era la oscuridad, la muerte, la fatiga, la asfixia, el deseo de terminar o la indignación por esos aplazamientos, esas distancias. Las pesadillas de agua. Las muertes súbitas. Claro que extraño esos procesos.  
 Cuando ya estamos abajo en el salón donde se respira un aire un poco rancio pero fresco, Philip me dice que ese es como yo es zurdo. Dudo. Philip me mira desconcertado, ah claro me doy cuenta, y él me dice solo mirale las piernas de la cintura para abajo. Un argentino pegándole a un francés. Round 4. 

04 marzo, 2018

Conversación a la tarde

 Miraba el puente inmenso, larguísimo y decía pero qué con qué. O sea qué une el puente por qué tan brutos tensores. Al final el puente une la ciudad de Rosario con Victoria, claro dos provincias, es mucho, los gobernadores unieron sus fuerzas... todo eso pienso. Rosario en Santa Fe y Victoria en Entre Ríos. Estábamos ahí en un camino que se llama la Rambla es muy lindo estaba lleno de gente en bicicleta, caminando, corriendo, había algunos puestos de comida. 
Todos de pronto nos preguntábamos si el barco iba a poder pasar por debajo del puente y lo filmábamos y le sacábamos fotos. Bandera de Panamá y escrituras niponas, así se veía el barco por la popa. Una mole de cientos y cientos de metros delizándose sobre el agua como un patín sobre una mancha de aceite que no termina nunca.  
 Debajo del puente había unos senderos que solo transitaba la gente que conocía el lugar. Se ve que a la noche se llenaba de chicos jóvenes, bueno, de pandillas y hacían fuego y tomaban cerveza. Daba un poco de pena que se hubiesen tomado el trabajo de escribir un montón de mensajes misóginos y protonazis al pedo total digamos, tal vez sin tener demasiada idea de lo que es estar capturado por los enunciados del fascismo en su modo energúmeno. Una de esas escrituras decía que la mujer es puro artificio, es  silicona, es pintura, es tintura y tela. Increíble, parecía sacado del Zaratustra. Si bien el sin fondo nietzcheano es siempre una intención benéfica, unas ganas de gritar a los cuatro vientos que mujer es el nombre de algo que está más allá, la multiplicidad, el devenir, un carnaval de Venecia rememorado, representado, solo fingido. Una proyección de tenis y de pic-nic como fogonazos que se me aparecen de la La invención de Morel. Proyección. Isla. Agua y podredumbre. Un lujo añejo. Inundación. Mansión abandonada. Una piscina llena de plantas. Una tarde de sol sofocante en el Tigre.  
 Después cuando nos sentamos me contaste un montón de cosas que nunca me habías contado. Pero no era tanto el peso de las anécdotas como sí la intensidad de lo que me ibas diciendo. Es que como dice el guardián de Ante la ley de kafka eso que me contabas ese pasado, esa desgracia, ese abrumarse y caerse y morirse y querer dormir y salir y vivir, ese, ese, ese... era solo todo para mí. 

03 febrero, 2018

Simple y necesario

 Dice Hamm en un pasaje de Fin de partida de Samuel Becket: "Cállense, cállense, me impiden dormir. Hablen más bajo. Si durmiera quizás haría el amor. Caminaría por los bosques. Vería... el cielo, la tierra. Correría. Me perseguirían. Huiría". 
 Vivo en un mundo despojado donde ya lo perdí todo. Sobre todo los libros de Samuel Becket, no puedo releer nada y tengo que conformarme y memorizar hasta el último detalle ese pedacito de lo que dice Hamm.
 Es o no es luna llena dice, le contestan, después. Es que la luna y encima si es llena es una justa muy justa justificación de que el cielo es algo que, por lo menos, de mínima, debería ser mirado, eso. Y, sin embargo inmensas son las ganas que tengo de introducirme en mi barril, ¿por qué? Algo me tira, me estira ese deseo de no estar. Pasan unas chicas en bicicleta por la avenida, una en bici de carrera tiene calzas y sobre ellas una pollerita muy corta que flamea un poco porque como se hace ya la noche se levanta una brisa que se siente, lleva atrás en la vela una luz roja que parpadea. Un automovilista le toca bocina, pero para que se corra, más cerca del cordón. Con el calor la ciudad se llena de cosas lindas. 
 Bajo del colectivo y comienzo a caminar hacia el lado de la estación Lacroze. Junto a un paredón medio derruído hay una chola boliviana sentada rodeada de verduras que están bien dispuestas sobre un manto terroso. Ajos embolsados y contados, trozos de jengibre en cada bolsa, un muñon gordo, diferentes tipos de pimientos; unos pequeños alargados y flacos que han de ser los superpicantes y otros que también se reparten entre verdes, rojos y amarillos con curvas más pronunciadas. En un costado más alejado montones de maderas aromáticas de las que hoy día la gente tanto gusta encender en sus casas. Más tarde, unas horas después, pasaré por este lugar y la mujer ya no estará, el espacio se volverá entonces más homogéneo y desierto. Me alcanza el trozo más grande de jengibre y me recomienda que lo utilice para curar resfriados, refiere que siempre debe estar allí sana o enferma. Tengo que estar acá aunque enferme dice, y con esto se me pasa todo.  
 Un poco más adelante los médicos de Same atienden a un hombre que sangra por sus brazos. Tiene un corpachón grande alargado el hombre, su carne fibrosa y sucia me hace recordar al aspecto de las carnes de los yonkis de Burroughs en Naked Lunch. Toda la parte anterior de sus brazos parece estar tajeada en la zona interna, como si se hubiese querido quitar la vida. Pero la sangre chorrea y no es fácil distinguir de qué se trata. Permanece acostado sobre un descanso que no conduce a sitio alguno, a la sombra de un cielo raso de una edificación aledaña a la estación. Si me preguntaran de qué se trata todo esto diría que es la desesperación por no saber dónde comprar la comida, no saber cómo abordar los textos de Becket, llegar tarde o no encontrar u olvidar el locoto. No quiero entrar a un supermercado no quiero, no, entrar a Walmart no Coto ni Jumbo. Ninguno que no me vea que no me descubra ni me arrepienta en procesión por ninguno de esos. Quiero, sí, conseguir mi comida en la villa, en un asentamiento, irme a paseo de compras a la Perito Moreno. 

   

31 enero, 2018

Lluvia de maquinaciones

  Creía que era una mitología que las hojas en otoño... Tapan los sumideros. Lo miré a mi padre y se lo pregunté y me confirmó que en efecto tapan y se produce un desastre. Después caminé un montón porque caminar hace bien. Pero y si llueve un poco, y si todo el piso está amarillo de hojas, y si es domingo y si hay una apatía leve... y algo me empuja...
 Estábamos ahí en la plaza me recosté en el banco miré al cielo, con indolencia. Casi pude adivinar que ibas a decir lo que dijiste; que la vida te resulta sumamente aburrida. No sé, habrá un gen del aburrimiento, otro de la esquizofrenia, otro del deseo de tirarse? ¿Hay una base biológica que explica el deseo de vaciar esta botella? Hay necesidades que son completamente incomprensibles. Hay un montón de cosas que no puedo entender. La mujer me habla. Beckett siempre me habla de la tumba, la cuna, la voz, el padre. Pero hay una conversación que se mantiene y es el padre que te dice que está mal, el padre que te tose en el teléfono y el audífono estalla. El padre que no deja de explicarte qué es real. El padre la madre o la madre la madre como en ese cuento de Oé. El padre la madre como un lugar donde uno se va a volver loco. La madre el padre como una ley ante la cual se quiere rebelar se quiere vengar y se siente amordazado y prepara el puñetazo. Escapado... como un loco de atar... En el natatorio me refugio, seguramente vienen a buscarme para llevarme al asilo de locos para que esté mejor. Sobre el agua flotan todas las hojas escritas, es raro porque todo estaba digitalizado pero sin embargo la tinta no se desprende de las hojas y no tiñe el agua. Loco de atar desesperado tan vulnerable como un chiflado con zozobra abrazando todas esas hojas. Como el loco del cuento de Oé que además le reclamaba los escritos a la madre, porque se los había escondido para que nada de lo real se sepa jamás. Las hojas son tantas que casi ya no se puede ver el agua porque siguen cayendo. Así como caen las hojas cuando nada las interrumpe cuando nada las expulsa parecen plumas pero mucho más firmes. Han formado una superficie tan compacta sobre el agua que las últimas ni la tocan ni se mojan. Beckett siempre me habla de la tumba, la cuna, la voz, el padre; y yo agregaría las hojas, el natatorio... Es que al loco lo llaman, al loco le hablan como al único, al destinado, al elegido. Como al señalado por los rayos del sol-dios.    

29 enero, 2018

Remolinos

 El agua del río hace remolinos, agua amarronada, dicen que mucha gente se sorprende cuando ve esta agua amarronada que se llama de plata. No sé si es la lancha colectiva que nos trae del Delta quien hace los remolinos o es el río que los hace con la lancha adentro. En esas vueltas siempre se me aparece el maestro y el discípulo de la película coreana de la que siempre quiero hablarle a todos mis amigos y amigas. Se llama Una vida agridulce, en castellano. Y en la primer escena hay un sauce con unas ramadas larguísimas que flamean y flamean y bullen. Entonces el discípulo pregunta y el maestro contesta. Se mueve el viento y las ramas en el viento o son las ramas las que se mueven y producen viento, eso pregunta el discípulo y el maestro contesta. Del mismo modo el maestro de boxeo me dice: En el cuadrilátero al igual que en la calle, se pega con el puño cerrado la palma mirando hacia abajo y haciendo que el golpe se concentre en los nudillos porque eso es lo que hace doler.
 Entonces remolinos y más remolinos en el agua y el atardecer, los ramajes a los lejos, hay tanto rozamiento tanto fluir. Tan una cosa metiéndose en la espesura de otra fluctuante que empiezo a rememorar el planeta inventado por Stanislaw Lem; ese fascinante mundo, Solaris, que está todo el tiempo cambiando todo el tiempo disipándose y hundiéndose en sí mismo con sus colores indistinguibles e innumerables. Algo que no se sabe si está vivo o si es simplemente materia. Y que lanza esa inquietante pregunta de que lo que sea Dios es algo no vivo carente de voluntad o todo lo contrario, pero la diferencia es tan grande como la frontera que separa a la muerte de la vida. Tajante. De consecuencias insospechadas. Y la película del gran Kim Je Wom continúa así: el maestro le contesta  que no se mueven ni el viento ni las hojas sino solo su (tu) mente y su (tu) corazón. Me gustaría que este río no terminara nunca seguir acá en la lancha y no bajar que el cauce sea interminable. Tanta profundidad... va... quiero decir que cuánta profundidad habrá en esta zona del río; o sea debajo nuestro. En fin, me saco una foto con lentes de sol y me gusta ilusionarme con que después la pondré como perfil de una red social como si eso fuera también el pulso superfluo de las cosas que van siendo.  

15 septiembre, 2017

Rally


 Recordaba a la chica de la que habla Jack Kerouac en eso que creo es una especie de borrador o suplemento de su gran novela. Una linda rubia se llama el texto. Todo ese fastidio ese cansancio, a pesar de haber ido primero a tomarse un helado, es que él sabía y se daba fuerzas, y ahí está fracasando y hasta monologa y se jura que no va a estar más así. Nadie sabe hacer dedo como él y sin embargo en ese momento está completamente fuera de combate y por tan poco; es el crepúsculo o es el amanecer, creo que Jack dice que su amigo el griego se queda dando vueltas en la playa y ya se hace de noche o ya es noche.  Entonces se detiene esa rubia puff si me detuviese yo a hacer la descripción de esa rubia no terminaría nunca, él refiere detalles increíbles como por ejemplo tenía una pulserita divina en su tobillo -divino no es un término de kerouac- ¡y cómo! o sea ¡uau! ya vio la pulserita, no sé cómo, fue un golpe de vista la rubia despanpanante hablaba por la ventanilla pero él ya había visto esa pulsera. Y toda esa conversación fresca. Eso viene de inmediato y sería hermoso poder contarlo. Porque jack es para mí ese gran motivador eso que siempre vas a leer y te devuelve casi de inmediato esas ganas de dártelas de frente con un texto que aún no existe. Y que venga rápido lo más rápido que se pueda. 
 A mí todo esto me trajo el recuerdo de estar sentado en un jardín una mañana de invierno con sol. Una chica me ofrece galletitas de agua estira su brazo hacia mí que la miro bobo. Su brazo es como el brazo de una bailarina. Es largo es un brazo que no termina nunca. Blanco estilizado como de goma. Toda esa plasticidad se va mezclando con otras cosas todo va y viene, ella me cuenta que tiene una hija pequeña y que vive en una especie de altillo que esta en su casa materna. Me habla de arte, es escultora, me habla de siestas, de escuelas de arte de tomar sol. En ese momento el sol le da en la cara mientras mastica una galleta de agua. Me mira con un ojo entrecerrado y veo sus dientes grandes y blancos otra vez. Sus dientes grandes me recuerdan a Kafka a sus amantes por correspondencia; Felice, Milena. Es como tener un amorcito por wsap en su carácter real-virtual. Al padre, a la belleza de los bichos. Al sexo, a los enigmas, al clítoris. No sé qué estoy mirando estoy mirando un cartel que dice: a la regrette!! Y escucho una voz que saluda pero a otro. Cuando puedo mirar veo que se aleja, todo tiene cierta familiaridad. La veo a la chica, pasa junto a mí cuando ya somos viejos. Y el problema del sueño de si estoy dormido o si estoy despierto y que no puedo saber ni una cosa ni la otra...  ahora es... se formula así; ¿es la chica esa de flequillo con sobretodo negro? ¿Es la que cruza la calle y lleva algo en la mano y aprieta los labios como si los tuviese sellados? Es la que sube al colectivo al mismo que voy a tomar yo, pero estoy del otro lado. 

09 julio, 2017

Under the brige

 Solo los grandes amigos te pueden regalar una vista al mar. Algo under the brige como la canción de Red hot chilli pepers, algo bien animal, bien apetecible como comer con hambre salado de mar una foca despanzurrada. Tocar lo animal, lo irracional, lo puro, lo encontrado de manera azarosa. Los locos echan manos al plato de comida la aprietan como si fuese que dejan un pescuezo sin oxígeno. Pero en verdad se trata de sentir la materia. Pero no jugábamos con la comida, no. Pero caminábamos por la arena siempre under the brige. La arena brillaba y era el siglo o sea el otro, el único al que se llama Siglo como en ese texto de Badiou. 
 En verdad los amigos te pueden regalar una foto, un beso, sexo, excesos, anécdotas, algo parecido a la identidad, muchas puertas, accesos, aburrimiento y sensaciones, risa. Todo under the brigeÚltimamente venía pensando que solo puedo escribir sobre sueños o sea sobre el contenido de sueños y siempre que los recuerdo siempre se me aparece esa mujer. Nunca me dice nada simplemente está ahí, recuerdo su cabello y casi puedo olerlo. Ya que no se me ocurre ninguna idea para escribir ya que tampoco me puedo conectar con algo ni tengo experiencias interesantes para relatar... creo que debería internarme bien under the brige allá en el pasado. Empecé hablando de los amigos de las puras heterogeneidades que han de ser los amigos porque un amigo que se parece a uno es un engaño. Un amigo es como algo que no se puede escuchar por lo menos under the brige está la muerte y eso siempre es una tentación como cuando Jung y Freud discuten y de repente Freud se pone re nervioso y se descompensa se cae se siente perder y Jung -es más joven- lo toma y le levanta la cabeza y Freud se acuerda de Thanatos y dice, se dice, algo así como debe ser dulce morir. Historias de encuentros y desencuentros. Venía con las bolsas de las compras la leche, las bananas, el café, una lata de duraznos de oferta, una botella de vodka, galletitas dulces, fideos spaghetti... y rememoro la traición a un amigo. Mí traición a un amigo. La traición a un amigo siempre es la voz de una mujer que me dice que descanse que me duerma que todo está bien que todo va a estar bien. Eso me gusta, escuchar esa voz me gusta. Cuando me muera lo único que quiero es que me canten una canción de cuna y ya.