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25 marzo, 2018

Las piernas

 Me paro allí desde lo mental te digo. Y no sé como explicarme que todo esto es una venganza que me hago a mí mismo. Qué terribles son ahora que lo pienso las venganzas contra uno mismo. Estamos hablando por teléfono pero por teléfono de línea esa cosa que funciona con cables y postes y extensiones... Es una especie de suicidio pienso y vos me das la razón. No sé como que últimamente hablamos tanto de enfermedades, como hace tiempo no te veo debo contarte cosas de la muerte que por ejemplo el tío José o Pedro se murió engarzado de una extraña manera. Te sorprendería, y vos me hablas también de leucemia, cáncer de piel, tumores, linfomas, crisis , radios y tratamientos, glóbulos blancos y sistemas inmunológicos devastados. Quiero decirte que me conmueve que me hayas contado todo esto. Que ella preguntara por mí. Tantos años pasaron y me recuerda... cómo me recuerda, ¿desde lo mental? Reímos. Pero me conmueve saberlo.  
 Me resulta evidente, solo ahora, que aprender a pararme al menos es algo. Me molesta que mis padres no me hayan alguna vez permitido al menos eso y sí. 
 Vos decías, qué boludo, siempre la misma cantinela culpar a los padres. Andá y hacete ver. Castigo a los padres es el castigo más inconcebible y más a la mano. Difícil porque es pegarle al que nos trajo pero está ahí. Esto es como Kenzaburo Oé y el cuento Dinos cómo, dinos cómo. Qué misterio, quién debe responder, quién. Hay allí algo de omnipotencia, omnipresencia y omnisciencia, y sin embargo está tan alejado de una apelación a lo religioso. Dinos cómo sobrevivir a nosostros mismos, a nuestra historia, a nuestro reflejo, a la memoria y al encadenamiento de tropiezos. Algo gigante como una sábana inmensa irreal que nos cubre todo muy cinemátográfico; nos seguimos explicando la sobrevivencia a nuestra locura.    
 Vuelvo a lo mismo que es pararme ahí pero desde lo mental. Me acerco a los chicos y les digo muchachos qué calor y ellos asienten. Nos pasamos el bidón de cinco litros de agua natural y Philip me dice que me acerque al tacho para que me tire agua cerca de la nuca. No puedo parar de jadear. Un montón de transpiración me baja por el rostro como una cascada o como una gotera, porque después de todo el agua salada viene desde dentro de mí. Es que todos somos distintos me dice Lucho algunos transpiran mucho y otros nada, de todas maneras si usas gorra lo vas a notar menos. Philip tienen un gesto grandioso que es decirnos que cortemos antes con la clase y nos vayamos abajo al salón a tomar una cerveza, y agrega que él invita. Desde lo mental, me doy cuenta, que ahí, está, mi punto, más... endeble. Rubén que siempre se está riendo me dice que transpiro por eso porque estoy nervioso creo que él no se anima a decirme, que soy débil... desde lo mental. Extraño muchísimo el natatorio. Esos procesos. Desde lo mental estaba todo ahí también sin embargo no había un otro acechando amenazando; era sabido desde siempre que no va a pasar nada. Desde lo mental era la oscuridad, la muerte, la fatiga, la asfixia, el deseo de terminar o la indignación por esos aplazamientos, esas distancias. Las pesadillas de agua. Las muertes súbitas. Claro que extraño esos procesos.  
 Cuando ya estamos abajo en el salón donde se respira un aire un poco rancio pero fresco, Philip me dice que ese es como yo es zurdo. Dudo. Philip me mira desconcertado, ah claro me doy cuenta, y él me dice solo mirale las piernas de la cintura para abajo. Un argentino pegándole a un francés. Round 4. 

31 enero, 2018

Lluvia de maquinaciones

  Creía que era una mitología que las hojas en otoño... Tapan los sumideros. Lo miré a mi padre y se lo pregunté y me confirmó que en efecto tapan y se produce un desastre. Después caminé un montón porque caminar hace bien. Pero y si llueve un poco, y si todo el piso está amarillo de hojas, y si es domingo y si hay una apatía leve... y algo me empuja...
 Estábamos ahí en la plaza me recosté en el banco miré al cielo, con indolencia. Casi pude adivinar que ibas a decir lo que dijiste; que la vida te resulta sumamente aburrida. No sé, habrá un gen del aburrimiento, otro de la esquizofrenia, otro del deseo de tirarse? ¿Hay una base biológica que explica el deseo de vaciar esta botella? Hay necesidades que son completamente incomprensibles. Hay un montón de cosas que no puedo entender. La mujer me habla. Beckett siempre me habla de la tumba, la cuna, la voz, el padre. Pero hay una conversación que se mantiene y es el padre que te dice que está mal, el padre que te tose en el teléfono y el audífono estalla. El padre que no deja de explicarte qué es real. El padre la madre o la madre la madre como en ese cuento de Oé. El padre la madre como un lugar donde uno se va a volver loco. La madre el padre como una ley ante la cual se quiere rebelar se quiere vengar y se siente amordazado y prepara el puñetazo. Escapado... como un loco de atar... En el natatorio me refugio, seguramente vienen a buscarme para llevarme al asilo de locos para que esté mejor. Sobre el agua flotan todas las hojas escritas, es raro porque todo estaba digitalizado pero sin embargo la tinta no se desprende de las hojas y no tiñe el agua. Loco de atar desesperado tan vulnerable como un chiflado con zozobra abrazando todas esas hojas. Como el loco del cuento de Oé que además le reclamaba los escritos a la madre, porque se los había escondido para que nada de lo real se sepa jamás. Las hojas son tantas que casi ya no se puede ver el agua porque siguen cayendo. Así como caen las hojas cuando nada las interrumpe cuando nada las expulsa parecen plumas pero mucho más firmes. Han formado una superficie tan compacta sobre el agua que las últimas ni la tocan ni se mojan. Beckett siempre me habla de la tumba, la cuna, la voz, el padre; y yo agregaría las hojas, el natatorio... Es que al loco lo llaman, al loco le hablan como al único, al destinado, al elegido. Como al señalado por los rayos del sol-dios.    

07 junio, 2017

Agotados y aliados

 Las pesadillas de las últimas dos semanas fueron sobre el amor. En una de ellas estabas ahí suplicando y llorando, pero por qué. La otra era todo una confusión. La otra ya no la recuerdo. 
 Y es cierto que en el nado desfallecía, pensaba en el corazón, en el electro, en la edad. En los otros que se alejaban. En el río no se ve nada, y eso es siempre desesperante; no ver el fondo. Un nadador dijo que entonces para qué llevar antiparras si total no se ve el fondo y no hay cloro del que protegerse. Había que nadar diez kilómetros río abajo y las únicas referencias eran la orilla a la izquierda y los barcos que pasaban más o menos lejos, hacia el horizonte. Ese mas o menos era relativo. De repente un barco estaba cerca y eso no era bueno porque significaba que se estaba nadando torcido; por la fatiga... y era difícil enderezar el envío. Además no era recomendable acercarse tanto al curso de las embarcaciones, era siempre peligroso para la fragilidad del cuerpo. Los barcos con sus hélices gigantes forman remolinos y chupones. Imaginar todo eso en la oscuridad parda del nado a brazas no es para nada agradable. Estas pesadillas son sorprendentes, son típicas de los momentos en que el cuerpo está exhausto y la conciencia experimenta miedos variados. Mi pesadilla era... Cómo lo diría Beckett. Simplemente lo diría. Pero lo cierto es que lo más difícil es simplemente decirla. Por lo demás cuál es el tema aquí o bien es aquello en que fallo o bien es el cansancio sin más. Estaba tan compenetrado con mi pesadilla... me hundía. Sentí como convulsiones que eran mi intento de despertar de tales pensamientos y fantasmas. No solo no llegaría a la meta como el resto de los nadadores sino que me moriría en el intento. Abdomen duro, simetría, glúteos endurecidos, recorrido de la brazada y aceleración progresiva. Allá iba todo rodeado de fantasmas como en enjambre, ojalá el enjambre empujara un poco como patas de rana que me sostuvieran desde atrás. Desde abajo; desde todos lados o proveyéndome transversales, una buena perpendicular el eje tierra el eje cielo. Acaso los nadadores olímpicos se verán asaltados por tales pesadillas cuando nadan quinientos de estilo libre. Tal vez ellos han sabido hacer de los fantasmas verdaderos aliados y por eso triunfan.   

04 mayo, 2017

Latiguillo

 Respiren cada cinco, dijo el entrenador. Hay un bebé de seis meses en el agua, fue el comentario de la mañana. ¿Y qué aprende el bebé? Y los pulmones llenos por explotar... o era el corazón. Todos lugares comunes porque el agua no puede correr por otros lugares más que estos. Todo eso se me iba mezclando adentro de la cabeza y tragué agua, veneno como tomar agua de mar. Cuanto más desfallecía más y más pensaba y el cuerpo ya iba solo se ponía duro o se ponía muy blando y se hundía, las piernas primero y después todo el resto. No debería insistir más con aquéllo mientras una brazada se hacía tan larga tan elástica que demostraba que cuanto más cansado y cuanto más estallado adentro mejor. Pero la imagen era deplorable. Beckett. Está sobre la lápida, huele a flores semipodridas un perfume dulce embriagante y se pone a mear sobre la lápida. La mea toda pero no por odio, sino porque sí, porque se queda viendo cómo salpica el pis y se escurre goteando siguiendo el leve desnivel y haciendo un hilo que se cuela por abajo desaparece en la tierra si es que abajo de la tapa de cemento hay tierra. Otra vez, no debería seguir insistiendo con su cuerpo con mi cuerpo y sin embargo aquí estoy fatigando todo lo mejor que se pueda y diciendo entre escupitajos y burbujas y respiraciones subacuáticas que ya no debería seguir insistiendo en esto si soy mucho mejor en esto: flotar, incinerarse, enterrarse y hacer el gesto invisible improbable y más encumbrado de la historia universal que es llenar los pulmones de aire. Los nadadores vienen desde el otro extremo enfilados agitando el agua más de la cuenta debería salir disparado antes que ellos lleguen; el calor del agua y la respiración es un hábito de locos. Solo vengo acá para verla. El agua está llena de ese amor que no hay en otros lugares llenos de tierra. Ni en las lápidas ni en los bancos de las plazas he encontrado tantas chicas como acá, tengo que apurarme mucho. La sensación de escapar nadando porque algo en el agua te persigue es incomparable. Pero en este caso el apuro es para conocer más y más amores no dice acaso Beckett en Primer amor que los amores te hacen crecer?

01 mayo, 2016

Nada como un cisne

 Al final sí era cierto que Kafka habla de las piletas, de los centros llamados natatorios. Es más hace referencia a que él vivía en Praga, tal vez, frente a un natatorio; y aclara, por eso íbamos. Esto en las Cartas a Milena. Kafka era así, muy flaco con grandes dificultades para ingerir alimento pero con mucha fuerza. Esa fuerza tipo tengo un aliado como refiere el aprendiz de brujo de Castaneda.  En general nunca va a decir que algo le atrae por su fuerza, por su tamaño, por su coquetería. Va a optar por la respuesta más simple que tenga al alcance de la mano. Hará referencia a la cercanía a la comodidad. Pero queda la posibilidad de que nade porque es un amante del cansancio, porque por alguna extraña razón si está fatigado crea mundos que pueden resplandecer por sí mismos.  
 El nadador es alguien que mientras nada resuelve, hace certificaciones, toma decisiones vitales. Es una práctica donde uno un poco indaga sobre la desesperación y la muerte. 
 Mientras nadaba mientras intentaba no hacer un acto aberrante, pateando siempre pateando y babeando... con ese descaro. La muerte... repudiarla siempre, toda señal de esa es para querer alejarla y sin embargo en el natatorio siempre esa sensación de que se acaba, no hay, aire. Y el gran nadador que es Kafka para colmo viene y en una carta tira que él ha escupido algo de color rojo en la piscina de la escuela de natación. Todo es un juego de la cabeza, una tortura mental que siempre termina bien. Si kafka lo hizo si la mandó así exponiéndose a un escándalo a las condiciones de salubridad no solo obvias sino que no caben por lo pronto ser desmentidas. Porque lo que nunca debería suceder es que uno se cague o vomite por el esfuerzo máximo en medio del agua. Siempre pensando en las incontinencias, temiéndolas siempre. Acechan. Al viejo, al pobre. A las niñas ricas e infelices. La risa kafkiana vacila en la correntada: todos putos yo me quedo en el natatorio dicen, no obstante -expresión que Kafka ama más que ninguna- que yo -el que le escribe a Milena, el desganado, el enfermo e incapaz de viajar- nado como un cisne.  

08 febrero, 2016

Sabawa para rezar

 No entrar al agua para jugar a ese juego era algo digno de apóstatas. Porque el agua estaba ahí muy cerca, límpida, te bañaba los pies con su frescura mientras que las baldosas o mejor dicho las lajas grises brillantes te quemaban. Como leprosos que se arrastraban y colgaban sus toallas al sol insoportable en alambradas que daban a inmensos basurales del otro lado del límite permitido a los ñiños. Muchos de ellos nunca se atrevieron a jugar a ese juego inmundo que no podía prescindir de una trinidad, ya que las figuras que repartían los roles eran tres. El rey, el verdugo y el esclavo. Las sabawa se lanzaban al aire y caían sobre las lajas determinando el papel que los actores debían jugar. Algunos miraban desde fuera del círculo más íntimo del juego más con temor que con recelo. Y las sabawa caían de una forma o de otra respondiendo a una física simple sin demasiados obstáculos, cara, seca o una combinación de la una y la otra. Si eso sucedía era el verdugo el ejecutor el que cumplía lo dictaminado por el juez. Por una ley siempre dirigida a quebrantar las voluntades y sodomizar y reblandecer la carne.
 Con esa idea de que la piel curtida debía ser fuerte respetarse. El sol brillaba. Un escarabajo rinoceronte llevaba una bolita de barro atrapada en sus cuernos y con una tracción inaudita avanzaba a través de césped cortito. (Dicen que puede soportar un peso como veinte veces mayor que el de su propio cuerpo o más). Eso pasaba del otro lado de la alambrada, de este lado sonó un silbato de algún instructor o de un guardavidas. Esos hombres inmensos de piel aterciopelada que siempre parecían felices pero su piel nada tenía que ver con lo terroso y con la tibieza del suelo y el sembrado y el arrastre de los elementos de labranza. Vas a jugar dijo una voz. Tres que se arrinconaron mientras que otros muchos se quedaban por ahí como marranos aferrados al borde de la pileta, pataleando. Por qué se elegirían ciertas sabawa y no otras; porque eran más pesadas, porque eran las del jefecito, porque el jefecito habría dicho que se jugaría con esas. Los otros dos que jugaban fueron invitados a jugar o dijeron ellos que querían o fueron obligados a ello. Volaron. Después vino la ejecución siempre había una, era la única gracia que la hubiera. Al supuesto renegado le pegaban, lo escupían, le lanzaban objetos contundentes debía estar en posición de dar la espalda al público, agarrado de la alambrada, mirando al basural, la cabeza medio agachada y semidesnudo. ¿Era un culpable, un arrepentido, un morador de qué clase de colonia? No duraba mucho el castigo. Cerca otros jugaban a la payana, a la sombra, con lindas piedritas de canto rodado o de tonos de nácar, amuchados de a grupos pequeños jugaban al tinenti. La sombra era escasa.  

07 noviembre, 2015

Ahora wsap cambió

 Hasta que me metí aquí dentro no me di cuenta de lo que es el sol y el agua. 
 Es lo único dudoso que tiene el útero; no hay luz, no hay sol, pero sí agua y calor. Se puede, en el útero, hacer la vuelta de roll. Se puede y lo mejor es que golpear la cabeza contra la placenta no debe doler nada. Nadie pregunta si afuera está lloviendo porque a nadie le importa o porque aún no existe límite entre afuera/adentro. No se vaya a decir lo que todos esperan que se diga. Lo cierto es que al ver esos débiles rayitos de sol atravesando la gran carpa del natatorio hecha de paredes semitransparentes, se nota que afuera no llueve y adentro no llueve. Vuelta de roll.   
 El wsap se llenó de pronto de chiquitos de color, de chiquitos negros, de chiquitos de los barrios por donde vienen bajando gigantescas oleadas de barro donde surfean todos los otros elementos que se pueden poner para expresar ideas o estados de ánimo o momentos del día o materiales con los cuales se práctica un deporte que es para los chicos que son como el color de la pantalla o que son amarillos como los simpson. Y en los que nadie sabe de qué modo, a través de qué misterioso alineamiento los chicos que dicen; yo soy negro, son los mejores. Los superdotados de la basura, los superdotados de la disfunción, los superdotados del abandono, los superdotados de las calles mal iluminadas donde unas historias clínicas de tuberculosos se hacen añicos en el pavimento. Pelotas de fútbol, bates de béisbol, remos, salvavidas, pelotas chicas y medianas, guantes para realizar distintas destrezas. 
 La noticia es la que se dice así; el wsap cambió introdujo un cambio, algo amplió, creó un mosaico más amplio en las pantallas y en el abanico de posibilidades y de colores que puede ver un ojo y remitir un dedo. Un chiquito hace la vuelta de roll y ve que ya no está en el útero. La madre dice que el día que naciste yo me fui. Naa imposible ninguna puede. Yo me fui, dice, te dejé con una que estaba ahí al lado porque había otra cama al lado y te dejé y me fui apenas naciste. Me tuvo y después se fue a bailar dice un chiquito. Mi mamá me tuvo y ahí le dijo a una que estaba al lado que si me cuidaba y se fue a bailar, dice una chiquita. Te tuve y me fui a bailar ¿no es acaso el nombre de una canción? Entonces de todos los costados donde está parado y parada empieza a hacerse grande la ola y van surfeando sobre el barro y una risa y otra risa y otra risa. Es una catarata de chistes que va bajando y arrastra... Te tuvo y se fue a bailar, te tuvo y se fue a bailar.

06 noviembre, 2015

Cuando nada en un estado

 Hay algo en mi infancia que es mágico y extraño. Creo que soy de las últimas generaciones que dirían que en su infancia hay algo felizmente Unheimlich, para traerlo a la manera de todos los que se hacen eco de algún dictum de Freud. Como sea, es mágico porque puedo casi palpar las tardes cazando mariposas multicolores, sentir sus polvos de sus cuerpos frágiles sacrificados para nada, como leves maquillajes puros. Los chicos se arremolinan como pájaros por las calles y el que no tiene una bicicleta es como que no tiene las alas. Las bandas van y vienen de una cuadra a la otra cada esquina es un límite que divide mundos que solo se atraviesan después de mucho darle vueltas al asunto. Todo termina mal. Me voy llorando, aunque nadie me ve llorar. Tal vez estoy llorando pero llorar bajo la lluvia torrencial es un gran efecto de maquillaje.
 De repente la tarde se pudrió se largo a llover y en medio de aquella naturaleza de barrio poblada de bichos salieron sapos de todos lados. La calle estaba abarrotada de sapos oscuros que saltaban contentos, ni autos pasaban por allí y menos con esa lluvia refrescante pero intensa. Los chicos odiaban a los sapos, yo amaba a los sapos aunque aceptaba que su aspecto era un tanto impresionante. Ese día aprendí que a veces la lengua intenta con ciertos efectos rimbonbantes acompasar la realidad. Aprendí que la terminación -azo sirve para aumentar la fuerza, los ímpetus, los desgarros. Un cascotazo voló y muchos volaron y los chicos reventaron a los sapos. Y los que no eramos los chicos reventamos en los ojos de los sapos. Como un sapo. A veces uno es chico y siente vergüenza de contar que otros mataron a los indefensos sapos; vergüenza de estar reventando con ojos asesinos. O confesar que a uno a la salida de la escuela lo cagaron a piñas.   
 Esas cosas pasan. 
 A uno lo cagan a cualquiera lo cagan y está en el reflejo de los ojos de un sapo al que mata y otro día es el sapo que cae en otro pozo y así se repite hasta que revienta cualquiera. Impotencia. Me quedé ahí parado en el medio de la calle, después de haber lanzado con furia un cascotazo que describió una comba breve y vertiginosa se clavó en la zanja que es una acumulación desproporcionada de agua fétida junto al cordón de la calle. Se alejaron todos rápido, a los saltos, el almacenero me puteó y me echó de ahí. Pasé por la escuela primaria y en la secretaría me entregaron el certificado de estudios primarios concluidos. El encierro. Esperar. Aguantar.  
 Y si hay... una rana. Y si... está loco. Y si hay una rana que cuando nada. Y si... está loco... Y si la rana está en un estado. Y si está más loco... Y si cuando nada la rana. De vuelta y si cuando la rana nada está en un estado. Está loco. Y lo que hacía mi hermana era agarrar un montón de ranas va... no sé si eran ranas o sapos o qué eran pero eran re chiquitas de eso me acuerdo y las metía todas un montón en una botella y les echaba nafta y las prendía fuego.    
  

30 julio, 2015

Nadadores

 Afuera hace un frío terrible, encima está lloviendo y cada gota helada puede hacer que la piel más gruesa y resistente se sobresalte de chuchos. Pero adentro del natatorio esta calentito. Todo irreal. Esa asepsia, ese olor a cloro ese calor del ambiente, la sangre se pone confusa enseguida. Y... de vuelta como dice Basho:
cuando nada, la rana,
está en un estado
de completa entrega
 En la pileta todos los andariveles están ocupados con nadadores. Cada andarivel tiene a su vez dos carriles divididos por una línea de agua imaginaria. Salvo que el nadador sea muy novato -y sobre todo los inexpertos cuando nadan de espalda suelen perder la dirección y chocan torpemente al que viene en sentido contrario- en general la ida y la vuelta y los cruces son perfectos, sin roce siquiera. ¡Crang! Afuera un trueno estremece la gran carpa que rodea como una estructura rígida la pileta cubierta, pero dentro del recinto todo es un continuo splash y chapoteos que se repiten como si los produjera una máquina, porque los nadadores a diferencia de otras actividades deportivas carecen de la idiosincrasia y del efecto lúdico. Es un deporte austero. Son autómatas que producen rutinas y cuanta mayor es la velocidad y menor la producción de descansos, y entonces las brazadas no cesan, parece como que toda la maquinaria se compactara y como toda máquina de calidad al ser sobreexigida funciona mejor. No puede desconocerse tampoco que a diferencia de otras actividades los nadadores usan traje esto en su caso no destaca individualidades, como sucede en las canchas, donde se ve al lindo del equipo, al musculoso, al galán barbado por citar meros ejemplos. Las antiparras, la gorra y los trajes de baño lo homogeneizan todo. Hasta se da el caso de que algunos en invierno nadan con remeras medio ajustadas. Lo peculiar tiende a desaparecer entre los nadadores. Y por ejemplo aquí en el tercer andarivel contando desde el lateral que mira al sur este tercero está abarrotado, son como diez nadadores, demasiados, no se chocan solo por el alto rendimiento que demuestran. Sucede que pese a esa total indiferencia con la que suelen realizar su trabajo físico, ese anonimato y esa individualidad exacerbada al observarlos detenidamente se ve que ese individualismo no es de tipo vano sino del tipo isla pero islas dominadas por una corriente que las hace funcionar en conjunto. Partes de un solo organismo que se compone de pataleos, brazadas, respiraciones bilaterales, vueltas americanas en cada extremo y cuando paran lo hacen todos juntos. Como siguiendo sin cuestionarse nada el gesto del primero que lo quiso hacer. Como esos peces que nadan en cardumen y doblan porque dobla uno y todos doblan y nada más.
 Hace como diez piletas que no paran. La cuenta se pierde porque son muchos y nadan rápido. En la repetición del gesto, de la fuerza de la extenuación todo se va desdibujando -la tinta acuática es de lo más efímero- y solo quedan las ondas sobre el agua. De pronto una nadadora se detiene, la que viene atrás hace lo propio y el siguiente, y el siguiente, y la siguiente, y la siguiente, todos buscan un espacio para tomarse del borde y respirar. Hay que tomarse porque están en la zona profunda. Llega otro y se toma, el siguiente con dificultad todavía encuentra un último resquicio para depositar su mano y aferrarse. Todos los cuerpos se van apilando uno tras otro y extienden la extremidad para sostenerse del borde, los últimos en apilarse deben extender su brazo con una gracia inaudita; ya quedan como a más de un metro y medio del borde y sin embargo necesitan sostenerse. Lo más raro de todo es que en ese apilamiento que hacen ningún cuerpo se apoya sobre el otro sino que quedan próximos como dedos de una mano con muchísimos dedos pero ningún dedo se toca con el de al lado. Como dedos que estando tan próximos nunca podrían llegar a aproximarse tanto ya que están levemente desunidos por una membrana natatoria que los mantiene estrechos y firmes en una distancia necesaria. Todo es casi. Así se mantienen en el descanso cuando ya todo es un gran estanque de renacuajos que descansan y se tornan indistinguibles los nadadores agitando algo todavía por debajo que no puede verse al enturbiarse el agua todos pegados a la orilla, negritos, flotando, agitando lo que parece ser la fina cola en forma de látigo sobre una fina capa de lodo. 
 Hace días busco ese texto donde Kafka habla de los nadadores, del cansancio, de la extenuación, de esos pulimentos y esas obsesiones del tipo Un artista del trapecio. Dónde está ese cuento si es que existe... Al contrario de lo que muchos opinarían por estar lo kafkiano siempre asociado a lo enfermizo y a lo sombrío, Franz Kafka fue un gran deportista y un gran nadador.