20 julio, 2015

Viaje alrededor de la manzana

 Volvía de noche a la casa. Siempre las mismas cuadras el mismo viento helado. La misma desazón, todo un desierto de autos con vidrios oscuros pasando rápido y transeúntes que, si los había, eran una sombra algo que se esfumaba como una nube azul y oscura. El viento me pegaba de contra tal vez para enterrarme; vacaciones en el cementerio decía un grafiti que había leído... cuándo exactamente? Pero recordaba que aquella mañana muy temprano cuando todo se va poblando con un vértigo de marabunta los había visto. Les toqué bocina dos veces, cuatro breves bocinazos, pero no me oyeron, iban hablando, compenetrados y ligeros entre las ropas, él se inclinaba un poco hacia abajo porque ella es chiquita. Ella se estiraba un poco hacia arriba por que él le lleva varias cabezas y el sobretodo negro lo hacía parecer más alejado. Imagen de una fragilidad y una potencia. Hacedores de caminos, imparables en el amor, los seguía con la mirada, reducía marchas y los seguía entre el invierno envolvente pero a ellos los envolvía una cosa hecha de ellos mismos de su propio frío de su propio calor, la sangre que lo hace que lo hizo alguna vez y a ella la hizo esa sangre también, la parte de uno la misma para los dos. Todo tapado irreconocible me iba esfumando la mañana me echaba encima su niebla; todos intentaban escapar del frío pero no hacían más que salir como el sol. Los veía caminando a ellos compenetrados y las ropas no hacían más que flamear sin llamar la atención de nadie como pueden temblar las hojas del helecho, uno anónimo, en los balcones sin llamar la atención. Y un momento aquel... Pero la corriente de la mañana tiraba para llevarme río y calle abajo. Y estaba irreconocible con todo aquello encima para afrontar las bajas temperaturas que si me miraban no iban a adivinar que se trataba de mí. Pero yo que no había parado de hacer gestos para que me vieran después me preguntaba si no había sido lo mejor que todo hubiese quedado así como en secreto.
 Después el horror de los sueños gritaba no podía seguir. Tenés que hacerlo decía otra voz. Explicaba que este sufrimiento del mundo del punto del que hablo es porque lo rememoro y lo rememoro. Si yo ya no vivo entonces ya no rememoraré un hecho tan triste como éste y entonces el hecho inevitablemente dejará de existir. Lo único que quería es que dejara de existir. Había estado leyendo bastante a Jack Kerouac aunque con él nunca se contagia uno de horror o tristeza, al menos en estado puro. Tal vez en aquellos días el gran Jack había estado leyendo a Schopenhauer -frecuentando algunas páginas del aprendiz de brujo de Castaneda, creo que los beatniks lo llevaban en las guanteras- y bien, parece que viajando a la ciudad de Tanger naufragó en el carguero que lo llevaba hasta África; esto lo cuenta en un hermoso libro que se llama Viajero Solitario. Miraba desesperado desde su camarote por el ojo de buey y solo veía muros de agua embravecida. Me cuesta bastante imaginar a Kerouac con miedo. Pero al ver aquella bravura del mar y cómo la tripulación yugoeslava dejaba hasta la última gota de energía para huir del fenómeno climático el tipo estaba cagado, y es comprensible. Y entonces dice: «¡Brazos níveos de Dios! Vi sus brazos allí, al lado de la escalera de Jacob, el lugar donde, si teníamos que desembarcar y seguir de algún modo(...) yo estaría delante del Rostro de Dios, esa cara blanca diciéndome: "No te preocupes, Ti Jean, si te llevo ahora y llevo también a los pobres diablos de este barco es porque nada sucedió jamás excepto Yo, todo es Yo -" o como dice la Escritura LanKavatara: "Nada existe en el mundo salvo la Mente"»  
 Por qué siempre los sueños aberrantes me quitan las cosas que más amo. Por qué me inoculan esos fríos, sí, me dicen luego, tenés que seguir. No quiero seguir así rengo, amputado, desenraizado de las cosas más amadas como diría oh una tragedia clásica! Si todo es representación... todos juegos en la gran mente infinita de Lankavatara. Es difícil no sospechar que quienes abrazan esa voz lo hacen por el interés de hallar un punto de escape de las pesadillas que golpean en lo más bajo.El agua que golpea en el corazón con fiereza. No hay nada como morir ahogado porque es como morir entre caricias que oprimen el pecho con un gran dolor. Por eso Ti Jean necesita ser Ti Jean, estar en un barco a la deriva en medio de una tormenta que juguetea con las vidas como una ráfaga helada de viento lo haría con un residuo. Y después perderlos a todos; a los hijos, a los padres, a los hermanos y a los amores sobre los cuales la vida está plantada como una isla solitaria. Dar la vuelta a la manzana. Tener pesadillas y ser consolado por los padres, recordarlo después siempre. Dar la vuelta a la manzana en bicicleta reconocer cada irregularidad del terreno. Dar vueltas en la gran cabeza de Lankavatara y repetir, repetir, diez respiraciones y largar todo el aire abajo del agua. Tomar aire en el instante justo en que los pulmones colapsan y largarlo todo abajo del agua.              

18 julio, 2015

Al desnudo o con ropa

 Por la ventana nos ilumina una luz como si estuviéramos en un campo de concentración es una luz poderosa. Ah ella se había acercado a hablar por lo drogada que estaba porque no paraba de dar señales con su nariz, todavía delicada, y, como dice Basho:
cuando nada, la rana
está en un estado
de completa entrega
 Habla tanto que empieza poco a poco a contar cosas de su vida y dice que la maltratan, pero lo más sorprendente es que diga que todos la maltratan. Seguidamente todas las voces se suman; sí, a todas nos maltratan... a todas. Hace poco tiempo se hizo una marcha muy grande en la ciudad donde se reclamaba que no maten más mujeres, ni una menos! decía la consigna, esto se propagó por las redes sociales y se produjo un fenómeno de gran masividad que hacía tiempo esperaba con el grito contenido hacerse oír. No entiendo, dice. No entiendo. Qué es la completa entrega.
 Por la calle hay una chica hermosa que se detiene a hurgar cerca de un conteiner de basura. Hay un aparato de cocina estacionado cerca del cordón, semipodrido y con la puerta del horno abierta para nada. La parte superior donde ordinariamente se ubican las cuatro hornallas es un simple receptáculo donde falta todo y entonces queda una fosa vacía donde se pueden cargar cosas. En vez de usar un tacho o una lata para prender fuego en la esquina -tal vez imagine- podríamos usar esta carcasa desvencijada. La chica está dura con la carpeta en la mano. Podría ir a la ronda a la noche que se forma en la esquina donde paran con los pibes y leer algo que los sorprenda a todos. Pero no entiendo qué es la completa entrega.
 Y cuando dice que todos maltratan que todos las maltratan muestra su mano, una mano pequeña y blanca. El dorso de la mano y el relieve de una cicatriz de un puntazo. Dice que se lo hizo porque no la dejaba volverse y ríe espontánea le sale la risa... Por la ventana luz de campo de concentración otra vez. En realidad es porque hay un estacionamiento a cielo abierto del otro lado de los vidrios enrejados y de vez en cuando algún auto aparca con las luces altas apuntadas. En fin, el problema es de completa entrega; qué es la completa entrega.    

20 junio, 2015

Armar premetro

 Este es el cumpleaños beckettiano, es el año del gran despoblador de caminos. Es el momento en que todo se va vaciando hasta que no queda nada o hay que volver a empezar. Conociendo rutas nuevas, desiertos y rutas, barrios desarticulados y bombardeados que se cruzan viajando a bordo de un tren por la superficie de la tierra devastada. El lector del cumpleaños becketiano es una cosa perdida una cosa realmente perdida que no sabe quién es, dónde está... no puede encontrar un relato que le dé unicidad a eso que es y que vive. Le gustaría mucho poder abrirse como una flor gigantesca como una flor de arte cinético,  como la que hizo Eduardo Catalano, la Floralis Genérica, pero es tan difícil ponerse a desear algo tan grande... Me habla de cosas me pregunta cosas, de mí. Si estoy casado, si estoy con alguien si voy hacia algún lugar, y quisiera preguntarle hacia dónde va el premetro. Después cuando vajemos cuando caminemos hacia cierto lugar esas curiosidades se olvidan. No le puedo preguntar eso en ese momento porque qué dirá qué pensará si interrumpiendo digo y qué estaciones vienen después qué hay más allá de eso que se parece lejanamente a una avenida. (Esa avenida de la que pocos saben decir el nombre, es mucho mejor saber exactamente donde uno quiere ir a qué casa a qué oficina pública a qué centro de salud o de educación). No se lo puedo preguntar, estaría mal, la imagen de mí, se borrarría algo no sé. Entonces como que me pongo a inventar una historia de mí, algo irreal, va... un relato porque hay siempre como en la política misma algo que es del orden de lo imaginario y del relato que cuando estalla se zarpa hacia una vida que quiere brillar. Como sea, ya suben mil ochocientas más madres siempre jóvenes con niños y siento las ganas o la obligación de pararme y ceder mi asiento, qué viaje silencioso! Pero me escabullo no por mala educación es que si no cómo le hablo cómo espero que me pregunte y que me cuente. Es una suerte estar en el medio del vagón ya que siempre alguien aparece misteriosamente y cede, pero nadie quiere ceder, no. Me habla de su hija que estuvo enferma, me habla de quien llevó a su hija en el auto al médico, la semana pasada, por suerte que justo apareció para dar una mano. Anochese. Qué habrá más allá de donde nos vamos a bajar, más ciudad, más pobres, más cosas desalineadas, más terrenos extensos con nombres que nadie conoce. Nuestros zapatos se deslizan por la piel fría de los rieles y siento su caminar acompasado y retrasado que ríe suave.Este es justamente el lugar donde no vendría jamás si no tuviese que venir. Es el lugar que configura la verdadera ruta, el viñedo que el Señor quiere que sea cuidado. Hacia el sur-oeste se han de extender las emergentes vides; pero quién puede llegar hasta allí. El pre-metro puede llegar hasta allí si le da la nafta. La Luna baja y gigante y los reflejos del metal plateado de los rieles limpios son como la superficie espejada de la Floralis Genérica allá por Figueroa Alcorta, cerrándose ya para protegerse. A la gente se la lleva el vagón del pre-metro hacia esa siguiente estación desconocida, esa soledad y esa noche que no se cierra no se cierra como los pétalos de la otra. Al menos a la gente se la llevaron esta vez, no se tuvieron que bajar todos puteando porque el pre-metro una mierda, una cosa devastada, eso lo dice el conductor, esto es una flor que nadie riega. En esta soledad. El cemento se enfría se resquebraja y se parte, la tierra se calienta y se llena de ampollas. Por una de ellas se ve el gesto simpático del portero fumándose uno, hace como que, porque muestra lo que hace uno en la esquina todos los días con puntualidad de tomar el té. El portero junta los deditos rechonchos el pulgar y el índice se aplastan una yema contra la otra y los extremos se separan y se pone en pose y es como una danza por los movimientos de estar fumándose uno. Va más allá de la imitación. La boca ancha, el cuello abundante, firme y blanco. La pose de estar fumándose uno. Y otra ampolla donde al que imitaba el portero se le salta casi un párpado de la sangre que rasga un cuchillo de cocina que fueron a buscar después de un mano a mano en la placita. El pre-metro pasa por la placita? Si pasa entonces se puede ver lo que se arma, lo que arman, la que se arma cuando alguno diga qué me vas a armar un pre-metro ahora?!       
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05 junio, 2015

Acerca del jugador que se fue solo a la zona de vestuarios y no pudo ser hallado


 Fue como si se lo hubiese tragado la tierra. El partido había sido suspendido un rato antes por una situación de violencia de los hinchas locales contra los jugadores del equipo visitante. El estadio estaba colmado. No se dirigió, no, a la zona de vestuarios por haber sido expulsado, fue más bien como si aprovechase la confusión total que se vivía para escabullirse. Todos los jugadores de un equipo y de otro estaban en el campo de juego, mezclados con periodistas, fotógrafos, los árbitros y las autoridades del club y también las que organizaban el evento deportivo. Era una noche sin luna, un cielo azul-negro por donde se movían algunas nubes vaporosas. Iban cesando de a poco las voces ensordecedoras del estadio, la gente se daba cuenta, quizá, que como decían los periodistas, los violentos, unos pocos, una vez más habían ganado lo que hubiese podido ser una fiesta de todos. Por lo demás, cualquiera que no conociese el club podía perderse en la inmensa zona de los vestuarios. Además, no era lo mismo bajar por donde salía el local, por donde salía el visitante o por donde habían entrado los árbitros. Abajo todo estaba comunicado claro, como conductos que necesariamente respondían a una totalidad. Pero de todos modos los pasillos estaban mal iluminados y vacíos como cámaras ciegas de un hormiguero abandonado. Todo el personal de seguridad estaba cerca del campo de juego o en las calles. Las primeras búsquedas supusieron que el jugador se había sentido descompuesto había bajado solo, no conocía las inmediaciones por ser del equipo visitante, había pretendido llegar hasta los vestuarios donde él y sus compañeros tenían sus efectos personales. En ese intento se habría perdido, se habría sentido cada vez peor hasta desvanecerse y quedar encerrado en alguno de los innumerables cuartitos o dependencias de las zonas de vestuarios. Al no poder ser atendido en el momento y quedar allí aislado, pues ¿quién aquella noche del partido suspendido se iba a imaginar que nunca habría podido salir del estadio, de modo tal que habría muerto quizá sin ser del todo conciente de qué cosas poblaban la semioscuridad que lo rodeaba? Lo cierto es que nunca pudieron hallar el cuerpo, ni con perros, ni revisando todos los circuitos de cámaras existentes, ni aislando, de inmediato,todas las instalaciones. De hecho fue muy oportuno que por los incidentes ocurridos aquella noche el club estuvo clausurado casi veinte días. Los peritos intentaron hacer un trabajo de edición cirujana con los materiales que proporcionaron las cámaras de seguridad. Dado que no se había tratado en principio de un homicidio sino de una simple e incomprensible desaparición no se llevó a cabo ningún atentado contra las pruebas existentes como siempre ocurre en estos clubes. 
 Pero hubo una imagen que durante noches quedó congelada, fue diseccionada de mil maneras por los especialistas porque parecía proporcionar la clave para develar el misterio. Cuando no hay testigos, cuando no ha ocurrido nada sino simplemente un cuerpo que no aparece por ningún lado un objeto heterogéneo que no se sabe de dónde ha salido, por qué aparece allí, puede hacer creer a los investigadores que es la resolución final. En este caso una imagen borrosa de tonalidad verdosa dejaba ver la puerta de una pequeña dependencia destinada al personal auxiliar para guardar objetos de limpieza varios y una máquina aspiradora, se podía ver la puerta entreabierta y del lado de adentro como si hubiese una luz que parpadeara pálida, enfermiza... como una sala sucia de hospital pobre. Junto al marco de la puerta un destornillador caído y el mango del destornillador manchado con pintura roja ya seca. Y esa remera con el número dieciocho hecha un bollo también cerca de la puerta entreabierta y con el número medio chorreado de pintura roja. Exactamente como si alguien hubiese usado la remera para limpiar un objeto. Es que del metal la pintura fresca sale fácilmente si se la repasa con un paño, cualquier pintor lo sabe, y no hace falta serlo. Alguien había querido borrar el rastro de pintura del destornillador usando para tal fin la remera blanca, la dieciocho del jugador. Las preguntas y las conexiones surgieron como una especulación natural. Sin embargo nada de pruebas concluyentes. Noches enteras en oficinas de la policía científica, ya vacías, con apenas algún que otro guardia de sereno, las pantallas idénticas se multiplicaban como una insistencia inútil y prolija con esa imagen detenida. Ese verdor esa palidez de la luz escasísima mostrando el destornillador caído o la remera medio hecha un bollo contra un zócalo. Horas y horas mostrando el interrogante impotente y las respuestas vaya a saberse a dónde había que ir rejuntarlas como un material derramado, ya perdido, y que en pocas semanas se olvidaría como se olvida todo en las pantallas.               

28 mayo, 2015

Velador

 Velar. Velo. Revelar. Revelación. Velador. Salí al mediodía porque supuse que un domingo al mediodía iba a estar la calle más vacía ya que todos estarían viajando o preparando su almuerzo de domingo más prolongado y relajado. Es mejor así porque en las grandes tiendas no puedo encontrar lo que busco cuando la gente hormiguea y no puedo encontrar, menos, un buen lugar donde morirme, a la sombra. En fin lo que yo quería era iluminarme el día y por tanto salí a buscar esa gran tienda de lámparas a ver si conseguía uno de esos veladores de pie gigantes y de grandes arcos bien modernos. Al entrar a la tienda, en el umbral mismo de la tienda sucedió que una mujer vieja y pintarrajeada más bien gorda y de ojos inquisidores se acercaba como yo al umbral de la tienda. Vacilé porque me pareció que la vieja traía consigo la determinación de pasar, sin resquicio para otra cosa, venía caminando desde dirección contraria a la mía, tuve la intención de detenerme para que la vieja ingresara primero, pero la vieja vaciló ante mi vacilación si bien estoy convencido de que yo vacilé primero. La vieja como una pajarraca alarmada sin ton ni son echó un grito desmedido e informe cuando yo harto de su mirada curiosa y severa me lancé adentro, pasé, fui más allá, uno-dos sin retorno, todo estalló en un libre albedrío histérico, aterrizaje en aquella superficie embadurnada; un garage enorme cubierto del tamaño de un estadio. Crucé todo el estacionamiento. Pasé puertas de vidrio y ya estaba en el salón inmenso calefaccionado, me entró una sofocación y sentí deseos de lanzar a un rincón mi campera. El aire olía a grasa pero creo que no era el aire, era yo. Al rato me fui contento con mi velador dentro de una pequeña caja, caro lo pague, pero si no salía ese día con un velador -si bien yo deseaba uno que se arqueara como la trompa de un elefante-, si no podía iluminar la tarde con el velador aquel no quedaba otra que matarme... O dejar que entrara por la ventana una luz cenicienta que de todas formas desaparecería antes de hacerse la noche y ahí, oh, ahí sí que iba a ser difícil pasárselas... Tal vez no era tan importante la luz sino pasar a través, como un túnel que se cierra al final, como un hueco para atravesar una montaña que se desmorona. Pasar a través de ella y soportar su interior. 
   

17 mayo, 2015

El amor para mañana

 Si en una misma noche te despertás tres veces al otro día podés decirle a tus compañeros de trabajo que dormiste mal. 
 En posición horizontal abrí los ojos con dificultad, tuve esa imperceptible sensación de eternidad que se borra apenas la quiere uno pensar, eternidad en cuanto al tiempo de haber estado durmiendo. Persistencia y vacilación. Entonces deseo seguir durmiendo pero me carcome esa sobredimensión de tiempo. Solo tengo fuerzas para agarrar el teléfono mirar la hora; desconcierto y alegría. Solo he dormido dos horas aproximadamente. La segunda vez que me despierto me siento algo sudado, me fastidia, primero volver a despertarme y en segundo lugar saber que ya no es temprano; el sudor agrava todo. Vuelvo a mirar el teléfono, en efecto, no es temprano. La tercera vez que me despierto, no sudado porque ya me he quedado bien liviano de ropas sin nada. En diez minutos sonará... Es terrible, el cuerpo solo devuelve un quejido de insatisfacción.
 Estaba hablando un montón estaba diciendo que no podía ser de este modo la vida. Había sucedido algo terrible algo que le sucede a muchos algo que me sucederá, que me preparo para que no me suceda que en el sueño sucedió. Me di cuenta de que se había pasado la vida. Los que amaba se habían muerto. Ya no podía producir nada más, no podía rememorar haber producido algo. Era una devastación. Pero podría haber sido de otro modo, si a tiempo te hubiese dicho que no podíamos seguir así. Debíamos despertar de esa espera y ponernos a trabajar en la felicidad o sea en la nada misma. 
 Yo estaba sentado en el asiento del psicólogo, yo decía cómo las cosas debían hacerse, encaminarse. Eso me animó me dio fuerzas en medio de una gran noche sin titilar de estrellas. Parado sobre el lecho seco de un río que se inundaba rápido de una ola que bajaba de las altas cumbres, helada, la fuerza de la orina arrastraba troncos, piedras y cuerpos si los encontraba -y por supuesto que tales cosas había allí acampando- en su camino.Trataba de convencerte de que no envejeciéramos en vano porque lo peor de todo es que no íbamos a tener una segunda oportunidad de encontrarnos alguna vez, uf...! Eso es la eternidad, nos guste no nos guste, lo ignoremos, lo olvidemos, sobre todo lo aplacemos.No habrá. Sí habrá, el cine y las religiones pintan de esperanza esa falsedad. Entonces habrá un segundo encuentro. Entonces me quedaré dormido. 

15 mayo, 2015

Las despedidas de mí

 Cuando soñaba siempre se generaba en el sueño una duda, una zozobra, una sensación de gran desasosiego. Es esa persistente idea de que lo que se sueña ya ha sido soñado anteriormente, pero ha sido soñado anteriormente de hecho o es una ilusión generada por el mismo sueño? Estoy sentado frente al psicólogo que espera algo de mí. He preparado un trabajo, algo sobre lo que he estado reflexionando, tiene un título. En ese momento me doy cuenta que hay una profundidad de tiempo en los sueños. Una profundidad que hasta ahora no había podido aclararme. Como un recuerdo dentro del sueño. Un recuerdo que aclara la idea obsesiva de que ya se ha soñado con aquello. Tal vez mi escrito del que no puedo recordar el título pero que ahora lo llamaré "esbozos" trata sobre eso. Lo sostengo en la mano, el papel, el psicólogo espera que se lo lea. Lamentablemente me despierto antes de empezar a leer.  
 Hoy es la última vez que voy al psicólogo. Es tan pero tan la última que ni siquiera tengo que tocarle timbre y entrar. Dejo la bici apoyada en la pared y saco del bolsillo un papel plegado y grueso que es un informe que he preparado especialmente. El informe no habla sobre mí, al menos no en primera persona, es una transcripción de cosas que he estado leyendo, es como la prehistoria de un blog que haré muchos años después cuando la fibra óptica sea la traza y la cimentación del mundo. Cuando me agacho para pasar ese papel por debajo de la puerta me parece que siento toda la fuerza, la atracción y la repulsión del umbral. Como si algo fuera a pasar. Deslizo el papel por la raja de aire que se forma entre la puerta y el piso y mi humilde informe desaparece allí del otro lado y estoy satisfecho porque he cumplido, pero no sé muy bien con qué. Subo a mi bici sin poder bajar, circulo por la acera porque es contramano la calle y entonces me voy andando todo el trayecto hasta mi casa, no es mucho. Se va haciendo de noche muy rápido se va haciendo una oscuridad clara. La oscuridad clara de las avenidas muy iluminadas, la oscuridad clara de las noches con luna, la oscuridad clara de las noches claras. 
   

27 abril, 2015

El gigante jumbo

(...)"y los ojos se abrieron. Me dejaron entrar".
Samuel Beckett, La última cinta de Krapp


 Me detuve, es que no se podía seguir avanzando más pues por la autopista los autos pasaban a cien, condescendientes, extrañamente condescendientes.Hacia el este se veía la pista de los aviones abarrotada de objetos difíciles de determinar. En realidad no se veía la pista pero se la podía percibir, allí muy cerca tan solo cruzando la autopista. Desde el norte fue bajando en sobrevuelo rasante un avión pequeño, de esos tipo jet privados, miré detenidamente para ver si al tocar con las ruedas el pavimento de la pista echaba unos humillos de fascinante fricción. Algo me impidió ver. Siguió corriendo más allá hasta que desapareció tapado por un hangar de alguna de las empresas del Aeroparque. No faltaba tanto para el atardecer y el sol todavía podía cegar la mirada. A continuación un avión mucho más grande comenzó a deslizarse por pista en sentido inverso al anterior y cuando llego al extremo donde el otro había hecho su primer contacto dio un giro sorprendente, de ciento ochenta grados,-ese giro debe tener un nombre técnico preciso en el lenguaje de las aeronaves- para detenerse por unos minutos hasta recibir la autorización y realizar el despegue. 
 El momento del despegue es algo formidable, parece como que hasta ese momento el avión es un simple vehículo pero de pronto algo sucede que las turbinas rugen de un modo superlativo. Es el aviso de que se va a producir ese gran salto del hombre venciendo las leyes naturales; la máquina ganándole a la atracción total de la tierra y de los cuerpos. Las turbinas entonces emiten ese silbido que es como diez mil caballos salvajes que se echan verticalmente por el filo de una ladera o de un valle escarpado. Sigue en carrera unos diez segundos más y fpssss transmite esa pasión de querer ir hacia lo imposible. Y lo hace. La trompa se derige hacia el firmamento de una manera desproporcionada y la cola queda rezagada como si todo el peso se volcara a la parte posterior. La remontada parece una ilusión. La remontada es David, y todo el peso, la inercia y la gravedad son Goliat. Pero lo cierto es que se va reponiendo. Se pestanea y ya está volando buscando el rumbo. 
 Y entonces me pareció que la puerta de un gigante avión jumbo con detalles en rojo y en blanco se preparaba y se abría antes del despegue y mi abuelo saludaba. Todo estaba en blanco y negro. Mi abuelo tenía puesto un perramus gris-azulado y con una mano vigilaba la gran maleta negra que lo escoltaba a un lado. Pero en verdad se trataba de una fotografía que siempre había andado por ahí. Dando vueltas. Me doy cuenta de que a pesar de los años de tantos años el zumbido atronador y apasionante de los aviones se mantiene distante e invariable. 
 Había estado en este lugar dando vueltas y me pareció que lo lograría, si la traía, si la atraía hacia allí. Es que por primera vez tenía una rara sensación de que iba a perder. Le dije que conocía un lugar especial, primero le pregunté si le gustaba ver aterrizar aviones y despegar aviones y me dijo que sí. Cuando llegamos tomamos café al coñac, estábamos alegres. Nos besamos con unas ganas locas pero de un modo que parecía que no iba a llegar nunca. Estábamos sentados sobre un gran pilar de cemento. Habíamos conversado mucho pero de pronto nos quedamos callados. Atardecía. No habíamos tenido clases. Fue todo medio casual en las últimas semanas habíamos hablado bastante y ese día salimos a la par bajando la escalera, en la puerta de la escuela decidimos ir juntos a dar una vuelta. Cuando se hizo ese silencio... Es como un silencio donde alguno de los dos debería haber dicho acá falta algo... pero no sé muy bien qué... Estábamos en aquella plataforma de cemento -una especie de plaza seca a la vera de la autopista- sentados, enfrentados, cruzados de piernas y hacia el este con intervalos de diez minutos llegaban y salían aviones, ella me propuso que nos acomodáramos. Me quedé atónito no sabía de qué iba la cosa. Me explicó tomando mis brazos y acomodando nuestras caderas y me hizo reclinarme sobre su costado y ella se reclino sobre mi costado. Parecía una cama india pero de dos que a su vez estaban enfrentados. Y era maravilloso que tan solo con dos cuerpos así dispuestos algo pudiese ser tan cómodo como una cama india. Nos besamos largo, resoplamos sintiendo un poco la fresca, es que la sentíamos porque nos entraban ganas como de sacarnos la ropa pero ella me hizo parar aunque echando una carcajada de excitación inolvidable.Quería que me dejara entrar, que abriera sus ojos y me lo permitiera. Aquella vez no se pudo. Y como un soplo de vida seguí hacia adelante pero ella ya no estaba. 

22 abril, 2015

Bracito

El otro día soné que me faltaba un bracito
todo era dolor, pero no por la falta,
del bracito
si no
por lo irremediable.
Había en aquello un dejo de desgracia
pero en el fondo sabía que era mi responsabilidad
buscar ahora locamente una prótesis para aquella...
me moría ahí
menos mal
me moría, 
si eso, te faltaba a vos,
porque un bracito es algo que no le debe faltar a nadie
es que la prótesis de algo así es imposible
nada puede ocupar el lugar
la maleabilidad
la fuerza
la destreza
la rebeldía
la incorporación
de un bracito
es insustituible
lo veo claro...
menos mal...
qué angustia al ponerme de pie y sentir tal desavenencia. 

17 febrero, 2015

Tuca

Levanté un correo, 
un muchacho al que yo no conocía había sido baleado y muerto
resulta que el tuca estaba con él y había sido herido.
Si el tuca se moría me hubiese sentido triste y vacío
mucho más vacío que triste; sobre todo vacío.



En la tele la jueza Arroyo Salgado hablaba en el Salón Azul
se me pegaba más que otra cosa su voz nasal, 
sus breves silencios y su registro de persona formada que se mezclaba con algo que venía de Costa Salguero 
del Chandon de Bellaqueo 
de eso ta re cheto, 
del peloduro,
del rancho, 
el repiola 
las guachas 
y la noche.
Por suerte también por la tele
supe que no había pasado nada,
descontó esa suerte felina que ya lo había tocado más de una vez.
Como cuando escapaba solo, porque había perdido al equipo
una madrugada
por las vías del Sarmiento entre Liniers y Villa Luro
los cables eléctricos le acechaban los pies como serpientes sedientas
él me acercaba la boca a la cara me hablaba cerca del oído
como para descubrirme, desafiante, quién, realmente, era él.
Pero esta vez la bala lo alcanzó en una pierna, 
pero esta vez con el amigo se endemonió más esa suerte y lo atravesó.
Dijo el padre,
por la tele de la suerte y de la desgracia
el padre del amigo en la puerta del hospital,
la bala entró por el costado izquierdo y salió por el derecho.
Cómo habrá llevado el tuca al amigo al hospital
era el amigo el que conducía la moto esa noche
y el tuca no es de dejar tirado a un amigo en la calle.
Al tuca lo conocen todos.
Alrededor del hospital había un montón de movimiento 
por estar tan cercano al barrio el hospital es siempre un territorio en tensión
delicado es decir poco.
La mañana prometía calor pero estaba agradable 
el sol acariciaba las paredes descoloridas del hospital
los noteros revoloteaban para un lado y para otro 
por fin uno de ellos agarró a una tía 
las tías siempre están.
Fueron los gendarmes dijo la tía con seguridad dos veces
y dos veces le repreguntaron;
si sabía quién era la chica que había muerto 
si sabía dónde vivía 
si sabía su nombre 
si conocía en qué circunstancias había muerto 
si había sido un enfrentamiento 
si entre los vecinos se tenía la noticia de inminentes operativos policiales,
cómo se había enterado ella de lo que había ocurrido 
dónde estaba en el momento en que se había enterado.
Entonces por un lado estaba el hallanamiento con saldo y balacera  la balacera otra 
la balacera famosa de la ambulancia
la balacera del allanamiento otra vez
y la balacera del tuca 
la tía había dicho les tiró gendarmería.
Bien, entonces ninguna balacera o enfrentamiento 
las balaceras no existen, los gendarmes tiran 
sus cuerpos pesados y verdosos por los bañados sanguinolentos que bordean el barrio.
No puedo dejar de imaginarme al tuca aquella noche recorriendo los canales internos a toda velocidad, 
temerariamente es decir poco,
cortando con la moto aquella oscuridad azulada 
los riachos estrechos que se clausuran abruptamente por acumulaciones de basura,
escombros y autos desmantelados,
pedazos de artefactos en desuso asoman en la superficie pantanosa
la espesura algo hedionda
la flora superabundante
hacen que se disimule qué habrá sido qué en el origen
tal vez si el tuca hubiese manejado aquella noche...
los remos
quizá sería él el muerto o hubiesen zafado 
hubiese podido esquivar esas mordidas letales 
esa aplastante torpeza de escamas verdosas
con esa suerte felina con esa elasticidad fibrosa de sus gestos.