Solo los grandes amigos te pueden regalar una vista al mar. Algo under the brige como la canción de Red hot chilli pepers, algo bien animal, bien apetecible como comer con hambre salado de mar una foca despanzurrada. Tocar lo animal, lo irracional, lo puro, lo encontrado de manera azarosa. Los locos echan manos al plato de comida la aprietan como si fuese que dejan un pescuezo sin oxígeno. Pero en verdad se trata de sentir la materia. Pero no jugábamos con la comida, no. Pero caminábamos por la arena siempre under the brige. La arena brillaba y era el siglo o sea el otro, el único al que se llama Siglo como en ese texto de Badiou.
En verdad los amigos te pueden regalar una foto, un beso, sexo, excesos, anécdotas, algo parecido a la identidad, muchas puertas, accesos, aburrimiento y sensaciones, risa. Todo under the brige. Últimamente venía pensando que solo puedo escribir sobre sueños o sea sobre el contenido de sueños y siempre que los recuerdo siempre se me aparece esa mujer. Nunca me dice nada simplemente está ahí, recuerdo su cabello y casi puedo olerlo. Ya que no se me ocurre ninguna idea para escribir ya que tampoco me puedo conectar con algo ni tengo experiencias interesantes para relatar... creo que debería internarme bien under the brige allá en el pasado. Empecé hablando de los amigos de las puras heterogeneidades que han de ser los amigos porque un amigo que se parece a uno es un engaño. Un amigo es como algo que no se puede escuchar por lo menos under the brige está la muerte y eso siempre es una tentación como cuando Jung y Freud discuten y de repente Freud se pone re nervioso y se descompensa se cae se siente perder y Jung -es más joven- lo toma y le levanta la cabeza y Freud se acuerda de Thanatos y dice, se dice, algo así como debe ser dulce morir. Historias de encuentros y desencuentros. Venía con las bolsas de las compras la leche, las bananas, el café, una lata de duraznos de oferta, una botella de vodka, galletitas dulces, fideos spaghetti... y rememoro la traición a un amigo. Mí traición a un amigo. La traición a un amigo siempre es la voz de una mujer que me dice que descanse que me duerma que todo está bien que todo va a estar bien. Eso me gusta, escuchar esa voz me gusta. Cuando me muera lo único que quiero es que me canten una canción de cuna y ya.
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09 julio, 2017
17 mayo, 2015
El amor para mañana
Si en una misma noche te despertás tres veces al otro día podés decirle a tus compañeros de trabajo que dormiste mal.
En posición horizontal abrí los ojos con dificultad, tuve esa imperceptible sensación de eternidad que se borra apenas la quiere uno pensar, eternidad en cuanto al tiempo de haber estado durmiendo. Persistencia y vacilación. Entonces deseo seguir durmiendo pero me carcome esa sobredimensión de tiempo. Solo tengo fuerzas para agarrar el teléfono mirar la hora; desconcierto y alegría. Solo he dormido dos horas aproximadamente. La segunda vez que me despierto me siento algo sudado, me fastidia, primero volver a despertarme y en segundo lugar saber que ya no es temprano; el sudor agrava todo. Vuelvo a mirar el teléfono, en efecto, no es temprano. La tercera vez que me despierto, no sudado porque ya me he quedado bien liviano de ropas sin nada. En diez minutos sonará... Es terrible, el cuerpo solo devuelve un quejido de insatisfacción.
Estaba hablando un montón estaba diciendo que no podía ser de este modo la vida. Había sucedido algo terrible algo que le sucede a muchos algo que me sucederá, que me preparo para que no me suceda que en el sueño sucedió. Me di cuenta de que se había pasado la vida. Los que amaba se habían muerto. Ya no podía producir nada más, no podía rememorar haber producido algo. Era una devastación. Pero podría haber sido de otro modo, si a tiempo te hubiese dicho que no podíamos seguir así. Debíamos despertar de esa espera y ponernos a trabajar en la felicidad o sea en la nada misma.
Yo estaba sentado en el asiento del psicólogo, yo decía cómo las cosas debían hacerse, encaminarse. Eso me animó me dio fuerzas en medio de una gran noche sin titilar de estrellas. Parado sobre el lecho seco de un río que se inundaba rápido de una ola que bajaba de las altas cumbres, helada, la fuerza de la orina arrastraba troncos, piedras y cuerpos si los encontraba -y por supuesto que tales cosas había allí acampando- en su camino.Trataba de convencerte de que no envejeciéramos en vano porque lo peor de todo es que no íbamos a tener una segunda oportunidad de encontrarnos alguna vez, uf...! Eso es la eternidad, nos guste no nos guste, lo ignoremos, lo olvidemos, sobre todo lo aplacemos.No habrá. Sí habrá, el cine y las religiones pintan de esperanza esa falsedad. Entonces habrá un segundo encuentro. Entonces me quedaré dormido.
En posición horizontal abrí los ojos con dificultad, tuve esa imperceptible sensación de eternidad que se borra apenas la quiere uno pensar, eternidad en cuanto al tiempo de haber estado durmiendo. Persistencia y vacilación. Entonces deseo seguir durmiendo pero me carcome esa sobredimensión de tiempo. Solo tengo fuerzas para agarrar el teléfono mirar la hora; desconcierto y alegría. Solo he dormido dos horas aproximadamente. La segunda vez que me despierto me siento algo sudado, me fastidia, primero volver a despertarme y en segundo lugar saber que ya no es temprano; el sudor agrava todo. Vuelvo a mirar el teléfono, en efecto, no es temprano. La tercera vez que me despierto, no sudado porque ya me he quedado bien liviano de ropas sin nada. En diez minutos sonará... Es terrible, el cuerpo solo devuelve un quejido de insatisfacción.
Estaba hablando un montón estaba diciendo que no podía ser de este modo la vida. Había sucedido algo terrible algo que le sucede a muchos algo que me sucederá, que me preparo para que no me suceda que en el sueño sucedió. Me di cuenta de que se había pasado la vida. Los que amaba se habían muerto. Ya no podía producir nada más, no podía rememorar haber producido algo. Era una devastación. Pero podría haber sido de otro modo, si a tiempo te hubiese dicho que no podíamos seguir así. Debíamos despertar de esa espera y ponernos a trabajar en la felicidad o sea en la nada misma.
Yo estaba sentado en el asiento del psicólogo, yo decía cómo las cosas debían hacerse, encaminarse. Eso me animó me dio fuerzas en medio de una gran noche sin titilar de estrellas. Parado sobre el lecho seco de un río que se inundaba rápido de una ola que bajaba de las altas cumbres, helada, la fuerza de la orina arrastraba troncos, piedras y cuerpos si los encontraba -y por supuesto que tales cosas había allí acampando- en su camino.Trataba de convencerte de que no envejeciéramos en vano porque lo peor de todo es que no íbamos a tener una segunda oportunidad de encontrarnos alguna vez, uf...! Eso es la eternidad, nos guste no nos guste, lo ignoremos, lo olvidemos, sobre todo lo aplacemos.No habrá. Sí habrá, el cine y las religiones pintan de esperanza esa falsedad. Entonces habrá un segundo encuentro. Entonces me quedaré dormido.
15 mayo, 2015
Las despedidas de mí
Cuando soñaba siempre se generaba en el sueño una duda, una zozobra, una sensación de gran desasosiego. Es esa persistente idea de que lo que se sueña ya ha sido soñado anteriormente, pero ha sido soñado anteriormente de hecho o es una ilusión generada por el mismo sueño? Estoy sentado frente al psicólogo que espera algo de mí. He preparado un trabajo, algo sobre lo que he estado reflexionando, tiene un título. En ese momento me doy cuenta que hay una profundidad de tiempo en los sueños. Una profundidad que hasta ahora no había podido aclararme. Como un recuerdo dentro del sueño. Un recuerdo que aclara la idea obsesiva de que ya se ha soñado con aquello. Tal vez mi escrito del que no puedo recordar el título pero que ahora lo llamaré "esbozos" trata sobre eso. Lo sostengo en la mano, el papel, el psicólogo espera que se lo lea. Lamentablemente me despierto antes de empezar a leer.
Hoy es la última vez que voy al psicólogo. Es tan pero tan la última que ni siquiera tengo que tocarle timbre y entrar. Dejo la bici apoyada en la pared y saco del bolsillo un papel plegado y grueso que es un informe que he preparado especialmente. El informe no habla sobre mí, al menos no en primera persona, es una transcripción de cosas que he estado leyendo, es como la prehistoria de un blog que haré muchos años después cuando la fibra óptica sea la traza y la cimentación del mundo. Cuando me agacho para pasar ese papel por debajo de la puerta me parece que siento toda la fuerza, la atracción y la repulsión del umbral. Como si algo fuera a pasar. Deslizo el papel por la raja de aire que se forma entre la puerta y el piso y mi humilde informe desaparece allí del otro lado y estoy satisfecho porque he cumplido, pero no sé muy bien con qué. Subo a mi bici sin poder bajar, circulo por la acera porque es contramano la calle y entonces me voy andando todo el trayecto hasta mi casa, no es mucho. Se va haciendo de noche muy rápido se va haciendo una oscuridad clara. La oscuridad clara de las avenidas muy iluminadas, la oscuridad clara de las noches con luna, la oscuridad clara de las noches claras.
Hoy es la última vez que voy al psicólogo. Es tan pero tan la última que ni siquiera tengo que tocarle timbre y entrar. Dejo la bici apoyada en la pared y saco del bolsillo un papel plegado y grueso que es un informe que he preparado especialmente. El informe no habla sobre mí, al menos no en primera persona, es una transcripción de cosas que he estado leyendo, es como la prehistoria de un blog que haré muchos años después cuando la fibra óptica sea la traza y la cimentación del mundo. Cuando me agacho para pasar ese papel por debajo de la puerta me parece que siento toda la fuerza, la atracción y la repulsión del umbral. Como si algo fuera a pasar. Deslizo el papel por la raja de aire que se forma entre la puerta y el piso y mi humilde informe desaparece allí del otro lado y estoy satisfecho porque he cumplido, pero no sé muy bien con qué. Subo a mi bici sin poder bajar, circulo por la acera porque es contramano la calle y entonces me voy andando todo el trayecto hasta mi casa, no es mucho. Se va haciendo de noche muy rápido se va haciendo una oscuridad clara. La oscuridad clara de las avenidas muy iluminadas, la oscuridad clara de las noches con luna, la oscuridad clara de las noches claras.
03 enero, 2014
Quien habla
Quién es el autor de lo que ello dice? Tantunita me dice, es que lo dijiste mal, ah entonces!, -contesto-, eso justifica la pelotudez que Tío acaba de decir... Lo que yo dije -agrego- era intentar explicar la cantidad de jornadas sobre la nueva escuela secundaria que habrá el año próximo y Tío salta con cualquiera. Tantunita se lo piensa y hace como un chasquido con los ojos, muy convencida me espeta este; no, claro que no lo justifico para nada a Tío, es una pelotudez lo que dijo... -un silencio, evalúa, y agrega- es que lo decís mal. Se entiende, lo explicás mal, te expresás mal, no llegás al punto al que querés llegar, a buen puerto a algún puerto a ningún puerto, a puertas que finalmente no se abren. Alarmas que no suenan cuando deberían sonar, reproducciones que avanzan tan pero tan lentamente que cortan las palabras hasta que es imposible oír lo que se está diciendo y lo que se desenvuelve en las imágenes. Eso es lo que me dice la voz en la conciencia cuando ya me estoy levantando, cuando casi me estoy despertando. Multiplicación de autores: Dios, ello, Tantunita, ello, quién es el autor, qué es un autor, quién habla, quién me habla, quién me despierta y para qué?
Entre las sábanas calientes con la corriente tibia y pesada entrando por la ventana y los motores en la calle rugiendo sufrientes como últimos estertores de resignación ante la inmensidad del calor que los abraza. Todavía siento las voces en mi cabeza, me ofuscan, no sé de dónde vienen hacia dónde van hacia dónde me llevan... Después, leo, en una conferencia célebre que el autor, también célebre, toma prestada una línea de Beckett donde se dice que "No importa quién habla, dijo alguien, no importa quién habla".
Entre las sábanas calientes con la corriente tibia y pesada entrando por la ventana y los motores en la calle rugiendo sufrientes como últimos estertores de resignación ante la inmensidad del calor que los abraza. Todavía siento las voces en mi cabeza, me ofuscan, no sé de dónde vienen hacia dónde van hacia dónde me llevan... Después, leo, en una conferencia célebre que el autor, también célebre, toma prestada una línea de Beckett donde se dice que "No importa quién habla, dijo alguien, no importa quién habla".
01 diciembre, 2012
Transferencia
A horas diferentes las cosas que pasan en la calle son diferentes, debe ser porque en definitiva la calle es como una especie de ecosistema muy perverso con cinturones de paranoia que lo rodean y cinturones de gendarmería y de prefectura. Pero a esta hora cuando ya los comerciantes van cerrando sus persianas porque todos de manera sincronizada ponen sus cadenas, sus candados, sus barras y hierros hiperduros quiere decir que la noche se va haciendo de noche pero para cerrarse la jornada. Es lindo cuando la noche está fresca y hay un viento que se va levantando y se hamaca como una bisagra olvidada, suelta ahí en ese límite de la noche que cada vez es más noche pero que se detiene un poco en este momento de la jornada donde todo de a poco se va cerrando y yo con mis bolsas de compras estoy por llegar a mi casa. Todos están por llegar a su casa por eso brillan un poco más, menos los que no tienen casa que se quedan sentados mirando a los que refractan un poco más la luz porque están por llegar. Cerca de mi casa hay un local que -al contrario de todos los otros- siempre está cerrado a la calle, es decir para ser un comercio carece de algo esencial que es estar vuelto hacia lo que pasa. Sencillamente tiene apariencia de estar cerrado. Es evidente que no lo está; hay vida comercial en su interior, se realizan desconocidas transacciones o servicios gratos ya que otras veces cuando los transeúntes van hacia el sur o hacia el norte sobre la angostísima -fastidiosa- vereda revuelan (escapan) de dentro voces, risotadas, aprobaciones que se diluyen en el poco entendimiento de quienes se llevan engarzado del oído algún hilo de voz. Pero cuando, ahora, paso con las bolsas los jóvenes agrupados en la puerta me miran. Están fuera es raro. Un poco recostados en los asientos de sus motos y en sus bicicletas bike con cambios shimano y frenos a disco. Ahí a través de los vidrios del negocio se ve un gran resplandor violeta y las puertas están abiertas... liberaron al helecho bioluminicente, lo mostraron al exterior, tal vez porque la noche permite esas cosas, ciertas pequeñas transgresiones. Lo primero que le preguntaría a los muchachos es por qué siempre en vigilia están encerrados, puertas adentro, en lo que debe ser con seguridad un pequeño recinto iluminado con luz artificial. El helecho bioluminicente ahí emanando esa luz particular, inconfundible, algo sagrado hay en esa luz algo orgiástico y salvaje. Y los jóvenes parecen rendirle culto. Otras veces imagino una logia donde las palabras mesuradas pesan y cada afirmación se calcula y sopesa. Las conclusiones pueden fluctuar a veces pero todo es pausado porque cotiza. Lo raro es que el resplandor violeta esta noche fresca se escapa puertas afuera y se expande hacia la calle hacia el tráfico de automóviles pues lo retienen todas las tardes oculto sin que nunca se pueda saber nada. Solo sus motos y sus bicicletas estacionadas casi apelotonadas en la vereda insignificante a la espera de algo ignorado por todos en las cincunmediaciones. Acaso allí dentro están hablando de cómo se educa, de por qué se educa, de si es necesario pagarle a la gente joven para que se eduque mejor, más felizmente. ¿Acaso hay que motivar a las personas para que no falten a sus obligaciones y descontarles de su cuenta en el banco ciudad cuando faltan al bien, cuando no cumplen, cuando no hacen lo que se espera? Pero también es cierto que crecer creyendo que siempre a uno se le debe dar cash sonante por cada cosa buena y esperable no es bueno o no es lo más deseable. Pues, se dirían mirándose a los ojos, porque siempre hay que mirar a los ojos cuando se habla del bien, hay que hacer lo que se debe hacer porque sí y la recompensa va a llegar, va a llegar pero mañana... cuando dicen mañana es un mañana lejano tan lejano que es lo menos cash que pueda imaginarse.
Antes de encarar la cuadra con las bolsas he estado hablando de todo esto en la terapia. Fue la última sesión con la doctora porque hice que todo estallara al preguntarle si quería acostarse conmigo. Durante algunos meses había estado concurriendo al hospital de psicología. En una primera entrevista la doctora me dijo, después de escucharme hablar de corrido durante aproximados cinco minutos, que bueno, que sí, que parece que algún tipo de conflicto hay... Ya en la segunda y tercer entrevista le molestaron algunas cosas. Le molestó que hablara de manera abstracta que intentara dirigir las potencias discursivas hacia cosas que no fueran yo mismo; por ejemplo mi gran fascinación por el helecho bioluminicente. Eso, dijo, era una barrera que ella se encargaría de disolver o mejor dicho de proveerme las herramientas para que yo mismo lo disolviera. Y después de tantos meses de escucharme tanto ella como yo y de ir notando esa evolución en que se vivencia que todo el sentido y la significacia emerge porque hay alguien allí que escucha, que acota, que pregunta; alguien allí que se supone que sabe. Entonces esta tarde sentí como un mareo mezclado con un frenesí, no pude ni quise pararlo y le pregunté a la doctora, mujer madura de unos sesenta años, si quería acostarse conmigo. Que modo estúpido de dinamitarmitar el proceso de cura. Cuando la semana próxima vuelva al hospital ya sé perfectamente que tendré otro profesional para que siga mi caso.
Antes de encarar la cuadra con las bolsas he estado hablando de todo esto en la terapia. Fue la última sesión con la doctora porque hice que todo estallara al preguntarle si quería acostarse conmigo. Durante algunos meses había estado concurriendo al hospital de psicología. En una primera entrevista la doctora me dijo, después de escucharme hablar de corrido durante aproximados cinco minutos, que bueno, que sí, que parece que algún tipo de conflicto hay... Ya en la segunda y tercer entrevista le molestaron algunas cosas. Le molestó que hablara de manera abstracta que intentara dirigir las potencias discursivas hacia cosas que no fueran yo mismo; por ejemplo mi gran fascinación por el helecho bioluminicente. Eso, dijo, era una barrera que ella se encargaría de disolver o mejor dicho de proveerme las herramientas para que yo mismo lo disolviera. Y después de tantos meses de escucharme tanto ella como yo y de ir notando esa evolución en que se vivencia que todo el sentido y la significacia emerge porque hay alguien allí que escucha, que acota, que pregunta; alguien allí que se supone que sabe. Entonces esta tarde sentí como un mareo mezclado con un frenesí, no pude ni quise pararlo y le pregunté a la doctora, mujer madura de unos sesenta años, si quería acostarse conmigo. Que modo estúpido de dinamitarmitar el proceso de cura. Cuando la semana próxima vuelva al hospital ya sé perfectamente que tendré otro profesional para que siga mi caso.
31 octubre, 2012
Libro devuelto a la biblioteca
De aquel texto de Oé nos quedó sobre todo algunos modos de describir al hombre obeso, al estanque de los osos y la conversación con la madre. Había más cosas, estaba el olor.... con seguridad a agua o pescado podrido; cómo podía ser tan intenso el olor en aquel frío que casi había matado al hombre obeso, al casi caerse al estanque de los osos. Seguramente no se hubiese ahogado pero sí se habría congelado en ese témpano artificial.
Aquello contrastaba con el verano y las tardes tranquilas en que leíamos a Oé en el fondo de la casa. En el silencio de las tardes y de las largas vacaciones con las perras descansando cerca nuestro y los árboles proporcionando buena sombra mientras disfrutábamos ese buen regalo de tía. Aquel año tía nos sorprendió con ese texto de relatos de lectura envolvente pero difícil de asimilar. En años anteriores habían desfilado Kawabata y Mishima. La traducción de Oé parecía esmerada y sin saber nada del original se podía percibir que el tono del autor no moría o se echaba a perder en el trasvasammiento a la lengua occidental, como pasa tan a menudo y que da por resultado unos textos semimuertos que ningún lector puede remontar ni en la más bien predispuesta lectura; paciente y benévola.
Actualmente ese libro de Oé reposa en una de las bibliotecas de tantu y cuando nos acordamos de ese primer gran relato que abre el libro quisimos hojeralo y releerlo. Después del tercer o cuarto americano ya no lo pensamos más, al verano aquel lleno de proyectos del pasado, y corrimos en la semioscuridad y regresamos con el libro de hojas amarillentas pero firmes.
El libro cerrado aún reposa sobre nuestras piernas cruzadas, lo tomamos con una mano y luego la otra mano para comenzar a releerlo, antes repasamos el nombre del traductor, son dos, una señora con nombre nippon, la otra no. Vamos a comenzar. Pero las huellas de huellas sin origen deben estar revoloteando de manera insoportable, acediándolo todo allí dentro en ningún lugar. Y el inconciente no reprime nada, el inconciente repite y repite. Por eso cuando notamos que todo ha sido delineado por la misma monotonía por el mismo automatismo deseante nos queremos salir. Pero hacia dónde correr; por dónde huir? El libro de Oé vuelve a ocupar la misma disposición en los estantes de la biblioteca y dejamos que la noche avance sola envueltos -todos así estamos con seguridad- presos, aunque desdeñoso sea decirlo, de imborrables huellas atávicas de las que no logramos desembarazarnos.
Aquello contrastaba con el verano y las tardes tranquilas en que leíamos a Oé en el fondo de la casa. En el silencio de las tardes y de las largas vacaciones con las perras descansando cerca nuestro y los árboles proporcionando buena sombra mientras disfrutábamos ese buen regalo de tía. Aquel año tía nos sorprendió con ese texto de relatos de lectura envolvente pero difícil de asimilar. En años anteriores habían desfilado Kawabata y Mishima. La traducción de Oé parecía esmerada y sin saber nada del original se podía percibir que el tono del autor no moría o se echaba a perder en el trasvasammiento a la lengua occidental, como pasa tan a menudo y que da por resultado unos textos semimuertos que ningún lector puede remontar ni en la más bien predispuesta lectura; paciente y benévola.
Actualmente ese libro de Oé reposa en una de las bibliotecas de tantu y cuando nos acordamos de ese primer gran relato que abre el libro quisimos hojeralo y releerlo. Después del tercer o cuarto americano ya no lo pensamos más, al verano aquel lleno de proyectos del pasado, y corrimos en la semioscuridad y regresamos con el libro de hojas amarillentas pero firmes.
El libro cerrado aún reposa sobre nuestras piernas cruzadas, lo tomamos con una mano y luego la otra mano para comenzar a releerlo, antes repasamos el nombre del traductor, son dos, una señora con nombre nippon, la otra no. Vamos a comenzar. Pero las huellas de huellas sin origen deben estar revoloteando de manera insoportable, acediándolo todo allí dentro en ningún lugar. Y el inconciente no reprime nada, el inconciente repite y repite. Por eso cuando notamos que todo ha sido delineado por la misma monotonía por el mismo automatismo deseante nos queremos salir. Pero hacia dónde correr; por dónde huir? El libro de Oé vuelve a ocupar la misma disposición en los estantes de la biblioteca y dejamos que la noche avance sola envueltos -todos así estamos con seguridad- presos, aunque desdeñoso sea decirlo, de imborrables huellas atávicas de las que no logramos desembarazarnos.
29 julio, 2012
Más allá el viaje del salmón
En términos de metapsicología lo revolucionario sería siempre como para todo moderno, lo racional, eso que pone la razón contraviniendo a todo movimiento que provenga de la naturaleza. Como ser la fuerza de los instintos o el mismísimo principio del placer freudiano. Maravilla que los instintos sean conservadores de la primariedad de formas dadas y de rudimentarias repeticiones de lo mismo. Y que el principio del placer antes que buscar modificar lo externo y potenciar las fuerzas del devenir del sujeto esté listo para amoldarlo en fórmulas efectivas de una vida más bien rudimentaria a la que solo le interesaría, como voluntad inconciente y regresiva, permanecer sin salir de un tibio caldo primitivo.
En una época indeterminada fueron despertados en la materia inanimada, por la actuación de fuerzas inimaginables, las cualidades de lo viviente. Quizá fue este el proceso que sirvió de modelo a aquel otro que después hizo surgir la conciencia en determinado estado de la materia animada. La tensión, entonces generada en la antes inanimada materia, intentó nivelarse, apareciendo así el primer instinto: el de volver a lo inanimado.(Freud, Más allá del principio del placer)El efecto especulativo grandioso se abre, el horizonte estalla y lanza un sin número de preguntas que tienen la forma de pequeñas esquirlas que obsesionan y en esto Freud continúa el trabajoso y abrazador esfuerzo schopenahueriano del preguntar por la muerte y por la potencia deleznable(?) de la vida. Línea de continuidad entre pulsión de placer y pulsión de muerte, todo ello gobernado por la esfera instintiva que en este caso solo pujaría por el retorno a las fuerzas anorgánicas. Un vuelco inmenso y un descubrimiento de consecuencias estremecedoras si es que la fuerza de arrastre de la muerte no debe ser pensada como un vacío que succiona hacia el silenciamiento absoluto del no ser. Pero sí atrae llevando a todo lo orgánico, contra-corriente, hasta destrozarlo si fuera necesario para fundirlo otra vez al gran Inconciente del mundo.
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