15 abril, 2018
Sombra
Entiendo que a los boxeadores no les interese absolutamente nada de lo que digo. Eso lo puedo entender. De la cintura para abajo lo veo con claridad. La punta del pie. En dos puntas los pies apoyan en dos puntas y en eso no me digas que no hay un giro de ciento ochenta grados que se parece no digo que es igual que se parece, porque si fuera igual sería de trecientos sesenta grados el giro, y no lo es. Mani el pacman no es Fukiko Takase pero sabe volverse de humo sabe hacer sombra y no puedo ver sus movimientos aunque estos se me estrellen en los ojos. Hacer sombra es un poco como proyectar un encuentro con uno mismo que nos sale a interceptar para bloquearnos, para amarrarnos y para por qué no, fulminarnos. Hay que construir un movimiento lo suficientemente rápido como para que se pueda escapar de uno mismo y que sea tan hábil tan potente que al aire le duela sin romper el espejo que está enfrente, cerca. Sin romperse, eso sería un gesto que nos desacreditaría por violentos o torpes, un puñetazo a la pared rompe los nudillos y nadie quiere ver sangre. Quiero seguir hablándote de Mani el pacman y Fukiko Takase como que entre ellos hay una bodas locas. Así puedo imaginarlo. Y no solo porque tienen ojos rasgados, la piel amarilla, las islas, el mar cerca, estar siempre en puntas de pie. De todos modos lo que hace Fukiko Takase es mucho más abstracto y poético por eso Tom Yorke debe haberla llamado para que le enseñe a danzar en medio de un desierto de paneles y música electrónica y fantasmas. Mientras que Mani el pacman apenas sube al escenario se arrumaca contra una esquina y se pone a rezar. Es multimillonario, lo conmueve Dios, le gusta la política como profesión. Así que ahí está todo junto siempre las cosas que conmueven a las multitudes, las cosas que todos amamos. La violencia que se hace inmortal en la religión que se hace inmortal en el dinero que se hace inmortal en la ambición de los poderosos que lo desean todo con sus almas famélicas.
25 marzo, 2018
Las piernas
Me paro allí desde lo mental te digo. Y no sé como explicarme que todo esto es una venganza que me hago a mí mismo. Qué terribles son ahora que lo pienso las venganzas contra uno mismo. Estamos hablando por teléfono pero por teléfono de línea esa cosa que funciona con cables y postes y extensiones... Es una especie de suicidio pienso y vos me das la razón. No sé como que últimamente hablamos tanto de enfermedades, como hace tiempo no te veo debo contarte cosas de la muerte que por ejemplo el tío José o Pedro se murió engarzado de una extraña manera. Te sorprendería, y vos me hablas también de leucemia, cáncer de piel, tumores, linfomas, crisis , radios y tratamientos, glóbulos blancos y sistemas inmunológicos devastados. Quiero decirte que me conmueve que me hayas contado todo esto. Que ella preguntara por mí. Tantos años pasaron y me recuerda... cómo me recuerda, ¿desde lo mental? Reímos. Pero me conmueve saberlo.
Me resulta evidente, solo ahora, que aprender a pararme al menos es algo. Me molesta que mis padres no me hayan alguna vez permitido al menos eso y sí.
Vos decías, qué boludo, siempre la misma cantinela culpar a los padres. Andá y hacete ver. Castigo a los padres es el castigo más inconcebible y más a la mano. Difícil porque es pegarle al que nos trajo pero está ahí. Esto es como Kenzaburo Oé y el cuento Dinos cómo, dinos cómo. Qué misterio, quién debe responder, quién. Hay allí algo de omnipotencia, omnipresencia y omnisciencia, y sin embargo está tan alejado de una apelación a lo religioso. Dinos cómo sobrevivir a nosostros mismos, a nuestra historia, a nuestro reflejo, a la memoria y al encadenamiento de tropiezos. Algo gigante como una sábana inmensa irreal que nos cubre todo muy cinemátográfico; nos seguimos explicando la sobrevivencia a nuestra locura.
Vuelvo a lo mismo que es pararme ahí pero desde lo mental. Me acerco a los chicos y les digo muchachos qué calor y ellos asienten. Nos pasamos el bidón de cinco litros de agua natural y Philip me dice que me acerque al tacho para que me tire agua cerca de la nuca. No puedo parar de jadear. Un montón de transpiración me baja por el rostro como una cascada o como una gotera, porque después de todo el agua salada viene desde dentro de mí. Es que todos somos distintos me dice Lucho algunos transpiran mucho y otros nada, de todas maneras si usas gorra lo vas a notar menos. Philip tienen un gesto grandioso que es decirnos que cortemos antes con la clase y nos vayamos abajo al salón a tomar una cerveza, y agrega que él invita. Desde lo mental, me doy cuenta, que ahí, está, mi punto, más... endeble. Rubén que siempre se está riendo me dice que transpiro por eso porque estoy nervioso creo que él no se anima a decirme, que soy débil... desde lo mental. Extraño muchísimo el natatorio. Esos procesos. Desde lo mental estaba todo ahí también sin embargo no había un otro acechando amenazando; era sabido desde siempre que no va a pasar nada. Desde lo mental era la oscuridad, la muerte, la fatiga, la asfixia, el deseo de terminar o la indignación por esos aplazamientos, esas distancias. Las pesadillas de agua. Las muertes súbitas. Claro que extraño esos procesos.
Cuando ya estamos abajo en el salón donde se respira un aire un poco rancio pero fresco, Philip me dice que ese es como yo es zurdo. Dudo. Philip me mira desconcertado, ah claro me doy cuenta, y él me dice solo mirale las piernas de la cintura para abajo. Un argentino pegándole a un francés. Round 4.
Vuelvo a lo mismo que es pararme ahí pero desde lo mental. Me acerco a los chicos y les digo muchachos qué calor y ellos asienten. Nos pasamos el bidón de cinco litros de agua natural y Philip me dice que me acerque al tacho para que me tire agua cerca de la nuca. No puedo parar de jadear. Un montón de transpiración me baja por el rostro como una cascada o como una gotera, porque después de todo el agua salada viene desde dentro de mí. Es que todos somos distintos me dice Lucho algunos transpiran mucho y otros nada, de todas maneras si usas gorra lo vas a notar menos. Philip tienen un gesto grandioso que es decirnos que cortemos antes con la clase y nos vayamos abajo al salón a tomar una cerveza, y agrega que él invita. Desde lo mental, me doy cuenta, que ahí, está, mi punto, más... endeble. Rubén que siempre se está riendo me dice que transpiro por eso porque estoy nervioso creo que él no se anima a decirme, que soy débil... desde lo mental. Extraño muchísimo el natatorio. Esos procesos. Desde lo mental estaba todo ahí también sin embargo no había un otro acechando amenazando; era sabido desde siempre que no va a pasar nada. Desde lo mental era la oscuridad, la muerte, la fatiga, la asfixia, el deseo de terminar o la indignación por esos aplazamientos, esas distancias. Las pesadillas de agua. Las muertes súbitas. Claro que extraño esos procesos.
Cuando ya estamos abajo en el salón donde se respira un aire un poco rancio pero fresco, Philip me dice que ese es como yo es zurdo. Dudo. Philip me mira desconcertado, ah claro me doy cuenta, y él me dice solo mirale las piernas de la cintura para abajo. Un argentino pegándole a un francés. Round 4.
04 marzo, 2018
Conversación a la tarde
Miraba el puente inmenso, larguísimo y decía pero qué con qué. O sea qué une el puente por qué tan brutos tensores. Al final el puente une la ciudad de Rosario con Victoria, claro dos provincias, es mucho, los gobernadores unieron sus fuerzas... todo eso pienso. Rosario en Santa Fe y Victoria en Entre Ríos. Estábamos ahí en un camino que se llama la Rambla es muy lindo estaba lleno de gente en bicicleta, caminando, corriendo, había algunos puestos de comida.
Todos de pronto nos preguntábamos si el barco iba a poder pasar por debajo del puente y lo filmábamos y le sacábamos fotos. Bandera de Panamá y escrituras niponas, así se veía el barco por la popa. Una mole de cientos y cientos de metros delizándose sobre el agua como un patín sobre una mancha de aceite que no termina nunca.
Debajo del puente había unos senderos que solo transitaba la gente que conocía el lugar. Se ve que a la noche se llenaba de chicos jóvenes, bueno, de pandillas y hacían fuego y tomaban cerveza. Daba un poco de pena que se hubiesen tomado el trabajo de escribir un montón de mensajes misóginos y protonazis al pedo total digamos, tal vez sin tener demasiada idea de lo que es estar capturado por los enunciados del fascismo en su modo energúmeno. Una de esas escrituras decía que la mujer es puro artificio, es silicona, es pintura, es tintura y tela. Increíble, parecía sacado del Zaratustra. Si bien el sin fondo nietzcheano es siempre una intención benéfica, unas ganas de gritar a los cuatro vientos que mujer es el nombre de algo que está más allá, la multiplicidad, el devenir, un carnaval de Venecia rememorado, representado, solo fingido. Una proyección de tenis y de pic-nic como fogonazos que se me aparecen de la La invención de Morel. Proyección. Isla. Agua y podredumbre. Un lujo añejo. Inundación. Mansión abandonada. Una piscina llena de plantas. Una tarde de sol sofocante en el Tigre.
Después cuando nos sentamos me contaste un montón de cosas que nunca me habías contado. Pero no era tanto el peso de las anécdotas como sí la intensidad de lo que me ibas diciendo. Es que como dice el guardián de Ante la ley de kafka eso que me contabas ese pasado, esa desgracia, ese abrumarse y caerse y morirse y querer dormir y salir y vivir, ese, ese, ese... era solo todo para mí.
Debajo del puente había unos senderos que solo transitaba la gente que conocía el lugar. Se ve que a la noche se llenaba de chicos jóvenes, bueno, de pandillas y hacían fuego y tomaban cerveza. Daba un poco de pena que se hubiesen tomado el trabajo de escribir un montón de mensajes misóginos y protonazis al pedo total digamos, tal vez sin tener demasiada idea de lo que es estar capturado por los enunciados del fascismo en su modo energúmeno. Una de esas escrituras decía que la mujer es puro artificio, es silicona, es pintura, es tintura y tela. Increíble, parecía sacado del Zaratustra. Si bien el sin fondo nietzcheano es siempre una intención benéfica, unas ganas de gritar a los cuatro vientos que mujer es el nombre de algo que está más allá, la multiplicidad, el devenir, un carnaval de Venecia rememorado, representado, solo fingido. Una proyección de tenis y de pic-nic como fogonazos que se me aparecen de la La invención de Morel. Proyección. Isla. Agua y podredumbre. Un lujo añejo. Inundación. Mansión abandonada. Una piscina llena de plantas. Una tarde de sol sofocante en el Tigre.
Después cuando nos sentamos me contaste un montón de cosas que nunca me habías contado. Pero no era tanto el peso de las anécdotas como sí la intensidad de lo que me ibas diciendo. Es que como dice el guardián de Ante la ley de kafka eso que me contabas ese pasado, esa desgracia, ese abrumarse y caerse y morirse y querer dormir y salir y vivir, ese, ese, ese... era solo todo para mí.
03 febrero, 2018
Simple y necesario
Dice Hamm en un pasaje de Fin de partida de Samuel Becket: "Cállense, cállense, me impiden dormir. Hablen más bajo. Si durmiera quizás haría el amor. Caminaría por los bosques. Vería... el cielo, la tierra. Correría. Me perseguirían. Huiría".
Vivo en un mundo despojado donde ya lo perdí todo. Sobre todo los libros de Samuel Becket, no puedo releer nada y tengo que conformarme y memorizar hasta el último detalle ese pedacito de lo que dice Hamm.
Es o no es luna llena dice, le contestan, después. Es que la luna y encima si es llena es una justa muy justa justificación de que el cielo es algo que, por lo menos, de mínima, debería ser mirado, eso. Y, sin embargo inmensas son las ganas que tengo de introducirme en mi barril, ¿por qué? Algo me tira, me estira ese deseo de no estar. Pasan unas chicas en bicicleta por la avenida, una en bici de carrera tiene calzas y sobre ellas una pollerita muy corta que flamea un poco porque como se hace ya la noche se levanta una brisa que se siente, lleva atrás en la vela una luz roja que parpadea. Un automovilista le toca bocina, pero para que se corra, más cerca del cordón. Con el calor la ciudad se llena de cosas lindas.
Bajo del colectivo y comienzo a caminar hacia el lado de la estación Lacroze. Junto a un paredón medio derruído hay una chola boliviana sentada rodeada de verduras que están bien dispuestas sobre un manto terroso. Ajos embolsados y contados, trozos de jengibre en cada bolsa, un muñon gordo, diferentes tipos de pimientos; unos pequeños alargados y flacos que han de ser los superpicantes y otros que también se reparten entre verdes, rojos y amarillos con curvas más pronunciadas. En un costado más alejado montones de maderas aromáticas de las que hoy día la gente tanto gusta encender en sus casas. Más tarde, unas horas después, pasaré por este lugar y la mujer ya no estará, el espacio se volverá entonces más homogéneo y desierto. Me alcanza el trozo más grande de jengibre y me recomienda que lo utilice para curar resfriados, refiere que siempre debe estar allí sana o enferma. Tengo que estar acá aunque enferme dice, y con esto se me pasa todo.
Un poco más adelante los médicos de Same atienden a un hombre que sangra por sus brazos. Tiene un corpachón grande alargado el hombre, su carne fibrosa y sucia me hace recordar al aspecto de las carnes de los yonkis de Burroughs en Naked Lunch. Toda la parte anterior de sus brazos parece estar tajeada en la zona interna, como si se hubiese querido quitar la vida. Pero la sangre chorrea y no es fácil distinguir de qué se trata. Permanece acostado sobre un descanso que no conduce a sitio alguno, a la sombra de un cielo raso de una edificación aledaña a la estación. Si me preguntaran de qué se trata todo esto diría que es la desesperación por no saber dónde comprar la comida, no saber cómo abordar los textos de Becket, llegar tarde o no encontrar u olvidar el locoto. No quiero entrar a un supermercado no quiero, no, entrar a Walmart no Coto ni Jumbo. Ninguno que no me vea que no me descubra ni me arrepienta en procesión por ninguno de esos. Quiero, sí, conseguir mi comida en la villa, en un asentamiento, irme a paseo de compras a la Perito Moreno.
Vivo en un mundo despojado donde ya lo perdí todo. Sobre todo los libros de Samuel Becket, no puedo releer nada y tengo que conformarme y memorizar hasta el último detalle ese pedacito de lo que dice Hamm.
Es o no es luna llena dice, le contestan, después. Es que la luna y encima si es llena es una justa muy justa justificación de que el cielo es algo que, por lo menos, de mínima, debería ser mirado, eso. Y, sin embargo inmensas son las ganas que tengo de introducirme en mi barril, ¿por qué? Algo me tira, me estira ese deseo de no estar. Pasan unas chicas en bicicleta por la avenida, una en bici de carrera tiene calzas y sobre ellas una pollerita muy corta que flamea un poco porque como se hace ya la noche se levanta una brisa que se siente, lleva atrás en la vela una luz roja que parpadea. Un automovilista le toca bocina, pero para que se corra, más cerca del cordón. Con el calor la ciudad se llena de cosas lindas.
Bajo del colectivo y comienzo a caminar hacia el lado de la estación Lacroze. Junto a un paredón medio derruído hay una chola boliviana sentada rodeada de verduras que están bien dispuestas sobre un manto terroso. Ajos embolsados y contados, trozos de jengibre en cada bolsa, un muñon gordo, diferentes tipos de pimientos; unos pequeños alargados y flacos que han de ser los superpicantes y otros que también se reparten entre verdes, rojos y amarillos con curvas más pronunciadas. En un costado más alejado montones de maderas aromáticas de las que hoy día la gente tanto gusta encender en sus casas. Más tarde, unas horas después, pasaré por este lugar y la mujer ya no estará, el espacio se volverá entonces más homogéneo y desierto. Me alcanza el trozo más grande de jengibre y me recomienda que lo utilice para curar resfriados, refiere que siempre debe estar allí sana o enferma. Tengo que estar acá aunque enferme dice, y con esto se me pasa todo.
Un poco más adelante los médicos de Same atienden a un hombre que sangra por sus brazos. Tiene un corpachón grande alargado el hombre, su carne fibrosa y sucia me hace recordar al aspecto de las carnes de los yonkis de Burroughs en Naked Lunch. Toda la parte anterior de sus brazos parece estar tajeada en la zona interna, como si se hubiese querido quitar la vida. Pero la sangre chorrea y no es fácil distinguir de qué se trata. Permanece acostado sobre un descanso que no conduce a sitio alguno, a la sombra de un cielo raso de una edificación aledaña a la estación. Si me preguntaran de qué se trata todo esto diría que es la desesperación por no saber dónde comprar la comida, no saber cómo abordar los textos de Becket, llegar tarde o no encontrar u olvidar el locoto. No quiero entrar a un supermercado no quiero, no, entrar a Walmart no Coto ni Jumbo. Ninguno que no me vea que no me descubra ni me arrepienta en procesión por ninguno de esos. Quiero, sí, conseguir mi comida en la villa, en un asentamiento, irme a paseo de compras a la Perito Moreno.
31 enero, 2018
Lluvia de maquinaciones
Creía que era una mitología que las hojas en otoño... Tapan los sumideros. Lo miré a mi padre y se lo pregunté y me confirmó que en efecto tapan y se produce un desastre. Después caminé un montón porque caminar hace bien. Pero y si llueve un poco, y si todo el piso está amarillo de hojas, y si es domingo y si hay una apatía leve... y algo me empuja...
Estábamos ahí en la plaza me recosté en el banco miré al cielo, con indolencia. Casi pude adivinar que ibas a decir lo que dijiste; que la vida te resulta sumamente aburrida. No sé, habrá un gen del aburrimiento, otro de la esquizofrenia, otro del deseo de tirarse? ¿Hay una base biológica que explica el deseo de vaciar esta botella? Hay necesidades que son completamente incomprensibles. Hay un montón de cosas que no puedo entender. La mujer me habla. Beckett siempre me habla de la tumba, la cuna, la voz, el padre. Pero hay una conversación que se mantiene y es el padre que te dice que está mal, el padre que te tose en el teléfono y el audífono estalla. El padre que no deja de explicarte qué es real. El padre la madre o la madre la madre como en ese cuento de Oé. El padre la madre como un lugar donde uno se va a volver loco. La madre el padre como una ley ante la cual se quiere rebelar se quiere vengar y se siente amordazado y prepara el puñetazo. Escapado... como un loco de atar... En el natatorio me refugio, seguramente vienen a buscarme para llevarme al asilo de locos para que esté mejor. Sobre el agua flotan todas las hojas escritas, es raro porque todo estaba digitalizado pero sin embargo la tinta no se desprende de las hojas y no tiñe el agua. Loco de atar desesperado tan vulnerable como un chiflado con zozobra abrazando todas esas hojas. Como el loco del cuento de Oé que además le reclamaba los escritos a la madre, porque se los había escondido para que nada de lo real se sepa jamás. Las hojas son tantas que casi ya no se puede ver el agua porque siguen cayendo. Así como caen las hojas cuando nada las interrumpe cuando nada las expulsa parecen plumas pero mucho más firmes. Han formado una superficie tan compacta sobre el agua que las últimas ni la tocan ni se mojan. Beckett siempre me habla de la tumba, la cuna, la voz, el padre; y yo agregaría las hojas, el natatorio... Es que al loco lo llaman, al loco le hablan como al único, al destinado, al elegido. Como al señalado por los rayos del sol-dios.
Estábamos ahí en la plaza me recosté en el banco miré al cielo, con indolencia. Casi pude adivinar que ibas a decir lo que dijiste; que la vida te resulta sumamente aburrida. No sé, habrá un gen del aburrimiento, otro de la esquizofrenia, otro del deseo de tirarse? ¿Hay una base biológica que explica el deseo de vaciar esta botella? Hay necesidades que son completamente incomprensibles. Hay un montón de cosas que no puedo entender. La mujer me habla. Beckett siempre me habla de la tumba, la cuna, la voz, el padre. Pero hay una conversación que se mantiene y es el padre que te dice que está mal, el padre que te tose en el teléfono y el audífono estalla. El padre que no deja de explicarte qué es real. El padre la madre o la madre la madre como en ese cuento de Oé. El padre la madre como un lugar donde uno se va a volver loco. La madre el padre como una ley ante la cual se quiere rebelar se quiere vengar y se siente amordazado y prepara el puñetazo. Escapado... como un loco de atar... En el natatorio me refugio, seguramente vienen a buscarme para llevarme al asilo de locos para que esté mejor. Sobre el agua flotan todas las hojas escritas, es raro porque todo estaba digitalizado pero sin embargo la tinta no se desprende de las hojas y no tiñe el agua. Loco de atar desesperado tan vulnerable como un chiflado con zozobra abrazando todas esas hojas. Como el loco del cuento de Oé que además le reclamaba los escritos a la madre, porque se los había escondido para que nada de lo real se sepa jamás. Las hojas son tantas que casi ya no se puede ver el agua porque siguen cayendo. Así como caen las hojas cuando nada las interrumpe cuando nada las expulsa parecen plumas pero mucho más firmes. Han formado una superficie tan compacta sobre el agua que las últimas ni la tocan ni se mojan. Beckett siempre me habla de la tumba, la cuna, la voz, el padre; y yo agregaría las hojas, el natatorio... Es que al loco lo llaman, al loco le hablan como al único, al destinado, al elegido. Como al señalado por los rayos del sol-dios.
29 enero, 2018
Remolinos
El agua del río hace remolinos, agua amarronada, dicen que mucha gente se sorprende cuando ve esta agua amarronada que se llama de plata. No sé si es la lancha colectiva que nos trae del Delta quien hace los remolinos o es el río que los hace con la lancha adentro. En esas vueltas siempre se me aparece el maestro y el discípulo de la película coreana de la que siempre quiero hablarle a todos mis amigos y amigas. Se llama Una vida agridulce, en castellano. Y en la primer escena hay un sauce con unas ramadas larguísimas que flamean y flamean y bullen. Entonces el discípulo pregunta y el maestro contesta. Se mueve el viento y las ramas en el viento o son las ramas las que se mueven y producen viento, eso pregunta el discípulo y el maestro contesta. Del mismo modo el maestro de boxeo me dice: En el cuadrilátero al igual que en la calle, se pega con el puño cerrado la palma mirando hacia abajo y haciendo que el golpe se concentre en los nudillos porque eso es lo que hace doler.
Entonces remolinos y más remolinos en el agua y el atardecer, los ramajes a los lejos, hay tanto rozamiento tanto fluir. Tan una cosa metiéndose en la espesura de otra fluctuante que empiezo a rememorar el planeta inventado por Stanislaw Lem; ese fascinante mundo, Solaris, que está todo el tiempo cambiando todo el tiempo disipándose y hundiéndose en sí mismo con sus colores indistinguibles e innumerables. Algo que no se sabe si está vivo o si es simplemente materia. Y que lanza esa inquietante pregunta de que lo que sea Dios es algo no vivo carente de voluntad o todo lo contrario, pero la diferencia es tan grande como la frontera que separa a la muerte de la vida. Tajante. De consecuencias insospechadas. Y la película del gran Kim Je Wom continúa así: el maestro le contesta que no se mueven ni el viento ni las hojas sino solo su (tu) mente y su (tu) corazón. Me gustaría que este río no terminara nunca seguir acá en la lancha y no bajar que el cauce sea interminable. Tanta profundidad... va... quiero decir que cuánta profundidad habrá en esta zona del río; o sea debajo nuestro. En fin, me saco una foto con lentes de sol y me gusta ilusionarme con que después la pondré como perfil de una red social como si eso fuera también el pulso superfluo de las cosas que van siendo.
Entonces remolinos y más remolinos en el agua y el atardecer, los ramajes a los lejos, hay tanto rozamiento tanto fluir. Tan una cosa metiéndose en la espesura de otra fluctuante que empiezo a rememorar el planeta inventado por Stanislaw Lem; ese fascinante mundo, Solaris, que está todo el tiempo cambiando todo el tiempo disipándose y hundiéndose en sí mismo con sus colores indistinguibles e innumerables. Algo que no se sabe si está vivo o si es simplemente materia. Y que lanza esa inquietante pregunta de que lo que sea Dios es algo no vivo carente de voluntad o todo lo contrario, pero la diferencia es tan grande como la frontera que separa a la muerte de la vida. Tajante. De consecuencias insospechadas. Y la película del gran Kim Je Wom continúa así: el maestro le contesta que no se mueven ni el viento ni las hojas sino solo su (tu) mente y su (tu) corazón. Me gustaría que este río no terminara nunca seguir acá en la lancha y no bajar que el cauce sea interminable. Tanta profundidad... va... quiero decir que cuánta profundidad habrá en esta zona del río; o sea debajo nuestro. En fin, me saco una foto con lentes de sol y me gusta ilusionarme con que después la pondré como perfil de una red social como si eso fuera también el pulso superfluo de las cosas que van siendo.
15 septiembre, 2017
Rally
Recordaba a la chica de la que habla Jack Kerouac en eso que creo es una especie de borrador o suplemento de su gran novela. Una linda rubia se llama el texto. Todo ese fastidio ese cansancio, a pesar de haber ido primero a tomarse un helado, es que él sabía y se daba fuerzas, y ahí está fracasando y hasta monologa y se jura que no va a estar más así. Nadie sabe hacer dedo como él y sin embargo en ese momento está completamente fuera de combate y por tan poco; es el crepúsculo o es el amanecer, creo que Jack dice que su amigo el griego se queda dando vueltas en la playa y ya se hace de noche o ya es noche. Entonces se detiene esa rubia puff si me detuviese yo a hacer la descripción de esa rubia no terminaría nunca, él refiere detalles increíbles como por ejemplo tenía una pulserita divina en su tobillo -divino no es un término de kerouac- ¡y cómo! o sea ¡uau! ya vio la pulserita, no sé cómo, fue un golpe de vista la rubia despanpanante hablaba por la ventanilla pero él ya había visto esa pulsera. Y toda esa conversación fresca. Eso viene de inmediato y sería hermoso poder contarlo. Porque jack es para mí ese gran motivador eso que siempre vas a leer y te devuelve casi de inmediato esas ganas de dártelas de frente con un texto que aún no existe. Y que venga rápido lo más rápido que se pueda.
A mí todo esto me trajo el recuerdo de estar sentado en un jardín una mañana de invierno con sol. Una chica me ofrece galletitas de agua estira su brazo hacia mí que la miro bobo. Su brazo es como el brazo de una bailarina. Es largo es un brazo que no termina nunca. Blanco estilizado como de goma. Toda esa plasticidad se va mezclando con otras cosas todo va y viene, ella me cuenta que tiene una hija pequeña y que vive en una especie de altillo que esta en su casa materna. Me habla de arte, es escultora, me habla de siestas, de escuelas de arte de tomar sol. En ese momento el sol le da en la cara mientras mastica una galleta de agua. Me mira con un ojo entrecerrado y veo sus dientes grandes y blancos otra vez. Sus dientes grandes me recuerdan a Kafka a sus amantes por correspondencia; Felice, Milena. Es como tener un amorcito por wsap en su carácter real-virtual. Al padre, a la belleza de los bichos. Al sexo, a los enigmas, al clítoris. No sé qué estoy mirando estoy mirando un cartel que dice: a la regrette!! Y escucho una voz que saluda pero a otro. Cuando puedo mirar veo que se aleja, todo tiene cierta familiaridad. La veo a la chica, pasa junto a mí cuando ya somos viejos. Y el problema del sueño de si estoy dormido o si estoy despierto y que no puedo saber ni una cosa ni la otra... ahora es... se formula así; ¿es la chica esa de flequillo con sobretodo negro? ¿Es la que cruza la calle y lleva algo en la mano y aprieta los labios como si los tuviese sellados? Es la que sube al colectivo al mismo que voy a tomar yo, pero estoy del otro lado.
09 julio, 2017
Under the brige
Solo los grandes amigos te pueden regalar una vista al mar. Algo under the brige como la canción de Red hot chilli pepers, algo bien animal, bien apetecible como comer con hambre salado de mar una foca despanzurrada. Tocar lo animal, lo irracional, lo puro, lo encontrado de manera azarosa. Los locos echan manos al plato de comida la aprietan como si fuese que dejan un pescuezo sin oxígeno. Pero en verdad se trata de sentir la materia. Pero no jugábamos con la comida, no. Pero caminábamos por la arena siempre under the brige. La arena brillaba y era el siglo o sea el otro, el único al que se llama Siglo como en ese texto de Badiou.
En verdad los amigos te pueden regalar una foto, un beso, sexo, excesos, anécdotas, algo parecido a la identidad, muchas puertas, accesos, aburrimiento y sensaciones, risa. Todo under the brige. Últimamente venía pensando que solo puedo escribir sobre sueños o sea sobre el contenido de sueños y siempre que los recuerdo siempre se me aparece esa mujer. Nunca me dice nada simplemente está ahí, recuerdo su cabello y casi puedo olerlo. Ya que no se me ocurre ninguna idea para escribir ya que tampoco me puedo conectar con algo ni tengo experiencias interesantes para relatar... creo que debería internarme bien under the brige allá en el pasado. Empecé hablando de los amigos de las puras heterogeneidades que han de ser los amigos porque un amigo que se parece a uno es un engaño. Un amigo es como algo que no se puede escuchar por lo menos under the brige está la muerte y eso siempre es una tentación como cuando Jung y Freud discuten y de repente Freud se pone re nervioso y se descompensa se cae se siente perder y Jung -es más joven- lo toma y le levanta la cabeza y Freud se acuerda de Thanatos y dice, se dice, algo así como debe ser dulce morir. Historias de encuentros y desencuentros. Venía con las bolsas de las compras la leche, las bananas, el café, una lata de duraznos de oferta, una botella de vodka, galletitas dulces, fideos spaghetti... y rememoro la traición a un amigo. Mí traición a un amigo. La traición a un amigo siempre es la voz de una mujer que me dice que descanse que me duerma que todo está bien que todo va a estar bien. Eso me gusta, escuchar esa voz me gusta. Cuando me muera lo único que quiero es que me canten una canción de cuna y ya.
En verdad los amigos te pueden regalar una foto, un beso, sexo, excesos, anécdotas, algo parecido a la identidad, muchas puertas, accesos, aburrimiento y sensaciones, risa. Todo under the brige. Últimamente venía pensando que solo puedo escribir sobre sueños o sea sobre el contenido de sueños y siempre que los recuerdo siempre se me aparece esa mujer. Nunca me dice nada simplemente está ahí, recuerdo su cabello y casi puedo olerlo. Ya que no se me ocurre ninguna idea para escribir ya que tampoco me puedo conectar con algo ni tengo experiencias interesantes para relatar... creo que debería internarme bien under the brige allá en el pasado. Empecé hablando de los amigos de las puras heterogeneidades que han de ser los amigos porque un amigo que se parece a uno es un engaño. Un amigo es como algo que no se puede escuchar por lo menos under the brige está la muerte y eso siempre es una tentación como cuando Jung y Freud discuten y de repente Freud se pone re nervioso y se descompensa se cae se siente perder y Jung -es más joven- lo toma y le levanta la cabeza y Freud se acuerda de Thanatos y dice, se dice, algo así como debe ser dulce morir. Historias de encuentros y desencuentros. Venía con las bolsas de las compras la leche, las bananas, el café, una lata de duraznos de oferta, una botella de vodka, galletitas dulces, fideos spaghetti... y rememoro la traición a un amigo. Mí traición a un amigo. La traición a un amigo siempre es la voz de una mujer que me dice que descanse que me duerma que todo está bien que todo va a estar bien. Eso me gusta, escuchar esa voz me gusta. Cuando me muera lo único que quiero es que me canten una canción de cuna y ya.
07 junio, 2017
Agotados y aliados
Las pesadillas de las últimas dos semanas fueron sobre el amor. En una de ellas estabas ahí suplicando y llorando, pero por qué. La otra era todo una confusión. La otra ya no la recuerdo.
Y es cierto que en el nado desfallecía, pensaba en el corazón, en el electro, en la edad. En los otros que se alejaban. En el río no se ve nada, y eso es siempre desesperante; no ver el fondo. Un nadador dijo que entonces para qué llevar antiparras si total no se ve el fondo y no hay cloro del que protegerse. Había que nadar diez kilómetros río abajo y las únicas referencias eran la orilla a la izquierda y los barcos que pasaban más o menos lejos, hacia el horizonte. Ese mas o menos era relativo. De repente un barco estaba cerca y eso no era bueno porque significaba que se estaba nadando torcido; por la fatiga... y era difícil enderezar el envío. Además no era recomendable acercarse tanto al curso de las embarcaciones, era siempre peligroso para la fragilidad del cuerpo. Los barcos con sus hélices gigantes forman remolinos y chupones. Imaginar todo eso en la oscuridad parda del nado a brazas no es para nada agradable. Estas pesadillas son sorprendentes, son típicas de los momentos en que el cuerpo está exhausto y la conciencia experimenta miedos variados. Mi pesadilla era... Cómo lo diría Beckett. Simplemente lo diría. Pero lo cierto es que lo más difícil es simplemente decirla. Por lo demás cuál es el tema aquí o bien es aquello en que fallo o bien es el cansancio sin más. Estaba tan compenetrado con mi pesadilla... me hundía. Sentí como convulsiones que eran mi intento de despertar de tales pensamientos y fantasmas. No solo no llegaría a la meta como el resto de los nadadores sino que me moriría en el intento. Abdomen duro, simetría, glúteos endurecidos, recorrido de la brazada y aceleración progresiva. Allá iba todo rodeado de fantasmas como en enjambre, ojalá el enjambre empujara un poco como patas de rana que me sostuvieran desde atrás. Desde abajo; desde todos lados o proveyéndome transversales, una buena perpendicular el eje tierra el eje cielo. Acaso los nadadores olímpicos se verán asaltados por tales pesadillas cuando nadan quinientos de estilo libre. Tal vez ellos han sabido hacer de los fantasmas verdaderos aliados y por eso triunfan.
27 mayo, 2017
Sobre un sueño
Tuve un sueño rarísimo. Siempre me paro frente a la vidriera de la tienda de vinos y me quedo mirando las botellas. Nunca compro nada. Hay una promo de ron, tienen muchas promo algunas de bebidas con alcohol y gaseosas o jugos. Los adolescentes también siempre se paran a mirar como yo y no compran. La promo de dos botellas de ron el año pasado salía un 40% por debajo de lo que hoy. Esa tienda de vinos está sobre la avenida cerca de la esquina al lado de la panadería donde la gente se sienta a tomarse un café y observa hacia la calle por la vidriera. Por qué -me quejo-, me dejaste afuera de esto, por qué me dejaste afuera, -le decía yo al padre- porque éste se había asociado con unos compañeros del trabajo y habían comprado la boutique de vinos. El fondo de comercio -pregunto- eso es no... de eso se trata... Me dice sí, -como si yo preguntase algo sabido por cualquiera-. Como que ahora la tienda de vinos había bajado un poco el nivel, solo vendían segundas marcas, casi todo aperitivos. Al final les pedí que me contraten porque tenía varias mañanas libres y entonces iba a poder aprovechar bien el tiempo lo que pasa que no quedaba muy claro para qué iban a abrir desde tan temprano. Porque, quién iba a ir a comprar vino a las 8 o 9 de la mañana. Esto era como cuando Beckett cuenta que está ahí todo el día en el banco tirado sin hacer nada... pero sin desear nada más. De pronto una mañana entra al negocio una mujer madura y empieza a hacer preguntas. En la cuadra por momentos sobre todo a la tarde se siente un aroma intenso a bosta de caballo porque cerca hay un emplazamiento del ejército y debe haber cuadras. Los caballos nunca se ven por ningún lado. Solo falta el establo para que me mude. Y si puedo llevarme a la mujer al establo a dormir conmigo... Me doy cuenta de que yo quería que el negocio se abriese por la mañana para ver si entraba alguna mujer sola, aburrida con ganas de divertirse. Beckett jamás se la hubiese llevado al establo a la mujer. La mujer hubiese aparecido simplemente durmiendo a su lado. Ojalá la suerte becketiana se me posara como una varita, como una hada madrina. Ese momento oportuno en que hay que hacer las cosas, -el amor no se ofrece todo el tiempo- y tomar las grandes decisiones. Pases al pie del destino se diría. Para no retornar a la miseria o para salir, es como el tiempo que da el hada diciendo no se puede ir más allá del límite (horas) y la puerta que se abre se abre siempre pero nunca se sabe cuándo. Las horas llegan o simplemente se avisan cuando ya no hay casi nada de tiempo para planear. Es igual que la puerta de Kafka siempre estuvo abierta, va... igual es como cuando se dice que la vida siempre te da otra chance.
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