En una edición de cuentos completos de Alfaguara se lee que Julio Cortázar nació en Bruselas en 1914 que se educó en Argentina que realizó estudios de Letras y Magisterio. Una sola oración puede ser el itinerario de toda una vida, no sabemos si eso es bueno o malo. Una nota leída en la revista Viva que es un informe especial que después guardamos durante mucho tiempo y que es como una guía de luz en el sendero de los proyectos que van a venir. Y llamamos al ciento diez que pregunta que cuál es la razón social y cortamos. Volvemos a llamar al ciento diez y le pedimos el número de ese colegio que para nosotros es El Colegio. Porque nunca tuvimos uno. Alguna vez queremos tener un lugar al que pertenecer. Debe ser como tener un chapón duro bajo la camiseta, no se ve, pero está y protege, es ese pararayos que cuida y está siempre encendido como un escudo, como escudero invisible que lleva las armas y cuando es preciso que el escudo pare golpes del exterior o las armas incidan desde el interior sale la fuerza a borbotones. Pero Cortázar dice lo siguiente:
La idea de meterse de noche en la escuela anormal (lo
decíamos por jorobar y por otras razones más sólidas) la tuvo Nito, y me acuerdo
muy bien que fue en La Perla del Once y tomándonos un cinzano con bitter. Mi
primer comentario consistió en decirle que estaba más loco que una gallina,
pesealokual -así escribíamos entonces, desortografiando el idioma por algún
deseo de venganza que también tendría que ver con la escuela-, Nito siguió con
su idea y dale conque la escuela de noche, sería tan macanudo meternos a
explorar, pero qué vas a explorar si la tenemos más que manyada, Nito, y, sin
embargo, me gustaba la idea, se la discutía por puro pelearlo, lo iba dejando
acumular puntos poco a poco.
Hasta hay un momento que se confunde con múltiples capas de momentos anteriores, de pasados que ya no están en sitio alguno ni de la conciencia ni de ningún resabio del mundo en que estamos buscando la dirección del colegio en una guía filcar desactualizada. Y soñamos o analizamos despiertos si lo que recordamos es un sueño o algo que alguna vez vivimos.... Estamos en el asiento trasero del coche del padre y nos sobresaltamos al oír un bocinazo por una frenada por un casi alarido de la madre y nos despertamos de ese asiento frío, cómodo con esas terminaciones de plástico cuarteado que pellizcan la carne de los muslos. Vemos las rejas gruesas y la estatua del holandés y el peristilo y esa gran sala majestuosa solo ocupada por espacio vacíodominada por esa lámpara inmensa color caoba con forma de octaedro que suspendida a media altura baña todo de una tiniebla amarillenta y dulce.Y Cortázar:
Casi meto la mano en un pincho, pero pude saltar bien, la
primera cosa era agacharse por si a alguien le daba por mirar desde las ventanas
de la casa de enfrente, y arrastrase hasta encontrar una protección ilustre, el
basamento del busto de Van Gelderen, holandés y fundador de la escuela. Cuando
llegamos al peristilo estábamos un poco sacudidos por el escalamiento y nos dio
un ataque de risa nerviosa. Nito dejó el poncho disimulado al pie de una
columna, y tomamos a la derecha siguiendo el pasillo que llevaba al primer codo
donde nacía la escalera. El olor a escuela se multiplicaba con el calor, era
raro ver las aulas cerradas y fuimos a tantear una de las puertas; por supuesto,
los gallegos porteros no las habían cerrado con llave y entramos un momento en
el aula donde seis años antes habíamos empezado los estudios. +
El profesor Narodoski colaborador exclusive del mal años más tarde, ya había dicho en uno de sus tantos libros donde no paraba de robar ideas al filósofo Foucault que al colegio no entraríamos nunca por Urquiza saludando de soslayo el busto del fundador. Entraríamos siempre por el costado, por Moreno, y dar gracias por ello inclusive. Políticas institucionales de la exclusión. No importa. Al gran escritor ya nada de todo esto lo reconforta, no busca la identidad sino más bien el modo cabal de conjurarla. Admite que la luz azulada traspasando los techos de agua del doble patio fascina, el juego, el rondar, el silencio, el poblar espacios semi o totalmente regimentados seduce. Pero esa noche el punto no es ese. Y esta noche... cuál es el punto en nuestra noche en la escuela de noche.
Algo bueno de practicar deportes es que se está frente a un mundo completamente reglado donde todo cierra. Sobre los cuerpos llueven miles de ilusiones; sobre los cuerpos, los cuerpos son sin lugar a dudas los héroes de todo deporte. ¿Puede haber un deporte donde el cuerpo no sea la gran heroína?; puede, como en el ajedrez que lanza la definición misma de deporte y la amplía de un modo generalísimo y tal vez justo. Pues un prejuicio superficial nos lleva a pensar de manera inmediata que en los deportes solo interviene una cierta energética corporal, reflejos, destrezas meramente físicas. Pero qué sucede cuando aparece uno de esos deportistas que parecen hacer saltar los tableros y los campos por la cantidad de moléculas de puro pensamiento y cálculo que expanden y reafirman en cada movimiento? Por eso el ejemplo del ajedrez sería el no deporte o deporte puro. El deporte completamente virgen llevado a su grado sumo de perfección; la idea. No pasa nada con los cuerpos, podría no haber cuerpos solo cerebros comandando una serie de palancas de botones imperceptibles como los gestos de un cambio de decisión. Sin embargo nadie quiere escuchar o ver un deporte donde nada tiene que mostrar el cuerpo; a lo sumo sí escuchar las proezas de los contra-deportistas que sentados y sumergidos los cerebros en las cubetas se debaten durante horas y días enteros mostrando que con un conjunto de reglas finitas el mundo puede rotar sobre sí mismo hasta el fin de los tiempos y no hace falta nada más. Eso no es para nada atractivo. Lo que queremos es estar frente al teatro que un juego nos incluya como espectadores y haga con nuestros cuerpos todo lo que no hacemos con ellos. Cuando la política habilita que los cuerpos participen ningún cuerpo se niega a adoptar la democracia como la mejor forma de gobierno. Pues nada queda afuera frente a un mach de lo que sea. Solo se necesita un objeto cualquiera que ruede, repte o se sumerja en el campo y que los deportistas se apliquen a chocar a ponerse en contacto con el objeto y los otros cuerpos. Los espectadores del teatro político hacen el resto sin permitir que nada quede excluído, haciendo del campo de juego el único mundo posible que vale la pena sea construido y contemplado para disfrute de todos los actores políticos, pues si no fueran políticos se despegarían alguna vez de la pantalla rechazarían las reglas, amarían el caos y no querrían ver jugar a nadie más nunca más.
Hace mucho que esta idea ronda nuestras cabezas. Hay un gran desierto y soplan ráfagas insoportables es de noche o se está haciendo... Y nos cubrimos con el velo, con los antebrazos o con lo que tenemos más a mano. Cómo duelen esos gruesos látigos de arena fría sobre la piel cuando a velocidad estrepitosa golpean de todos lados; dónde está el norte dónde está el sur? Me acerco a la góndola le digo a Ani que me espere afuera pero me sigue igual hubiésemos preferido estar solos para poder elegir en paz. Ani espera con cierta impaciencia; cabernet u otra cosa? Ani no nos dice nada. Queremos agasajarlo mostrarle que podemos dar que gastamos en él. Enseguida entre todas las botellas vemos una conocida, todas son conocidas pero esta es especial y pensamos mientras le decimos a Ani que elegimos para él una especial, pensamos que todo lo que sucede todo lo que damos lo que mostramos lo que enseñamos y transmitimos a la gente que nos conoce y disfruta de nuestra compañía, todo, todo lo que un poco brilla, es obra de algo que no somos. Algo que está en otro lado, que pasó en otro tiempo en otro lugar. Caminamos hacia la caja mientras el chino está absorbido en otros billetes que no son los nuestros, y pensamos en todas las otras botellas que se quedan ahí quietas en la góndola y en ese lugar ahora vacante ocupado por la botella que nosotros tomamos y que ya no está allí; Ani dice que ese es muy caro. Sí no es barato, todo lo que teníamos lo ponemos para ese cabernet, es lo justo. Toda la experiencia toda nuestra experiencia está en algún lugar; en algún lugar que no es hoy. Ani dice que nombramos una y otra vez la misma persona cuando hablamos de nosotros como si no pudiésemos hablar de nosotros más que hablando o citando a un nosotros que no somos nosotros. O como si para hablar de nosotros siempre debiésemos necesariamente dar como cierto rodeo porque todo lo novedoso que sabemos todo lo informado y preparado está en otro lugar.
El rodeo es una operación, un giro, aparecido en todo gesto de pensamiento de análisis. El rodeo presencia de presencias en la cultura y en la historia de los textos. En los textos que hacen fila y en las interpretaciones que esperan siempre está el rodeo. Algo curioso algo sorprendente; el rodeo está siempre. Como término, como cita. Ahí siempre es traído el rodeo. En Freud, en Marx en Derrida que es seguramente quien lo ha hecho ser algo topológico quien lo ha llevado a su lugar de descubierto. Es decir quien lo ha pintado quien lo ha trazado quien nos ha hecho notar y visualizar de qué modo fantasmagórico y visceral más allá y más acá el rodeo presiona y produce todas las variaciones de sentido. Al punto de que grandes textos y conjuntos y más conjunciones de fundadores no son más que costureros y tejedores de rodeos que exponen tesis o revoluciones, hipótesis muchas veces locas pero que nos han hecho despertar a realidades antes impensadas pero siempre rodeando rodeándolo, acercándose a eso que se escabulle y a sabiendas de que nada hay bajo los velos descorridos una y otra vez como mujer inexistente como relación que no hay como ente que desde la sustracción empaña baña fulmina con su presencia que nunca se hace presente. Pero así avanzando así abriendo una vez y otra para continuar el interminable sendero de esa episteme cósmica y prometedora que decía: "(...)precisamente porque no se reconoce como tal sino por un rodeo, sirviéndose de un intermediario. La religión es propiamente el reconocimiento del hombre por un rodeo, por un mediador." Marx, La Cuestión judía. "Este rodeo estaba destinado, en primer lugar, a recordar que el olvido del que hablamos, pese a ser constitutivo del don, no es ya una categoría de la psyché. No puede no tener relación con el olvido del ser(...)." Derrida, Dar (el) tiempo. El tiempo del rey. "El que el fin de la vida fuera un estado no alcanzado nunca anteriormente, estaría en contradicción con la Naturaleza, conservadora de los instintos. Dicho fin tiene más bien que ser un estado antiguo, un estado de partida, que lo animado abandonó alguna vez y hacia lo que tiende por todos los rodeos de la evolución." Freud, Más allá del principio del placer. Y, finalmente, el giro en derredor de una caja de fósforos Rodeo que muestra iconografías propias del rodeo como deporte estadounidense o práctica méxicana o canadiense; un jinete con el caballo parado en ancas preparándose para lanzar un lazo simple y un fondo que repite los motivos de revólver, bota tejana, cráneo de toro, cactus... pero sin formar una secuencia que se respete siempre igual. 220 fósforos de seguridad de madera. Madera de bosque 100% reforestado. Del reverso de la caja amarilla también es amarilla y tiene un refrán: "más vale maña que fuerza". Material para ser recortado, tal vez coleccionado por la familia y los chicos. Una excelente definición del rodeo; demasiado real para ser verdadera, demasiado simple para ser visible: "Se obtienen mayores logros con la habilidad, destreza y tranquilidad, que con la fuerza y violencia".
Era un juego violento que enardecía los instintos y la percepción como una droga de deshecho. Felicidad efímera y cara, luego algo parecido a la tristeza nos invadía sin consuelo. Una especie de culpabilidad que irrumpía muda en sensaciones dejando la carne agitada de los cuerpos de los niños en un estado apesadumbrado y reflexivo. Se precisaban unas ramas, de paraíso con seguridad, pero cualquier otra rama que lanzara un cúmulo de bracitos finos y flexibles al entorno serviría; ramas peladas, ramas que se pelaban como soldados asesinos preparando sus filos para ir al campo a matar sin jamás cuestionarse el motivo y todo hecho con gran delectación. En el campo, o sea en el territorio de tibio cemento semidesierto que era la calle se llenaba de mariposas de todos los colores. Lecheras, chinas, azules, naranjas... Se las esperaba, se las perseguía; a esos enjambres frágiles de polvo de estrellas, rimell y papel de origami. Volea, smash, revés y saque para volver a reejecutar aquellos animales -hoy extintos-. El aire era partido también como un queso por el filo agudo de las ramas y zumbaba fushh fushh, fush fush, las alas de las mariposas siempre eran tocadas y dañadas mortalmente por aquella magia. Parecía que danzaban por última vez en su medio, daba la apariencia de que se relentizaban, se congelaban se elevaban un poco y luego se desatornillaban sobre sí mismas girando como un trompo y yéndose a pique, hacia el suelo. Desmalladas con una vida acortada todavía, -como si no bastara aquella cortedad designio de lo anorgánico- como si una gota de agua y luz se pudiese dividir siempre otra vez. Siempre había una apariencia de que las armas habían fracasado de que el golpe había sido inútil o tardío de que las mariposas lograban escapar por entre los agujeros del aire y los espacios entre los dedos nudosos y amputados de las ramas; pero no, nada había más fácil y más efectivo que aquel terror solo aliviado porque la tarde era regada de sol y las mariposas no tienen sangre roja.
A la noche va a pasar algo. A la noche cambian las reglas. ¿Eso está en la mente o está en la naturaleza; está en Dios o en los hombres? A la noche es el reino de las tinieblas. Habría que delimitar territorios y decir qué es igual qué es distinto qué se puede y qué no comparar tranquilamente. La noche en el campo no es la noche en la ciudad; es conocida esa vieja y homogeneizante tópica que confronta dos modos socio-económicos para explicar de dónde a dónde y hacia dónde. Después también están la montaña, que en mucho ha de parecerse al bosque, la playa, el río y el bosque, los montes y el pueblo inundado y por consecuencia las ruinas y un sinnúmero de variantes y combinaciones de accidentes y topologías. En cuanto a la noche en el bosque es una radical transformación de la tierra, de las cortezas, de las zonas más o menos pantanosas, de los sonidos. Apenas desaparece el sol, aunque aún haya luz ya los sonidos son de otro mundo; con otras reglas, otros ritmos y una profundidad que dura y se espesa en el límite de los sentidos. A la noche todo se hará un poco más irreconocible y sordo; rápido pero deficitario en las respuestas a los llamados. Cuando ya es noche cerrada y a cualquiera le parece que caminar solo por el bosque es del orden de lo siniestro sucede que Estelle pierde su celular entre la hierba. -Se cayó o está en un bolsillo que existe o no existe, si llama al celular no pasa nada, pero alguien brillante propone que aunque esté en vibrador se podría ver una luz azul artificial entre tanto azul profundo, abismal, de perfectas simetrías que es el bosque. De inmediato se reorganiza una cuadrilla de búsqueda vectorizando el espacio de un modo perfecto (posible); porque la oscuridad lo permite... Avanzan en línea con linternas de luz blanca de luz un poco más o menos mimética con el azul del espacio y barren cada metro de pasto, de hierba, de hojas de eucaliptos. Usan, para tantear el terreno si es necesario, los resortes de las zapatillas y el olfato adormecido por siglos de respirar el aliento de la antirrevolución que son los escapes de los automóviles-.
A Rose la había enloquecido algo azaroso y cíclico. A veces lo externo puede bajarnos cuatro dientes rompernos las costillas y dejarnos sin respiración. De dónde vienen los auténticos males? Cómo formular la pregunta después de que sabemos que diosito ha muerto? Que toda trascendencia se ha disuelto y que solo hay plano inmanente? Dijeron que Rose estaba bien... era como cualquiera de nosotros pero cierto día dos estrellas se pusieron de acuerdo para finiquitarla para darle ese golpe maestro del cual no se recompondría jamás. Su prometido y su padre amado dejaron este mundo en un lapso de tiempo no mayor a los veinte días... Eso fue todo. Facebook es, yendo a otra cosa y permaneciendo en lo mismo, el ser que trama el espacio de lo decible y el espacio de lo decible es el infinito pasillo por donde los cuerpos circulan y se van tallando y diciendo. Vamos a transitar estas aberturas y por estas oberturas vamos a ser nominados. Dicen que Rose nunca volvió de esa tristeza que casi la mata; solo porque dos estrellas se pusieron de acuerdo, la estrella que para ella era su padre y la otra estrella que para ella era su hombre amado. Muertos juntos. Hojas en el otoño revueltas en el suelo, pudriéndose en el suelo, sobre la lápida mirando el crucifijo como se mira la llaga de una quemadura insoportable, incurable. En la locura hay algo de los cielos; hay claro lo genético, lo psicológico, la historia de toda vida las propensiones afectivas y la experiencia personal pero están las conjunciones de los astros necesarias y cíclicas y sus refracciones sobre los mortales que son azarosas; destinos caprichosos, inexplicables. Flechas disparadas por un ciego arco, sin vacilaciones, rebosante de hambre y dolor.
Hay pocas cosas que pueden saberse pero no hacerse, decir que hay que hacerlas a los demás pero no hacerlas uno -pero no por una intención deficiente o maliciosa- sino por una condición de la pedagogía, de la palabra que se dice se siente y tal vez tal vez también por una condición de la vida o de cierta vida como condicionante; de esa vida que se quiere salvar o al menos no desperdiciar. Derrida habla en este Exordio que se me pega como sombra, de la heterodidáctica, del discípulo del maestro y del aprender a vivir por fin; siempre por fin. Y una condición de ese aprender a vivir por fin es que se lo enseña se lo transmite bajo el ímpetu de cierta fuerza que acoge y relanza al discípulo todo el tiempo para animarlo a la mejor vida posible pero en el ejemplo, es decir en aquello que debiera ser el modelo a seguir o esa especie de mímesis posibilitadora de todo aprendizaje, de toda nueva incorporación de mundo... Quien dice que sabe cómo enseñar a vivir se corre, da un paso al costado porque no puede mostrar que lo que dice que sabe lo hace. ¿Es por eso que Derrida habla de una heterodidáctica? Seguro hay una urgencia en el siempre por fin; la urgencia de terminar o de empezar alguna vez con esto de una buena vez.
Los aeropuertos tienen poco que ver con mi juventud y con mi vida de adulto. Pero en mi infancia sí los frecuentaba a menudo. Una vez fui feliz en un aeropuerto, ya era grande, al menos ya no estaba junto a mi familia, había ido solo a Ezeiza o acompañado por alguien joven como yo. Ese día me sentí muy feliz. Fui a despedir a mi amigo que viajaba a Europa y cuando llegué me dijeron que había abordado; había desaparecido por esas escaleras mecánicas tan misteriosas como la desaparición de un cuerpo humano ante una mirada expectante. Ya habían pasado los tiempos en que se podía ir al patio gigantesco a mirar los aviones despegar o aterrizar trepado a esas estructuras metálicas parecidas a las que ponen los policías de infantería en las manifestaciones para que nadie cruce ciertos límites. Cuando entré al hall central también difícil de abarcar con la mirada -donde esas columnas imponentes y simétricas con apariencia de plástico y metal azulado se reproducían por todo el recinto amplísimo- me salió al encuentro la que no sería la mujer de mi amigo y me entregó un sobre de papel madera y me dijo; él quería que tuvieras esto. Lo tome entre mis manos y el sobre resonó aunque no lo presioné con demasiada fuerza, repiqueteó como algo flamante, escurridizo pero que no se separaba de mi piel. Candelita se quedó mirándome con sus grandes ojos negros y yo agaché la cabeza avergonzado por el honor supongo, porque mi amigo dejaba, para que yo los viera, esos poemas que nadie aún había leído. Su mueca de escepticismo se dibujó con trazos precisos en mi imaginación, guardé el sobre en la mochila y salimos para retornar de ese lugar de paso. De fondo las turbinas de algún avión ensordecían el atardecer y el gran radar giraba en la terraza y continuaría girando rápido y sin intervalos ni atropellos.
Desde que tengo memoria que la cosa no funciona. La crisis, los impactos, las disrupciones sociales, la pobreza, los que fuman marihuana... La cosa es el déficit atencional la crónica dispersión, la inexistencia del todo; o que el todo fuera humo al fin de cuentas. Muy de vez en cuando la cosa nos da una oportunidad pero siempre llegamos a destiempo para unirnos a ella para ser con ella para impulsarla a seguir para capitalizar su fuerza inabordable y hermosa. Pero estaba toda ahí desarrollada, habían tomado cada uno sus instrumentos; tumbadoras, bongos, el huiro, panderetas y no paraban de disfrazarse de echarse encima trapos viejos chalinas roídas maquillajes panzas de embarazadas falsas. Todo esto con la noche a cuestas, con todo lo que la noche trae y teje; la voz de Lara nos envolvía como su panza de embarazada falsa su sonrisa y las risas de los otros mientras aullaban y lanzaban una mezcla de sapucai y de pregunta enardecida: quiénes son los que fuman marihuana?! Pregunta retórica que hacía estallar como pocas todas las barreras y la cosmología y la cosmetología social. Esos son los momentos, cuando se conectan por sí solos; auténticos arquitectos tramadores de contenidos nuevos, para enseñar y aprender.