21 enero, 2016
Estaba Cristina
En una reunión de trabajo alguien me dijo mirá ahí está Cristina. Fue una gran sorpresa estaba Cristina entre la gente y quise ir a saludarla. Me hubiese gustado ir y pedirle permiso para sacarme una foto. Cristina sabe sacar buenas selfies. Yo le dije a un compañero; mirá vos estamos acá en la periferia y al final vienen, quiénes, me dijo, quiénes, vienen, no sé, personalidades, grandes políticos funcionarios importantes. Cristina estaba igual que como la vimos siempre es una de las pocas personas que estaba igual que como la vimos siempre. A lo último me animé y me acerqué a saludarla: Cristina, dije. Me miró, me miró directo a los ojos y se me quedó mirando un largo tiempo. Sonrió un poquito. Le pude dar un beso. Apunté hacia Cristina y hacia mí para sacar esa foto para después poder mostrarla diciendo me saqué una foto con Cristina. Me puse un poco nervioso el sudor de las manos no me permitía presionar como era necesario. La pantalla se puso como resbaladiza. Ya había otros que le querían hablar a Cristina como que Cristina miraba medio de soslayo pero no se iba de la pose de la foto hasta que al final ella misma también acercó un poco su mano, apretó la pantalla y la foto salió. Con otro compañero nos quedamos hablando del otro día cuando este compañero había estado en la comisaría demorado por un siniestro ocurrido en la vía pública y que le debían tomar las huellas. Estaba en la parte de inventarios y el ayudante a cargo le había tomado las manos y con un rodillito todo embadurnado en tinta negra le cubría todos los dedos, los diez dedos. Y siempre le repetía lo mismo, estás muy nervioso por eso la tinta no toma. También hablamos sobre un acto en provincia de Buenos Aires donde había estado Cristina inaugurando la ampliación de una autopista, después de las formalidades Cristina fue a saludar a la gente. Se amontonaron miles. Este compañero había llegado muy temprano y estaba allí pegado a la valla -a diez pasos de Cristina como mucho- y le gritó; Cristina! Cristina! A la segunda vez que le gritó Cristina identificó a la persona y miró a este compañero. Él le hizo la v pero se la hizo cruzando el brazo derecho hasta dar con el otro hombro; en consecuencia la v era una v hecha con los dedos y la mano mostrando el dorso hacia afuera. Inmediatamente Cristina lo corrigió con un gesto mostrándole la v como debe ser. El compañero dijo que Cristina dijo que así no, así. Estos dichos el compañero los llevaba a cabo con una gran mímica de manos y boca para ilustrar todo el asunto de la escena. La mano dirigida hacia el interlocutor sin invertir en ningún momento ni la mano ni el brazo, juntar los tres dedos pulgar, anular y menique como si quedaran contenidos por el pulgar y los dos restantes formando la v.
13 enero, 2016
Sacrificios
Recostado en la cama. Las sábanas algo húmedas pero todavía limpias. Y todavía faltaba buen tiempo para que sonara la hora del trabajo. El teléfono de levantarse temprano cerca de la cabeza. El otro del otro lado cargándose e iluminó todo el cielo raso. No sé cómo pero abrió un ojo, sin sonido sin vibración más que la luz.
Muchas veces fue corriendo a levantar ese mensaje donde sea en la pantalla que sea. Porque como ya tantos lo han dicho allí habita el amor. El zapato extraviado, la varita, la manzana envenenada, el espejito, lo azul.
Pero le dijo: llevarás al hijo a un monte que en momento oportuno yo te anunciaré y allí lo darás en sacrificio y él ya anciano con un resto de fuerza quiso rebelarse o al menos pensó en hacerlo si no con las acciones con el pensamiento pero el otro lo reprendió inmediatamente porque podía leer sus pensamientos más íntimos. Así fue que con indescriptible angustia se dirigió a su casa y al preguntarle su mujer que por qué tenía esa cara acongojada -como si todo le hubiese sido aquella tarde arrebatado-, él, la miró, y ya sin poder contener lágrimas a raudales que le comenzaron a brotar de los ojos, le dijo a su mujer tan entrada en años que sí que todo le había sido arrebatado aquel día. Todo su ser y esperanza y razón para vivir de un plumazo se le había ido de las manos. Acto seguido le dijo a su mujer que mandara a llamar a un sirviente y cuando éste se hizo presente que avisara a su primogénito que partirían para un viaje. Salieron. Al llegar al lugar indicado el hijo le preguntó que por qué no llevaban el animal para el sacrificio a lo que el padre miró al hijo conteniendo con gran dificultad las lágrimas y diciendo con gravedad... Alzando con gravedad un dedo, el dedo corazón como se suele hacer en estos casos. Sin citar, prefiriendo no traer otra vez las palabras del libro, mejor le pareció hablar de las pantallas. Las mismas que le devolvieron la luz a uno de los sentidos más olvidados, el de las caricias, la piel y las texturas. Con un solo ojo abierto, el otro lleno aún de sueño de líquenes que recordaron el like de hacía nomás unas horas. El dedo se extendió como si fuese un fresco de la Sixtina recién restaurado. Hacia la pantalla para verla con un solo ojo antes de que sea demasiado tarde. A alguien nunca visto le dijo voy a hacer sacrificios me convencí con tus fotos y lo voy a hacer. Usó esa palabra, la palabra sacrificio, y se quedó esperando en la pantalla de la esperanza.
Muchas veces fue corriendo a levantar ese mensaje donde sea en la pantalla que sea. Porque como ya tantos lo han dicho allí habita el amor. El zapato extraviado, la varita, la manzana envenenada, el espejito, lo azul.
Pero le dijo: llevarás al hijo a un monte que en momento oportuno yo te anunciaré y allí lo darás en sacrificio y él ya anciano con un resto de fuerza quiso rebelarse o al menos pensó en hacerlo si no con las acciones con el pensamiento pero el otro lo reprendió inmediatamente porque podía leer sus pensamientos más íntimos. Así fue que con indescriptible angustia se dirigió a su casa y al preguntarle su mujer que por qué tenía esa cara acongojada -como si todo le hubiese sido aquella tarde arrebatado-, él, la miró, y ya sin poder contener lágrimas a raudales que le comenzaron a brotar de los ojos, le dijo a su mujer tan entrada en años que sí que todo le había sido arrebatado aquel día. Todo su ser y esperanza y razón para vivir de un plumazo se le había ido de las manos. Acto seguido le dijo a su mujer que mandara a llamar a un sirviente y cuando éste se hizo presente que avisara a su primogénito que partirían para un viaje. Salieron. Al llegar al lugar indicado el hijo le preguntó que por qué no llevaban el animal para el sacrificio a lo que el padre miró al hijo conteniendo con gran dificultad las lágrimas y diciendo con gravedad... Alzando con gravedad un dedo, el dedo corazón como se suele hacer en estos casos. Sin citar, prefiriendo no traer otra vez las palabras del libro, mejor le pareció hablar de las pantallas. Las mismas que le devolvieron la luz a uno de los sentidos más olvidados, el de las caricias, la piel y las texturas. Con un solo ojo abierto, el otro lleno aún de sueño de líquenes que recordaron el like de hacía nomás unas horas. El dedo se extendió como si fuese un fresco de la Sixtina recién restaurado. Hacia la pantalla para verla con un solo ojo antes de que sea demasiado tarde. A alguien nunca visto le dijo voy a hacer sacrificios me convencí con tus fotos y lo voy a hacer. Usó esa palabra, la palabra sacrificio, y se quedó esperando en la pantalla de la esperanza.
20 diciembre, 2015
Cuadro de mi abuelo y el Pata
En la casa de mis abuelos había un cuadro
en un rincón destacado
había un tapiz
un jarrón
los adornos siempre estuvieron en el sitio de siempre.
Siempre miraba esas cosas si bien me importaban más
/los caramelos del bahiut.
Había sobre todo un retrato de mi abuelo en blanco y negro
él siempre salía bien en las fotografías
debe ser meritorio eso, pues,
se sacaban una
una
no como ahora con celu en mano una y otras tres
/por si acaso...
En ese retrato mi abuelo está sentado sobre césped en un
/jardín
una
no como ahora con celu en mano una y otras tres
/por si acaso...
En ese retrato mi abuelo está sentado sobre césped en un
/jardín
como todo antes... si la gente iba a la cancha en traje...
aquel jardincito siempre estaba arreglado como todo antes
con sus petuñas florido y decente
con sus petuñas florido y decente
y en la foto mi abuelo está con un perro de esos Fox terrier
el pata me dijo mi abuelo que era su nombre
o lo recuerdo porque lo conocí, creo, al pata,
él, lo tiene al perro entre las piernas
mi abuelo sonríe y el perro con la lengua afuera
los ojos negros de perro tapados de pelos grises tupidos
"complices" titularía la foto si yo la hubiese sacado.
Alguna vez yo también voy a intentar tener una así
por suerte voy a sacar muchas y elegir la mejor
en la primera entrecerraré los ojos con torpeza
en la segunda se me irá un ojo pa no sé donde
tal vez en la tercera sí aparezca dócil y lindo
la foto seguro la va a sacar tantunita porque es la dueña de
/la perrita
/la perrita
pero después me apropio del cuadro lo cuelgo en mi casa
en una habitación que no existe
en un tiempo que habrá que ver si llega
ahí estamos.
11 diciembre, 2015
Entre estar o aparecer
La mujer que me sale al encuentro
me dice que me cuide
tenga cuidado
suerte
que esté bien
y me acompañen los ángeles
me despide
doce veces al año, me la cruzo,
al entrar al palier de un edificio
al salir de un garage
en un baño público.
Esa mujer con escoba en mano
dientes blanquísimos y alineados
carnes magras
tonos ocres y oscuros...
me pregunto, si esa mujer,
existe o es un fantasma.
16 noviembre, 2015
Poca cosa
Cómo decir que todo todo esplende esa luz, ese calor justo. Las miradas están en un justo equilibrio. Pero las cosas se caen, se marchitan rápido como quemadas por un ácido invisible. En la esquina están paradas unas mujeres con polleras que les cubren casi entera la pierna y casi todas tienen en su mano un libro de salmos, sus expresiones idénticas, como por decidir hacia dónde, hacia cuál. Militan la palabra del Señor. Una mujer joven pasea a su perro. Un tipo está sentado en la esquina dentro del bar con grandes vidrieras por donde ver hacia la calle, no lee el diario que reposa entre sus manos sobre la mesa. Fuma y observa lo que pasa. Al costado de las vías, en la calle que está al costado, hace rato que las vías no vibran y se endurecen al sol porque el tren se distancia. La peluquería nueva está cerrada, antes había un delivery de comida asiática, el cartel quedó, solo el cartel del lado exterior del local a una cierta altura considerable. Adentro del local había pintado un mural con muchos colores que seguro habían hecho todos los amigos -peces, sirenas y flores- antes de que inaugurara, ahora ya no quedaron rastros de nada de todo aquello, solo hay espejos sobre fondo blanco, un cuadro de naturaleza muerta comprado en un bazar, una cataratita de mesa que se enchufa se ilumina y rueda agua sobre unas pequeñas piedras artificiales. Cambio permanente. El universo es así. La bolsa de las compras se estruja entre las manos, va para un lado va para el otro. El barrio el domingo a la mañana parece otra vida, otra velocidad irreconocible. Y la bolsa es acariciada por un suave viento que entibia. Con tan solo la carne. La colita de cuadril, el bife de chorizo y la falda parrillera; otros cortes no había, ni achura... menos. Cuando todos pregunten por el chorizo habrá que explicarles que por comprar a último momento lo que hacía falta para hacer un asado ya chorizo no había. Ya la tengo la conseguí la llevo. Todo lo que se venía cayendo ya no se va a caer. El día se venía cayendo, aunque todo esplendía, no importa cuando algo se tiene que caer se va a caer, cuando el amor y/o una reunión imposible se tiene que caer se cae. Las cosas no se levantan ni levitan porque sí pero las cosas sí se caen y se estrella todo desde el firmamento hasta el suelo porque es así. Pero lo que es simple es simple, ¿encontrar una carnicería abierta un domingo a la mañana es raro o simple? Si es temprano es probable que algo le quede al carnicero además de un montón de milanesas apiladas que no se van a caer porque se agarran unas a otras se aferran, el pan rayado, los granos con los granos como arena seca. La bolsa se llena con carne fresca que no sangra tal vez sangre después más tarde en la misma bolsa formando un charco de sangre coagulada o ya sobre las brasas los hilos queden estáticos, semisólidos, como estalactitas rubí. Todo se levanta como si el día recomenzara, pero de otra manera, con la fuerza de una bolsa llena de carne que se lleva y que va de un lado al otro con ritmo, una bolsa que es bien llevada de la manija sin que duela para nada que pese casi tres kilos y haya que transportarla varias cuadras y después cargarla en un bolso y en un baúl de un auto para cruzar la Gral Paz o cualquier otra autopista que saque a la gente el fin de semana para que descanse y consuma y vuelva al rato en medio de interminables desfiladeros de autos que se paran todo el tiempo, se paran, sin que nunca se pueda saber por qué pasa lo que pasa; toda filosofía del embotellamiento muere siempre ahí. Tanto como una bolsa. ¿Tenés ganas? Me dicen. Si te parece podemos. Sí está bien ¿conocés alguno? No sé dónde vamos a conseguir. Dice que no hay tren. El tren diesel. Pan. Poca señal. Estamos prendiendo el fuego.
07 noviembre, 2015
Ahora wsap cambió
Hasta que me metí aquí dentro no me di cuenta de lo que es el sol y el agua.
Es lo único dudoso que tiene el útero; no hay luz, no hay sol, pero sí agua y calor. Se puede, en el útero, hacer la vuelta de roll. Se puede y lo mejor es que golpear la cabeza contra la placenta no debe doler nada. Nadie pregunta si afuera está lloviendo porque a nadie le importa o porque aún no existe límite entre afuera/adentro. No se vaya a decir lo que todos esperan que se diga. Lo cierto es que al ver esos débiles rayitos de sol atravesando la gran carpa del natatorio hecha de paredes semitransparentes, se nota que afuera no llueve y adentro no llueve. Vuelta de roll.
El wsap se llenó de pronto de chiquitos de color, de chiquitos negros, de chiquitos de los barrios por donde vienen bajando gigantescas oleadas de barro donde surfean todos los otros elementos que se pueden poner para expresar ideas o estados de ánimo o momentos del día o materiales con los cuales se práctica un deporte que es para los chicos que son como el color de la pantalla o que son amarillos como los simpson. Y en los que nadie sabe de qué modo, a través de qué misterioso alineamiento los chicos que dicen; yo soy negro, son los mejores. Los superdotados de la basura, los superdotados de la disfunción, los superdotados del abandono, los superdotados de las calles mal iluminadas donde unas historias clínicas de tuberculosos se hacen añicos en el pavimento. Pelotas de fútbol, bates de béisbol, remos, salvavidas, pelotas chicas y medianas, guantes para realizar distintas destrezas.
La noticia es la que se dice así; el wsap cambió introdujo un cambio, algo amplió, creó un mosaico más amplio en las pantallas y en el abanico de posibilidades y de colores que puede ver un ojo y remitir un dedo. Un chiquito hace la vuelta de roll y ve que ya no está en el útero. La madre dice que el día que naciste yo me fui. Naa imposible ninguna puede. Yo me fui, dice, te dejé con una que estaba ahí al lado porque había otra cama al lado y te dejé y me fui apenas naciste. Me tuvo y después se fue a bailar dice un chiquito. Mi mamá me tuvo y ahí le dijo a una que estaba al lado que si me cuidaba y se fue a bailar, dice una chiquita. Te tuve y me fui a bailar ¿no es acaso el nombre de una canción? Entonces de todos los costados donde está parado y parada empieza a hacerse grande la ola y van surfeando sobre el barro y una risa y otra risa y otra risa. Es una catarata de chistes que va bajando y arrastra... Te tuvo y se fue a bailar, te tuvo y se fue a bailar.
Es lo único dudoso que tiene el útero; no hay luz, no hay sol, pero sí agua y calor. Se puede, en el útero, hacer la vuelta de roll. Se puede y lo mejor es que golpear la cabeza contra la placenta no debe doler nada. Nadie pregunta si afuera está lloviendo porque a nadie le importa o porque aún no existe límite entre afuera/adentro. No se vaya a decir lo que todos esperan que se diga. Lo cierto es que al ver esos débiles rayitos de sol atravesando la gran carpa del natatorio hecha de paredes semitransparentes, se nota que afuera no llueve y adentro no llueve. Vuelta de roll.
El wsap se llenó de pronto de chiquitos de color, de chiquitos negros, de chiquitos de los barrios por donde vienen bajando gigantescas oleadas de barro donde surfean todos los otros elementos que se pueden poner para expresar ideas o estados de ánimo o momentos del día o materiales con los cuales se práctica un deporte que es para los chicos que son como el color de la pantalla o que son amarillos como los simpson. Y en los que nadie sabe de qué modo, a través de qué misterioso alineamiento los chicos que dicen; yo soy negro, son los mejores. Los superdotados de la basura, los superdotados de la disfunción, los superdotados del abandono, los superdotados de las calles mal iluminadas donde unas historias clínicas de tuberculosos se hacen añicos en el pavimento. Pelotas de fútbol, bates de béisbol, remos, salvavidas, pelotas chicas y medianas, guantes para realizar distintas destrezas.
La noticia es la que se dice así; el wsap cambió introdujo un cambio, algo amplió, creó un mosaico más amplio en las pantallas y en el abanico de posibilidades y de colores que puede ver un ojo y remitir un dedo. Un chiquito hace la vuelta de roll y ve que ya no está en el útero. La madre dice que el día que naciste yo me fui. Naa imposible ninguna puede. Yo me fui, dice, te dejé con una que estaba ahí al lado porque había otra cama al lado y te dejé y me fui apenas naciste. Me tuvo y después se fue a bailar dice un chiquito. Mi mamá me tuvo y ahí le dijo a una que estaba al lado que si me cuidaba y se fue a bailar, dice una chiquita. Te tuve y me fui a bailar ¿no es acaso el nombre de una canción? Entonces de todos los costados donde está parado y parada empieza a hacerse grande la ola y van surfeando sobre el barro y una risa y otra risa y otra risa. Es una catarata de chistes que va bajando y arrastra... Te tuvo y se fue a bailar, te tuvo y se fue a bailar.
06 noviembre, 2015
Cuando nada en un estado
Hay algo en mi infancia que es mágico y extraño. Creo que soy de las últimas generaciones que dirían que en su infancia hay algo felizmente Unheimlich, para traerlo a la manera de todos los que se hacen eco de algún dictum de Freud. Como sea, es mágico porque puedo casi palpar las tardes cazando mariposas multicolores, sentir sus polvos de sus cuerpos frágiles sacrificados para nada, como leves maquillajes puros. Los chicos se arremolinan como pájaros por las calles y el que no tiene una bicicleta es como que no tiene las alas. Las bandas van y vienen de una cuadra a la otra cada esquina es un límite que divide mundos que solo se atraviesan después de mucho darle vueltas al asunto. Todo termina mal. Me voy llorando, aunque nadie me ve llorar. Tal vez estoy llorando pero llorar bajo la lluvia torrencial es un gran efecto de maquillaje.
De repente la tarde se pudrió se largo a llover y en medio de aquella naturaleza de barrio poblada de bichos salieron sapos de todos lados. La calle estaba abarrotada de sapos oscuros que saltaban contentos, ni autos pasaban por allí y menos con esa lluvia refrescante pero intensa. Los chicos odiaban a los sapos, yo amaba a los sapos aunque aceptaba que su aspecto era un tanto impresionante. Ese día aprendí que a veces la lengua intenta con ciertos efectos rimbonbantes acompasar la realidad. Aprendí que la terminación -azo sirve para aumentar la fuerza, los ímpetus, los desgarros. Un cascotazo voló y muchos volaron y los chicos reventaron a los sapos. Y los que no eramos los chicos reventamos en los ojos de los sapos. Como un sapo. A veces uno es chico y siente vergüenza de contar que otros mataron a los indefensos sapos; vergüenza de estar reventando con ojos asesinos. O confesar que a uno a la salida de la escuela lo cagaron a piñas.
Esas cosas pasan.
A uno lo cagan a cualquiera lo cagan y está en el reflejo de los ojos de un sapo al que mata y otro día es el sapo que cae en otro pozo y así se repite hasta que revienta cualquiera. Impotencia. Me quedé ahí parado en el medio de la calle, después de haber lanzado con furia un cascotazo que describió una comba breve y vertiginosa se clavó en la zanja que es una acumulación desproporcionada de agua fétida junto al cordón de la calle. Se alejaron todos rápido, a los saltos, el almacenero me puteó y me echó de ahí. Pasé por la escuela primaria y en la secretaría me entregaron el certificado de estudios primarios concluidos. El encierro. Esperar. Aguantar.
Y si hay... una rana. Y si... está loco. Y si hay una rana que cuando nada. Y si... está loco... Y si la rana está en un estado. Y si está más loco... Y si cuando nada la rana. De vuelta y si cuando la rana nada está en un estado. Está loco. Y lo que hacía mi hermana era agarrar un montón de ranas va... no sé si eran ranas o sapos o qué eran pero eran re chiquitas de eso me acuerdo y las metía todas un montón en una botella y les echaba nafta y las prendía fuego.
De repente la tarde se pudrió se largo a llover y en medio de aquella naturaleza de barrio poblada de bichos salieron sapos de todos lados. La calle estaba abarrotada de sapos oscuros que saltaban contentos, ni autos pasaban por allí y menos con esa lluvia refrescante pero intensa. Los chicos odiaban a los sapos, yo amaba a los sapos aunque aceptaba que su aspecto era un tanto impresionante. Ese día aprendí que a veces la lengua intenta con ciertos efectos rimbonbantes acompasar la realidad. Aprendí que la terminación -azo sirve para aumentar la fuerza, los ímpetus, los desgarros. Un cascotazo voló y muchos volaron y los chicos reventaron a los sapos. Y los que no eramos los chicos reventamos en los ojos de los sapos. Como un sapo. A veces uno es chico y siente vergüenza de contar que otros mataron a los indefensos sapos; vergüenza de estar reventando con ojos asesinos. O confesar que a uno a la salida de la escuela lo cagaron a piñas.
Esas cosas pasan.
A uno lo cagan a cualquiera lo cagan y está en el reflejo de los ojos de un sapo al que mata y otro día es el sapo que cae en otro pozo y así se repite hasta que revienta cualquiera. Impotencia. Me quedé ahí parado en el medio de la calle, después de haber lanzado con furia un cascotazo que describió una comba breve y vertiginosa se clavó en la zanja que es una acumulación desproporcionada de agua fétida junto al cordón de la calle. Se alejaron todos rápido, a los saltos, el almacenero me puteó y me echó de ahí. Pasé por la escuela primaria y en la secretaría me entregaron el certificado de estudios primarios concluidos. El encierro. Esperar. Aguantar.
Y si hay... una rana. Y si... está loco. Y si hay una rana que cuando nada. Y si... está loco... Y si la rana está en un estado. Y si está más loco... Y si cuando nada la rana. De vuelta y si cuando la rana nada está en un estado. Está loco. Y lo que hacía mi hermana era agarrar un montón de ranas va... no sé si eran ranas o sapos o qué eran pero eran re chiquitas de eso me acuerdo y las metía todas un montón en una botella y les echaba nafta y las prendía fuego.
30 julio, 2015
Nadadores
Afuera hace un frío terrible, encima está lloviendo y cada gota helada puede hacer que la piel más gruesa y resistente se sobresalte de chuchos. Pero adentro del natatorio esta calentito. Todo irreal. Esa asepsia, ese olor a cloro ese calor del ambiente, la sangre se pone confusa enseguida. Y... de vuelta como dice Basho:
cuando nada, la rana,
está en un estado
de completa entrega
En la pileta todos los andariveles están ocupados con nadadores. Cada andarivel tiene a su vez dos carriles divididos por una línea de agua imaginaria. Salvo que el nadador sea muy novato -y sobre todo los inexpertos cuando nadan de espalda suelen perder la dirección y chocan torpemente al que viene en sentido contrario- en general la ida y la vuelta y los cruces son perfectos, sin roce siquiera. ¡Crang! Afuera un trueno estremece la gran carpa que rodea como una estructura rígida la pileta cubierta, pero dentro del recinto todo es un continuo splash y chapoteos que se repiten como si los produjera una máquina, porque los nadadores a diferencia de otras actividades deportivas carecen de la idiosincrasia y del efecto lúdico. Es un deporte austero. Son autómatas que producen rutinas y cuanta mayor es la velocidad y menor la producción de descansos, y entonces las brazadas no cesan, parece como que toda la maquinaria se compactara y como toda máquina de calidad al ser sobreexigida funciona mejor. No puede desconocerse tampoco que a diferencia de otras actividades los nadadores usan traje esto en su caso no destaca individualidades, como sucede en las canchas, donde se ve al lindo del equipo, al musculoso, al galán barbado por citar meros ejemplos. Las antiparras, la gorra y los trajes de baño lo homogeneizan todo. Hasta se da el caso de que algunos en invierno nadan con remeras medio ajustadas. Lo peculiar tiende a desaparecer entre los nadadores. Y por ejemplo aquí en el tercer andarivel contando desde el lateral que mira al sur este tercero está abarrotado, son como diez nadadores, demasiados, no se chocan solo por el alto rendimiento que demuestran. Sucede que pese a esa total indiferencia con la que suelen realizar su trabajo físico, ese anonimato y esa individualidad exacerbada al observarlos detenidamente se ve que ese individualismo no es de tipo vano sino del tipo isla pero islas dominadas por una corriente que las hace funcionar en conjunto. Partes de un solo organismo que se compone de pataleos, brazadas, respiraciones bilaterales, vueltas americanas en cada extremo y cuando paran lo hacen todos juntos. Como siguiendo sin cuestionarse nada el gesto del primero que lo quiso hacer. Como esos peces que nadan en cardumen y doblan porque dobla uno y todos doblan y nada más.
Hace como diez piletas que no paran. La cuenta se pierde porque son muchos y nadan rápido. En la repetición del gesto, de la fuerza de la extenuación todo se va desdibujando -la tinta acuática es de lo más efímero- y solo quedan las ondas sobre el agua. De pronto una nadadora se detiene, la que viene atrás hace lo propio y el siguiente, y el siguiente, y la siguiente, y la siguiente, todos buscan un espacio para tomarse del borde y respirar. Hay que tomarse porque están en la zona profunda. Llega otro y se toma, el siguiente con dificultad todavía encuentra un último resquicio para depositar su mano y aferrarse. Todos los cuerpos se van apilando uno tras otro y extienden la extremidad para sostenerse del borde, los últimos en apilarse deben extender su brazo con una gracia inaudita; ya quedan como a más de un metro y medio del borde y sin embargo necesitan sostenerse. Lo más raro de todo es que en ese apilamiento que hacen ningún cuerpo se apoya sobre el otro sino que quedan próximos como dedos de una mano con muchísimos dedos pero ningún dedo se toca con el de al lado. Como dedos que estando tan próximos nunca podrían llegar a aproximarse tanto ya que están levemente desunidos por una membrana natatoria que los mantiene estrechos y firmes en una distancia necesaria. Todo es casi. Así se mantienen en el descanso cuando ya todo es un gran estanque de renacuajos que descansan y se tornan indistinguibles los nadadores agitando algo todavía por debajo que no puede verse al enturbiarse el agua todos pegados a la orilla, negritos, flotando, agitando lo que parece ser la fina cola en forma de látigo sobre una fina capa de lodo.
Hace días busco ese texto donde Kafka habla de los nadadores, del cansancio, de la extenuación, de esos pulimentos y esas obsesiones del tipo Un artista del trapecio. Dónde está ese cuento si es que existe... Al contrario de lo que muchos opinarían por estar lo kafkiano siempre asociado a lo enfermizo y a lo sombrío, Franz Kafka fue un gran deportista y un gran nadador.
cuando nada, la rana,
está en un estado
de completa entrega
En la pileta todos los andariveles están ocupados con nadadores. Cada andarivel tiene a su vez dos carriles divididos por una línea de agua imaginaria. Salvo que el nadador sea muy novato -y sobre todo los inexpertos cuando nadan de espalda suelen perder la dirección y chocan torpemente al que viene en sentido contrario- en general la ida y la vuelta y los cruces son perfectos, sin roce siquiera. ¡Crang! Afuera un trueno estremece la gran carpa que rodea como una estructura rígida la pileta cubierta, pero dentro del recinto todo es un continuo splash y chapoteos que se repiten como si los produjera una máquina, porque los nadadores a diferencia de otras actividades deportivas carecen de la idiosincrasia y del efecto lúdico. Es un deporte austero. Son autómatas que producen rutinas y cuanta mayor es la velocidad y menor la producción de descansos, y entonces las brazadas no cesan, parece como que toda la maquinaria se compactara y como toda máquina de calidad al ser sobreexigida funciona mejor. No puede desconocerse tampoco que a diferencia de otras actividades los nadadores usan traje esto en su caso no destaca individualidades, como sucede en las canchas, donde se ve al lindo del equipo, al musculoso, al galán barbado por citar meros ejemplos. Las antiparras, la gorra y los trajes de baño lo homogeneizan todo. Hasta se da el caso de que algunos en invierno nadan con remeras medio ajustadas. Lo peculiar tiende a desaparecer entre los nadadores. Y por ejemplo aquí en el tercer andarivel contando desde el lateral que mira al sur este tercero está abarrotado, son como diez nadadores, demasiados, no se chocan solo por el alto rendimiento que demuestran. Sucede que pese a esa total indiferencia con la que suelen realizar su trabajo físico, ese anonimato y esa individualidad exacerbada al observarlos detenidamente se ve que ese individualismo no es de tipo vano sino del tipo isla pero islas dominadas por una corriente que las hace funcionar en conjunto. Partes de un solo organismo que se compone de pataleos, brazadas, respiraciones bilaterales, vueltas americanas en cada extremo y cuando paran lo hacen todos juntos. Como siguiendo sin cuestionarse nada el gesto del primero que lo quiso hacer. Como esos peces que nadan en cardumen y doblan porque dobla uno y todos doblan y nada más.
Hace como diez piletas que no paran. La cuenta se pierde porque son muchos y nadan rápido. En la repetición del gesto, de la fuerza de la extenuación todo se va desdibujando -la tinta acuática es de lo más efímero- y solo quedan las ondas sobre el agua. De pronto una nadadora se detiene, la que viene atrás hace lo propio y el siguiente, y el siguiente, y la siguiente, y la siguiente, todos buscan un espacio para tomarse del borde y respirar. Hay que tomarse porque están en la zona profunda. Llega otro y se toma, el siguiente con dificultad todavía encuentra un último resquicio para depositar su mano y aferrarse. Todos los cuerpos se van apilando uno tras otro y extienden la extremidad para sostenerse del borde, los últimos en apilarse deben extender su brazo con una gracia inaudita; ya quedan como a más de un metro y medio del borde y sin embargo necesitan sostenerse. Lo más raro de todo es que en ese apilamiento que hacen ningún cuerpo se apoya sobre el otro sino que quedan próximos como dedos de una mano con muchísimos dedos pero ningún dedo se toca con el de al lado. Como dedos que estando tan próximos nunca podrían llegar a aproximarse tanto ya que están levemente desunidos por una membrana natatoria que los mantiene estrechos y firmes en una distancia necesaria. Todo es casi. Así se mantienen en el descanso cuando ya todo es un gran estanque de renacuajos que descansan y se tornan indistinguibles los nadadores agitando algo todavía por debajo que no puede verse al enturbiarse el agua todos pegados a la orilla, negritos, flotando, agitando lo que parece ser la fina cola en forma de látigo sobre una fina capa de lodo.
Hace días busco ese texto donde Kafka habla de los nadadores, del cansancio, de la extenuación, de esos pulimentos y esas obsesiones del tipo Un artista del trapecio. Dónde está ese cuento si es que existe... Al contrario de lo que muchos opinarían por estar lo kafkiano siempre asociado a lo enfermizo y a lo sombrío, Franz Kafka fue un gran deportista y un gran nadador.
20 julio, 2015
Viaje alrededor de la manzana
Volvía de noche a la casa. Siempre las mismas cuadras el mismo viento helado. La misma desazón, todo un desierto de autos con vidrios oscuros pasando rápido y transeúntes que, si los había, eran una sombra algo que se esfumaba como una nube azul y oscura. El viento me pegaba de contra tal vez para enterrarme; vacaciones en el cementerio decía un grafiti que había leído... cuándo exactamente? Pero recordaba que aquella mañana muy temprano cuando todo se va poblando con un vértigo de marabunta los había visto. Les toqué bocina dos veces, cuatro breves bocinazos, pero no me oyeron, iban hablando, compenetrados y ligeros entre las ropas, él se inclinaba un poco hacia abajo porque ella es chiquita. Ella se estiraba un poco hacia arriba por que él le lleva varias cabezas y el sobretodo negro lo hacía parecer más alejado. Imagen de una fragilidad y una potencia. Hacedores de caminos, imparables en el amor, los seguía con la mirada, reducía marchas y los seguía entre el invierno envolvente pero a ellos los envolvía una cosa hecha de ellos mismos de su propio frío de su propio calor, la sangre que lo hace que lo hizo alguna vez y a ella la hizo esa sangre también, la parte de uno la misma para los dos. Todo tapado irreconocible me iba esfumando la mañana me echaba encima su niebla; todos intentaban escapar del frío pero no hacían más que salir como el sol. Los veía caminando a ellos compenetrados y las ropas no hacían más que flamear sin llamar la atención de nadie como pueden temblar las hojas del helecho, uno anónimo, en los balcones sin llamar la atención. Y un momento aquel... Pero la corriente de la mañana tiraba para llevarme río y calle abajo. Y estaba irreconocible con todo aquello encima para afrontar las bajas temperaturas que si me miraban no iban a adivinar que se trataba de mí. Pero yo que no había parado de hacer gestos para que me vieran después me preguntaba si no había sido lo mejor que todo hubiese quedado así como en secreto.
Después el horror de los sueños gritaba no podía seguir. Tenés que hacerlo decía otra voz. Explicaba que este sufrimiento del mundo del punto del que hablo es porque lo rememoro y lo rememoro. Si yo ya no vivo entonces ya no rememoraré un hecho tan triste como éste y entonces el hecho inevitablemente dejará de existir. Lo único que quería es que dejara de existir. Había estado leyendo bastante a Jack Kerouac aunque con él nunca se contagia uno de horror o tristeza, al menos en estado puro. Tal vez en aquellos días el gran Jack había estado leyendo a Schopenhauer -frecuentando algunas páginas del aprendiz de brujo de Castaneda, creo que los beatniks lo llevaban en las guanteras- y bien, parece que viajando a la ciudad de Tanger naufragó en el carguero que lo llevaba hasta África; esto lo cuenta en un hermoso libro que se llama Viajero Solitario. Miraba desesperado desde su camarote por el ojo de buey y solo veía muros de agua embravecida. Me cuesta bastante imaginar a Kerouac con miedo. Pero al ver aquella bravura del mar y cómo la tripulación yugoeslava dejaba hasta la última gota de energía para huir del fenómeno climático el tipo estaba cagado, y es comprensible. Y entonces dice: «¡Brazos níveos de Dios! Vi sus brazos allí, al lado de la escalera de Jacob, el lugar donde, si teníamos que desembarcar y seguir de algún modo(...) yo estaría delante del Rostro de Dios, esa cara blanca diciéndome: "No te preocupes, Ti Jean, si te llevo ahora y llevo también a los pobres diablos de este barco es porque nada sucedió jamás excepto Yo, todo es Yo -" o como dice la Escritura LanKavatara: "Nada existe en el mundo salvo la Mente"»
Por qué siempre los sueños aberrantes me quitan las cosas que más amo. Por qué me inoculan esos fríos, sí, me dicen luego, tenés que seguir. No quiero seguir así rengo, amputado, desenraizado de las cosas más amadas como diría oh una tragedia clásica! Si todo es representación... todos juegos en la gran mente infinita de Lankavatara. Es difícil no sospechar que quienes abrazan esa voz lo hacen por el interés de hallar un punto de escape de las pesadillas que golpean en lo más bajo.El agua que golpea en el corazón con fiereza. No hay nada como morir ahogado porque es como morir entre caricias que oprimen el pecho con un gran dolor. Por eso Ti Jean necesita ser Ti Jean, estar en un barco a la deriva en medio de una tormenta que juguetea con las vidas como una ráfaga helada de viento lo haría con un residuo. Y después perderlos a todos; a los hijos, a los padres, a los hermanos y a los amores sobre los cuales la vida está plantada como una isla solitaria. Dar la vuelta a la manzana. Tener pesadillas y ser consolado por los padres, recordarlo después siempre. Dar la vuelta a la manzana en bicicleta reconocer cada irregularidad del terreno. Dar vueltas en la gran cabeza de Lankavatara y repetir, repetir, diez respiraciones y largar todo el aire abajo del agua. Tomar aire en el instante justo en que los pulmones colapsan y largarlo todo abajo del agua.
Después el horror de los sueños gritaba no podía seguir. Tenés que hacerlo decía otra voz. Explicaba que este sufrimiento del mundo del punto del que hablo es porque lo rememoro y lo rememoro. Si yo ya no vivo entonces ya no rememoraré un hecho tan triste como éste y entonces el hecho inevitablemente dejará de existir. Lo único que quería es que dejara de existir. Había estado leyendo bastante a Jack Kerouac aunque con él nunca se contagia uno de horror o tristeza, al menos en estado puro. Tal vez en aquellos días el gran Jack había estado leyendo a Schopenhauer -frecuentando algunas páginas del aprendiz de brujo de Castaneda, creo que los beatniks lo llevaban en las guanteras- y bien, parece que viajando a la ciudad de Tanger naufragó en el carguero que lo llevaba hasta África; esto lo cuenta en un hermoso libro que se llama Viajero Solitario. Miraba desesperado desde su camarote por el ojo de buey y solo veía muros de agua embravecida. Me cuesta bastante imaginar a Kerouac con miedo. Pero al ver aquella bravura del mar y cómo la tripulación yugoeslava dejaba hasta la última gota de energía para huir del fenómeno climático el tipo estaba cagado, y es comprensible. Y entonces dice: «¡Brazos níveos de Dios! Vi sus brazos allí, al lado de la escalera de Jacob, el lugar donde, si teníamos que desembarcar y seguir de algún modo(...) yo estaría delante del Rostro de Dios, esa cara blanca diciéndome: "No te preocupes, Ti Jean, si te llevo ahora y llevo también a los pobres diablos de este barco es porque nada sucedió jamás excepto Yo, todo es Yo -" o como dice la Escritura LanKavatara: "Nada existe en el mundo salvo la Mente"»
Por qué siempre los sueños aberrantes me quitan las cosas que más amo. Por qué me inoculan esos fríos, sí, me dicen luego, tenés que seguir. No quiero seguir así rengo, amputado, desenraizado de las cosas más amadas como diría oh una tragedia clásica! Si todo es representación... todos juegos en la gran mente infinita de Lankavatara. Es difícil no sospechar que quienes abrazan esa voz lo hacen por el interés de hallar un punto de escape de las pesadillas que golpean en lo más bajo.El agua que golpea en el corazón con fiereza. No hay nada como morir ahogado porque es como morir entre caricias que oprimen el pecho con un gran dolor. Por eso Ti Jean necesita ser Ti Jean, estar en un barco a la deriva en medio de una tormenta que juguetea con las vidas como una ráfaga helada de viento lo haría con un residuo. Y después perderlos a todos; a los hijos, a los padres, a los hermanos y a los amores sobre los cuales la vida está plantada como una isla solitaria. Dar la vuelta a la manzana. Tener pesadillas y ser consolado por los padres, recordarlo después siempre. Dar la vuelta a la manzana en bicicleta reconocer cada irregularidad del terreno. Dar vueltas en la gran cabeza de Lankavatara y repetir, repetir, diez respiraciones y largar todo el aire abajo del agua. Tomar aire en el instante justo en que los pulmones colapsan y largarlo todo abajo del agua.
18 julio, 2015
Al desnudo o con ropa
Por la ventana nos ilumina una luz como si estuviéramos en un campo de concentración es una luz poderosa. Ah ella se había acercado a hablar por lo drogada que estaba porque no paraba de dar señales con su nariz, todavía delicada, y, como dice Basho:
cuando nada, la rana
está en un estado
de completa entrega
Habla tanto que empieza poco a poco a contar cosas de su vida y dice que la maltratan, pero lo más sorprendente es que diga que todos la maltratan. Seguidamente todas las voces se suman; sí, a todas nos maltratan... a todas. Hace poco tiempo se hizo una marcha muy grande en la ciudad donde se reclamaba que no maten más mujeres, ni una menos! decía la consigna, esto se propagó por las redes sociales y se produjo un fenómeno de gran masividad que hacía tiempo esperaba con el grito contenido hacerse oír. No entiendo, dice. No entiendo. Qué es la completa entrega.
Por la calle hay una chica hermosa que se detiene a hurgar cerca de un conteiner de basura. Hay un aparato de cocina estacionado cerca del cordón, semipodrido y con la puerta del horno abierta para nada. La parte superior donde ordinariamente se ubican las cuatro hornallas es un simple receptáculo donde falta todo y entonces queda una fosa vacía donde se pueden cargar cosas. En vez de usar un tacho o una lata para prender fuego en la esquina -tal vez imagine- podríamos usar esta carcasa desvencijada. La chica está dura con la carpeta en la mano. Podría ir a la ronda a la noche que se forma en la esquina donde paran con los pibes y leer algo que los sorprenda a todos. Pero no entiendo qué es la completa entrega.
Y cuando dice que todos maltratan que todos las maltratan muestra su mano, una mano pequeña y blanca. El dorso de la mano y el relieve de una cicatriz de un puntazo. Dice que se lo hizo porque no la dejaba volverse y ríe espontánea le sale la risa... Por la ventana luz de campo de concentración otra vez. En realidad es porque hay un estacionamiento a cielo abierto del otro lado de los vidrios enrejados y de vez en cuando algún auto aparca con las luces altas apuntadas. En fin, el problema es de completa entrega; qué es la completa entrega.
cuando nada, la rana
está en un estado
de completa entrega
Habla tanto que empieza poco a poco a contar cosas de su vida y dice que la maltratan, pero lo más sorprendente es que diga que todos la maltratan. Seguidamente todas las voces se suman; sí, a todas nos maltratan... a todas. Hace poco tiempo se hizo una marcha muy grande en la ciudad donde se reclamaba que no maten más mujeres, ni una menos! decía la consigna, esto se propagó por las redes sociales y se produjo un fenómeno de gran masividad que hacía tiempo esperaba con el grito contenido hacerse oír. No entiendo, dice. No entiendo. Qué es la completa entrega.
Por la calle hay una chica hermosa que se detiene a hurgar cerca de un conteiner de basura. Hay un aparato de cocina estacionado cerca del cordón, semipodrido y con la puerta del horno abierta para nada. La parte superior donde ordinariamente se ubican las cuatro hornallas es un simple receptáculo donde falta todo y entonces queda una fosa vacía donde se pueden cargar cosas. En vez de usar un tacho o una lata para prender fuego en la esquina -tal vez imagine- podríamos usar esta carcasa desvencijada. La chica está dura con la carpeta en la mano. Podría ir a la ronda a la noche que se forma en la esquina donde paran con los pibes y leer algo que los sorprenda a todos. Pero no entiendo qué es la completa entrega.
Y cuando dice que todos maltratan que todos las maltratan muestra su mano, una mano pequeña y blanca. El dorso de la mano y el relieve de una cicatriz de un puntazo. Dice que se lo hizo porque no la dejaba volverse y ríe espontánea le sale la risa... Por la ventana luz de campo de concentración otra vez. En realidad es porque hay un estacionamiento a cielo abierto del otro lado de los vidrios enrejados y de vez en cuando algún auto aparca con las luces altas apuntadas. En fin, el problema es de completa entrega; qué es la completa entrega.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)