15 mayo, 2015

Las despedidas de mí

 Cuando soñaba siempre se generaba en el sueño una duda, una zozobra, una sensación de gran desasosiego. Es esa persistente idea de que lo que se sueña ya ha sido soñado anteriormente, pero ha sido soñado anteriormente de hecho o es una ilusión generada por el mismo sueño? Estoy sentado frente al psicólogo que espera algo de mí. He preparado un trabajo, algo sobre lo que he estado reflexionando, tiene un título. En ese momento me doy cuenta que hay una profundidad de tiempo en los sueños. Una profundidad que hasta ahora no había podido aclararme. Como un recuerdo dentro del sueño. Un recuerdo que aclara la idea obsesiva de que ya se ha soñado con aquello. Tal vez mi escrito del que no puedo recordar el título pero que ahora lo llamaré "esbozos" trata sobre eso. Lo sostengo en la mano, el papel, el psicólogo espera que se lo lea. Lamentablemente me despierto antes de empezar a leer.  
 Hoy es la última vez que voy al psicólogo. Es tan pero tan la última que ni siquiera tengo que tocarle timbre y entrar. Dejo la bici apoyada en la pared y saco del bolsillo un papel plegado y grueso que es un informe que he preparado especialmente. El informe no habla sobre mí, al menos no en primera persona, es una transcripción de cosas que he estado leyendo, es como la prehistoria de un blog que haré muchos años después cuando la fibra óptica sea la traza y la cimentación del mundo. Cuando me agacho para pasar ese papel por debajo de la puerta me parece que siento toda la fuerza, la atracción y la repulsión del umbral. Como si algo fuera a pasar. Deslizo el papel por la raja de aire que se forma entre la puerta y el piso y mi humilde informe desaparece allí del otro lado y estoy satisfecho porque he cumplido, pero no sé muy bien con qué. Subo a mi bici sin poder bajar, circulo por la acera porque es contramano la calle y entonces me voy andando todo el trayecto hasta mi casa, no es mucho. Se va haciendo de noche muy rápido se va haciendo una oscuridad clara. La oscuridad clara de las avenidas muy iluminadas, la oscuridad clara de las noches con luna, la oscuridad clara de las noches claras. 
   

27 abril, 2015

El gigante jumbo

(...)"y los ojos se abrieron. Me dejaron entrar".
Samuel Beckett, La última cinta de Krapp


 Me detuve, es que no se podía seguir avanzando más pues por la autopista los autos pasaban a cien, condescendientes, extrañamente condescendientes.Hacia el este se veía la pista de los aviones abarrotada de objetos difíciles de determinar. En realidad no se veía la pista pero se la podía percibir, allí muy cerca tan solo cruzando la autopista. Desde el norte fue bajando en sobrevuelo rasante un avión pequeño, de esos tipo jet privados, miré detenidamente para ver si al tocar con las ruedas el pavimento de la pista echaba unos humillos de fascinante fricción. Algo me impidió ver. Siguió corriendo más allá hasta que desapareció tapado por un hangar de alguna de las empresas del Aeroparque. No faltaba tanto para el atardecer y el sol todavía podía cegar la mirada. A continuación un avión mucho más grande comenzó a deslizarse por pista en sentido inverso al anterior y cuando llego al extremo donde el otro había hecho su primer contacto dio un giro sorprendente, de ciento ochenta grados,-ese giro debe tener un nombre técnico preciso en el lenguaje de las aeronaves- para detenerse por unos minutos hasta recibir la autorización y realizar el despegue. 
 El momento del despegue es algo formidable, parece como que hasta ese momento el avión es un simple vehículo pero de pronto algo sucede que las turbinas rugen de un modo superlativo. Es el aviso de que se va a producir ese gran salto del hombre venciendo las leyes naturales; la máquina ganándole a la atracción total de la tierra y de los cuerpos. Las turbinas entonces emiten ese silbido que es como diez mil caballos salvajes que se echan verticalmente por el filo de una ladera o de un valle escarpado. Sigue en carrera unos diez segundos más y fpssss transmite esa pasión de querer ir hacia lo imposible. Y lo hace. La trompa se derige hacia el firmamento de una manera desproporcionada y la cola queda rezagada como si todo el peso se volcara a la parte posterior. La remontada parece una ilusión. La remontada es David, y todo el peso, la inercia y la gravedad son Goliat. Pero lo cierto es que se va reponiendo. Se pestanea y ya está volando buscando el rumbo. 
 Y entonces me pareció que la puerta de un gigante avión jumbo con detalles en rojo y en blanco se preparaba y se abría antes del despegue y mi abuelo saludaba. Todo estaba en blanco y negro. Mi abuelo tenía puesto un perramus gris-azulado y con una mano vigilaba la gran maleta negra que lo escoltaba a un lado. Pero en verdad se trataba de una fotografía que siempre había andado por ahí. Dando vueltas. Me doy cuenta de que a pesar de los años de tantos años el zumbido atronador y apasionante de los aviones se mantiene distante e invariable. 
 Había estado en este lugar dando vueltas y me pareció que lo lograría, si la traía, si la atraía hacia allí. Es que por primera vez tenía una rara sensación de que iba a perder. Le dije que conocía un lugar especial, primero le pregunté si le gustaba ver aterrizar aviones y despegar aviones y me dijo que sí. Cuando llegamos tomamos café al coñac, estábamos alegres. Nos besamos con unas ganas locas pero de un modo que parecía que no iba a llegar nunca. Estábamos sentados sobre un gran pilar de cemento. Habíamos conversado mucho pero de pronto nos quedamos callados. Atardecía. No habíamos tenido clases. Fue todo medio casual en las últimas semanas habíamos hablado bastante y ese día salimos a la par bajando la escalera, en la puerta de la escuela decidimos ir juntos a dar una vuelta. Cuando se hizo ese silencio... Es como un silencio donde alguno de los dos debería haber dicho acá falta algo... pero no sé muy bien qué... Estábamos en aquella plataforma de cemento -una especie de plaza seca a la vera de la autopista- sentados, enfrentados, cruzados de piernas y hacia el este con intervalos de diez minutos llegaban y salían aviones, ella me propuso que nos acomodáramos. Me quedé atónito no sabía de qué iba la cosa. Me explicó tomando mis brazos y acomodando nuestras caderas y me hizo reclinarme sobre su costado y ella se reclino sobre mi costado. Parecía una cama india pero de dos que a su vez estaban enfrentados. Y era maravilloso que tan solo con dos cuerpos así dispuestos algo pudiese ser tan cómodo como una cama india. Nos besamos largo, resoplamos sintiendo un poco la fresca, es que la sentíamos porque nos entraban ganas como de sacarnos la ropa pero ella me hizo parar aunque echando una carcajada de excitación inolvidable.Quería que me dejara entrar, que abriera sus ojos y me lo permitiera. Aquella vez no se pudo. Y como un soplo de vida seguí hacia adelante pero ella ya no estaba. 

22 abril, 2015

Bracito

El otro día soné que me faltaba un bracito
todo era dolor, pero no por la falta,
del bracito
si no
por lo irremediable.
Había en aquello un dejo de desgracia
pero en el fondo sabía que era mi responsabilidad
buscar ahora locamente una prótesis para aquella...
me moría ahí
menos mal
me moría, 
si eso, te faltaba a vos,
porque un bracito es algo que no le debe faltar a nadie
es que la prótesis de algo así es imposible
nada puede ocupar el lugar
la maleabilidad
la fuerza
la destreza
la rebeldía
la incorporación
de un bracito
es insustituible
lo veo claro...
menos mal...
qué angustia al ponerme de pie y sentir tal desavenencia. 

17 febrero, 2015

Tuca

Levanté un correo, 
un muchacho al que yo no conocía había sido baleado y muerto
resulta que el tuca estaba con él y había sido herido.
Si el tuca se moría me hubiese sentido triste y vacío
mucho más vacío que triste; sobre todo vacío.



En la tele la jueza Arroyo Salgado hablaba en el Salón Azul
se me pegaba más que otra cosa su voz nasal, 
sus breves silencios y su registro de persona formada que se mezclaba con algo que venía de Costa Salguero 
del Chandon de Bellaqueo 
de eso ta re cheto, 
del peloduro,
del rancho, 
el repiola 
las guachas 
y la noche.
Por suerte también por la tele
supe que no había pasado nada,
descontó esa suerte felina que ya lo había tocado más de una vez.
Como cuando escapaba solo, porque había perdido al equipo
una madrugada
por las vías del Sarmiento entre Liniers y Villa Luro
los cables eléctricos le acechaban los pies como serpientes sedientas
él me acercaba la boca a la cara me hablaba cerca del oído
como para descubrirme, desafiante, quién, realmente, era él.
Pero esta vez la bala lo alcanzó en una pierna, 
pero esta vez con el amigo se endemonió más esa suerte y lo atravesó.
Dijo el padre,
por la tele de la suerte y de la desgracia
el padre del amigo en la puerta del hospital,
la bala entró por el costado izquierdo y salió por el derecho.
Cómo habrá llevado el tuca al amigo al hospital
era el amigo el que conducía la moto esa noche
y el tuca no es de dejar tirado a un amigo en la calle.
Al tuca lo conocen todos.
Alrededor del hospital había un montón de movimiento 
por estar tan cercano al barrio el hospital es siempre un territorio en tensión
delicado es decir poco.
La mañana prometía calor pero estaba agradable 
el sol acariciaba las paredes descoloridas del hospital
los noteros revoloteaban para un lado y para otro 
por fin uno de ellos agarró a una tía 
las tías siempre están.
Fueron los gendarmes dijo la tía con seguridad dos veces
y dos veces le repreguntaron;
si sabía quién era la chica que había muerto 
si sabía dónde vivía 
si sabía su nombre 
si conocía en qué circunstancias había muerto 
si había sido un enfrentamiento 
si entre los vecinos se tenía la noticia de inminentes operativos policiales,
cómo se había enterado ella de lo que había ocurrido 
dónde estaba en el momento en que se había enterado.
Entonces por un lado estaba el hallanamiento con saldo y balacera  la balacera otra 
la balacera famosa de la ambulancia
la balacera del allanamiento otra vez
y la balacera del tuca 
la tía había dicho les tiró gendarmería.
Bien, entonces ninguna balacera o enfrentamiento 
las balaceras no existen, los gendarmes tiran 
sus cuerpos pesados y verdosos por los bañados sanguinolentos que bordean el barrio.
No puedo dejar de imaginarme al tuca aquella noche recorriendo los canales internos a toda velocidad, 
temerariamente es decir poco,
cortando con la moto aquella oscuridad azulada 
los riachos estrechos que se clausuran abruptamente por acumulaciones de basura,
escombros y autos desmantelados,
pedazos de artefactos en desuso asoman en la superficie pantanosa
la espesura algo hedionda
la flora superabundante
hacen que se disimule qué habrá sido qué en el origen
tal vez si el tuca hubiese manejado aquella noche...
los remos
quizá sería él el muerto o hubiesen zafado 
hubiese podido esquivar esas mordidas letales 
esa aplastante torpeza de escamas verdosas
con esa suerte felina con esa elasticidad fibrosa de sus gestos.




23 enero, 2015

Preguntas y disculpas

Quiero saber si es full hd o hd ready
Quiero que me expliquen eso
Por lo demás hd ready no busco porque eso, eso ya tengo
Quiero ser perdonado, si se puede, por mi ignorancia y/o por haber leído mal
Quiero saber si hacen factura, si hacen envío, si hay stock... ¿hay?
Quiero saber por qué tiene wifi pero no es smart y qué significa picture and picture
Y que me indiquen si se conecta esto con esto otro
Estallido de cosas disímiles, abstractas
Una 7080 pc amd gamer A10 7850k Quand Core + R7 8gb Hdmi Usb 3 ¿va?
Quiero poder dilucidar cierta contradicción entre la descripción y la publicación
Quiero que me digan qué me van a ofrecer
Y si se trata del T24A550 o del T24C550-L o sin ella
Los volt, ¿todos o algunos, solo 220 o solo 12, o ambos? me gustaría de 12
Y si los voltios no fueran nunca la fuerza, la potencia y tensión requerida...
O si no tienen nunca algo de semejantes pulgadas
Quiero jugármelo todo por un samsung s4 mini completo con caja 10!
Quiero canjearlo todo, espero les interese
Daría más si tuviera seguiría agregando
Una caja de vino Colón Cabernet del año pasado, creo, le falta una sola botella a la caja
Y hasta ese salchichón veronés, algo de ese estilo, regalo especialmente apetitoso que la madre de Karl Rossmann, en la novela América, le había hecho al hijo justo antes de que éste fuera fletado para New York.

19 enero, 2015

El gran héroe

 Una ficción de robots... hoy día es de lo más común ver en el cine una de robots. Hay una duda gigantesca con los robots, si acaso la dicotomía bestia/soberano se disuelve... se disolverá? Pues el robot de qué lado está; tiene vida? siente? piensa? Tantas cosas que ya han sido bien exploradas por el cine. Podemos amar a un robot? Acaso el robot supera al animal en el amor? Será algo más que una mascota? Domesticar al robot parece mezclar lenguas inconexas... 
 En la primera escena de este film de Walt Disney hay un club clandestino para celebrar riñas... Por cierto, la película animada se llama 6 Grandes Héroes. Decía, no de gallos o perros las riñas, sino de robots. En un espacio que se parece al que ocuparían un par de sumotori cada participante comanda acodado a lo zen, a su robot boxeador-destructor. Estos enfrentamientos suelen durar hasta que una de las partes estalla, se descoloca, se desmembra y deja manchas de aceite y chillidos cibernéticos sobre el paño.
 Como en muchas de estas películas encontramos que el protagonista se hace amigo de un robot, hermano de un robot. Allí están las aventuras más apasionantes cuando lo humano y lo inhumano se entrecruzan, se tejen complicidades y el mundo se arrodilla ante el plus de poder de estas amistades de los tiempos poshumanos. En el nudo de lo que va aconteciendo no hay mucho más para agregar. Está el malo, el que roba y se apropia de los descubrimientos de los buenos para hacer daño, está el empresario sin escrúpulos para quien la ciencia es fue y será un negocio. Están los amigos que ayudan al héroe y tantas escenas hacen que el espectador recuerde otras mil animaciones vistas antes. Pero lo mejor de todo esto es encontrar viva más viva que nunca la prehistoria de los cánones metafísicos. Los clásicos: muerte se opone a vida y apariencia a ser y alma a cuerpo. Este último es formidable para este mundo cibernético porque si bien no hay nada que no sea materia hecha y rehecha por la técnica, la idea de que aquello que permanece que está más allá y que puede ser recuperado porque es inmortal, y que además, funciona como banco para que las cosas puedan ser repetidas, recopiadas, reproducidas, esa idea está fresca como de costumbre. El cuerpo siempre es un material disponible, una bella forma que puede ser recreada si se cuenta con la tecnología adecuada para que ello se logre. Y, sobre todo si hay un alma capaz de insuflar ese soplo determinante que devuelva, aunque suene inverosímil, esa identidad personal, la misma. Quién se quejaría de que es otra persona, de que se trata de otro robot porque el cuerpo no es el de antes, el cuerpo original se ha perdido para siempre, en el limbo, en la batalla o en una suerte de inmolación. Pero se ha salvado algo, se ha salvado la memoria, el chip único desde el cual es posible repetir al cuerpo. El chip es una materia un tanto extraña, materia al fin, pero que pretende ser presentada como lo otro del cuerpo, es una materia que se ve y se toca con otros ojos y manos intangibles. Nadie asociaría ese chip a algo que pueda ser confundido con lo corporal, con el plástico, la silicona, el color, la textura, los brazos mecánicos de aleaciones super especiales que se fusionan en el interior. Primer superpoder: el alma infinita sobrevive al espacio infinito donde el cuerpo finito se pierde y además, segundo superpoder: de ese mismo caos, cuya fuerza de absorción es insoportable, el alma puede retornar.  
               

10 enero, 2015

Para hacer bailar a todos los amigos


7 de enero atentado a Charlie-Ebdo y publicación de Sumisión

 Hace unos días nos enteramos de que en Francia se llevó a cabo un ataque terrorista al staff de la célebre revista Charlie Hebdo. 
 Leí una nota de un periodista que cubría el tema para Página 12. Me llamó la atención que en un momento el texto le dedicara casi un párrafo entero a criticar a aquellos que llevarán agua para su molino o aprovecharán esta situación de confusión y bronca para confundir más a la opinión pública y hacer que la sociedad francesa desbarranque hacia una ultraderecha siempre agazapada. Creo que ese punto de vista es correcto. Me corrijo, en particular me llamó la atención que se señalara que dicha coyuntura beneficiaría a personalidades detestables de la cultura francesa como el escritor Michel Houellbecq. Ese mismo día, es decir el día del asesinato de los escritores y caricaturistas de Charlie Hebdo, se habría publicado en Francia, Sumisión, la última novela de como dice la contratapa de unos de sus libros, "la primera star literaria" desde Jean Paul Sartre. Al parecer en este último texto, Sumisión, Houellbecq se entrega de un modo que roza lo patético a las ficciones paranoicas que sabe entretejer con maestría. La sociedad francesa se rinde ante la cultura árabe; no va más Occidente. Hurgueteando un poco encontré una referencia al menos de Houellbecq.  En Las partículas elementales (Anagrama 1999, Trad. E. Castejón)en un capítulo dedicado a narrar la así llamada revolución sexual en los años '60 menciona del siguiente modo a Charlie Ebdo, dice:
"El conflicto ideológico, latente a todo lo largo de los años sesenta, estalló a comienzos de los setenta con Mademoiselle Age Tendre y 20 ans, cristalizándose en torno a una pregunta fundamental en aquélla época:<<¿Hasta dónde se puede llegar antes del matrimonio?>> Durante estos mismos años la opción hedonista-libidinal de origen norteamericano recibió un poderoso apoyo de los órganos de prensa de inspiración libertaria (el primer número de Actuel apareció en octubre de 1970, y el de Charlie-Hebdo en noviembre). Si bien estas revistas se situaban, en principio, en una perspectiva política de contestación al capitalismo, estaban esencialmente de acuerdo con la industria del entretenimiento: destrucción de los valores morales judeocristianos, apología de la juventud y de la libertad individual".(...)     

24 noviembre, 2014

La comunicación

 Quería comunicar. Quería comunicar, algo. Se sentó en la mesa para decir las palabras seguras. Todavía no cesaban los gritos. Por los ventanales de la derecha caía suavemente el agua deslizándose desde cierta altura por el vidrio mugriento. Las gotas de lluvia se iban uniendo a medida que se juntaban con otras y los gotones crecían y el avance de los posteriores gruesos filamentos de agua era más veloz. Así pues, de gotas iban siendo correderos de agua que se estrellaban abajo en el marco, en la base del ventanal. En aquella atmósfera blanca comenzó a hablar pero nadie lo escuchó, y pidió que se hiciera el silencio, y se hizo. Pero de inmediato hablaron y taparon con sus voces lo que decía y entonces ya pareció que nadie escuchaba. Continuó diciendo lo que se suponía que era importante comunicar y fue evidente a la segunda oración proferida por su pequeña boca que nadie oía, solo algunos. Uno que al parecer atendía hizo un gesto nervioso con las manos, estaba sentado próximo al que en el frente quería hablar y se puso de pie, caminó unos metros con largos trancos y cerró la puerta del recinto. Eso no tenía una explicación obvia ya que desde afuera, desde el larguísimo pasillo no llegaba ruido molesto alguno. Y por otro lado la lluvia era como un motorcillo acompasado que ronroneaba como alguno que durmiera una siesta justificada y breve. Entonces era claro que el motivo de que no pudiese comunicar algo importante como se suponía que debía hacer, provenía de allí mismo, del recinto aquel. Volvió a pedir silencio mucho más enérgicamente, parándose como con un gesto de esos de mostrar enojo y luego otra vez desde la posición habitual avisando que debía hablar que todos debían escuchar que las preguntas y las dudas quedarían para el final. Todos miraron con esos ojos de asentir, tan enérgico había sido el pedido de atención que el imperceptible brillo de los ojos era de esos de asumir, de admitirse en falta. Entonces prosiguió con aquella explicación en la cual destacaba las palabras claves cambiando la entonación dándole un giro especial de voz y siempre volvía a repetir toda entera la frase por si alguno todavía medio en otra cosa pudiera perderse. Por eso repetía una vez y otra y si era algo demasiado novedoso una tercera. Pero se dispersó el ambiente una vez más. ¿Era una maldición? ¿Una saña acaso de no escuchar al que quería decir algo para los demás? ¿Un fuego para quemar con un frío leve al que pidiera, al que deseara acercarse? Se fue ensimismando. Desde allí desde donde estaba sentado se acurrucó sobre la mesa mientras no lo escuchaban, se recostó sobre sus brazos como si fuera a dormir. Levantó un poco los brazos desde la posición de estar con la cabeza hundida en la mesa. Las manos y los brazos se elevaban como si germinaran de tierra fértil y se imponían verticales. Eso comenzó a llamar la atención del auditorio o lo que cosa fuera de los que estaban enfrentados sentados en sus sillas y sus mesas. Les fue desparramando en la cara todo aquello de contorsionarse un poco con los brazos entrelazados y sobre todo con las manos y entreverando los dedos y dando a entender rápido que aquellos movimientos corporales y expresivos venían a verter lo que no se podía poner en la oralidad. Entre dos dedos se dio una relación de acercamiento que pronto fue una relación amorosa, una cópula. Otros dedos se decían secretitos, uno rascaba y el otro imploraba o exigía respeto. Los movimientos eran suaves y la mayoría de las veces dos dedos o las palmas de las manos o los costados de los brazos no llegaban a tocarse; como si se aproximaran hasta el máximo posible y por los poros resoplaran sus quejidos y sus animadversiones. Y por los pequeños pelos de la epidermis se transmitiera un eléctrico canturreo que hacía que esos pelos como micro-juncos sembrados salvajes a la vera de un sanjón agreste se balancearan con una brisa que se encendía y se apagaba de manera alternada. Aquellos que ahora sí esperaban la comunicación actuando de manera mancomunada en su intención de recibir datos quedaron atónitos, o mejor atontados. Quien debía dar la comunicación o quien la estaba dando ensimismado, abandonando la palabra y haciendo gala de la gestualidad, había desaparecido.   

02 noviembre, 2014

El cerro el cerrito ese y la danza

 El teatro era negro, alto y con cierta profundidad. Mientras esperábamos en la antesala alguien dijo que eso era una cagada. Dije que era asombroso y un teatro terrible, y repetí, asombroso. Pero es una manera irónica de hablar? Ay no estás... en la onda de lo que queremos decir. 
 Cuando después al final todo el elenco estaba sentado en sillas de color gris oscuro igual que las butacas recordé que los últimos días había estado planteándome algún modo de explicar eso que pasa cuando vemos, cuando estamos frente a una obra de arte de cierta magnitud. Algo acontece claro en el orden del pensamiento y del cuerpo.
 Tuve ganas de llorar; pero la mayor parte del tiempo reí a carcajadas, incluso, cuando algunas bailarinas me dijeron los piropos más lindos. 
 Los cordobeses primero se metieron con el lenguaje (acá), lo mascaban como un chicle, mejor dicho como cuando se tiene un chicle en la boca y no se lo aplasta, no se le deja a la goma dulce las marcas de los premolares. Chupada tras chupada, relamiendo una y otra vez las palabras y resoplando y repitiendo. Ahí mira papito ahí están las sierras y el dique de Santa Helena. Ahh... mira ahí mamita ahí están las sierras y el dique de Santa Helena. Miraaaa mirá mamita ves eso que está ahí es el dique de Santa Helena y todo todo lo que rodea al dique son las sierras. Mirá papito querido todo eso que está allí son las sierras y el dique de Santa Helena. Mamita mamita todo aquello que tenés frente tuyo son las sierras y más acá, apenitas más acá, abajito ahí es el dique de Santa Helena... Ahh sííí... ahh ahh síí papito síí cómo me gusta... las sierras y más acá el dique de Santa Helena. Tal vez no sea una casualidad que en el teatro los cordobeses se metieran a producir sobre el silencio, sobre el gesto, sobre esa jocosidad dulce que se pega y se hace amiga de esa lengua que cualquiera escucha y de la que se quiere hacer partícipe.
 A cada rato alguno se acercaba al micrófono y poblaba el escenario de noche y de revoloteo de rememoraciones que estaban ancladas en la añoranza del terruño, en las noches compartidas con los amigos, en los bailes y los tragos; los excesos de las pasiones, las fiestas y el baile.
 Siempre esa acumulación oscura en que nunca se sabe lo que puede una voluntad libre. Porque en definitiva cualquier cosa puede pasar cuando una voluntad libre se encuentra con otra y ambas deciden por ejemplo ir a desmadre. Sí mamita por más que los mire y los mire si quieren pegarse lo harán y si mamita no llega a tiempo piñas y piñas y más trompadas dejarán craters sobre la cabeza del pegador. Y si es de noche tanto peor, cuando una simple reverberación de luces opacas se sienta cerca ya es que se están matando. Se hace como un halo de polvo alrededor y el tiempo parece congelarse, los pibes parecen toros y una tierra sucia se volatiliza y sube para provocar más y más confusión y violencia. Por suerte a la vuelta pusieron un puesto de choripanes, de choripancitos y hacen ofertas a los que pasan, pasan y se las hacen a ellos mismos, las bajan y las suben, le ponen fernet o le ponen choripán, le sacan la coca y lo dan con fernando, con un fernandito. Venden todo muy rápido se venden todo porque se compran todo sin arrepentirse nunca. Después uno de ellos coloca un cajón en el centro del espacio las luces se quedan quietas. Le colocan otro cajón de manera que se forma una T pero dada vuelta. Y en el frente de la T dada vuelta se sienta el conductor, todos los demás se cargan atrás y quedan a la expectativa. No sé cómo lo hacen pero arrancan y el espacio de la sala se amplía porque si no no podrían avanzar, y doblan y trepan porque en Córdoba abundan los caminos sinuosos y las pendientes y las trepadas abruptas. Qué bárbaro lanzarse a la noche por un camino así, sin iluminación más que la del vehículo, se oyen abajo las piedras de formas aleatorias golpear contra el chasis, salir despedidas rodando rápido hacia un costado.Y salir despedidos, ellos, hacia otro pueblo del otro lado del cerro ese, pero que ninguno sabe si bordearlo, si subirlo y dejarse empujar del otro lado, si atravesarlo por el valle y dejarlo atrás, si cambiar de conductor, si bajarse y ponerse a bailar.