Mostrando entradas con la etiqueta Thomas Hobbes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Thomas Hobbes. Mostrar todas las entradas

24 julio, 2013

000 día

 Había anochecido ya y la calle estaba empapada. No llovía. Sí... era una lluvia pulverizada menos, todavía, que una garúa, es decir ni siquiera se sentía en el rostro el agua. Pero se notaba en la oscuridad azulada del asfalto porque hacía días que la humedad no aflojaba. En la esquina me detuve con las bolsas cavilando risueña en el excelente departamento de marketing del club día y me pregunté cuál sería el estatuto de un ejército semejante. El ejército de los 12 días. Las ahorristas autoconvocadas que con su tarjeta roja con su fucking tarjeta roja engarzada en el llavero desestabilizarían la economía local. Provocarían desabastecimiento porque con poca plata habrían hallado la fórmula de oro, la diagonal capaz de llenar todas las alacenas, para convertir unos magros pesos y unas cuantas bonificaciones -del 15% si lleva más de tres del 10% si lleva dos iguales y del 25% en frutas y verduras- en los días finales en que ya todos somos espectros. 
 Acumulan en sus locales clandestinos montañas de productos que se llevan con todo derecho de todas las cadenas. No hay tarjeta, no hay negociación ni sobredosificación que las aguante a estas ahorristas expertas! Han encontrado la fórmula del ahorro y es demasiado tarde para ponerle un freno a todo esto; esto ha derrapado. Los tomates no alcanzan a madurar y el pure en sus envases tetrabrick es una fiesta. La góndola se queda cerca de las heladeras zumbantes, temblorosa, y vaciada toda espolvoreada de harina para todos los usos 000.   
 Parada en la esquina y con las bolsas caídas me quedo mirando en derredor mío. El ejército de los 12 días me conmueve; soy una más. Dentro del bar distinguido, a través de los vidrios limpios las veo. Finjen ser novias, finjen citarse por primera vez con sus futuros novios o maridos, se hacen las santas. Pero en realidad militan para la causa de ahorrar y destruirlo todo de una buena vez. A pocos metros casi al lado del contenedor de basura que rebosa, bajo unas frazadas de cartón un bulto duerme una larga siesta de vino rancio. Las bolsas grandes y medianas, lo que se recicló y se mezcló se desperdiga y se apelotona dejando huella tras huella de hedor. No se ven las rendijas, no se ven las junturas de las baldosas porque la mugre sella las veredas y se pone a la altura de los cordones que quedan disimulados por botellas aplastadas, cáscaras distorsionadas, pañales apelmasados, ropas hechas un bollo, cosas irreconocibles, quemadas. Restos de lo que hacía unos días era un plato de comida. 
 Respiro profundo y levanto las bolsas del suelo, las bolsas abarrotadas de productos de primera necesidad. De mi boca salen unos espesos halos de vapor que se contornean en el aire y resplandecen de azules breves. El empedrado está desierto. Pasa una 4x4 a paso de hombre con los focos altos alumbrando, deteniéndose cada tantos metros como si buscara una persona o un lugar. Luego, sobre la persiana de un negocio cerrado y hasta abandonado, lo veo. El decollage. La humedad de los últimos días y el agua revoleándose imperceptible como un vaporizador han trabajado todo ese material adherido a la persiana. Trozos de cartón y afiches se han ido desprendiendo, se han formado agujeros que parecen hechos por un dedo entrometido y que han dejado a la vista capas de capas. El farol de la calle ilumina por unos segundos un ojo -de un personaje de la política?- que se apelmasa abajo entre rojos y negros. Sigo una línea roja un trazo que sin estar parece avanzar en el espacio como una diagonal nítida. Ahora se puede leer allí abajo, doy un tirón y cae al suelo un buen pedazo de capas que suenan en las baldosas a mis pies. El decollage se conforma como un cosmos naciente de dolores y colores aletargados. Lo logramos leo. El ejército de los 12 días, diceun poco más abajo, pero con la misma caligrafía con el mismo firme rojo.
 Su designio, no usurpar el poder del estado sino destruirlo. Destruir las grandes cadenas de mando, las economías mundiales logrando que las redes de la producción y la distribución comiencen a girar como una perinola enloquecida que nadie -el estado- puede detener y cada vez que choca contra un borde deja un agujero que comunica con el abismo.
 Así y todo el ejército de los 12 días no era una práctica o una conformación prohibida por el estado. (Ahora puedo hablar en pretérito porque he leído en el decollage todo lo que podía leer acerca de un futuro inexistente). El ejército era lo que Hobbes llama un sistema irregular aunque legal. Ya que pese a su condición natural estaba tolerado por el estado siempre y cuando se mantuviera en cierto cauce de normalidad. Un detalle importante es que se trataba de una reunión de personas que carecía de representación. Esto explica por qué el estado llegado determinado momento fue tapado por esta gran ola a la que no pudo prever y que carecía de las armas necesarias para destruirla, justamente porque necesitaba para poder castigar que exista cierta idea de representatividad. El ejército de los 12 días no tomaba decisiones por medio del voto, la asamblea y demás artilugios jurídico-legales; ni siquiera había decisión. Solo crecimiento rizomático, a la Deleuze, contagio y afectación molecular, pocas o ninguna idea. En este pasaje del Leviatán, cap 22, Hobbes marca la diferencia: "Si se impone una multa a la corporación, por algún acto ilegal, únicamente son responsables aquellos en virtud de cuyos votos fue decretado el acto, o con cuya asistencia fue ejecutado. En ninguno de los restantes puede existir otro delito sino el de pertenecer a la corporación; delito que si existe, no es suyo, puesto que la corporación fue ordenada por la autoridad del Estado".
 El instante en que la reunión de gente que sale a hacer compras deviene ejército es de una delgadez áptica que desafía todo atributo y el pisotón mecánico del estado por mas que le asienta todo su peso encima no llega con sus pezuñas inmensas a tocarla.
 Vuelvo a levantar las bolsas del suelo, pesan, las manos duelen y se desesperan por llegar. Qué fastidio! Una simple compra no puede demandar tanto tiempo! Sin embargo poco antes de estar ya disponiendo todo lo que debe ser apilado -las galletitas con las galletitas, lo que debe ser freezado antes que lo demás, las legumbres aireadas más abajo y la carne arriba- deseo volver. Me digo que mañana volveré pero tal vez mañana el decollage haya sido intervenido por otro transeúnte o cosa semejante. Tal vez pude haber descorrido más piel, barrido más escarcha, más polvo, más cosas aparecerían al tironear y desprender los despojos. Lo logramos, el ejército de los... Solo eso desvelé.  

22 junio, 2013

El juramento

 ##################################alerta spoiler#################################################

 A la serie Game of Thrones no le faltan los golpes bajos, en general, esos raptos deslumbrantes de sanguinolencia que mantienen al televidente en vilo durante la casi hora completa que dura cada capítulo. Claro que al ser una serie como se suele decir de época o ambientada, la violencia cuasi gratuita parece encajar en la mayoría de los casos. O al menos los guionistas son hábiles estrategas al convencer al telespectador de que esto es así. Pero en el capítulo 9 de la tercera ese momento sorpresivo, vertiginoso en que la "buena familia" es asesinada y masacrado el ejército huargo se torna indigerible. Retengo el instante escalofriante en que se hace un silencio en exceso prolongado y una brisa helada recorre el salón lúgubre, húmedo de Walder Frey y el traidor descorre su traje y deja ver debajo de su manga la cota de malla protectora como diciendo: estoy preparado para la que se viene. Empiezan a llover flechas que más parecen dardos y vienen de todos lados -los músicos transmutan la escena- y todos los Stark van cayendo. La madera grasienta del piso no para de chupar sangre; y los tablones se tiñen y amoratan y la sangre se oscurece y los vestidos se encharcan como la panza de la joven esposa. Panza sembrada de cuchilladas. Y su carne o la carne de su hijo que es todavía indistinguible de su carne. Y el rey que se hace llamar, según sus adversarios, el joven lobo, se pone de pie con una o dos saetas que aletean todavía en sus omóplatos, después de acariciar por última vez a su mujer que yace, y tocar a su hijo que se ahoga sin saberlo en un promontorio caldoso de tripas deshechas. Le habla a la madre, la llama como diciéndole: esto ya está terminado; "Winter is Coming" no te acordás vieja? Fluchh! otra flecha lo atraviesa y cae, shhucc! una hoja de puñal recorre con automatismo el cuello de la Señora y cae. Esa es la música de la desgracia todo se va desplomando, los brazos cuelgan pesadamente, el entendimiento llega tarde siempre que la muerte lo toma por asalto y cada salida es bloqueada por un traidor que hasta hacía segundos era un sirviente.
 Y por qué tanta saña, tanto espíritu vengativo. Walder Frey ha gritado: a vos no te creo más nada con vos no hago nuevos pactos porque ustedes los Stark rompen los juramentos. Eso es verdad el joven lobo debía por juramento casarse con una de las poco agraciadas hijas de Walder Frey. En el trajín de la guerra y de las aventuras de los caminos conoce a una muchacha hermosa y se enamora; de sus senos bien puestos dirá Walder Frey. Y aquí es donde cae Hobbes que en el Leviatán capítulo XIV habla de los contratos y los pactos en un mundo que con seguridad ha de parecerse bastante al de los 7 reinos.
 A la pregunta de por qué la saña la necesidad de desquite de Walder Frey se me ocurren dos respuestas. La primera es la de tipo cálculo político-estratégico para ganar nuevos reacomodamientos en un mundo que está acéfalo y se resquebraja y reensambla constantemente. Se alía con los enemigos de una casa para aplastar a otra y obtener un reconocimiento que se traduce en tierras, bienes y tranquilidad para el futuro inmediato. La otra explicación es más hobbeseana en el sentido del capitulo 14 del Leviatán. Diría así, el joven lobo rompe arbitrariamente su juramento por lo tanto debe ser castigado. En Game of Thrones como en todo mundo antiguo y mítico hay un sentido fuerte de trascendencia pero lo interesante es que esa trascendencia es ambigua y diversa. Están los dioses viejos y los dioses nuevos. Vas a jurar por los nuevos por los viejos o por ambos? Este plano entremezclado, este manto de heterogeneidad hace que de pronto al romperse los acuerdos preexistentes todo se resuelva en la eventualidad de la lucha. Por dos motivos dice Hobbes que los hombres respetan sus propios juramentos. Primero porque temen el poder de los espíritus invisibles y segundo porque temen el poder de los hombres a quienes se perjudica con el incumplimiento. El primer poder es el que según Hobbes ejerce la presión más efectiva para contener las pasiones humanas egoístas por definición. Pero aquí todo se resuelve en la cruenta lucha, en la celada terrible a los Stark, dado que el plano trascendente se adormece con facilidad. Lo obvio es entonces que esto es el "estado de guerra" es decir el todos contra todos y, que todo valga, es lo que explica que un lord ofendido pueda sin remordimiento aparente masacrar a la buena gente de poniente porque no cumplió con lo pactado. Hobbes parece dar a entender por esto mismo que los pactos son débiles y siempre violables fuera de la sociedad civil. Solo jurar por Dios tiene cierto peso, cierta verosimilitud y así y todo el juramento en tanto acto que añade algo a la promesa de cumplir no añade nada. "Y no puede jurarse por cosa alguna si el que jura no piensa en Dios". Pero apenas más abajo agrega Hobbes: "De aquí se infiere que el juramento nada añade a la obligación. En efecto, cuando un pacto es legal, obliga ante los ojos de Dios, lo mismo sin juramento que con él: cuando es ilegal, no obliga en absoluto, aunque esté confirmado por un juramento".  
 Ver asesinar a todo un ejército y a sus líderes que son además lo más parecido a los buenos de la saga. No es eso exactamente lo que crea la impresión penetrante de la maldad operando. Sino la articulación de una escena que se regodea en un encadenamiento de actos injustos pero donde el último acto sella la injusticia y pasa todos los límites. Pues el viejo Walder Frey perdona y luego castiga. El pacto había sido roto por el joven lobo al casarse arbitrariamente con una mujer no hija de Walder. Después Walder Frey ofendido aceptó explicaciones y puso nuevas condiciones. En esa instancia perdona al joven lobo y con ello le devuelve el derecho que había sido cedido y que permanecía incumplido. Además, al celebrarse el nuevo acuerdo y hacerse efectivo este matrimonio entre una hija de Walder Frey y un tío del joven lobo, Walder frey queda obligado a realizar su parte; pues ambos habían de nuevo prometido y una de las partes ya estaba cumplida.
 Y, para sumar un aspecto más general, el antihospitalario Walder Frey comete con sus actos aberrantes la violación de las hobbeseanas sexta y séptima leyes naturales. De la 6° porque dice Hobbes en el capítulo 15 de la Parte I del Leviatán, "Que, dando garantía del tiempo futuro, deben ser perdonadas las ofensas pasadas de quienes, arrepintiéndose, deseen ser perdonados. Y de la 7°cuando señala "que en las venganzas los hombres no consideren la magnitud del mal pasado, sino la grandeza del bien venidero". Sexta y séptima ley se complementan en tanto destacan la importancia de suspender toda hostilidad si se abre la posibilidad de convenir una paz a mediano corto plazo. Lograr la paz. Porque tal como lo manda la ley fundamental de naturaleza se trata de buscar la paz y seguirla. En esa delgada e invisible línea divisoria entre la paz y la guerra, entre la quietud y el movimiento, entre la muerte natural y todas las otras. En ese horizonte hermenéutico que es seguir la paz se sigue todo lo demás.