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08 junio, 2019

Experiencia botánica

 Había plantado una semilla de naranja, en los tiempos en que aún las semillas de la mayoría de los cítricos crecían si las echabas sobre la tierra. La maceta era de las comunes, de barro cocido, metí la semilla y me olvidé pero al tiempo subí a la terraza y ahí estaba creciendo. En general creemos que la infancia pasó hace tanto tiempo que ya no queda nada de ella y solo está ahí para contar anécdotas. La infancia es poderosa. Y muchas de las elecciones de más adelante están de alguna manera motivadas por la infancia aunque ya no lo reconozcamos así. Fascinación por las terrazas y por el crecimiento de las semillas. El único tp que hacíamos gustosos en la escuela primaria era el de germinación; un frasco con papel secante y porotos y algodón húmedo. Al tiempo olía muy mal. La experiencia tiene que ver con la huella y con la vida, con el futuro y con lo que toma forma. También con lo que se repite y con lo que se da sin saber por qué crece dentro nuestro. Una semilla tiene que ver con el interior y la germinación sucede cuando hay un cierto olvido de lo que tiene que pasar pero que no es seguro que pase. Hay muchas plantas que no crecen de semilla. Están los injertos y los gajos, por ejemplo. Formas de la reproducción y la multiplicación que nos han maravillado siempre. Los botánicos han llegado a comprender estas formas de reproducción. 
 Como modos de la experiencia de mi infancia mencionaría. Cazar mariposas con una rama. Explorar casas abandonadas, obras en construcción y terrenos-frentes tapiados. El caso ya mencionado de plantar semillas y esperar la germinación.
 Ahora, soy viejo. Entro a mi casa oscura y sola. De la calle me viene, cargo, ignoro, varias cosas nausebundas. Entro. Inmediatamente cuando los goznes de la puerta se fijan me inunda un perfume de las plantas que están en el patio. Algo está creciendo dentro de mí, algo tan bueno tal vez como en los viejos jardines de la infancia.
  
   

29 junio, 2014

Descanso de las imágenes

 Antes decían que la ley decía que antes no se podía considerar que algo que la ley no decía que era, omisión o equívoco. Pero después todo cambia y la ley se adapta. Las cosas hacen que la ley se vaya desenvolviendo de otro modo o la ley hace que las cosas se vayan desvaneciendo más aceleradamente. Antes, las imágenes no se tenían por estatuto de realidad. Hoy, no cabe en nuestras mentes que las imágenes no transporten un sentido que algo tiene que decir sobre lo real. Antes en los juicios nadie quería las imágenes por mentirosas por sospechosas, por toda clase de acechanzas. Después las imágenes son lo que son, muestras de lo que pasa y nada más. Después todos se olvidan que nadie quería las imágenes por ser mera apariencia y ya entonces no hay distinción alguna entre las imágenes y la realidad. Todo es apariencia o todo es imagen. La imagen de la adolescente que es violada por su médico psiquiatra. La imagen de lo que hacen los chicos cuando escriben sobre las mesas con líquido corrector, luego rocían con desodorante y encienden como una antorcha que hace brillar los nombres. Qué es esto es un juicio? Es una entrevista? Es un interrogatorio? Ale, el chico, pero no la mera imagen de un adolescente, a él dice él que los gendarmes lo pararon que lo revisaron y lo palparon, le pegaron y le robaron su celu y después se fue el chico y con una réplica de la que tenía fotos en su teléfono, le robó a otro, y las imágenes del fuego estaban todas allí. Y de la chica que fue violada por el médico psiquiatra en realidad eran solo imágenes, fílmico casero puesto por la chica para implicar y cagar alguna vez al médico corrupto que abusaba de ella desde que tenía doce años. Pero eso eran solo imágenes.  
 Esto hay que contarlo todo otra vez.
 Ale tiene un celu que dice haberse ganado, eso quiere decir que lo chorició por ahí con demasiada pompa, demasiados recursos. Tal vez se pueda economizar un poco todo el sistema este del choreo, para qué tanto? Moto, una réplica y compañeros también allí anclados en motos truchas que son demasiado violentas y visibles y los vecinos pegan hasta matarte como una especie de ejecución a pedradas espontánea, el velo se descorre y ahí está tarado con un arma que no es nada aunque diga que pesa y eso le fascina y aunque muestre esas fotos, en el celular que se ganó trabajando donde hasta su hermano menor se lo pasa por el pecho como un falo. Después de todo podría simplemente robar usando un par de manos rápidas, un elixir bressoniano; par nécessité, par désir des risques, par paresse... la moto, sí, tal vez sea necesaria para poder escapar... Ale deja todo esto porque todo esto va mal, estas imágenes no paran de no dejarlo a él, pasarse el fierro por el pecho, deseo de que se lo pase el pocho nomás, que se siga desternillando con sus tatuajes y sus fierros escritos sobre la piel sentado hace tiempo sobre la sacramental silla del Papa para que mil quinientos millones vean esas imágenes, pero bueno, mejor no grabar más esas imágenes si otros no quieren ser grabados o filmados. Si es un intento de que se haga justicia puede que parezca justo o que juntando todo ese material vaya a parecerle a alguien que se hará justicia con ello pero no se sabe hasta qué punto después todas esas grabaciones que sin permiso se pusieron a los otros se van a volver en contra, una contrajusticia, y todo eso que encima en la red social se sube y no se sabe cómo pero allí aparece de una vez y sin que lo quiera quién, se empieza a reproducir con esa malicia desesperada y mezquina de esos millones de voyeurs que indagan como tábanos lo real de las imágenes para picarlo sobre la placa de cocinar y lo dejan como carne picada con los dedos estrellados contra el teclado y ya ni las huellas digitales perviven al final por eso mejor no hacerlo. Mejor no remover más imágenes sin necesidad ni autorización y dejar que un plato grande tan grande como Platón, que se murió hace como tres mil años, porque, vale la pena decirlo, no hay alguien que haya querido decir más cosas sobre las imágenes que él, si es posible podrá... es improbable que pueda alguna vez descansar en paz.   

     

24 julio, 2013

000 día

 Había anochecido ya y la calle estaba empapada. No llovía. Sí... era una lluvia pulverizada menos, todavía, que una garúa, es decir ni siquiera se sentía en el rostro el agua. Pero se notaba en la oscuridad azulada del asfalto porque hacía días que la humedad no aflojaba. En la esquina me detuve con las bolsas cavilando risueña en el excelente departamento de marketing del club día y me pregunté cuál sería el estatuto de un ejército semejante. El ejército de los 12 días. Las ahorristas autoconvocadas que con su tarjeta roja con su fucking tarjeta roja engarzada en el llavero desestabilizarían la economía local. Provocarían desabastecimiento porque con poca plata habrían hallado la fórmula de oro, la diagonal capaz de llenar todas las alacenas, para convertir unos magros pesos y unas cuantas bonificaciones -del 15% si lleva más de tres del 10% si lleva dos iguales y del 25% en frutas y verduras- en los días finales en que ya todos somos espectros. 
 Acumulan en sus locales clandestinos montañas de productos que se llevan con todo derecho de todas las cadenas. No hay tarjeta, no hay negociación ni sobredosificación que las aguante a estas ahorristas expertas! Han encontrado la fórmula del ahorro y es demasiado tarde para ponerle un freno a todo esto; esto ha derrapado. Los tomates no alcanzan a madurar y el pure en sus envases tetrabrick es una fiesta. La góndola se queda cerca de las heladeras zumbantes, temblorosa, y vaciada toda espolvoreada de harina para todos los usos 000.   
 Parada en la esquina y con las bolsas caídas me quedo mirando en derredor mío. El ejército de los 12 días me conmueve; soy una más. Dentro del bar distinguido, a través de los vidrios limpios las veo. Finjen ser novias, finjen citarse por primera vez con sus futuros novios o maridos, se hacen las santas. Pero en realidad militan para la causa de ahorrar y destruirlo todo de una buena vez. A pocos metros casi al lado del contenedor de basura que rebosa, bajo unas frazadas de cartón un bulto duerme una larga siesta de vino rancio. Las bolsas grandes y medianas, lo que se recicló y se mezcló se desperdiga y se apelotona dejando huella tras huella de hedor. No se ven las rendijas, no se ven las junturas de las baldosas porque la mugre sella las veredas y se pone a la altura de los cordones que quedan disimulados por botellas aplastadas, cáscaras distorsionadas, pañales apelmasados, ropas hechas un bollo, cosas irreconocibles, quemadas. Restos de lo que hacía unos días era un plato de comida. 
 Respiro profundo y levanto las bolsas del suelo, las bolsas abarrotadas de productos de primera necesidad. De mi boca salen unos espesos halos de vapor que se contornean en el aire y resplandecen de azules breves. El empedrado está desierto. Pasa una 4x4 a paso de hombre con los focos altos alumbrando, deteniéndose cada tantos metros como si buscara una persona o un lugar. Luego, sobre la persiana de un negocio cerrado y hasta abandonado, lo veo. El decollage. La humedad de los últimos días y el agua revoleándose imperceptible como un vaporizador han trabajado todo ese material adherido a la persiana. Trozos de cartón y afiches se han ido desprendiendo, se han formado agujeros que parecen hechos por un dedo entrometido y que han dejado a la vista capas de capas. El farol de la calle ilumina por unos segundos un ojo -de un personaje de la política?- que se apelmasa abajo entre rojos y negros. Sigo una línea roja un trazo que sin estar parece avanzar en el espacio como una diagonal nítida. Ahora se puede leer allí abajo, doy un tirón y cae al suelo un buen pedazo de capas que suenan en las baldosas a mis pies. El decollage se conforma como un cosmos naciente de dolores y colores aletargados. Lo logramos leo. El ejército de los 12 días, diceun poco más abajo, pero con la misma caligrafía con el mismo firme rojo.
 Su designio, no usurpar el poder del estado sino destruirlo. Destruir las grandes cadenas de mando, las economías mundiales logrando que las redes de la producción y la distribución comiencen a girar como una perinola enloquecida que nadie -el estado- puede detener y cada vez que choca contra un borde deja un agujero que comunica con el abismo.
 Así y todo el ejército de los 12 días no era una práctica o una conformación prohibida por el estado. (Ahora puedo hablar en pretérito porque he leído en el decollage todo lo que podía leer acerca de un futuro inexistente). El ejército era lo que Hobbes llama un sistema irregular aunque legal. Ya que pese a su condición natural estaba tolerado por el estado siempre y cuando se mantuviera en cierto cauce de normalidad. Un detalle importante es que se trataba de una reunión de personas que carecía de representación. Esto explica por qué el estado llegado determinado momento fue tapado por esta gran ola a la que no pudo prever y que carecía de las armas necesarias para destruirla, justamente porque necesitaba para poder castigar que exista cierta idea de representatividad. El ejército de los 12 días no tomaba decisiones por medio del voto, la asamblea y demás artilugios jurídico-legales; ni siquiera había decisión. Solo crecimiento rizomático, a la Deleuze, contagio y afectación molecular, pocas o ninguna idea. En este pasaje del Leviatán, cap 22, Hobbes marca la diferencia: "Si se impone una multa a la corporación, por algún acto ilegal, únicamente son responsables aquellos en virtud de cuyos votos fue decretado el acto, o con cuya asistencia fue ejecutado. En ninguno de los restantes puede existir otro delito sino el de pertenecer a la corporación; delito que si existe, no es suyo, puesto que la corporación fue ordenada por la autoridad del Estado".
 El instante en que la reunión de gente que sale a hacer compras deviene ejército es de una delgadez áptica que desafía todo atributo y el pisotón mecánico del estado por mas que le asienta todo su peso encima no llega con sus pezuñas inmensas a tocarla.
 Vuelvo a levantar las bolsas del suelo, pesan, las manos duelen y se desesperan por llegar. Qué fastidio! Una simple compra no puede demandar tanto tiempo! Sin embargo poco antes de estar ya disponiendo todo lo que debe ser apilado -las galletitas con las galletitas, lo que debe ser freezado antes que lo demás, las legumbres aireadas más abajo y la carne arriba- deseo volver. Me digo que mañana volveré pero tal vez mañana el decollage haya sido intervenido por otro transeúnte o cosa semejante. Tal vez pude haber descorrido más piel, barrido más escarcha, más polvo, más cosas aparecerían al tironear y desprender los despojos. Lo logramos, el ejército de los... Solo eso desvelé.  

15 marzo, 2013

He olvidado mi paraguas otra vez

"He olvidado mi paraguas" esa frase de Nietzsche que aparece en los textos llamados postumos y que no se sabe bien si es una cita, un proyecto de escritura inconcluso, algo oído por Nietzsche en algún lugar y simplemente apuntado con una intención errática o con una dedicación inintencionada. Frase que al pasar del tiempo se entraña, se consolida, aunque eso es como algo bastante no querido por las fuerzas que devienen. "He olvidado mi paraguas" es una frase que no dice nada, no se sabe qué quiere decir o cómo debe ser interpretada, como no se cansa de decir Jacques Derrida en Espolones
 A la noche vamos caminando, está medio oscura la noche o es la ciudad la que está oscura -hay cortes de luz?- no es fácil de determinar eso en la ciudad. En el río, en la montaña, en el campo alguien que cruza la acequia jamás se plantearía un dilema tan tonto. En las veredas los soretitos se empequeñecen y se agrandan, en las esquinas paramos -el olor de ese bar al que aún nunca fuimos se siente cercano- y los autos pasan muy cerca de nosotros, los autos voraces siempre lo rozan todo. Las luces debilitadas bañan todo de un tono... cómo decirlo, como en un manual de poesía, no puede faltar la palabra mortecino. Cruzamos el asfalto recién arreglado pisando las bandas blancas por donde caminan algunos peatones. Hay todavía mucha gente en la calle. Y en la penumbra, la ochava se nos echa encima y nos muestra toda esa acumulación de paraguas muy quietos dentro de la paragüería. La paragüería ya cerrada con cortina metálica baja pero que permite ver hacia el interior las repisas con paraguas, las tarimas con paraguas abiertos, expuestos, las filas de paraguas colgados, cerrados, de colores pasteles, brillantes, a lunares, con motivos, otros más snobs o más pequeños o esos con punta más formales, más histéricos, más estilizados más hostiles. Estar dentro de una tienda de paraguas cerrada solos ahí entre medio de todos los paraguas quietos rodeándonos, marcando el espacio, diagramando la forma del espacio debe ser algo que del orden de lo siniestro no puede alejarse. He olvidado mi paraguas titanic. Un paraguas titanic que ya había sido olvidado en un recinto de una oficina pública. En un lugar público nada puede durar, la necesidad es como un terrón de azúcar sobre una mesada sudorosa asediada de hormigas. Una gota de agua que se desliza en la arena candente del desierto famélico. La cadena de los paraguas olvidados se reproduce sin producir absolutamente nada pero sin dejar de ser la máxima certeza de ser el olvido mayor, e irrebatible, en tanto verdad que se afirma en el día olvidado.   

22 septiembre, 2012

Del rodeo

 El rodeo es una operación, un giro, aparecido en todo gesto de pensamiento de análisis. El rodeo presencia de presencias en la cultura y en la historia de los textos. En los textos que hacen fila y en las interpretaciones que esperan siempre está el rodeo. Algo curioso algo sorprendente; el rodeo está siempre. Como término, como cita. Ahí siempre es traído el rodeo. En Freud, en Marx en Derrida que es seguramente quien lo ha hecho ser algo topológico quien lo ha llevado a su lugar de descubierto. Es decir quien lo ha pintado quien lo ha trazado quien nos ha hecho notar y visualizar de qué modo fantasmagórico y visceral más allá y más acá el rodeo presiona y produce todas las variaciones de sentido. Al punto de que grandes textos y conjuntos y más conjunciones de fundadores no son más que costureros y tejedores de rodeos que exponen tesis o revoluciones, hipótesis muchas veces locas pero que nos han hecho despertar a realidades antes impensadas pero siempre rodeando rodeándolo, acercándose a eso que se escabulle y a sabiendas de que nada hay bajo los velos descorridos una y otra vez como mujer inexistente como relación que no hay como ente que desde la sustracción empaña baña fulmina con su presencia que nunca se hace presente. Pero así avanzando así abriendo una vez y otra para continuar el interminable sendero de esa episteme cósmica y prometedora que decía:
 "(...)precisamente porque no se reconoce como tal sino por un rodeo, sirviéndose de un intermediario. La religión es propiamente el reconocimiento del hombre por un rodeo, por un mediador." Marx, La Cuestión judía.
 "Este rodeo estaba destinado, en primer lugar, a recordar que el olvido del que hablamos, pese a ser constitutivo del don, no es ya una categoría de la psyché. No puede no tener relación con el olvido del ser(...)." Derrida, Dar (el) tiempo. El tiempo del rey.
 "El que el fin de la vida fuera un estado no alcanzado nunca anteriormente, estaría en contradicción con la Naturaleza, conservadora de los instintos. Dicho fin tiene más bien que ser un estado antiguo, un estado de partida, que lo animado abandonó alguna vez y hacia lo que tiende por todos los rodeos de la evolución." Freud, Más allá del principio del placer
   Y, finalmente, el giro en derredor de una caja de fósforos Rodeo que muestra iconografías propias del rodeo como deporte estadounidense o práctica méxicana o canadiense; un jinete con el caballo parado en ancas preparándose para lanzar un lazo simple y un fondo que repite los motivos de revólver, bota tejana, cráneo de toro, cactus... pero sin formar una secuencia que se respete siempre igual. 220 fósforos de seguridad de madera. Madera de bosque 100% reforestado. Del reverso de la caja amarilla también es amarilla y tiene un refrán: "más vale maña que fuerza". Material para ser recortado, tal vez coleccionado por la familia y los chicos. Una excelente definición del rodeo; demasiado real para ser verdadera, demasiado simple para ser visible: "Se obtienen mayores logros con la habilidad, destreza y tranquilidad, que con la fuerza y violencia".

25 agosto, 2012

He olvidado mi paraguas

 La queja de estos días suena casi igual a un "He olvidado mi paraguas" nietzscheano. Alguien cuenta que ha olvidado el paraguas nuevo sin uso traído de japón, paraguas con un pez koi estampado de escamas blancas y anaranjadas tal vez otro ya lo esté usando es un consuelo al menos no lo va a vender -como si levantara un smartphone del asiento tajeado de un tren que va hacia los suburbios- simplemente lo sacará los días de lluvia hasta que una mañana el viento juguetón y maligno lo dé vuelta para finiquitarlo en un solo movimiento. Es probable que alguien en el subte viaje ahora mismo estrujando ese paraguas; las escamas del pez koi entonces se confundirán, parecerá que las anaranjadas se entrelazan y funden con las blancas y la boca antes algo soberbia se doblará como diciendo: no soy de aquí no soy de aquí, al estanque ya!
 En la esquina, cerca del cordón de la vereda cerca del contenedor de la basura como un vestigio solitario de las tormentas interminables de los últimos días arrastrado a una rama arrancada donde parece haber sido crucificado, un paraguas, como un cadáver irreconocible exhala un último resto de humedad.
 "He olvidado mi paraguas" en el subterráneo; "He olvidado mi paraguas" en el consultorio odontológico; apenas hubo cesado la lluvia el fatídico útil ha dejado de existir. 
 Cuando Derrida se ocupa del "He olvidado mi paraguas" nietzscheano en Espolones llama a reflexionar acerca de la empresa absurda inconducente de llevar todas las energías al contexto significante agotado como tierra desertizada. Y aquí en este otro olvido del paraguas que poco tiene que ver con la filosofía y los hermeneuein, el contexto significante está sobresaturado puesto de un modo tan óptimo tan hecho comprensible que abruma de sentido, porque a quién le importa un cuerno el paraguas olvidado o deshecho que es vuelto a olvidar y se desintegra en las palabras proferidas a cualquier hora en cualquier transacción de todo orden de palabras y enunciados que nunca van a germinar. El "He olvidado mi paraguas" nietzscheano y su pequeña-breve historia interpretativa, o ya demasiada historia, es según Derrida lo ubica, un algo que crece con desmesura. Puede crecer sin sentido como un yuyo; puede crecer como un hijo al que hace tiempo no se mira y cuando se lo acaricia es un monstruo o un pequeño adicto. Pero un paraguas que crece tanto ya deja de ser un paraguas para devenir pararrayos y atraerse todos los relámpagos del firmamento incomprensible.  
    

21 julio, 2012

De dónde y hacia dónde o de lo anorgánico

Desde las formas primarias hasta los organismos superiores hechos de la misma materia de los mismos compuestos empujados por la misma fuerza cósmica, a veces, inhóspita luz que lleva a lo anorgánico desconocido. El abrupto y oscuro silenciamiento que no soportamos. 
Estamos preparados para percibir la espesura y liviandad de esas imágenes? El agua correr al tiempo transparentándose con los objetos y destilando esa suciedad barroca. Un resorte, una jeringa, otra jeringa o resto de ella, y demás trozos desperdigados de objetos mecánicos barridos y envueltos por el musgo las algas y husmeados por un pequeño cardumen de peces que seguramente, al menos, eso imagina el vidente, deben estar infectados.  Mientras el Stalker duerme y los otros dos discuten; el Escritor haciendo su denuncia pública de la impostura, del seudocientificismo, de la vana búsqueda de la verdad que no es más que el anclaje en la vanidad de algo que tal vez ni siquiera existe. Y el Profesor entre sueños tranquilos sin enojarse mucho diciéndole, sos un pobre pedante un patético tipo que todavía cree en la inspiración y en la crítica corrosiva negadora de los hechos mínimos. Un hecho: la radioactividad reposando en la cabeza del Stalker y los ojillos azulados centelleando. Y ellos siguen discutiendo tal vez en los sueños del Stalker que como arquitecto teje abstractamente un plano silencioso, insospechado presente. Así traza la experiencia que carcome su vida y, los otros, como en un foro cósmico continúan tirándose tortazos el uno contra el otro ignorando pero siendo que ese no saber es siempre un llevar a la inconciencia; el devenir. Porque éste en ningún momento ha dejado de movilizar todas las moléculas todas las texturas y el momento de la jornada que sea... tarde, amanecer, atardecer, crepúsculo... no lo sabemos. Solo vemos el nublado la amargura de la tierra y el aire agreste. El devenir queda y lleva revolviendo y acariciando, transporta a los hombres en una espacialidad enrarecida y un tiempo que se les torna extraño pero como ha dicho el Stalker es el sujeto; su estado anímico como timón de lo que aquí pasa.  

19 marzo, 2012

La hora de crazy t

 Cuando cae la tarde tía se nos acerca y nos habla, antes ya ha venido con cierto sigilo y pasando entre todos los que estaban reunidos nos ha entregado una especie de pequeño talismán que tiene escrito en el reverso ese rezo mágico que según tía nos explica es lo que mueve el mundo: nam miojo rengue kyo. Tía dice que el punto está en ponerse un objetivo es como un horizonte inabarcable es esa caja en la que pensás y trazas junto al deseo de lo que querés que pueble la caja. Y tía dice que alguna vez eso va a estar ahí que lo único que importa es proyectar el objetivo y eso va a venir a uno. Entonces mientras tía nos habla pensamos en ese horizonte que se vuelve a dibujar con viejas brochas de colores vivos pero que ya no pueden pintar como antes; pero tía repite y repite que todo eso va a estar como si nos dijese que todo al final llega tarde o temprano. A nuestro alrededor siguen levantando las mesas y retirando las sobras de la fiesta, las botellas de gaseosa de plásticos transparentes verdes con algún resto de contenido líquido en el fondo y también algunas botellas de cerveza caliente por la mitad. No sabemos si los que pasan y sacuden un mantel y apilan unas cuantas servilletas de papel oyen o les interesa detenerse en todas las configuraciones de las que tía nos habla. Eso es muy secundario. Suponemos que el chiste es que a tía no le interesa de momento la voluntad y lo que mueve y si eso que mueve qué es o dónde está y si es algo que debe llevar un solo nombre. Más bien le importan los efectos y las personas y quizá su modo de sensibilizarse por todo lo particular es tan avasallante como burdo; y lo sabe, y eso le divierte. 

17 febrero, 2012

Las armas

 Cómo cada uno se había reservado tanta pero tanta energía para ser lanzada en el momento oportuno. Como dos disparos a la cabeza sin sangrado, un fuego invisible. Lo único que quiso siempre es cagarme la vida y nunca va a descansar hasta terminar de joderme y de cagarme. 
 Cómo las cosas obvias, imaginadas podían lastimarnos tanto, aunque dijéramos lo sabíamos, lo imaginábamos, no nos sorprende. Habían sido dos oportunidades en que cada uno había hecho su juego y esperado su jugada casi agazapado esperando nuestra distancia, nuestra proximidad, midiendo nuestros tonos y especulando a veces. Después del almuerzo o después de la cena sin importar si al otro día trabajábamos o si era feriado. A veces con varias cervezas encima, pero no siempre porque podía ser un tinto, ya que ambos no coincidían en el gusto por la cerveza. Te voy a decir por qué llegamos a este punto donde llegamos, porque nunca, nunca, me quiso. 
 Sabíamos que era mejor no contarlo todo y jamás quisimos contarlo para provocar efectos en el otro para experimentar con su sensibilidad, con su culpa y su capacidad de olvido. Habríamos la boca porque sentíamos los rencores, los planes ocultos, las desconfianzas y las reservas insuflándose de un modo desesperado sobre nuestro pecho.
 Pero de qué están hechas estas armas, armas de suspiros y mezcladas con lágrimas y enrojecimientos de la piel, armas de palabras, las armas y la carne siempre se conjugan de un modo u otro ya se trate de las armas inorgánicas o de las armas orgánicas. Parece que se preparan durante mucho tiempo al calor del pensamiento y un día se catapultan cuando las versiones del pasado se desentierran y se discuten y se piensa en el futuro como una correntada que se chupa hacia el presente y en el pasado cae fulminada. 

28 enero, 2012

Mundo abisal

 Hay veces en que si no escribís no podés moverte. Una tristeza te inunda y no sabés de donde viene y necesitás sacarlo, especularizarlo, darle cierta plasticidad a eso que te ciega y te acorrala. Solo así podés llegar a moverte otra vez. Como si hubieses aceitado los músculos, sacudido la costra que mantenía anquilosados los huesos y calcificarte por la ingesta de una píldora formidable. Unir miembros y tronco, cabeza y tórax. Es ver el reflejo de eso que está con uno, el tono del que ha pintado el interior. 
 Son doce segundos de oscuridad como dice la canción de Drexler. El cine también en 12 segundos o poco más que eso se ha cansado de objetivizar ese vértigo cuando llena un cuarto de pura agua de mar que entumece los huesos y la sangre solidifica porque afuera hay demasiado derrame azul y negro. El personaje que se siente ahogar desespera y busca forzar la puerta pero bajo el agua los movimientos de ese cuerpo son como el leve danzar de hojas submarinas que mueven las corrientes. Los brazos del personaje aunque fuertes brazos que luchan por su vida en un lapso corto de tiempo asumen que bajo el agua la violencia es de otro género. Bajo el agua devuelve un mundo completamente liso donde todas las estrías están disimuladas por escamas sedosas. Después de eso te quedás viendo cómo en un vaso con clara agua tibia un poco de tinta documental se propaga como una niebla luminosa que juega con movimientos voluptuosos a reproducirse y cubrir todo el espacio liso. La tinta se deja dominar y domina ella misma  pero con la calma del que sabe que está todo perdido. Por el majestuoso ojo de buey del camarote el chorro de agua ingresa con una fuerza irreparable y te quedás mirando ese pequeño vórtice límpido tan helado y capaz de matar sin contacto. Descolgar el hacha del muro podría ser una solución pero no hay tiempo porque en seguida los brazos audaces, rabiosos, son como vallisnerias columpiándose en el fondo transparente esas hojas encintadas que llevan y traen las vibraciones acuosas.

20 noviembre, 2011

Inclinaciones

 En el cielo y sobre la tierra; miramos hacia abajo miramos hacia arriba. Subimos las escaleras y en ese momento por primera vez se anudan todas las cosas que llevamos dentro, las tripas y los cartílagos acuosos y las pequeñas sustancias gelatinosas que se estiran elásticas sin ceder a las dentelladas. La carne de pollo, la carne de cerdo y de cordero; nos sentimos asados. La distancia del quinto piso a la planta baja se deja ver cuando por el hueco frondoso nos gustaría volar como por un tubo. Todo anudado de vuelta no podemos soltar esa palabra. Pero de verdad, si algo de verdad nos gustaría es que como en el capítulo 7 de Rayuela brotaran de nuestra boca las palabras como peces. 

09 noviembre, 2011

Liberación

 Descendimos esas amplias y señoriales escaleras de mármol impecable. Experimentamos liviandad al apoyar las suelas aquellas sobre la roja y gruesa alfombra tan suave como el pelaje de un osezno y hecha de una corteza que resiste la infinidad de pisadas diarias. 
 No hay para nosotros vislumbre de una liberación si es cierto que ningún hombre puede escapar a su propia historia. Supongo que esperábamos con ingenuidad que Alejandro soltara amarras para nosotros y nos permitiera huir quizás hacia el Delta; hacia otro cosmos interior por descubrir. No habría que preocuparse más por el hypokeímenon
 Pero qué es ese por descubrir que tanto nos seduce como si siempre nos estuviéramos perdiendo de algo. Hacia allí queremos ir desde que memoria tenemos: diciendo; nada me ata a este lugar. Y al fin el gesto de huir es lo único que queda, del otro lado una oscuridad atractiva se revuelve y nos llama. 

22 septiembre, 2011

La lista

Primero la lista:

-hoy, visitar abuela,
-ir buscar, apunte francés y ejercicios de matemática + ev sábado -por la tarde
-pasar a buscar copias de geo y leer filos
-pedir a caro lo de ed


 Discutíamos sobre la distinción entre lo teórico y lo práctico; mejor dicho entre lo teórico y lo intuitivo. Cada uno tenía que pensar una pareja para decir de manera argumentada por qué creía que uno era el intuitivo y otro el teórico. Por ejemplo Gardel/Lepera, Pinki/Cerebro/, Quijote/Sancho, Bioy/JLB, Tom/Jerry, Dalí/Gala. Pero en medio de un bullicio que ya nos había sacado del tema y viendo cómo alguno que otro echaba un bostezo contagioso se pidió silencio y se dijo que había ocurrido un hallazgo. Todos miraron hacia el fondo donde Beni había encontrado bajo el antiguo pupitre, recientemente lijado, aquella lista olvidada, tal vez aquella misma mañana. Este sí que es el hombre teórico, el hombre que toma este paraguas endeble pero que nunca debe ser subestimado y postula la organización como modo básico de vida. Este es el hombre que trata de protegerse con los esquemas y que se sacrifica y se entrega a sus trazos de pequeñas esquirlas diseminadas antes de apoyar un pie sobre la tierra. Pero lo que más me sorprende, lo que me desarma por la profundidad apasionada... diría, del esquematismo que lo aprisiona y lo reduce todo a las herramientas de que dispone es este visitar abuela. Giro formidable potencia pura y bruta del esquema que se desnuda ante nosotros.  

17 agosto, 2011

Milagros


 De vuelta, otra vez andábamos por allá mirando la negrura del cielo del mediodía. Se había puesto así de repente. Cuando las fuerzas se espesan, se ensanchan y comienza a crujir todo el entorno de la naturaleza... nadie se acuerda de ningún pronóstico. El cielo estaba negro y quieto, como hecho de una masa que solo esperaba el último movimiento de partículas para desprenderse y desplomarse como un manto interminable de dolor, de frío. Convencidos de que en lo mojado no se genera nada bueno, nada estable, nada realmente vivo... 
 Nos recostamos sobre el respaldo de un sillón cómodo para sentirnos más livianos y contrarrestar el dolor, las vísceras atrofiadas desde hacía meses. 
 Levantamos en ese preciso instante la llamada. Era DTU para avisar que el fit había llegado a los 400. Nos contagio la alegría, las ganas de festejar, de abrazar a los compañeros y llorar y reír toda la noche. 
 Pero después ya no podíamos reír, mientras avanzábamos desganadamente sintiendo el suave repiqueteo sobre la fina capa de agua en el asfalto azul que deslumbraba todavía más bajo esos grandes faroles de luz fluorescente. Qué de noche estaba todo, a un costado nuestro un chico zumbó deslizándose con una gran tabla de skate. Y eso era lo único, no había más señal de movimiento ni de gente. Las rueditas de goma maciza del skate iban dejando unos largos trazos que se fundían sobre el trasfondo liso que ya no era la calle. Era una superficie para bañar todo de azul y contornear sobre ese plano liso único la noche mojándose así misma, imperceptiblemente, y liberando como un chorro de altísima presión todo el silencio posible.

23 mayo, 2011

Pequeña naturaleza

 No sabría decir si vale o no vale la pena modificar ese texto. Dos meses casi ya, dos largos e instantáneos meses de desprendimientos del ser, de desalineamientos y sucesiones. 
 Dos años como dos siglos en que me veo a mí mismo solo luchando pero en esa otra lucha reducida a ser una lucha biológica un querer ser algo más pero que al fin no es más que echarse o regalarse a ese destino animal. Afuera el amor. Afuera las ideas que no caen, porque sin sobre-vida no hay más que este permanente pujar por un mísero arrebato de vida devastada reabsorbida en naturaleza. Todos los días así quedan justificados deshumanizados y animalizados porque solo hay en la vida que me hago un intento, a veces acertado y a veces presa de una vulnerabilidad congénita... la ganancia de llegar al fin del mes. Soy solo un animal, un animal desesperado huyendo circularmente que no hace otra cosa más que cumplir sus funciones animales sin mutar nunca como un bicho que desgarra su propia naturaleza y se libera de las múltiples reducciones a la animalidad que le zumban que lo pueblan; y, en cambio, pulula, parasita, una vidriera del Abasto shopping mirando zapatillas de tres colores. Tonos maravillosos fluorescencias que no están ni en el cielo. Los huevos que pongo babean la vidriera; nada más me importa dormir bien y comer mejor.