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21 enero, 2016
Estaba Cristina
En una reunión de trabajo alguien me dijo mirá ahí está Cristina. Fue una gran sorpresa estaba Cristina entre la gente y quise ir a saludarla. Me hubiese gustado ir y pedirle permiso para sacarme una foto. Cristina sabe sacar buenas selfies. Yo le dije a un compañero; mirá vos estamos acá en la periferia y al final vienen, quiénes, me dijo, quiénes, vienen, no sé, personalidades, grandes políticos funcionarios importantes. Cristina estaba igual que como la vimos siempre es una de las pocas personas que estaba igual que como la vimos siempre. A lo último me animé y me acerqué a saludarla: Cristina, dije. Me miró, me miró directo a los ojos y se me quedó mirando un largo tiempo. Sonrió un poquito. Le pude dar un beso. Apunté hacia Cristina y hacia mí para sacar esa foto para después poder mostrarla diciendo me saqué una foto con Cristina. Me puse un poco nervioso el sudor de las manos no me permitía presionar como era necesario. La pantalla se puso como resbaladiza. Ya había otros que le querían hablar a Cristina como que Cristina miraba medio de soslayo pero no se iba de la pose de la foto hasta que al final ella misma también acercó un poco su mano, apretó la pantalla y la foto salió. Con otro compañero nos quedamos hablando del otro día cuando este compañero había estado en la comisaría demorado por un siniestro ocurrido en la vía pública y que le debían tomar las huellas. Estaba en la parte de inventarios y el ayudante a cargo le había tomado las manos y con un rodillito todo embadurnado en tinta negra le cubría todos los dedos, los diez dedos. Y siempre le repetía lo mismo, estás muy nervioso por eso la tinta no toma. También hablamos sobre un acto en provincia de Buenos Aires donde había estado Cristina inaugurando la ampliación de una autopista, después de las formalidades Cristina fue a saludar a la gente. Se amontonaron miles. Este compañero había llegado muy temprano y estaba allí pegado a la valla -a diez pasos de Cristina como mucho- y le gritó; Cristina! Cristina! A la segunda vez que le gritó Cristina identificó a la persona y miró a este compañero. Él le hizo la v pero se la hizo cruzando el brazo derecho hasta dar con el otro hombro; en consecuencia la v era una v hecha con los dedos y la mano mostrando el dorso hacia afuera. Inmediatamente Cristina lo corrigió con un gesto mostrándole la v como debe ser. El compañero dijo que Cristina dijo que así no, así. Estos dichos el compañero los llevaba a cabo con una gran mímica de manos y boca para ilustrar todo el asunto de la escena. La mano dirigida hacia el interlocutor sin invertir en ningún momento ni la mano ni el brazo, juntar los tres dedos pulgar, anular y menique como si quedaran contenidos por el pulgar y los dos restantes formando la v.
09 marzo, 2014
Ni vos ni voto, dice la voz
Una estaba sentada en su cuarto haciendo su guardia y otro cerca de ella esperando su guardia o lo que ella iba a decirle cuando lo mirase y le diera algo de aliento. Entonces uno le pregunta a una que estaba sentada cerca también de su silla con las manos apoyadas sobre su cabeza y sus pelos dóciles que iban de a poco encaneciendo. O era que sobre sus cabellos tenía un soplo de ceniza pero si ese hubiese sido el caso de dónde hubiese venido ese soplido, ¿acaso de la divinidad? El dios del pasillo. El dios del pasillo larguísimo, como los romanos que ponían dioses en todo su derredor de su vida cotidiana tumultuosa y ciudadana y guerrera. Uno entonces no esperó que lo mirase y le preguntó que si se iba a adherir o mejor dicho que si lo había hecho, porque era algo que ya había sucedido antes. Dijo que no lo había hecho que no lo había hecho porque no estaba segura porque lo había pensado pero ante la duda y el desconocimiento no estuvo segura de hacer tal cosa que no significaba después de todo tanto. No terminaba de entender ni de convencerse en medio de las habladurías o de lo que en el pasillo se decía y ante la falta de información decidió no hacerlo porque después de todo qué se pierde o qué se gana si ya todo está escrito al final del pasillo. Pero en conclusión, dijo, no entiendo qué, hacia dónde, cómo, cuándo, dónde. No. Bueno, le dijo, si te parece podría contarte como un cuento de las luchas de la pujas y tal vez eso te ayudaría después a decidir. ah ah me encantan ahh las obras maestras del relato breve le dijo a uno que estaba cerca de ella sentado también y al que luego le iba a decir que estaba sola en su cuarto y que lo esperaba para que la penetrase de partículas amorfas que tal vez luego adquirirían esa tonalidad cenicienta que era en definitiva la que cubría sus cabellos y hasta ahora, además, parecía que estaba perfumada de viento de montaña de roca y sal. Hay, o mejor dicho, comenzó, había una vez. Había un montón de esclavos que trabajaban un montón como buenos esclavos que eran, claro, pero bueno, lo que eran en realidad no era esclavos pero es para mostrar que estaban adiestrados para serlo si querían y bien por esa actividad el estado, el empleador, el monstruo -para decírselo uno a lo Nietsche-, el rey momo el que puede adoptar todas las formas les lanzaba un jornal a la cara. Cada vez que se podía digamos una vez al año pero los malditos esclavos, histrionisaba uno, querían que fuera un poco más seguido, se juntan o se juntaban o se juntaron o lo hacen y conversan y discuten con funcionarios para que aumenten los jornales de los esclavos. No lo hacen directo con los esclavos. No. Es que son muchos, son demasiados e impetuosos. Los ejércitos de esclavos tienen representantes que van y arman toda una gigantesca fantochada de que se enojan y amenazan que si los grandes administradores no largan unas monedas para los esclavos puedan comer mejor entonces la máquina se para, y se para. Eso hacen los representantes, pero por abajo ellos siempre hacen acuerdos que indignan a los esclavos que también empiezan a empujar de manera impredecible o predecible o manejable, maleable, moldeable. Los representantes toman la lente esa que usan los tasadores de joyas y evalúan a ver como está el sector. Los administradores a su vez evalúan a ver hasta qué punto las pantomimas de los representantes son lo que son o la apariencia de lo que no son ni será nunca. A veces los representantes se ven atrapados en horribles disyuntivas como cuando bailan a dos puntas temiendo ser destrozados como dionisio en un rito o bacanal. Con los esclavos se jode o no se jode. Los representantes, todos, algunos, la aman a Daenerys a la princesa la lamen la soban la engordan hasta que estalla ¿de furia? de algo, y llueve dorado eyacula, oro. Quieren o no quieren los representantes no quieren separarse del amor hacia la princesa pero si se quedan demasiado quietos pueden ser aplastados por los tiempos del destiempo, de ir. Sentados los dos en sus escritorios correspondientes, amplios como son los escritorios de una oficina pública. Se miraron los unos a los otros y una sonrió al que acababa de contarle para informarle o deformarle lo real que los esperaba a la vuelta de una asamblea en la que estaban ausentes.
28 diciembre, 2013
Cortes
Desde el resentimiento o la incomprensión me pregunto por qué las fuerzas son así. Por qué llevan y traen las fuerzas; acaso es un capricho lo que allí atrás subyace? Acaso sea, a lo Nietzsche, la tirada de dados... acaso el universo/el niño que juega con los destinos. La vida y la potencia siguen reglas y patrones extraños. La potencia, la duración, ese aferrarse silencioso está en lugares olvidados por todos y sobre todo por el deseo de querer que ello continúe allí. Pero a la vida qué puede importarle eso? Puede estar allí igual, sin intestinos o con órganos vitales todos agujereados donde ya no hay nada, ningún líquido que pueda correr escaparse con la vida a otro lugar. Y cuando todos esperan que la vida esté, no está. Solo la indiferencia de los signos maltrechos e inexplicables. Solo la persuasión de que nada puede hacerse y hay que esperar. Alcanza y es suficiente esperar. La vida omnisciente le da a unos muy poco a otros demasiado y eso enoja a los que juzgan que acá debe estar que acá debe no cortarse, aun. La vida es como las centrales de energía: Atucha I, II y III. Es inconclusa, es parcial, se corta y se distribuye con ineficacia, desparpajo, ante la menor variación, inclemencia, exceso, de temperatura, se funde y apaga.
01 diciembre, 2013
Pensar es un hecho revolucionario hecho signo
El Parque de la Memoria está emplazado en el Río, como debe ser, un recordatorio como ese no puede darle la espalda al Río como la Ciudad. Lo primero que nos gusta de este lugar es que está concebido para que el visitante lo recorra en bicicleta, grandes recorridos, inmensas estructuras, el arte que domina el espacio es un arte de dimensión descomunal en algunos casos y apática, sobria, de gris concreto y de concreta obligación la mayoría. La memoria gris. La memoria que funda. La memoria que todo lo puede. La memoria de la que se espera.
Poca gente recorre el parque. Eso agiganta la sensación desértica y aminora -diluye- los rayos solares. Más allá el río abraza para toda la eternidad todos los secretos de la historia del irremediable país. Un fotógrafo hace preguntas y proyecta tomar fotos a la pieza flotante, le decimos que esa obra debe ser bella a la noche cuando se encienden los cuatro reflectores que encuadran ese enigmático cuerpo erguido con su homogénea textura de gris metálico. El fotógrafo se aleja envuelto en una nube de entusiasmo.
De todas las obras la que más nos interesa es Torres de la Memoria. Una obra figurativa-abstracta que con su geometrismo abarrotado se asienta en el terreno desértico del parque como una bomba con dieciséis ojivas esperando conectarse con sueños carentes de sentido. Tiene también algo de antena, por la forma superior, por la posición a sesenta grados, por el gesto de radar que triunfa y se degrada al mismo tiempo que se impone y no para de inclinarse para besar la tierra. Un híbrido agresivo como todo lo que está pensado para sobrevivir en el desierto, para moverse sobre terrenos agrestes; máquina de muerte, dormida e inútil.
Alguien toma unos mates a la sombra de otra obra gigante. Una pareja recorre los muros grises donde se enlistan los nombres de los muertosnomuertos. Las cosas ya estaban feas antes de los 70 y en el 76 se suceden filas y más filas y más caminar de nóminas y en el 77 también son los años en los cuales la máquina de muerte levanta una temperatura infernal. Dato curioso: en el 83 hay un terrorismo de estado que mantiene una inercia vigente aunque el aparato ya esté desmembrado y débil, la inercia de las cosas que tienen un gran peso continúa empujando y destruyendo aun cuando la cosa ya parezca haberse detenido. Pero hacia dónde van las fuerzas demoníacas del estado cuando hace ya tanto tiempo que hablar de terrorismo de estado es un cliché?
Hoy día cuando se diseña y construye un parque se realiza la mimesis de una pista de skate; obstáculos, plaza seca, empalizadas y explanadas que se reproducen y diagraman la contención de los signos especiales. Porque el arte se pone en el desierto para plantar signos. En un centro de deportes alternativos que está justo al lado del parque de la memoria se avisa al visitante que está prohibido plantar árboles. Claro, eso es una decisión de estado. El monstruo, para decirlo a lo Nietzsche, se caga el el dictum libro-hijo-árbol. Los signos que se ponen en el desierto son decisión política y por tanto del Soberano.
Unas niñas que pasean solas por los muros grises con las nóminas de la shoá local lanzan carcajadas dignas de niñas bien niñas. Y Cantan:
el policía dijo,
por ahí
no se puede,
por ahí está prohibido,
el policía dijo, -más carcajadas, la potencia de la carcajada de las niñitas es como una varita que con leves movimientos transforma lo que toca-.
Y el policía diijooo, -elevan la voz y ríen un poco más-.
que,
dijo el policía
por ahí
no se puede
no se puede
no se pu e de
andar en bicicleta
Poca gente recorre el parque. Eso agiganta la sensación desértica y aminora -diluye- los rayos solares. Más allá el río abraza para toda la eternidad todos los secretos de la historia del irremediable país. Un fotógrafo hace preguntas y proyecta tomar fotos a la pieza flotante, le decimos que esa obra debe ser bella a la noche cuando se encienden los cuatro reflectores que encuadran ese enigmático cuerpo erguido con su homogénea textura de gris metálico. El fotógrafo se aleja envuelto en una nube de entusiasmo.
De todas las obras la que más nos interesa es Torres de la Memoria. Una obra figurativa-abstracta que con su geometrismo abarrotado se asienta en el terreno desértico del parque como una bomba con dieciséis ojivas esperando conectarse con sueños carentes de sentido. Tiene también algo de antena, por la forma superior, por la posición a sesenta grados, por el gesto de radar que triunfa y se degrada al mismo tiempo que se impone y no para de inclinarse para besar la tierra. Un híbrido agresivo como todo lo que está pensado para sobrevivir en el desierto, para moverse sobre terrenos agrestes; máquina de muerte, dormida e inútil.
Alguien toma unos mates a la sombra de otra obra gigante. Una pareja recorre los muros grises donde se enlistan los nombres de los muertosnomuertos. Las cosas ya estaban feas antes de los 70 y en el 76 se suceden filas y más filas y más caminar de nóminas y en el 77 también son los años en los cuales la máquina de muerte levanta una temperatura infernal. Dato curioso: en el 83 hay un terrorismo de estado que mantiene una inercia vigente aunque el aparato ya esté desmembrado y débil, la inercia de las cosas que tienen un gran peso continúa empujando y destruyendo aun cuando la cosa ya parezca haberse detenido. Pero hacia dónde van las fuerzas demoníacas del estado cuando hace ya tanto tiempo que hablar de terrorismo de estado es un cliché?
Hoy día cuando se diseña y construye un parque se realiza la mimesis de una pista de skate; obstáculos, plaza seca, empalizadas y explanadas que se reproducen y diagraman la contención de los signos especiales. Porque el arte se pone en el desierto para plantar signos. En un centro de deportes alternativos que está justo al lado del parque de la memoria se avisa al visitante que está prohibido plantar árboles. Claro, eso es una decisión de estado. El monstruo, para decirlo a lo Nietzsche, se caga el el dictum libro-hijo-árbol. Los signos que se ponen en el desierto son decisión política y por tanto del Soberano.
Unas niñas que pasean solas por los muros grises con las nóminas de la shoá local lanzan carcajadas dignas de niñas bien niñas. Y Cantan:
el policía dijo,
por ahí
no se puede,
por ahí está prohibido,
el policía dijo, -más carcajadas, la potencia de la carcajada de las niñitas es como una varita que con leves movimientos transforma lo que toca-.
Y el policía diijooo, -elevan la voz y ríen un poco más-.
que,
dijo el policía
por ahí
no se puede
no se puede
no se pu e de
andar en bicicleta
31 octubre, 2013
Del legislador
Nene malo Cabandié.
Cabandié nene malo.
Lo paran y le piden los papeles y no tiene los papeles del seguro o todo pago al día y las caras de las gentes no se gustan. Y le quieren retener el automóvil porque no cumple con la reglamentación vigente. Y entonces se enoja y dice, soy, sí, soy, hijo. Llama por celular y ni piensa ponerle paños fríos a la situación y una mujer lo consuela, una mujer lo lastima, una mujer le arrebata la paciencia, el buen nombre. Como un perro al que se acorrala como can al que va a buscar la perrera, herido pero no de muerte, sino cortado por el filo del acero cobarde que le hace lanzar improperios y un montón de palabras y verdades que danzan en la rabia que se desparrama por su maxilar inferior. Y todo se va mezclando en la discusión, las contestaciones, la espuma y las palabras como recortadas y pegadas una al lado de la otra pero alguna más derecha y otra más inclinada sobre la otra, otras como si se cayeran como si derraparan cuando se termina el camino de espuma. Un día en que voy a ver a la familia debería decirle al gendarme quién soy o quien soy. Y no lo hago. La familia siempre desaparece en el horizonte; en sueños, de niño, la familia no está y es una angustia creciente que cubre todo como una niebla densa. Sentado en su butaca sin los papeles al día, interpelado y caliente. Ese es el que yo soy; soy el legislador. ¿El que hace y castiga y aguanta porque hay mucho hijo de puta que te va comiendo por todos lados cuando querés hacer las cosas como un justo? El legislador es un justo, está en su despacho atiende el teléfono, hola! soy Dios. Difícil es el lugar del legislador tal como lo señala Jean Jacques Rousseau en el Contrato Social. No puede recurrir ni a la fuerza ni a la razón para persuadir al pueblo ignorante de los beneficios de colocarse el yugo de la carga pública. Y qué hará el legislador entonces: invocará al cielo, o sea intentará usar el teléfono para comunicarse con Dios.
Casi a mediodía en dirección al sur ya saliendo de la ciudad y entonces los gendarmes dicen con gestos de la itaca de las armas no de las manos sin usar la voz, dicen que pare. Y entones que vacíe la mochila, los bolsillos y todo esto porque es obvio que ahí, y señala ahí con las cejas con cierta tonada de la voz un poco para dentro y resoplando, ahí podés llevar un arma es por eso, pero esto que sigue no lo aclara; que es muy importante pararte y palpar bien las cosas y probarlas. Sí. Porque ese gendarme saca de la mochila o hace sacar -porque las cosas él no las toca solo las mira sintiendo en sus ojos el palpitar de las cosas-, el pez, recién llenado de pastillas-pez. Y entonces se mira en la cabeza en la punta del pez que es un simio que se llama marcel y esto qué es. Pastillitas, dice. Tuerce la boca y la cabecita de marcel y tira con cuidado y ahí están todas las pastillas acomodadas algunas más blancas que otras otras como de tonos lavados, una fila de arco iris, cierto perfume dulzón y artificial. Y él posa la puntita de su lengua para probar el azúcar ese y saber si no será alguna sustancia prohibida. Cierra el pez y me lo pasa y yo me fastidio por no decir quién soy. Y el pez se disuelve después de ser lamido se esfuma y las pastillas van cayendo a la vereda toda rota con esas baldositas cuadradas de veinte por veinte levantadas tan solo apoyadas en el suelo las típicas que salpican después de la lluvia. Vuelvo con mi padre en su viejo coche cierta noche del cine. A la salida comenzó a lloviznar y refrescó, entre un repiqueteo muy pausado sobre el amplio capot, la marcha lenta sobre el asfalto oscuro y el ruido fuerte del motor vamos comentando pormenores. Qué malo es el sonido en estos viejos cines del conurbano pero la película de ciencia ficción fue más que jugosa, compleja. Se llama Experimento Philadelphia y trata sobre una experiencia bélica que realiza la marina de EEUU en los años '40 utilizando cierta tecnología basada en energía nuclear. Resulta que algo sale mal, una anomalía, se produce como una especie de burbuja radioactiva y contamina, por no decir que baña, todo el barco donde se realiza la experiencia. Los dos marines protagonistas, a diferencia del resto de la tripulación, se lanzan al mar creyendo que así salvarán su vida. Pero en realidad la complican porque viajan en el tiempo al futuro y a partir de ahí todas las peripecias para reparar sus vidas que quedan dañadas de un modo mucho más severo que si se hubiesen quedado, entregado a la plena radioactividad de su barco... Tan distraídos estamos conversando que mi padre, sobre todo, no se da cuenta que un policía de tránsito le hace señas para que se detenga. No lo ve y sigue camino. Pero el policía lo sigue-persigue. Toca sirena, le cierra el paso. Frenada medio abrupta. Los papeles, la identificación, quién es el menor etc. Mi padre le explica que ni cuenta se dio y le dice quien soy. O sea le dice quien él es. La conversación-interrogatorio se extiende un poco más; siempre con ese tono cortante. En el momento oportuno un término que para los oídos de un agente produce el mismo efecto que empinar una copa de salentein 2010 con My Favorite Things de Coltrane al taco: chef, capo, boss; ese es quien yo soy. Puede continuar disculpe la molestia. Continuamos, pero todo está cortado por un frío que echa un humo gélido como el hielo seco. Cuando llego seguro que comienzo de modo atropellado a relatarle todo el film a mi madre. Mientras ponemos la mesa es como si de tan vertiginoso modo de escupir las palabras pudiese articular toda aquella trama incomprendida. Y volviendo, mi padre dice que estos te molestan durante un buen tiempo. De joven siempre te van a molestar. Es como un presagio de lo que ha de suceder unos años después en el momento en que las fuerzas de la vida llegan a su cenit: mundo adolescente. Después ya no te joden tanto. Y si se complica mucho dice... Ese se complica mucho se me ilustra en ojos colmados oscuridad, como una bola de luz negra parecida a la del Experimento Philadelphia cuando se produce la anomalía y cuando la densidad de la burbuja va cediendo y los relámpagos amarillentos y cobaltos bajan la tensión veo que no es más que alguien joven encapuchado y unos cuantos policías que le pegan hasta matarlo. Deciles que tu padre -esto es decirles quién soy sin que te lo pregunten siquiera que equivale a decir quien soy- trabaja para Presidenta de la Nación.
Cabandié nene malo.
Lo paran y le piden los papeles y no tiene los papeles del seguro o todo pago al día y las caras de las gentes no se gustan. Y le quieren retener el automóvil porque no cumple con la reglamentación vigente. Y entonces se enoja y dice, soy, sí, soy, hijo. Llama por celular y ni piensa ponerle paños fríos a la situación y una mujer lo consuela, una mujer lo lastima, una mujer le arrebata la paciencia, el buen nombre. Como un perro al que se acorrala como can al que va a buscar la perrera, herido pero no de muerte, sino cortado por el filo del acero cobarde que le hace lanzar improperios y un montón de palabras y verdades que danzan en la rabia que se desparrama por su maxilar inferior. Y todo se va mezclando en la discusión, las contestaciones, la espuma y las palabras como recortadas y pegadas una al lado de la otra pero alguna más derecha y otra más inclinada sobre la otra, otras como si se cayeran como si derraparan cuando se termina el camino de espuma. Un día en que voy a ver a la familia debería decirle al gendarme quién soy o quien soy. Y no lo hago. La familia siempre desaparece en el horizonte; en sueños, de niño, la familia no está y es una angustia creciente que cubre todo como una niebla densa. Sentado en su butaca sin los papeles al día, interpelado y caliente. Ese es el que yo soy; soy el legislador. ¿El que hace y castiga y aguanta porque hay mucho hijo de puta que te va comiendo por todos lados cuando querés hacer las cosas como un justo? El legislador es un justo, está en su despacho atiende el teléfono, hola! soy Dios. Difícil es el lugar del legislador tal como lo señala Jean Jacques Rousseau en el Contrato Social. No puede recurrir ni a la fuerza ni a la razón para persuadir al pueblo ignorante de los beneficios de colocarse el yugo de la carga pública. Y qué hará el legislador entonces: invocará al cielo, o sea intentará usar el teléfono para comunicarse con Dios.
Casi a mediodía en dirección al sur ya saliendo de la ciudad y entonces los gendarmes dicen con gestos de la itaca de las armas no de las manos sin usar la voz, dicen que pare. Y entones que vacíe la mochila, los bolsillos y todo esto porque es obvio que ahí, y señala ahí con las cejas con cierta tonada de la voz un poco para dentro y resoplando, ahí podés llevar un arma es por eso, pero esto que sigue no lo aclara; que es muy importante pararte y palpar bien las cosas y probarlas. Sí. Porque ese gendarme saca de la mochila o hace sacar -porque las cosas él no las toca solo las mira sintiendo en sus ojos el palpitar de las cosas-, el pez, recién llenado de pastillas-pez. Y entonces se mira en la cabeza en la punta del pez que es un simio que se llama marcel y esto qué es. Pastillitas, dice. Tuerce la boca y la cabecita de marcel y tira con cuidado y ahí están todas las pastillas acomodadas algunas más blancas que otras otras como de tonos lavados, una fila de arco iris, cierto perfume dulzón y artificial. Y él posa la puntita de su lengua para probar el azúcar ese y saber si no será alguna sustancia prohibida. Cierra el pez y me lo pasa y yo me fastidio por no decir quién soy. Y el pez se disuelve después de ser lamido se esfuma y las pastillas van cayendo a la vereda toda rota con esas baldositas cuadradas de veinte por veinte levantadas tan solo apoyadas en el suelo las típicas que salpican después de la lluvia. Vuelvo con mi padre en su viejo coche cierta noche del cine. A la salida comenzó a lloviznar y refrescó, entre un repiqueteo muy pausado sobre el amplio capot, la marcha lenta sobre el asfalto oscuro y el ruido fuerte del motor vamos comentando pormenores. Qué malo es el sonido en estos viejos cines del conurbano pero la película de ciencia ficción fue más que jugosa, compleja. Se llama Experimento Philadelphia y trata sobre una experiencia bélica que realiza la marina de EEUU en los años '40 utilizando cierta tecnología basada en energía nuclear. Resulta que algo sale mal, una anomalía, se produce como una especie de burbuja radioactiva y contamina, por no decir que baña, todo el barco donde se realiza la experiencia. Los dos marines protagonistas, a diferencia del resto de la tripulación, se lanzan al mar creyendo que así salvarán su vida. Pero en realidad la complican porque viajan en el tiempo al futuro y a partir de ahí todas las peripecias para reparar sus vidas que quedan dañadas de un modo mucho más severo que si se hubiesen quedado, entregado a la plena radioactividad de su barco... Tan distraídos estamos conversando que mi padre, sobre todo, no se da cuenta que un policía de tránsito le hace señas para que se detenga. No lo ve y sigue camino. Pero el policía lo sigue-persigue. Toca sirena, le cierra el paso. Frenada medio abrupta. Los papeles, la identificación, quién es el menor etc. Mi padre le explica que ni cuenta se dio y le dice quien soy. O sea le dice quien él es. La conversación-interrogatorio se extiende un poco más; siempre con ese tono cortante. En el momento oportuno un término que para los oídos de un agente produce el mismo efecto que empinar una copa de salentein 2010 con My Favorite Things de Coltrane al taco: chef, capo, boss; ese es quien yo soy. Puede continuar disculpe la molestia. Continuamos, pero todo está cortado por un frío que echa un humo gélido como el hielo seco. Cuando llego seguro que comienzo de modo atropellado a relatarle todo el film a mi madre. Mientras ponemos la mesa es como si de tan vertiginoso modo de escupir las palabras pudiese articular toda aquella trama incomprendida. Y volviendo, mi padre dice que estos te molestan durante un buen tiempo. De joven siempre te van a molestar. Es como un presagio de lo que ha de suceder unos años después en el momento en que las fuerzas de la vida llegan a su cenit: mundo adolescente. Después ya no te joden tanto. Y si se complica mucho dice... Ese se complica mucho se me ilustra en ojos colmados oscuridad, como una bola de luz negra parecida a la del Experimento Philadelphia cuando se produce la anomalía y cuando la densidad de la burbuja va cediendo y los relámpagos amarillentos y cobaltos bajan la tensión veo que no es más que alguien joven encapuchado y unos cuantos policías que le pegan hasta matarlo. Deciles que tu padre -esto es decirles quién soy sin que te lo pregunten siquiera que equivale a decir quien soy- trabaja para Presidenta de la Nación.
29 mayo, 2013
El 48
La muerte de Videla hace que muchas cosas se escurran. Recuerdo los crepúsculos en la casa en la infancia cuando todo se va enfriando y mi madre me habla del pasado reciente. Me hace memorizar un número de cuatro cifras para que no me pierda. Para que siempre pueda regresar a la casa. Pasaron cosas unos meses antes de mi nacimiento y después nunca más quise pensar en el maldito número. El número fatídico tatuado por todas partes; en mis papeles, en el pasaporte que nunca usé.
La casa se iba enfriando, la casa se calentaba rápido porque era chica. Ahora Videla está muerto. Siempre desprecié el número, siempre desprecié su poder su forma de dominarlo todo de abordar el territorio y doblegarlo, ocuparlo y discriminar lo posible.
En las afueras de la ciudad está la casa más famosa. La casa más famosa en/es la Quinta de Olivos. Allí vive cristina. Allí vivió Videla el muerto. Allí Videla il morto chi parla se sentó en un inodoro para defecar y allí también cristina, pero no rodeada de los mismos artefactos. Porque así como un cuadro fue bajado del muro, retirado por ser enemigo de la humanidad, así también nadie querría confundir la sensación dulcemente dolorosa de la defecación, ese parto pueril, balanceándose sobre los círculos del mal. Refaccionen el baño completo, sobre todo el baño que no quede nada de él, esa fue la orden que se bajó en la casa que es en realidad una casa adentro de otra... adentro de otra. Como una mamushka de casas. La gente hace running alrededor de la quinta porque es un perímetro para ser recorrido, sus ladrillitos rojos su simetría llaman a eso. Y la gente mira hacia adentro y ve que se reproduce el espejismo rojizo, esa exterioridad que no termina. Es un juego de casas, una gran maqueta a escala real, un juego de tronos con cristina que piensa en Danerys Targarien; la bella princesa que está del otro lado del mar angosto y con cada decisión se llena de fuerza mientras el verde de sus ojos centellea como un dragón o un yacaré. En otra habitación está en exposición la raqueta que le regaló Roger Federer, me quedo fascinado mirando esa raqueta; qué torneos ganó Federer con ella? Aquel día todos nos sentimos felices porque nos dimos cuenta que hablar con cristina tiene algo que destila gracia y hasta Federer en un momento confuso quería abandonar su lengua. Esa lengua materna que no paraba de ronronear como un volswagen puesto en marcha. Sus pensamientos iban a más velocidad que sus aces, eso es decir mucho, mientras cristina le explicaba que los argentinos son todos unos cholulos y acariciaba la raqueta con la uñas.
Ahora que Videla está muerto hay que esperar pero sin cansarse porque va a seguir hablando porque la escritura nunca puede ser acallada y porque los signos extendidos hasta el confín de los tiempos van a seguir produciendo sentidos nuevos. Ya no está más el portador del miedo, ya no hay más vida biológica. Solo il morto chi parla en los reportajes, en el último libro testimoniado en la cárcel. Il morto chi parla se abre como una flor. Il morto chi parla revuela con esa V insoportable que es como un bumerang de la cultura argentina; il morto chi parla al oído para hacer un edificio helicoidal todo construido de cintas de moebius engarzadas.
Faltaba poco para que yo naciera y siempre que falta poco para que yo nazca hace frío o llueve indefectiblemente. Pueden hasta suceder las dos cosas juntas y eso ya es desagradable. Una noche ya bien entrada mi madre está en la casa y hace frío es húmedo el tiempo y hay hojas sobre las veredas, hojas pisoteadas y olor a otoño y a necesidad de que el sol se recupere y se retomen los colores. Mi madre está en una habitación y mi padre está en otra y los hijos están por venir. Mi madre oye en la radio el enunciado esperado y doloroso y se lo comunica a mi padre inmediatamente. Creo que es un comunicado de la junta militar que se transmite a la media noche. Ellos son jóvenes y se acuestan tarde. La memoria, las generaciones los padres y los hijos están siempre ahí como piezas que se atraen por defecto. Y, Videla il morto chi parla tendrá algo de sobrevida...? desde el momento en que después de muerto continuará testimoniando su loca memoria.
La casa se iba enfriando, la casa se calentaba rápido porque era chica. Ahora Videla está muerto. Siempre desprecié el número, siempre desprecié su poder su forma de dominarlo todo de abordar el territorio y doblegarlo, ocuparlo y discriminar lo posible.
En las afueras de la ciudad está la casa más famosa. La casa más famosa en/es la Quinta de Olivos. Allí vive cristina. Allí vivió Videla el muerto. Allí Videla il morto chi parla se sentó en un inodoro para defecar y allí también cristina, pero no rodeada de los mismos artefactos. Porque así como un cuadro fue bajado del muro, retirado por ser enemigo de la humanidad, así también nadie querría confundir la sensación dulcemente dolorosa de la defecación, ese parto pueril, balanceándose sobre los círculos del mal. Refaccionen el baño completo, sobre todo el baño que no quede nada de él, esa fue la orden que se bajó en la casa que es en realidad una casa adentro de otra... adentro de otra. Como una mamushka de casas. La gente hace running alrededor de la quinta porque es un perímetro para ser recorrido, sus ladrillitos rojos su simetría llaman a eso. Y la gente mira hacia adentro y ve que se reproduce el espejismo rojizo, esa exterioridad que no termina. Es un juego de casas, una gran maqueta a escala real, un juego de tronos con cristina que piensa en Danerys Targarien; la bella princesa que está del otro lado del mar angosto y con cada decisión se llena de fuerza mientras el verde de sus ojos centellea como un dragón o un yacaré. En otra habitación está en exposición la raqueta que le regaló Roger Federer, me quedo fascinado mirando esa raqueta; qué torneos ganó Federer con ella? Aquel día todos nos sentimos felices porque nos dimos cuenta que hablar con cristina tiene algo que destila gracia y hasta Federer en un momento confuso quería abandonar su lengua. Esa lengua materna que no paraba de ronronear como un volswagen puesto en marcha. Sus pensamientos iban a más velocidad que sus aces, eso es decir mucho, mientras cristina le explicaba que los argentinos son todos unos cholulos y acariciaba la raqueta con la uñas.
Ahora que Videla está muerto hay que esperar pero sin cansarse porque va a seguir hablando porque la escritura nunca puede ser acallada y porque los signos extendidos hasta el confín de los tiempos van a seguir produciendo sentidos nuevos. Ya no está más el portador del miedo, ya no hay más vida biológica. Solo il morto chi parla en los reportajes, en el último libro testimoniado en la cárcel. Il morto chi parla se abre como una flor. Il morto chi parla revuela con esa V insoportable que es como un bumerang de la cultura argentina; il morto chi parla al oído para hacer un edificio helicoidal todo construido de cintas de moebius engarzadas.
Faltaba poco para que yo naciera y siempre que falta poco para que yo nazca hace frío o llueve indefectiblemente. Pueden hasta suceder las dos cosas juntas y eso ya es desagradable. Una noche ya bien entrada mi madre está en la casa y hace frío es húmedo el tiempo y hay hojas sobre las veredas, hojas pisoteadas y olor a otoño y a necesidad de que el sol se recupere y se retomen los colores. Mi madre está en una habitación y mi padre está en otra y los hijos están por venir. Mi madre oye en la radio el enunciado esperado y doloroso y se lo comunica a mi padre inmediatamente. Creo que es un comunicado de la junta militar que se transmite a la media noche. Ellos son jóvenes y se acuestan tarde. La memoria, las generaciones los padres y los hijos están siempre ahí como piezas que se atraen por defecto. Y, Videla il morto chi parla tendrá algo de sobrevida...? desde el momento en que después de muerto continuará testimoniando su loca memoria.
15 julio, 2012
El tiempo pasa y nos vamos poniendo
Flujo de capitales, dólares para pagar las importaciones, desaceleración de la economía modos diversos de palear la inflación bajo la consigna del ahorro en la especulación novedosa que es igual a la de siempre; ya que el plazo fijo da poco interés mejor bonos, oro, afianzar y extender la sustancialidad inmediata aunque sea la poca que tengamos, la mísera la escasa propiedad ganada. Dado que como se nos dice el pasaje del patrimonio a la herencia está roto y sabemos que así conseguir lo que a nuestros pies está fijado es una empresa titánica. Ya todo estaba supuesto en el 169 de la Filosofía del Derecho de Hegel: "La familia tiene como persona su realidad exterior en una propiedad, en la cual tiene la existencia de su personalidad sustancial únicamente en cuanto patrimonio".
Pero como se dice ya no hay más bienes patrimoniales solo consumo. Siempre se le echó la culpa al pobre se lo responsabilizó de cabeza de tacho que ganando poco quería mantener un nivel de consumo competitivo por ejemplo comprando zapatillas caras o autos de lujo. Los pobres siempre son pobres porque hace tiempo han asumido con un gesto de gay saber que el patrimonio no existe. Solo hay la ferocidad de un consumo que durará todo lo que tenga que durar porque como se sabe afuera no hay.
Pero como se dice ya no hay más bienes patrimoniales solo consumo. Siempre se le echó la culpa al pobre se lo responsabilizó de cabeza de tacho que ganando poco quería mantener un nivel de consumo competitivo por ejemplo comprando zapatillas caras o autos de lujo. Los pobres siempre son pobres porque hace tiempo han asumido con un gesto de gay saber que el patrimonio no existe. Solo hay la ferocidad de un consumo que durará todo lo que tenga que durar porque como se sabe afuera no hay.
28 abril, 2012
Dos fisuras sobre la salida
Ellos me saludan y salen. Todavía entre ese aire se sienten los resoplidos burlones del desquite de lo que hizo con la plata que le dio soberano. Porque dice que le preguntaron que para qué quería la plata y dijo que para útiles, para útiles, todo es para útiles. Pero mientras la sonrisa crece y se le ataca cada comisura del rostro dice que fueron terribles las llantas y mientras otras risas se suman y unas carcajadas rabiosas rodean los cuerpos que se doblan por los giros violentos de nuevas risas dice que aquel de allá se compró un consolador negro.
La velocidad de las palabras y de los gestos, los movimientos breves de la lengua y de los dientes vibrando como si el esmalte saltara para recomponerse de inmediato siempre es irreproducible. Al menos mis enunciados no tienen jamás acceso a esa clase de velocidad. Pero entonces, cuando llegan a la esquina... Dos tipos están haciendo un ring ahí en medio de la calle, para un peugeot 404 y una moto embarrada, todos mirando, pasa otro vecino y todos se paran para ver. Ellos claro, algunos en la vereda otros tan cerca que casi pueden sentir el zumbido de las trompadas cortando la linda tarde de sol. Después llega gendarmería y se dispersan; todo lo terrible y lo azarosamente desgraciado se dispersa veo ese bastón negro girando en el aire como santo remedio.
Como cuando miramos el mar; así es ese gran momento. La violencia del mar y de las piñas, la espuma y la sangre a borbotones, el revoltijo torpe de los cuerpos sobre la densidad de la sal y el agua fría donde la carne y la madera flotan sin problemas y de este lado el amasijo de los miembros tensados que se abrazan y hacen que la violencia decante en un forcejeo ineficaz. El silencio infaltable porque cuando se mira el mar solo se lo mira y se lo escucha bramar pero de este lado nada, suspenso o suspensión. Silenciamiento. La violencia es el umbral que arrecia en el plano y del que penden todas las miradas muertas de hambre y de frío y de necesidad de que las placas circulen y diagramen todo el movimiento de los cuerpos. Todos prendidos de ese bumerang que traerá actos vivos y palabras vivas; pero en el umbral todo es siempre como dije un silencio que se sustrae atrayéndolo todo y silenciando más.
La velocidad de las palabras y de los gestos, los movimientos breves de la lengua y de los dientes vibrando como si el esmalte saltara para recomponerse de inmediato siempre es irreproducible. Al menos mis enunciados no tienen jamás acceso a esa clase de velocidad. Pero entonces, cuando llegan a la esquina... Dos tipos están haciendo un ring ahí en medio de la calle, para un peugeot 404 y una moto embarrada, todos mirando, pasa otro vecino y todos se paran para ver. Ellos claro, algunos en la vereda otros tan cerca que casi pueden sentir el zumbido de las trompadas cortando la linda tarde de sol. Después llega gendarmería y se dispersan; todo lo terrible y lo azarosamente desgraciado se dispersa veo ese bastón negro girando en el aire como santo remedio.
Como cuando miramos el mar; así es ese gran momento. La violencia del mar y de las piñas, la espuma y la sangre a borbotones, el revoltijo torpe de los cuerpos sobre la densidad de la sal y el agua fría donde la carne y la madera flotan sin problemas y de este lado el amasijo de los miembros tensados que se abrazan y hacen que la violencia decante en un forcejeo ineficaz. El silencio infaltable porque cuando se mira el mar solo se lo mira y se lo escucha bramar pero de este lado nada, suspenso o suspensión. Silenciamiento. La violencia es el umbral que arrecia en el plano y del que penden todas las miradas muertas de hambre y de frío y de necesidad de que las placas circulen y diagramen todo el movimiento de los cuerpos. Todos prendidos de ese bumerang que traerá actos vivos y palabras vivas; pero en el umbral todo es siempre como dije un silencio que se sustrae atrayéndolo todo y silenciando más.
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