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17 febrero, 2015

Tuca

Levanté un correo, 
un muchacho al que yo no conocía había sido baleado y muerto
resulta que el tuca estaba con él y había sido herido.
Si el tuca se moría me hubiese sentido triste y vacío
mucho más vacío que triste; sobre todo vacío.



En la tele la jueza Arroyo Salgado hablaba en el Salón Azul
se me pegaba más que otra cosa su voz nasal, 
sus breves silencios y su registro de persona formada que se mezclaba con algo que venía de Costa Salguero 
del Chandon de Bellaqueo 
de eso ta re cheto, 
del peloduro,
del rancho, 
el repiola 
las guachas 
y la noche.
Por suerte también por la tele
supe que no había pasado nada,
descontó esa suerte felina que ya lo había tocado más de una vez.
Como cuando escapaba solo, porque había perdido al equipo
una madrugada
por las vías del Sarmiento entre Liniers y Villa Luro
los cables eléctricos le acechaban los pies como serpientes sedientas
él me acercaba la boca a la cara me hablaba cerca del oído
como para descubrirme, desafiante, quién, realmente, era él.
Pero esta vez la bala lo alcanzó en una pierna, 
pero esta vez con el amigo se endemonió más esa suerte y lo atravesó.
Dijo el padre,
por la tele de la suerte y de la desgracia
el padre del amigo en la puerta del hospital,
la bala entró por el costado izquierdo y salió por el derecho.
Cómo habrá llevado el tuca al amigo al hospital
era el amigo el que conducía la moto esa noche
y el tuca no es de dejar tirado a un amigo en la calle.
Al tuca lo conocen todos.
Alrededor del hospital había un montón de movimiento 
por estar tan cercano al barrio el hospital es siempre un territorio en tensión
delicado es decir poco.
La mañana prometía calor pero estaba agradable 
el sol acariciaba las paredes descoloridas del hospital
los noteros revoloteaban para un lado y para otro 
por fin uno de ellos agarró a una tía 
las tías siempre están.
Fueron los gendarmes dijo la tía con seguridad dos veces
y dos veces le repreguntaron;
si sabía quién era la chica que había muerto 
si sabía dónde vivía 
si sabía su nombre 
si conocía en qué circunstancias había muerto 
si había sido un enfrentamiento 
si entre los vecinos se tenía la noticia de inminentes operativos policiales,
cómo se había enterado ella de lo que había ocurrido 
dónde estaba en el momento en que se había enterado.
Entonces por un lado estaba el hallanamiento con saldo y balacera  la balacera otra 
la balacera famosa de la ambulancia
la balacera del allanamiento otra vez
y la balacera del tuca 
la tía había dicho les tiró gendarmería.
Bien, entonces ninguna balacera o enfrentamiento 
las balaceras no existen, los gendarmes tiran 
sus cuerpos pesados y verdosos por los bañados sanguinolentos que bordean el barrio.
No puedo dejar de imaginarme al tuca aquella noche recorriendo los canales internos a toda velocidad, 
temerariamente es decir poco,
cortando con la moto aquella oscuridad azulada 
los riachos estrechos que se clausuran abruptamente por acumulaciones de basura,
escombros y autos desmantelados,
pedazos de artefactos en desuso asoman en la superficie pantanosa
la espesura algo hedionda
la flora superabundante
hacen que se disimule qué habrá sido qué en el origen
tal vez si el tuca hubiese manejado aquella noche...
los remos
quizá sería él el muerto o hubiesen zafado 
hubiese podido esquivar esas mordidas letales 
esa aplastante torpeza de escamas verdosas
con esa suerte felina con esa elasticidad fibrosa de sus gestos.




22 febrero, 2014

Vaca una y chanchos cinco

 Nunca supe exactamente por qué, a veces, tenemos la necesidad de leer en voz alta. El verso es un tipo de escritura que parece totalmente dirigido a ese fin. Es decir, sabemos, no es lo mismo leer una poesía de manera silenciosa que en voz alta; eso, por supuesto, justifica que exista algo denominado recitales de poesía que, más allá de la postura del caso, está muy bien que exista. Y eso hicimos, disponernos en el silencio que la noche nos traía a leer en alta voz. De modo que tomamos ese ameno texto en que William Burroughs y Allen Ginsberg se escriben cartas entre 1953 y 1960: Las cartas del Yagé se llama el texto. Y dice: "El brujo empezó a canturrear un caso especial -- Era como dormirse por el éter dentro de los ojos de una cabeza reducida --"(...) Clap! Enseguida estábamos en la esquina, en esa esquina tan particular. Es una esquina abandonada, en el sentido de que no es la puerta de una casa, hay un escalón que ocupa toda la ochava y una persiana; perfecta para descansar la espalda. Un local abandonado siempre ha sido así. Estábamos Ale, Nico, Ferchu y después llegó Gerald caminando cansinamente, cancheramente. Tenía su pelo castaño recogido en un rodete por encima de la nuca con las puntas algo desgarbadas, estaba en musculosa de un azul lavado y unos short de fútbol negros que le quedaban grandes, como los que usan los boxeadores. El calzado eran unas ojotas compactas de esas que dejan ver los cinco dedos y recubren casi la totalidad del empeine, también le quedaban bastante grandes las ojotas pero eso no le dificultaba caminar. Tenía la piel curtida por el sol, nada de maquillaje, con cara de haberse levantado recién y lavarse la cara sin siquiera secarse con la toalla, su piel fibrosa relucía algo, sus piernas flacas y musculosas se arqueaban levemente en forma de herradura. Comentamos que estaba flaca, que este verano se había chupado bastante, que se debía haber aspirado todo. Reímos imaginando esa aspiración. Entonces empezamos a conversar sobre lo que habíamos hecho en las vacaciones en el verano que dentro de poco se terminaría. La verdad parecía que la mayoría no tenía demasiado para contar, los días se habían ido escurriendo en el barrio a paso agigantado como agua que se derrama en el pavimento siempre incandescente de enero y solo queda el recuerdo de los picos insoportables de calor y las tardes sin hacer nada demasiado interesante. Pero Nico dijo que se había ido al campo, a Santa Fe. Con quién. De qué manera. Cómo de qué manera. La casa del tío estaba rodeada de campo ahí Nico y los amigos pusieron la carpa cerca de la casa, entre dos árboles altos y viejos que mecían sus ramas a veces ruidosamente. Dijimos que todos los días se lo cogían a Nico en la carpa a la hora de la siesta. Y Nico intentaba defenderse o atacar pero no podía evitar reírse también. Dijimos también que se internaban en el campo para fumar marihuana tranquilos; es para lo único que emprendieron semejante viaje al campo, y también eso nos dio mucha risa. Pero después cada vez que se hacía un breve silencio, cada vez que Alejandro se quedaba callado sin señalar estupideces que avergonzaran a alguno de los presentes, Nico hacía gestos que lo hacían parecer más grande. Como si ese verano hubiese pegado un estirón, pero mental. Uh!, sí, cómo extraño eso, estar allá, sabés qué lugares. Qué hacían. Bueno nos levantábamos y después nos íbamos, si el tío de mi amigo no estaba entonces nos íbamos caminando, nos bañábamos en el río, otras veces íbamos a pescar. A veces nos íbamos al pueblo a dar una vuelta. Nos comimos cada asado! Y lo que pescaban también se lo comían? Sí, claro -y señaló con los ojos de un hombre experimentado hacia la esquina diagonal a la nuestra donde había un container rebosante de basura y otros montículos de desperdicios dispersos alrededor- como ese tacho que está acostado, uno de esos lleno una vez. Qué pescaban? Unos pescados, son re conocidos. Pirañas asesinas del Paraná... No me acuerdo el nombre -seguía tratando de recordar Nico mientras los demás acotábamos algo-. No me acuerdo. Corvinas. No. Palometas. No. Bagres. No. Y cómo era todo? La casa, el campo del tío, era grande mucha tierra muchos árboles. Faa sí sabés lo que era ese campo! Tenía de todo, hasta una vaca. Nos la comimos. 
 Qua! Se la... Sí toda. Y lo viste, como la mataban y todo eso? Sí, el tío trajo la escopeta pum! dos tiros en la cabeza y una cuchillada en el corazón. Y se murió al toque? No -a cada uno nos miró y sonrió pero para adentro para él mismo-. No se moría nunca. Al final cuando se murió... Tengo videos ah acá tengo una foto. En el teléfono nos mostró una foto de la vaca despanzurrada ya despellejada y descabezada, carente de extremidades colgando hacia abajo. La foto se veía algo borrosa como si se hubiese movido o como si el día estuviera nublado y ceniciento. Se notaba la textura lisa de la carne violácea y venosa. Le pedimos que mandara un buen video. Se detuvo unos instantes entre los quince o veinte videos del menú y le dio play. Estaba la vaca acostada en el piso con la panza hacia arriba, ya estaba abierta al medio y todo su interior parecía una mezcla roja de pintura espesa y arena. No se podía distinguir si la cabeza había sido ya separada del cuerpo o si algo con aspecto de yunque aplastado y abierto al medio era la misma cabeza. En el video alguien preguntó si aún la vaca respiraba y todos estallaron en carcajadas. Pero qué tipo pelotudo mira lo que pregunta, ese fuiste vos no Nico? Nico explicaba que en ese momento le estaban cortando las patas y se veía que con ganchos e instrumentos cortantes varios brazos manipulaban la masa de carne ya fuera enganchando por los extremos o cortando por los medios. No lo escuchábamos demasiado a Nico pues seguíamos haciendo chistes o más carcajadas que chistes. Y se la comieron toda cómo hicieron? Sí toda, va... era para un casamiento por eso, más cinco chanchos. No sabés lo que era la carne esa, se deshacía, era increíble, como que la tocabas con el cuchillo y ya la tenías cortada. En el video que se desenvolvía en esa atmósfera borrosa solo se veían los brazos de los hombres, alrededor de seis brazos que forcejeaban con las aperturas del animal. Más apagadamente se sentían voces de mujeres pero ni siquiera partes de su cuerpo aparecían en pantalla. Un pedazo de árbol, y la vaca entera colgando abierta al medio. Como una estrella de tan solo cuatro aristas, como una rosa de los vientos señalando con tensión en cuatro direcciones distintas, el horizonte detrás. En otra foto los cinco chanchos en fila como una rosada sombra de la cual no se podía extraer detalle alguno. Estos son los chanchos. Solo eso. Es probable que a nadie le interesase ni un video de la comilona casamentera en que se comieron a la vaca y a los chanchos. O de las largas horas en que todo se cocinó en un claro de una gran finca cercana.     
 Alguien se recostó contra la persiana de chapa acanalada que resonó con esa musicalidad fastidiosa y sensible. Todos estábamos sentados en el escalón y por tanto con la espalda más o menos apoyada en la persiana oxidada. Solo Gerald había permanecido todo el tiempo de pie medio apoyada en un ángulo de la pared, con sus pupilas típicamente dilatadas hizo un gesto de ya fue y se despidió sin decir "nos vemos". Y, pasas de año? Sí paso paso, de banco paso. Gerald que se alejaba con un cuaderno en la mano y las risas tontas que crecían a su espalda. Quién ya a esa altura podía acordarse de los chanchos alistados para ser llevados a su asador-crucifixión? Quién podía tener expectativas de pedirle a Nico que buscara videos en los que se viera el crepitar de las brazas recién encendidas, del incandescente quebracho reduciendo la carne del mediodía a la noche ya bien entrada. Cómo se desparramarían los jugos aquellos, cómo chirriaría la grasa al correr sobre los hierros casi al rojo y luego el vino llenando copas y copas y a veces ya medio vacías dejándolas manchadas de esa borra de color mora y negro que las esponjas no podrían borrar. Esas cosas, y los bailes y los excesos en el comer, el beber y el acercarse, el insinuarse y el dirigirse y el mirarse. Todo se iba desenvolviendo en los videos que Nico tenía, pero a nadie le importaba, el olvido se lo había comido todo, como a la tarde de final del verano.    

05 febrero, 2014

Encuentros

 Chava es boliviana y Chavita es peruana. Son dos amigas que conocí una tarde de otoño. Tal vez esa misma tarde ya Chava que aún no era Chava sino solo Chambi, me aviso que el siete cumplía años, para que me preparase. Después hasta que llegó el siete me lo recordó sin descanso unas ciento veinte veces. Cuando me encontraba con la Chava y la Chavita algo en el aire cambiaba. Pasiones alegres, para decirlo a lo Spinoza. Los dientes atolondrados y muy blancos de la Chavita y ese cuerpo estilizado de una altura llamativa y hasta ciertamente solemne de la Chava, hacían que el aire se pusiese a vibrar como si miles de libélulas invisibles aletearan sin cansarse.
 El comedor es magnífico. Me senté y miré el plato rebosante de ravioles con mucho tuco y por encima del tuco abundante queso en hebras de tono blancuzco. Agradecí a la mano dadivosa del cocinero que había echado el queso con su diestra de manera indiferente y me lancé sobre los ravioles que sonaban apetitosos en mi boca. Mientras, me distraía mirando por los ventanales que daban a la calle. Es formidable la dimensión del comedor, la luz natural, como si el mentor hubiese dicho; esto es el comedor! acá han de comer! quiénes? los otros!, sí. Un raviol y una echada al costado inevitable, ver desfilar las cosas que pasan por ese afuera. Paqueros que sobrevuelan como chimangos fantasmales un pequeño territorio. La carne fibrosa de unos adolescentes con los cueros a la intemperie. Una pelea, un palo, una botella que despegará o se quedará en solo amenazas. Un niño semidesnudo que juega con una manguera abierta en la puerta de su casa. Una máquina retroexcavadora. La máquina puede estarse un buen rato tomando con sus manazas mecánicas la basura acumulada sobre la vereda y la calle, los límites se confunden. Carga panzadas de basura, cada vez que carga una tanda y la alza por el aire pueden verse algunos retazos de mierdas que se desprenden y caen antes de ser echadas en el camión volcador que está junto a la máquina. El operario allí bajo el sol maneja las palancas, como quince palanquines que en el extremo superior tienen forma de esferita, parecen suaves al contacto de la mano. El tipo casi las acaricia, las comisuras de su rostro ajado no manifiestan esfuerzo, pero el brazo electromecánico con sus mangueras es como si transpirara líquidos espesos, refrigerantes que se escurren por todos lados. Una y otra vez la boca mecánica se abre a más de 90º para retener un cúmulo de detalles irreconstruíbles. Un raviol en boca. De fondo el ruido de la calle y de la máquina es como cuando un helicóptero pasa lejos, ese zumbido ese batir peculiar. Por qué el sonido monótono de esa máquina me fascina, teje algo en derredor mío; será que todavía dura en mí la impresión aquella de ver las máquinas urbanizando cierto trozo de mi infancia; mi abuelo me llevaba sentado sobre sus hombros a ver esos trabajos. En medio de tales cavilaciones que son como un rodillo que cubre con cada pasada más y más mi cosa interior de un blanco pertinaz...Qué tal Chavito cómo anda! Bien y ustedes? Acá, yo bien, la Chavita no tanto... La Chavita mira para abajo como si escondiese su rostro, me parece que me están haciendo una broma, pero no, parece que la Chavita no está bien. Qué hacemos acá Chavo por qué no estamos en la esquina, en el bar? Lo siento Chava hoy estoy muy ocupado... Sí nosotras estamos más que nada de pasada.Con más razón Chavita compartí eso que te pone mal. La Chavita niega con la cabeza y permanece observando por las ventanas como lo hacía yo instantes antes de que ellas llegaran. Chava no querés contar vos? La Chava sin mirarme hace un gesto evasivo y se queda jugueteando con la pantalla de su teléfono, me lo pasa para que vea unas fotos dice que son de su sobrina. Ay, qué linda Chava no sabía que tenías más hermanos... Sí una hermana mayor que yo, y como trabaja yo muchas veces la cuido, es hermosa no? Asiento con la cabeza y frunciendo un tanto las cejas y la frente le señalo a la Chavita que permanece callada. Que le cuente Chavo que le cuente! Que le cuente la Chava no tengo ganas de hablar. Uf Chavo... Daale! Es que debería contarlo ella... Bueno pero si Mayra te lo pide... La Chavita sale de su ensimismamiento, de su enojo volátil y también de una especie de letargo, gira la cabeza hacia la Chava y dice, dale Mayra contale. La Chava no me mira ni a mí ni a la Chavita sus dedos largos y sus uñas del mismo color que el nombre de su amiga continúan en un paseo que ordena infatigablemente álbunes de fotos y carpetas y más fotos. Pasa... pasa que la Chavita está preocupada por su mamá, su mamá tiene problemas, la Chavita viajó para verla y ahora la extraña. No sabía Chavita que ya no vivían juntas qué pasó; por qué tuvo que viajar tan de repente hasta cuándo vas a estar sola? Es que la Chavita no sabe cuándo va a volver y por eso tiene que estar viajando seguido para poder visitarla. Ah pero entonces ya la fuiste a ver varias veces, y es muy lejos? Un poco, es en Santa Fe donde está su mámá. Es por trabajo Chavita que tuvo que viajar? Ahora la mámá de la Chavita no va a volver por un tiempo y se va a quedar allá. Allá, dónde es allá? La cárcel Chavito su mamá está presa. Sí pero mi mamá es una buena persona mi mámá no hizo nada... hizo algo pero no sabía, no es responsable! Está bien Chavita no te pongas mal. La abogada dijo que va a salir pero que por ahora no. Y cómo sigue esto entonces sale o no sale? Va a salir pero que por ahora no. La encontraron con sustancias o cosas de ese estilo? Noo Chavito qué te piensas tú mi mamá no es delincuente, nada que ver, es por unas tarjetas por eso la agarraron porque hizo compras, de teléfonos, muchos, con unas tarjetas pero no sabía que las tarjetas no se podían usar... Claro Chavito que le quede claro que las tarjetas no sabía su mamá que no las podía usar. Y quién te acompaña entonces, quién te ayuda quién te pasa plata para lo que necesitan vos y tu hermana chiquita? Ellos. Ellos? Sí los amigos de mi mamá, vaa... no son amigos amigos y además son responsables por culpa de ellos mi mamá terminó presa así que tienen que hacer algo. Se tienen que hacer cargo Chavito eso es lo que le quiere decir. Chavita de dónde salió esa gente... qué bueno sería que tu papá venga para quedarse un tiempo con ustedes hasta que todo se resuelva. Bueno pero está mi tía y ella nos sabe cuidar. Eso es tranquilizador aunque me sorprende que de repente aparezca una tía de la que antes jamás hablaste, de todas formas más me preocupan esos tipos que saben que estás sola, no sé, sos joven viste las cosas que pasan con las chicas... No pasa nada. Sí Chavito para qué la asusta a la pobrecita así son las cosas por más sorpresivas que usted las encuentre. Un silencio. Los tres nos miramos y explotamos de risa, hasta la Chava deja el teléfono para reír y vernos reír. Uh Violeta nos tenemos que ir, la Chava se pone de pie como si algo interno le mandara alistarse. La Chavita también reacciona un poco más relajada. Bueno Chavito la seguimos otro día. Seguro, ah todavía no averiguaste cómo voy a conseguir esos ajíes. Aeah? que qué... La receta. Aha el atún frito sí. No te hagas problema si te acordás cuando la veas.        

22 enero, 2014

Escabeche

 Chavita está sentada frente a mí jugueteando con su pelonegro, y sus ojos también negros redondos y profundos. Me cuenta que su papá está en Perú y que muy seguido no la llama. Intento distraerla, no exactamente distraerla sino que pienso lo maravilloso que debe ser... en fin, trato de que no lo tome como algo personal. Y Mayra, es peruana también, sabía Chavito? La chava está parada junto a su silla y la mesa cuadrada. Su figura estilizada va muy bien con una mesa para ella sola, Chavita y yo compartimos otra mesa inmediatamente arrimada. Junta los labios finos los comprime deja que esos labios rosados jueguen en su cara. Hace como que afirma que lo que dice Violeta es tal cual. Los tres empezamos a reír al unísono, no estoy seguro de que ellas rían por lo mismo que yo río, en verdad supongo que ellas se ríen de mí credulidad y yo me río del movimiento que ellas le imprimen al aire, a la vereda, a la sombra de los plátanos. Las Chavas son una especie de droga. Cuando no hablo con ellas estoy triste -esa es una frase que podría aparecer en una bitácora que nunca he escrito-. Entonces se miran y ríen. Ah ya entiendo! la Chava no es peruana bueno a mí queeé. Ellas por un momento se toman en serio lo que digo porque cortan en seco la risa como si dijeran ah cierto que esos chistes no le causan... En la Chava vi pero no sé si eso es ver fue como un brillo de los ojos, una fulguración, demasiado pasajera para ser un gesto, no comunicaba nada eso. Pero la Chava lanzó de alguna manera tan imperceptible como una interrogación, eso, claro, fue cuando todavía ella estaba parada, antes de tomar asiento. Me pregunto si se habrá tranquilizado o le habrá dado un empujón de confianza el hecho de que a mí me diera lo mismo que ella no fuera peruana.
 El mesero se retira un poco impaciente porque ya ordenamos lo que queremos tomar menos la Chava que adelantó que tomaría un jugo pero después no se decidió. Me gusta estar sentado acá es que cuando un bar está así en una esquina tranquila por donde solo pasan autos y bicicletas y una de las calles es adoquinada aunque la otra no, sí, es una buena combinación que equilibra las cosas. La Chava mira un rato más la carta y luego se decide por un licuado multifrutal pero con agua. Chavita pidió una coca y yo una cerveza. La charla discurre por cuestiones fundamentales, acabo de preguntarle a la Chavita qué extraña de su país y me dice que la comida, eso extraña bastante. Aunque acá no pierde oportunidad de comer la comida de sus pagos. Chavita por favor me podría enseñar a cocinar algo peruano? La Chava dice que algunas veces la Chavita la invita a su casa a comer y todo es muy delicioso. Te acordás esa vez que preparaste ese pollo con esa salsa guau! estaba riquísimo. Ah sí, pero no sé Chavito qué le podría decir que se prepare... El verano pasado comí ceviche y me gustó bastante, pero lo preparó bien de qué lo hizo? de gatuzo, de ga qué! -la Chava lanza una risotada tras sacarse la pajita de la boca para volverselá a poner de inmediato-. Gatuzo nunca probé, usted tiene que probar lo que es el ceviche de pollo, de pollo? sí de pollo. Ni mamado como pollo crudo. No es crudo está cocinado en el jugo ay! siempre hay que estar repitiendo los mismo. Bueno está bien pero no sé me da cosa, no, si voy a su casa por favor hágame de otra cosa. Chavito no voy a discutir con usted, directamente le voy a traer el preparado de ceviche de pollo, cuánto me apuesta? que se va a chupar los dedos... Está bien pero ceviche ya conozco enséñeme algo fácil para empezar. Mmm atún frito eso podría ser. Tiene que hacerlo así, primero agarra tomate y lo pica y también pica una cebolla. Y necesita muy importante morrón en polvo ay no me acuerdo cómo se llama -se esfuerza por recordar- ay lo tengo pero no me sale cómo se llama Mayra el morrón en polvo? Pimentón decís? Eso! sí pimentón y una lata de atún. Agarra el tomate picado y lo pone a freír junto a la cebolla, agrega el pimentón. Después muy importante el escabeche. No sé qué es eso Chavita... Sí es como un tipo de ají pero no sé como le dicen acá yo le digo así "escabeche", Mayra vos sabés cómo le dicen acá? Ni idea. Ay cómo es que se le llama... Bueno después le digo mi mamá debe saber cómo se llama. Está bien Chavita no se preocupe cómo seguimos? Va el escabeche y se agrega el atún y se cocina un poco más y listo. Ah! por cada lata de atún, acuérdese, una cebolla y un tomate. Yo siempre me preparo atún frito cuando estoy sola. El mozo nos interrumpió para preguntarnos si queríamos pedir algo más le dijimos que mejor pagábamos porque nos teníamos que ir. Todavía no anochecía pero tampoco era temprano. Mientras el mozo nos daba el vuelto y retiraba algunas cosas de las mesas Chavita se puso a recordar sobre otro día que yo le había estado preguntando sobre comidas peruanas y habíamos hablado del ceviche y de las cosas que uno extraña mucho cuando está lejos de su país de origen. Chavita contó que después fue a su casa y a la noche conversó con su mamá de todo esto y su madre la escuchó con gravedad y finalmente le dijo -eso a Chavita le causaba una especial gracia- le dijo, vos -o sea justamente vos- les vas a enseñar a preparar ceviche?! En pocas palabras: voos, voos le vas a enseñar?!
     

25 septiembre, 2013

La locura de la luz

Génesis

 Al principio era el verbo. El verbo y la luz. Las pantallas y los teclados. Nuestras vidas y las imágenes de nuestras vidas y los prejuicios que nuestras vidas imaginadas despertarían y lo que de ellas, aunque fuera un vestigio de realidad, se celebraría. 
 La madre tiene la computadora portátil de la hija en brazos casi como si la arrobara. Esa nett toda decorada de stikers brillantes, alza su dedo como si fuese un dedo que funda y que nombra las cosas -en el segundo o tercer día de la creación-; las piedras, los riachuelos, los ríos, las montañas, los precipicios, las cuevas, los volcanes. Solo la madre tiene -como afirmará más abajo- la contraseña, porque después de mil idas y venidas, después de tantos desacuerdos y desaciertos y esperas y promesas dijo la madre que se usaría con su autorización y nada más y supervisando cada paso, cada clic. La pantalla parpadea hace pac y se apaga y está cerca detrás de la hija que puede desaparecer en la pantalla en cualquier momento y pasar el muro y ya no volver. 
     
Multiplicaciones

 Aquella vez yo te había dicho, dice la madre, que me parecía mal que vos aceptases gente así como así y después… (ojos que se desorbitan, pupilas que se dilatan). La amiga del mundo de acá dice que ella tiene novio en este mundo y que no busca nada en el mundo de la luz. Tratamos de seguir la conversación que por momentos se parece mucho a una indagatoria y no se escucha nada. Apoyamos la oreja en la boca de la madre y admiramos el dedo que se alza como si fuese el dedo de Deus en el fresco famoso de la Capilla Sixtina, seguimos las líneas del dedo que termina en una uña delicada y limpia y estudiamos sus arrugas que no son de vejez sino de los misterios de la carne. Es el ruido del ambiente y de las imágenes lo que no deja oír, de los mil amigos o de los cuatrocientos y tantos amigos desconocidos, son ellos, a los que dice la amiga de acá que en el mundo de la luz les habla y cuando se ceban un poco los corta pero que nunca llega a tener encuentros reales. Son como miles de naipes que danzan en nubes, que vuelan por los aires y en cada naipe una cara y un nombre que pasan a velocidad sideral. Las redes han sido inventadas parece para atrapar peces y personas, insectos en el caso de las arañas. Llanto de la madre al tomar conciencia de los peces agonizantes que salen de su boca. Isopado. Esperar los resultados. Ahí le hicieron también isopado. El isopado lo dirá. (Muestras que se toman a los damnificados a los sospechados de haber sido abusados). Bajo la uña sangre, un poco de sangre en la ropa. La madre lloriquea un poco más mientras intentan calmarla. El médico tiene puesta una de esas máscaras típicas que se usaban en el siglo XIV cuando la Peste Negra asoló Europa hasta reducirla. Es impresionante el porte de la máscara, no tiene los detalles de las máscaras venecianas que la hubieran endulzado un poco, ni un solo vivo color. Es a un solo tono bien mate el beige del cuero maciso. Por el centro superior del pico se ve una gruesa costura que recorre también lo que serían las comisuras del pico bien cerrado, está bien montada en la cara del médico la máscara como si fuese una natural extensión de su cuerpo. Se agarra a la cabeza por un par de tiras idénticas al material con que está hecha la máscara que están fuertemente unidas al cuerpo principal por remaches de bronce gastado. Las dos tiras se ajustan por sus extremos como un cinturón por la parte posterior de la cabeza, a su vez hay una tercera tira auxiliar que recorre la parte superior de la cabeza y que une las dos tiras con la parte frontal de la máscara asentando perfectamente todo el conjunto. Detrás de las dos aberturas con vidrio se ven los ojos del médico reales pero inexpresivos, claros y fríos. La madre recibe bien ese intento de consolarla, le dice a la amiga de acá que está bien que no se enoja con ella ni le hecha la culpa solo quería saber por qué aparecía el nombre de ella, o sea de la amiga de acá en la nett de la hija. La amiga de acá no tiene respuestas precisas solo sabe que la madre no quería que su amiga de acá saliera con un chico que había conocido en el mundo de la luz. Pero que su amiga de acá le había jurado que lo iba a seguir viendo costara lo que costase, sí, asentimiento de la madre, como si supiera o confirmara todo lo que la amiga confiesa como si esas confesiones fuesen frívolas. La amiga de acá se aleja sola entre las máscaras que se fugan alrededor suyo con su paso cansino se empequeñece en el pasillo larguísimo. Como viento visible alrededor suyo también pasan chicos y chicas con máscaras y maquillaje. Narices de payaso, máscaras venecianas la mayoría versiones de arlequines o pierrot, si no las ojeras bien negras los rostros completamente cubiertos de pinturas de diferentes colores. Pelucas como las que usan los otaku casi largas hasta la cintura y de tonalidades inverosímiles. Un chico está vestido de cowboy con una peluca de color rosa, lacia y con flequillo. Una chica tiene dibujada en su rostro una boca toda deforme y destrozada sangre chorrea de sus ojos negros que parecen dos agujeros. Otros están encapuchados y dejan ver rostros pálidos y enfermizos como el Emperador de Stars Wars que mandaba todo el Lado Oscuro. Otras chicas se maquillaron el rostro como ositas y se colocaron vinchas que mantienen a los lados de sus cabezas dos orejitas bien erguidas. Todo esto entre corridas y gritos y grupitos de disfrazados que bajan escaleras o suben escaleras porque se olvidaron algo para ultimar un detalle fundamental. Otra vez, por segunda vez le preguntamos a la madre si la chica está con ella y la madre levanta su brazo con su dedo extendido como Dios en la Capilla Sixtina y nos pide que esperemos casi sin mirarnos. Mientras el médico hace que su voz emane desde dentro del pico y su voz apagada pero potente -tétrica- le explica todo lo referido al lenguaje y cómo las palabras marcan a los hijos. El imperativo para el médico es que no le diga más que se parece al padre, a ese padre que no ha conocido. A ese padre embustero. Agujero negro que se está comiendo todo desde hace tiempo, ahora lo podemos sentir. El padre agujero negro que absorbe la materia, la deglute y la reabsorbe nuevamente como las estaciones que vuelven incesantemente, un proceso que se reactiva sin interrupción. 
 Ahora la madre investiga en las redes en el mismísimo mundo de la luz sobre la desaparición y reaparición de la hija en estado de semi-inconciencia en las inmediaciones de Parque Roca. Pero dice que no se hace ilusiones de encontrar pistas allí, si todo el tiempo que su hija estaba en el mundo de la luz lo hacía bajo su estricta supervisión, es más, enfatiza la madre, yo solo yo tengo la contraseña para ingresar. Ese dicho de la madre había más arriba provocado que la amiga de acá hiciese o mejor, dejase escapar, una cierta muequilla escéptica con los labios. Los otros que escuchaban se ensimismaron y se llamaron a silencio. Por qué la madre obviaba de ese modo que la hija multiplicaba sus identidades y cuentas en el mundo de la luz, donde la polimorfía la dominaba como a tantos otros. Sexos, géneros, gustos, perfiles, avatares, apodos y todo lo demás. Las últimas palabras del médico antes de retirarse fueron que el lenguaje tiene un poder que ella como madre debería bien-utilizar. Y que la cura de la hija sería larga y penosa pero factible.
 El mundo de la luz asoma como un gran Amazonas, como un gran jardín imposible. El Edén solo se parece a éste porque allí es donde todo se origina. Alguna vez despertamos y vimos en derredor y descubrimos la maravilla que es el mundo; al otro día despertamos y descubrimos lo que había salido de dentro nuestro. El organismo, el cuerpo, la costilla, la mujer etc. 
 El otro/otra salió de las entrañas y ya fueron dos en el gran Jardín. Pero esta virginidad -la del mundo de la luz- es imposible porque es impenetrable, es tupida como ninguna otra selva real, es repelente y esquizofrénica como ninguna otra creación. Y por ello mismo es la máxima productora de espesura, de pétalos bajando, flotando, banboleándose sin sentido para donde los lleve la corriente a veces maldita, a veces benigna de todas las especies que pueblan el Jardín.   

   
          
               

22 diciembre, 2012

Fábulas

 Nos sentamos a la mesa y el camarero nos trae la comida; en una mano todos los cubiertos juntos y en la otra los dos platos, luego en otro viaje la jarra de agua, los vasos, uno rojo para Ale uno verde para mí y la panera. Agradecemos. Ale además de agradecer hace reverencias y lanza una de esas frases que no se sabe si son irónicas o sinceras. Es un adulador espontáneo y magistral Ale. La charla del almuerzo comienza a fluir pero con platos super fuertes discutimos la cuestión de la absolución de los imputados por el caso de Marita Verón. Basta de ciencia ficción Ale, esto es corrupción y nada más, hay altas cúpulas policiales comprometidas que protegen, hay jueces temerosos de amenazas más o menos reales y también fácilmente sobornables. Qunes. Los jueces claro. Por momentos no me mira a los ojos y está como ido, no exactamente ido sino absorbido por algo que en la calle lo distrae, lo inquieta. No le doy demasiada importancia, ni le pregunto por qué constantemente mira para la esquina donde se juntan los pibes todas las tardes, todas las noches... 
  La discusión acerca de la trata de personas, cuáles son sus límites cómo exactamente se la define si la prostitución voluntaria es trata de personas, todo eso, puede quedar para más adelante pues con mucho menos a Ale se le enciende la lengua cuando le pregunto si alguna vez ha entrado al barrio. Mientas tanto por los ventanales sigue mirando para la esquina mientras se lleva a la boca un trozo de pollo con un poco de pure flojo y muestra el destello metálico de una corona que bordea como un hierro de encofrado uno de sus molares inferiores. Es una maravillosa sorpresa que me diga que nunca ha entrado que solo ha andado por la periferia. Inevitablemente todo se desliza hacia cuestiones como la delincuencia y el narcotráfico Ale cuenta que sabe muchas cosas de allí dentro pero que son como una gran fábula, aunque nada indica que uno no pueda considerarlas reales. Habla sobre dispositivos tecnológicos difíciles de describir pero que se puede presumir que existen, más allá de las chapas yuxtapuestas ad infinitum. Y, hablando de chapas, menciona al famoso Marcos que ha sido en algún tiempo buscado por interpol o alguna de esas agencias federales que siempre suenan con mucho bombo. Pero quién es ese Marcos es el Comandante Marcos? Ale hace una mueca entre escéptica y evasiva y dice que en realidad no está seguro. Lo cierto es que el tipo ha zafado montones de veces, nunca podían echarle mano. Alguien le ha contado hace unos años que existen adentro unos túneles que comunican con otros barrios más al sur, es más, el que ha contado la historia los ha visto con sus propios ojos según Ale y no tenía necesidad de andar mintiéndole. Supuestamente Marcos usaba esos túneles y por eso era capaz de desaparecer aunque las redadas de los grupos especiales fueran sorpresivas. Cómo serían esos túneles y dónde estarían ubicados; dentro de una casa, en un pasillo, bajo qué angulo bajo qué techo angosto como un desfiladero? Tal vez detrás de una puerta falsa que comunicaría con un pasillo contiguo tan angosto que las personas deberían atravesarlo de espaldas a la pared, como muestran en un informe colgado en ytube. La periodista sobreexitada, como sucede siempre en estos casos, dice que desde esos pasillos no se puede ver el cielo... Mientras la cámara avanza y se pierde entre bifurcaciones y más bifurcaciones de pasillos, escaleras y múltiples fascinaciones borgeanas. 
 Se zampa rápido los últimos restos que dejan limpio el plato sin que le pase el pan ni nada de eso y me pide que lo disculpe. No ha dejado de estar nervioso durante todo el almuerzo mirando hacia las ventanas y enfocándose en esa esquina que lo preocupa y lo inquieta que un tal Bran estuviese jugueteando con un bate de beisbol; tal vez están esperando a alguien, hipotetiza Ale. Me saluda me dice que después la seguimos y me deja pensando en vuelos de reconocimiento, en techos que no son solo techos en cosas imposibles de registrar en radares, en el google earth, en cómo todo se ve desde arriba en cómo todo se ve desde abajo, desde adentro desde un afuera. Hay un juego de fuerzas en el ambiente pero mientras que yo insisto en que la corrupción y las estructuras derruídas permiten la injusticia y la violencia de todo tipo Ale cree, que más allá de eso, existe un mal que no puede ser extirpado. Pero de qué modo se logra esa pervivencia?; por contactos con la política, por tecnologías electrónicas desconocidas por magia de la negra de la buena de la terrible? Hay que creer entonces que los techos apelotonados unos sobre otros configuran un centro de dinamismo desconocido que hace rebotar todas las señales; no eran solo chapas regalas por cualunques punteros políticos de turno?
 Me quedo solo terminando el almuerzo mirando a través de los ventanales hacia afuera, ese desfile de libertad agónica, de vida de repetición. Un gran desfile la calle como ver una película muda que desgarra la pantalla o mejor dicho la derrite. Imagino que Ale también desfila por ahí afuera vestido como un obispo porque el rey lo ha investido con un grado mayor de jerarquía. Eso hacían los reyes -cuando los había- con total desparpajo producían estatutos de realidad a través de sus meras palabras; nombraban, adjudicaban, elevaban, jerarquizaban la simple faz y el aliento inútil de cualquier hombre común. Bueno ellos también habían sido investidos de ese modo por la palabra pero también por la sangre. Y entonces pasa Ale con su vestido color violeta y en la cabeza el solideo también violeta y un báculo que agita en el aire con suavidad como si tanteara la espesura en la que se interna. Ale entra al barrio por primera vez. 
       
 

26 octubre, 2012

La locura de los mapas

 Hay discursos que van envolviendo al sujeto, meciéndolo y transportándolo, de pronto, a una zona insospechada del mundo práctico. Como cuando una masa es arengada por un lider político, éste suele ser el ejemplo clásico de la conexión total que se sustrae al así denominado principio de individuación en el que se desenvuelven comunmente los días de puro egoísmo. Sin embargo no es ni del lider carismático ni de las arenas políticas de lo que queremos hablar. Pero sí de algo que conecta y envuelve mientras escuchamos cómo habla, cómo explica y reordena ese frenético cosmos interior. La puerta se entorna y en un rato breve de tranquilidad con la inquietud de que la interrupción llegará tarde o temprano dice: Que lo apasiona el objeto del que se ocupa que realmente quiere darlo a conocer a otros que no se hace ninguna ilusión de todas formas en relación a que alguien lo ayude... porque al fin y al cabo siempre todo termina igual es (me siento) puesto en ese lugar casi sintiendo cómo todo se invierte (pende sobre mí) y cómo sin quererlo y sin haber hecho en lo absoluto algo para que las cosas tengan un desenlace funesto es puesto él (yo soy puesto), interpelado como aquel que es el culpable, el responsable, el que no cumplió el que no supo ver el que no tuvo en cuenta todos los matices y las diferencias y la realidad social y las pautas generacionales porque en definitiva de qué... de qué se trata todo esto? De algo muy simple (y río y río) Llora? Se trata, en definitiva, de un adulto hablándole a un adolescente. 
 A estas alturas, y frente a la velocidad a la que nos expone y la manera arborescente con que va tejiendo y exponiendo sus intranquilidades sentimos esa iluminación, fría y leve como brisa, sin que resulte cortante sobre la piel. Y nos conectamos pero más con el hilo y las galletas que ha suspendido en todo el pequeño espacio circundante del recinto que con el sentido de conjunto de los argumentos plenamente racionales.(Creo notar creo ver que hay una fisura entre nosotros) Le dice después. En todo caso, continúa (voy a ver cómo sigue esto voy a imprimir el mail porque tengo con qué porque esto si bien yo lo intuía porque son tantos me imagino que en los meses anteriores como los números cerraban los ánimos...) Y se habla de Estocolmo que es la capital de Suecia y de mapas fotocopiados y recorridos y cuestiones para memorizar pero otras más bien para razonar. Todo el tiempo mientras la conexión dura estamos como encandilados e irrefrenablemente unidos cópula de palabras resopladas, y nuestra amenaza dócil una dos tres y por cuarta vez como oleaje que no va a detenerse nunca; las carcajadas disimuladas reabsorbidas con dificultad. Por qué los mapas, los territorios, las coordenadas geográficas, los husos horarios y las rutas y recorridos hacen que la lengua delire?        

16 septiembre, 2012

Bosques

 A la noche va a pasar algo. A la noche cambian las reglas. ¿Eso está en la mente o está en la naturaleza; está en Dios o en los hombres? 
 A la noche es el reino de las tinieblas. Habría que delimitar territorios y decir qué es igual qué es distinto qué se puede y qué no comparar tranquilamente. La noche en el campo no es la noche en la ciudad; es conocida esa vieja y homogeneizante tópica que confronta dos modos socio-económicos para explicar de dónde a dónde y hacia dónde. Después también están la montaña, que en mucho ha de parecerse al bosque, la playa, el río y el bosque, los montes y el pueblo inundado y por consecuencia las ruinas y un sinnúmero de variantes y combinaciones de accidentes y topologías. En cuanto a la noche en el bosque es una radical transformación de la tierra, de las cortezas, de las zonas más o menos pantanosas, de los sonidos. 
 Apenas desaparece el sol, aunque aún haya luz ya los sonidos son de otro mundo; con otras reglas, otros ritmos y una profundidad que dura y se espesa en el límite de los sentidos.
 A la noche todo se hará un poco más irreconocible y sordo; rápido pero deficitario en las respuestas a los llamados. 
 Cuando ya es noche cerrada y a cualquiera le parece que caminar solo por el bosque es del orden de lo siniestro sucede que Estelle pierde su celular entre la hierba. -Se cayó o está en un bolsillo que existe o no existe, si llama al celular no pasa nada, pero alguien brillante propone que aunque esté en vibrador se podría ver una luz azul artificial entre tanto azul profundo, abismal, de perfectas simetrías que es el bosque. De inmediato se reorganiza una cuadrilla de búsqueda vectorizando el espacio de un modo perfecto (posible); porque la oscuridad lo permite... Avanzan en línea con linternas de luz blanca de luz un poco más o menos mimética con el azul del espacio y barren cada metro de pasto, de hierba, de hojas de eucaliptos. Usan, para tantear el terreno si es necesario, los resortes de las zapatillas y el olfato adormecido por siglos de respirar el aliento de la antirrevolución que son los escapes de los automóviles-. 

24 agosto, 2012

Perro o cerdo, dormido o muerto… a lo lejos


 Hay un perro rubio acostado casi en medio de la calle; es un perro dormido o es un perro muerto. Muchas cosas desfilan por allí, justo por allí. Una humareda repentina tapa de pronto la visión. Cuando el humo blanco se diluye un poco en el ambiente de afuera se ve que alguien está pensando debatiendo con amigos o vecinos que qué hacer con el perro. Después de un rato levantan al perro y ahí se nota que está duro. Es como levantar una bolsa gruesa de un material como arpillera que adentro contiene baldosas, hasta la cola flaca y amarilla parece rígida. Lo cargan sin esfuerzo uno de ellos va hablando mientras lo carga y el que lo acompaña escucha y asiente. Dónde lo llevan, para qué. Uno, el que lo carga ríe y el otro el que acompaña sigue escuchando serio y asiente otra vez. Vuelve la humareda, ahora desde el este antes se la llevaba el viento del oeste al este pero ahora la cortina blanca y sucia de humo corre hacia el oeste no se puede ver lo que pasa afuera pero se adivina la silueta de un auto en contramano, acelera y desaparece. 
 Hace tiempo... Fue un verano en unas vacaciones con amigos, salimos a caminar por el pueblo, el pueblo tenía calles de arena y casas de un solo piso en su mayoría de madera y techos de paja. El sol nos cegaba justo en la dirección donde estaba acostado el animal; era un cerdo. Pero estaba dormido o estaba muerto, porque estaba del otro lado del laguito ese formado por unas lluvias de estación con toda seguridad. Era difícil afirmarlo por la distancia pero se veía como una nube desesperada y tonta de insectos que zumbaba su siesta o su sueño duro. Nos paramos un buen rato antes de llegar al parador donde queríamos beber unos vinos dulces con hielo. Uno de los amigos decía que el cerdo estaba muerto y se pudría del calor y de la humedad. Otro amigo decía que estaba muerto pero que no se pudría porque se lo impedía el sol fortísimo que lo secaba junto al olor de la sal. Otro amigo decía que el sueño de los cerdos al sol de la tarde es así, un sueño pesado e inmóvil al punto de parecerse a un sueño completo es decir intransferible con apariencia de eterno. Otro no dijo nada y comenzó a tirar piedras con toda la fuerza de que era capaz creyendo que llegaría hasta la otra orilla de ese lagunón oscuro que era como un estanque gigantezco y sucio. Todas las piedras se clavaban en el agua antes de llegar hasta la otra orilla; unos treinta metros nos separaban del cerdo acostado, echado, y el sol nos daba en la frente. Una sola piedra atravesó toda el agua cayó justo al comenzar la orilla y rodó con un último resto de furia hasta el cerdo. Tocó lo que parecía una pata pero el cerdo ni se movió. Nos alejamos a buscar nuestro vino entre risas y comentarios que ya nada tenían que ver con la postura del cerdo ni con el tono oscuro de su gruesa piel.
 A nuestra espalda alguien está indignado es una mujer que con un tono ronco de voz repite y repite; vos y cuantos más me van a dejar sin la comida para mis hijos, y juguetea con un bol rosado que tiene uno de los lados derretidos. Vos me vas a dejar sin la comida para mis hijos?!; no es una súplica o una pregunta, es como una especie de aviso que mientras ordena amenaza y se va. Y por la ventana cuando la humareda deja ver otra vez hacia afuera pasan caminando algunas personas, el perro ha sido llevado quién sabe a dónde… Nos quedamos mirando ese lugar vacante sobre el asfalto donde el perro dormía su sueño de muerte prematura. Casi parece que hubiera una gran mancha de humedad de calor animal que ha empañado el suelo y no se va. Y entonces sentados a la tabla es como dice Burroughs en la intro de Naked Lunch -mientras nos sentimos tristes y molestos porque el paso de los años hace que se acumule una cantidad excesiva, escandalosa de comida entre los dientes, nadie nos había avisado que eso iba a suceder- "almuerzo desnudo: un instante helado en el que todos ven lo que hay en la punta de sus tenedores".     

01 abril, 2012

Identidad

 Me miro al espejo, me niego, reboto y vuelvo para recomponerme. Todavía no me vestí, aún no tomé mate ni café y ya tracé en mí toda la identidad toda la historia subjetiva. Parece, dicen, los poco agraciados, que Lacan ganó miles de lingotitos oro solo por aprenderse ese dictum hasta la médula y reconfigurarlo con toda la corteza multicolor. 
 Después entro y alguien me sonríe; takara me dijo que es especialista en ortodoncia, yo también lo soy, porque el Dr. gonzález  en el consultorio 27 así me hizo y por eso le debo eternamente la torta de dulce de leche, pero por culpa de la obra social de los bancarios que tanto supo pudrir zanola; ese nombre que trae para todos reminiscencias de frutas y dejos amargos en boca. Y, me confesó, takara, que no sabe hacer conductos; siempre misteriosos e inaccesibles. Todo esto porque la sonrisa amplia que me enfrenta tiene unos braques inmensos pero entradores; todo un logro que los braques tengan gracia. Usted se parece a alex ubago... lo conoce? Sí, no, sí, el sonido el nombre, algo que revuela que recorre el aire como todo, flatus. Y... es bueno o malo parecerse a alex? Silencio. Risas. Dudas. Melodías. 
 Después entro, me paro quiero decir algo importante; qué es el vértigo, definamos el vértigo... Usted se parece a... cómo se llaman los tres chiflados? ah! sí usted es el que no tiene pelo, no ese no, el que no tiene acá pero acá sí, sí, ese, sí. Larry.   

10 febrero, 2012

A summer ´s day

 Todo siempre comienza con lo mismo. Estamos por cenar y pongo un disco de Hisaishi.
 Mientras cocinaba me preparaba unos tragos y me fumaba un cigarrillo. 
 Pero cuando comienza a sonar A summer ´s day ahí me quedo quieto y me cuesta volver. Ahora me doy cuenta que los comaneci; gregorio y raquel, mis ranas, siempre están viajando. Estoy convencido de que son el paradigma mismo de lo que es viajar sin cambiar de lugar. 
 Voy al balcón, justo debajo de la más petisa de las nubes, puedo ver toda la ciudad, es un ver que emborracha también de un modo paradigmático, emborracha con agua pura; viento puro? Esta visión desde afuera es una pajarera inmunda, el edificio digo, pero en el interior está el cosmos. Para no ser parcial diré que es una multiplicación de conductos y puertas y nichos y cables que tiran solos; todos pequeños cosmos interiores capaces de producir su propia luz palideciente y su propio aire sobrecargado que recuerda a flores de cementerio y a la atmósfera quieta de una usina de noche con las máquinas apagadas. 
 Ahora. El pez espada que mayguis me regaló se remueve pegado a la ventana norte con la correntada agonizante que entra en esta casa impensada y a estas altas horas. Pienso que le voy a decir a mayguis cuando la vea que si alguna vez me necesita que me llame. Es una forma de decirle adiós pero sin decírselo; cómo podría hacer tal cosa, no resistiría su mirada un segundo. O tal vez simplemente... quiero decir no le diga nada, solo le lleve ese regalo de aniversario adeudado.  

20 septiembre, 2011

Perderse/recobrarse

 La tentación de irrumpir en un mundo de deseo prohibido se afianza en nosotros. Todos los que han mordisqueado esa fruta de placer y amargura lo saben. Si un día esta práctica de evitar ese asomo a la negra noche sale mal qué pasaría entonces? Qué pasaría si la rapto, si me la como, como ahora ya me la estoy devorando a toda su piel pequeña, curtida y deliciosa piel. Deliciosos ojos verdosos siempre de un vivo tono de sombras, de hojas, de cierta boscosidad, de luz que se cuela por recovecos con suavidad hasta el suelo. Y si cruzamos la delgada línea y si perdemos la cordura y nos perdemos para el mundo y la moral. Todos los que han mordisqueado esa fruta saben lo difícil que es retornar tan solo de esos pensamientos; alumbramientos.

25 marzo, 2011

Riko miente

Si Riko se va con el tío Samuel, el hermano de la desconocida, el hermano de la madre. Samuel el raptor, Samuel que fue robado, indefenso y tal vez lastimado; por eso nunca nadie contesta ese celular. El tío joven que atrae a la sobrina sin engaños sin trucos pérfidos. Riko siempre dijo que Samuel era su novio, su único mundo porque nada de familia había en su vida, nada. Estaba sola, nunca podíamos hacer que no estuviera tan sola. Siempre iba a desconfiar por eso nunca nos contó nada de todo esto del tío Samuel. Del hijo que concibió con Samuel y que luego se quiso sacar con un aborto espontáneo pero sugestionada imaginó el llanto, las náuseas y la sensación de vértigo tal como se lo habían contado. Pensó en las consecuencias, en las ganas de suicidarse más tarde en arrepentirse y seguir tan sola como siempre. Qué hermoso pero raro es tener un hijo para no estar ya tan en soledad. Para hacer un mundo de dos porque no hay mundo de uno, y además, con dos ya hay todo un devenir de muchos más que dos.