El 2005 fue el año de nuestra gran caída y de la redención, del milagro cósmico. Pero eso vendría muchos meses después. Estábamos en la puerta de un lugar que olía mal y nos íbamos para no querer volver nunca. Día nublado. En la puerta nos encontramos con nalbandián y le contamos que ya nada se podía hacer estábamos en la nada desacreditados y sin rumbo. Nalbandián decía que todo era futuro que teníamos que animarnos y nada más que era cuestión de animarnos, un par de wiskys... por una paja en el escenario cien pesos y por un cachondeo y por un filtreo y solo se necesitaba que fuéramos un par de meses al gym para desarrollar todo lo que estaba por naturaleza incompleto en nuestro estómago y nuestros brazos desfallecientes. Seguíamos con ojos escépticos su relato. La mañana promediaba y nos sentíamos libres pero desahuciados. En ese instante salió Ana María y nos saludo con un beso y nos deseó suerte. La saludamos por última vez con esa tristeza de decirle adiós a alguien que te gustaría saludar muchas veces más y escuchar muchas otras su voz enronquecida por la experiencia. Caminamos hasta la parada del 84 mientras nalbandián relataba sus azañas con cierta lubricidad en boca. Caño, sexo, tamaños desmesurados y dinero por sacrificio y placer. En el 84 las calles desfilaban frente a nuestra mirada atónita como agua que se cuela por todos los intersticios y como fuego que fulmina todas las salidas.
Este es el año del dragón por otra parte. El dragón que está todo hecho de retazos de fuego multicolores. El dragón que para la fuerza centrípeda de la corrosión de lo que no quiere ser y desarticula con su golpe ígneo la fuerza empecinada de las cosas que son el opio de los días. Las desgracias deberían hacernos llorar pero de verdad y nunca experimentar el enojo de la impotencia y el amargo revuelo de la desdicha sobre nuestras cabezas que miran a atenea y le dicen; ya no creemos en la ciencia, solo en la brujería, impracticable, y en los milagros inexistentes. Y atenea ríe con una risa explosiva que nos avergüenza pues sabe que los umbrales de una incomprensión paciente e indiferenciada nunca se cruzan.
08 julio, 2012
02 julio, 2012
Ascenso directo o aplazamiento sin fin
No podés prender velas y ya. No podés rezarle al Santo de moda e irte tranquilo. Ver las velas en el altarcito doméstico y después salir para triunfar. Hay que hacer las cosas, uno, hacerlas de un modo u otro tratar de hacer el esfuerzo de entender de tomar lo que se nos da. Es que los santos no ayudan... o solo así ayudan si ven o si perciben, ¿ellos perciben?, solo así cuando prendemos -campana suena vela arde- pero luego dando vuelta las palmas de las manos y llevando todo al punto de lo que se llama trabajo, actividad, concentración laboriosa.
Si no tenés el chiste ese del cura que estaba en la punta de la torre de la iglesia, va... primero era la ventana después la ventana más alta, después la cornisa más expuesta del edificio y por fin la cruz en la punta de la torre y casi ya con el agua de la inundación que lo estaba cubriendo y los socorristas que lo querían convencer para que saltara pero al socorro. Para que recibiera la ayuda para que tomara la mano de un bombero, de un hombre comúm. Y no quería porque decía que esperaba que confiaba en el Altísimo que le iba a echar una mano en el instante último. Pero se ahogó.
Si bien pueden no gustarte los cuentos con enseñanzas, ni de autoayuda ni los que dicen para mañana para los que vendrán y hoy no están porque no existen aún. Pero es bueno sí tener en cuenta lo que puede pasar y lo que no. Qué lindo altarcito qué lindo, dan ganas de arrodillarse ante él para pedir, para cerrar los ojos y dormitar murmurando algo a todas las fuerzas que pueblan el mundo sobrenatural. (No se las puede nombrar de hecho es mejor no meterse con semejantes nombres). Pero bueno un materialista siempre te va a sugerir que no te quedes oliendo el rico incienso ni viendo cómo se derrite y sin parar la cera superponiendo estalactitas blancas, negras, amarillas, empalideciendo el ambiente cerrado. Fulguraciones en las paredes y el techo. Todos hablan de sus cábalas de sus dioses, algunos hablan de sus dioses. Andate a estudiar mejor mañana tenés que rendir.
Si no tenés el chiste ese del cura que estaba en la punta de la torre de la iglesia, va... primero era la ventana después la ventana más alta, después la cornisa más expuesta del edificio y por fin la cruz en la punta de la torre y casi ya con el agua de la inundación que lo estaba cubriendo y los socorristas que lo querían convencer para que saltara pero al socorro. Para que recibiera la ayuda para que tomara la mano de un bombero, de un hombre comúm. Y no quería porque decía que esperaba que confiaba en el Altísimo que le iba a echar una mano en el instante último. Pero se ahogó.
Si bien pueden no gustarte los cuentos con enseñanzas, ni de autoayuda ni los que dicen para mañana para los que vendrán y hoy no están porque no existen aún. Pero es bueno sí tener en cuenta lo que puede pasar y lo que no. Qué lindo altarcito qué lindo, dan ganas de arrodillarse ante él para pedir, para cerrar los ojos y dormitar murmurando algo a todas las fuerzas que pueblan el mundo sobrenatural. (No se las puede nombrar de hecho es mejor no meterse con semejantes nombres). Pero bueno un materialista siempre te va a sugerir que no te quedes oliendo el rico incienso ni viendo cómo se derrite y sin parar la cera superponiendo estalactitas blancas, negras, amarillas, empalideciendo el ambiente cerrado. Fulguraciones en las paredes y el techo. Todos hablan de sus cábalas de sus dioses, algunos hablan de sus dioses. Andate a estudiar mejor mañana tenés que rendir.
29 junio, 2012
Las cosas esenciales
Ahí, sobre una macisa pesada repisa gigante, biblioteca u otra cosa que quiso alguien hacer cierto abuelo valet de Bartolomé Mitre, reposan las cosas. El mp3 grasiento, los guantes de recluta que ya creo están por cumplir 45 años, también los de meteoro con los que ansei jugaba al getoboru, la billetera gai, ese lobello super gastado pero que a duras muy penas protege la propiedad de los labios, la agenda santillana y el envoltorio de goma eva de una anterior agenda de la misma línea editorial, el envase de cassette de video-grabadora que es una cartuchera, el reloj buen regalo de tía que siempre adelanta 2. Y, entre todo eso meto de un modo atrasado quejumbroso con culpa, poca, innecesaria, los resabios de esos repuestos de la brown de la multiprocesadora de blas para que lo arregle... ¿quién?
Pienso que alguna vez voy a volver a leer a gilles deleuze porque nadie como él puede meter una palabra que amo y que es la palabra intensidad. Cuando una intensidad te toca estás frito amigo. No hay nada más que hacer.
Esa tarde-noche mi abuelo estaba un poco sacado porque blas no le había comprado los repuestos de la multiprocesadora que le había pedido hacía diez días, gritos, gritos, sangre invisible. Vamos. Nos tenemos que ir de este lugar. Es un lugar que está hecho para que no nos vayamos nunca así, pero nos vamos aunque haya que arrastrar el piso junto con las baldosas y arrancarlas con un cuerpo flojo que es todo penumbra. Todo así cruzando la villa, la provincia, los caminos fronterizos que se entrecortan de allá para acá de acá para allá tantas veces en la vida. Y vos qué pensás.
Pienso que alguna vez voy a volver a leer a gilles deleuze porque nadie como él puede meter una palabra que amo y que es la palabra intensidad. Cuando una intensidad te toca estás frito amigo. No hay nada más que hacer.
Esa tarde-noche mi abuelo estaba un poco sacado porque blas no le había comprado los repuestos de la multiprocesadora que le había pedido hacía diez días, gritos, gritos, sangre invisible. Vamos. Nos tenemos que ir de este lugar. Es un lugar que está hecho para que no nos vayamos nunca así, pero nos vamos aunque haya que arrastrar el piso junto con las baldosas y arrancarlas con un cuerpo flojo que es todo penumbra. Todo así cruzando la villa, la provincia, los caminos fronterizos que se entrecortan de allá para acá de acá para allá tantas veces en la vida. Y vos qué pensás.
16 junio, 2012
Árbol de mandarinas
Mientras almorzamos ale cuenta una historia breve, bella, entre suspiros, resoplando tras cada bocado de carne y arroz, baboso pero rico. Hace gestos sentidos con las manos y dobla la cabeza como si todo lo que quisiese decir cada palabra cada impresión hiciesen que todos sus músculos y articulaciones se flexionasen. Y cuenta que las mandarinas le gustan, pero sin que lo especifique es evidente que no cualquier mandarina le parece sabrosa, no las de un super no las que se pueden adquirir en una verdulería cualquiera. Las de acá a la vuelta las de un puesto ilegal que no paga nada pero que ya es casi una tradición de treinta años sí. Y sobre todo, aclara enseguida, esto viene de la infancia, el perfume, el color, el tacto áspero de un tronco de árbol viejo en el fondo inmenso -porque su abuela tenía una casa de media manzana- y ale allí arriba descansando y comiendo la fruta. Y dice que le gustan esas cosas, como que eso es lo que en definitiva afecta el hoy, retiene y ocupa los momentos duros, las cosas de la infancia. Esto quiere decir que muchas veces está sin estar y soporta sin soportar nada de lo que muchos creen que soporta, en realidad está en esa media altura. Allí sobre ramas y troncos cebados de un verdor mate en suspenso en la humedad blanca de la tarde nublada; o de aquellas tardes en que se come fruta y se está en soledad en la casa de una abuela que como un titán sostiene todas las pesadas ausencias.
Abajo está la abuela, ¿lo sabe ale?, parece que lo sabe, está abajo del árbol sosteniendo aguantando el gran árbol de la vida que quieren robar los americanos chantas del mismo modo que querían robarle a los pobladores del gran árbol de la vida todo ese tesoro a los Na'vi. Ale deja que las mandarinas sigan cayendo por atrás de su conciencia las mejores las dulces las jugosas las que son como caramelos porque no tienen semillas.
Abajo está la abuela, ¿lo sabe ale?, parece que lo sabe, está abajo del árbol sosteniendo aguantando el gran árbol de la vida que quieren robar los americanos chantas del mismo modo que querían robarle a los pobladores del gran árbol de la vida todo ese tesoro a los Na'vi. Ale deja que las mandarinas sigan cayendo por atrás de su conciencia las mejores las dulces las jugosas las que son como caramelos porque no tienen semillas.
11 junio, 2012
Y se va la primera
La segunda parte del año es mucho mejor que la primera. Hay algo en la primera parte que hace que un día todo eclosione, es una presión que el resto de los días se puede manejar, disimular. Pero el último día de la primera mitad es terrible porque el cuerpo está harto de los años y las estaciones y las promesas de los órganos.
En el capítulo XXIV del tomo I dice Marx lo siguiente en una traducción de W. Roces: "Los contingentes expulsados de sus tierras al disolverse las huestes feudales y ser expropiados a empellones y por la fuerza de lo que poseían, formaban un proletariado libre y privado de medios de existencia, que no podía ser absorbido por las manufacturas con la misma rapidez con que se le arrojaba al arroyo. Por otra parte, estos seres que de repente se veían lanzados fuera de su órbita acostumbrada de vida, no podían adaptarse con la misma celeridad a la disciplina de su nuevo estado. Y así, una masa de ellos fueron convirtiéndose en mendigos, salteadores y vagabundos; algunos por inclinación, pero los más, obligados por las circunstancias".
Cuando la primera parte del año va llegando a su fin se hace insoportable porque avanza como un rápido que a cada curva del cauce degenera hasta volverse irreconocible. Las multitudes van hacia su propia caída donde las lleva irremisible la corriente de los tiempos para desperdiciarlas, y no dicen nada, no dicen, nada dicen. Por eso hasta que llegue la segunda mitad no hay nada de qué quejarse pues en la Edad Oscura los individuos no decían ni mu. Luego en los siglos de las Luces era tan esquizofrénica la fuerza con que se los capturaba para recofigurarlos que los hierros candentes con que se marcaba su carne se enfriaban pronto. La segunda mitad es el fiel reflejo de la primera pero típicamente descomprimida. Es como tomar un globo entre los dedos índice y pulgar, bien inflado el globo hasta que las paredes se vuelvan tenues y transparentes, y retenerlo allí con los dedos presionando y no dejando escapar el aire pero luego soltando la cosa y que se disperse resonando errática viajando como un huevo enloquecido de corta duración. La segunda mitad del año es entonces un trazo menos hostil y acuciante pero de cobertura fofa: Zaratustra... había dicho que el horizonte había sido borrado con una esponja?
En el capítulo XXIV del tomo I dice Marx lo siguiente en una traducción de W. Roces: "Los contingentes expulsados de sus tierras al disolverse las huestes feudales y ser expropiados a empellones y por la fuerza de lo que poseían, formaban un proletariado libre y privado de medios de existencia, que no podía ser absorbido por las manufacturas con la misma rapidez con que se le arrojaba al arroyo. Por otra parte, estos seres que de repente se veían lanzados fuera de su órbita acostumbrada de vida, no podían adaptarse con la misma celeridad a la disciplina de su nuevo estado. Y así, una masa de ellos fueron convirtiéndose en mendigos, salteadores y vagabundos; algunos por inclinación, pero los más, obligados por las circunstancias".
Cuando la primera parte del año va llegando a su fin se hace insoportable porque avanza como un rápido que a cada curva del cauce degenera hasta volverse irreconocible. Las multitudes van hacia su propia caída donde las lleva irremisible la corriente de los tiempos para desperdiciarlas, y no dicen nada, no dicen, nada dicen. Por eso hasta que llegue la segunda mitad no hay nada de qué quejarse pues en la Edad Oscura los individuos no decían ni mu. Luego en los siglos de las Luces era tan esquizofrénica la fuerza con que se los capturaba para recofigurarlos que los hierros candentes con que se marcaba su carne se enfriaban pronto. La segunda mitad es el fiel reflejo de la primera pero típicamente descomprimida. Es como tomar un globo entre los dedos índice y pulgar, bien inflado el globo hasta que las paredes se vuelvan tenues y transparentes, y retenerlo allí con los dedos presionando y no dejando escapar el aire pero luego soltando la cosa y que se disperse resonando errática viajando como un huevo enloquecido de corta duración. La segunda mitad del año es entonces un trazo menos hostil y acuciante pero de cobertura fofa: Zaratustra... había dicho que el horizonte había sido borrado con una esponja?
02 junio, 2012
Deseo
Empecemos por algo simple y pequeño. Una pequeña materia blancuzca de unos pocos milímetros de diámetro donde están puestas las esperanzas y las expectativas de ponerse bien de no tener más unas terribles visiones que suben de un interior desconocido de terribles impulsos oscuros llamados locura y muerte abrupta. Entre nuestras manos va y viene la pequeña esferilla achatada, compactada y difícil de manipular, sobre todo cuando tenemos que cortarla justo por el medio y que aunque está marcada de fábrica por una zanja perfecta que la corre cruzando su diámetro, es en extremo evasiva, partiéndose fragmentándose de un modo fastidioso que la transforma en polvo de vida desesperada. En cierta ocasión tratamos de cortarla con una tijera utilizando solo una de sus hojas haciendo presión contra el apoya brazos del micro en el que viajamos hasta un cerro que nos disponemos a escalar y es sumamente complejo; el corte falla, y después de vacilaciones y forcejeos nerviosos, por el tiempo que siempre nos corre, los trocitos de la pastillita saltan en fragmentos deshechos, pero por suerte todos quedan resguardados en nuestras manos. Ella dice que no es nada y chupa los trocitos vueltos polvo y los absorbe con pasión. Y pensamos que cuando levantemos la copa, soplemos pequeñas velas retorcidas o intentemos encontrar seres mitológicos mirando el firmamento en la cumbre de un cerro solo querremos pedir -porque tantas veces hubo que el deseo era un mero hueco y el futuro una estrella distante e indiferente- la estrella hermosa que ella se merece.
27 mayo, 2012
Fuego
La magia es la posibilidad de operar un transporte de lo posible pero inmediato. De cuerpos, de cosas vivas o meros artificios pero siempre lo posible y de manera instantánea, en el espacio y en el tiempo.
sonido:
A través de todos esos pasos en los pasillos larguísimos y frescos escuchábamos la música de un I-pod encajado -invisible y liviano- a unos auriculares gigantes parecidos a los cubre orejas que se usan en invierno cuando hace frío polar. Algo así escuchábamos o algo parecido a esto. Crracc. Un ruido como de galletitas muertas, de manzanas mordisqueadas por la dentadura helada y amarga de la muerte cuando es prematura. Después, Anne Marie dijo que ella nos avisó que fue la primera, imitó nuestra cara y reímos porque era una cara que nos dejaba parados como marmotas. Pero ya no lo recordábamos, nada, ni resabio de la voz suave pero penetrante de Anne Marie.
off:
Vimos una poderosa llama flameando con violencia y escupiendo un humo espeso en exceso mientras el aire adquiría muy levemente y con lentitud un aroma dulzón y cargado. Luego el humo ya no permitió que se viera la llama, ni las paredes ni lo que estaba en el otro extremo del pasillo. Corríamos con ese resto que sale de un interior desconocido y la velocidad del pensamiento y de las decisiones parecía como si fulminasen el universo silenciado e indiferente frente a las catástrofes humanas. Mientras el humo inundaba los órganos doblando-avanzando-doblando como una columna flexible que se adaptaba a todas las superficies por más rígidas por más macisas que fueran y ya cada vez con más dificultad lograban los cuerpos huir. No había aire respirable, los gritos apagados como sellados en las entrañas del inframundo cada vez más se parecían a estertores inofensivos; mímicas relentas. Alguien pisaba los auriculares sin quererlo, en el atropello cerca de la escalera. _____________________ Los huesos levitan... por el dolor? todo movimiento de cosas se inmoviliza para flotar... por la combustión? Mudez, total, absoluta.
sonido:
A través de todos esos pasos en los pasillos larguísimos y frescos escuchábamos la música de un I-pod encajado -invisible y liviano- a unos auriculares gigantes parecidos a los cubre orejas que se usan en invierno cuando hace frío polar. Algo así escuchábamos o algo parecido a esto. Crracc. Un ruido como de galletitas muertas, de manzanas mordisqueadas por la dentadura helada y amarga de la muerte cuando es prematura. Después, Anne Marie dijo que ella nos avisó que fue la primera, imitó nuestra cara y reímos porque era una cara que nos dejaba parados como marmotas. Pero ya no lo recordábamos, nada, ni resabio de la voz suave pero penetrante de Anne Marie.
off:
Vimos una poderosa llama flameando con violencia y escupiendo un humo espeso en exceso mientras el aire adquiría muy levemente y con lentitud un aroma dulzón y cargado. Luego el humo ya no permitió que se viera la llama, ni las paredes ni lo que estaba en el otro extremo del pasillo. Corríamos con ese resto que sale de un interior desconocido y la velocidad del pensamiento y de las decisiones parecía como si fulminasen el universo silenciado e indiferente frente a las catástrofes humanas. Mientras el humo inundaba los órganos doblando-avanzando-doblando como una columna flexible que se adaptaba a todas las superficies por más rígidas por más macisas que fueran y ya cada vez con más dificultad lograban los cuerpos huir. No había aire respirable, los gritos apagados como sellados en las entrañas del inframundo cada vez más se parecían a estertores inofensivos; mímicas relentas. Alguien pisaba los auriculares sin quererlo, en el atropello cerca de la escalera. _____________________ Los huesos levitan... por el dolor? todo movimiento de cosas se inmoviliza para flotar... por la combustión? Mudez, total, absoluta.
12 mayo, 2012
Explicación
Cuando abren las puertas a las 10.03 la gente es chupada hacia dentro. Hay dos colas, la cola larga y parsimoniosa de los mayores y la cola no tan larga y más o menos aletargada de los demás. Pero te podés poner en cualquiera de las dos porque al final es lo mismo. Cuando todos entramos somos como un reguero de ilusiones y de quejidos lastimosos y algún que otro recelo se cuela por las superficies templadas y las mamparas que distribuyen el espacio y los cartelitos acrílicos de colores azulados que indican a donde se debe dirigir cada uno llevando sus pequeñas densidades de expectativa. Nos sentamos al lado de un fantasma que nos habla entre tantas arrugas que se parten parece que se fueran a partir y desparramarse sin hacer ruido al rebotar en el suelo. Solo mantiene la fortaleza y la convicción en unos grandes ojos verdes que nos gustan.
No sabés con qué se conecta todo esto. Y no te atreverías a mirar con fijeza esos ojos por miedo a ver una cara de abuela muerta. Y preguntás luego: es por los dólares, por los créditos para comprar vivienda o por los plazos fijos de los que la anciana fantasmal habla sin cesar. Así son las apariciones, en un cómodo asiento mullido sobre limpio piso de goma y esas empleadas de banco con sus piernas muy largas y sus blusas escotadas que hablan mucho por teléfono y piden café y medialunas. Es la propiedad son los plazos fijos, son las colas las esperas inútiles, los empleados que trabajan demasiado despacio y las jubilaciones que enternecen el aire por su fragilidad y desamparo y los reclamos y las orientaciones que revolotean como colibríes paranoicos hechos de papel madera, salidera y azar de ruleta y otros tantos desvíos de la ley y la urgencia. Esas y unas cuantas cosas más conectadas de cierta manera y las instituciones que albergan ciertos tópicos locos. Pero no los tópicos de un hospital que los hay, no los de una escuela que los hay, como dijiste antes, los aparecidos del banco son llamados por los humitos y los cactus mágicos del banco. Hacés un rollito y te fumás los dólares y la propiedad que está produciéndose en la imaginación y en el puro-maravilloso plano del deseo; y salís completamente embargado de todo eso y pensando que los fantasmas que se quedaron adentro -y no salieron a la calle porque adentro no los colmaban aún- ahora están tristes porque no tienen con quien hablar.
No sabés con qué se conecta todo esto. Y no te atreverías a mirar con fijeza esos ojos por miedo a ver una cara de abuela muerta. Y preguntás luego: es por los dólares, por los créditos para comprar vivienda o por los plazos fijos de los que la anciana fantasmal habla sin cesar. Así son las apariciones, en un cómodo asiento mullido sobre limpio piso de goma y esas empleadas de banco con sus piernas muy largas y sus blusas escotadas que hablan mucho por teléfono y piden café y medialunas. Es la propiedad son los plazos fijos, son las colas las esperas inútiles, los empleados que trabajan demasiado despacio y las jubilaciones que enternecen el aire por su fragilidad y desamparo y los reclamos y las orientaciones que revolotean como colibríes paranoicos hechos de papel madera, salidera y azar de ruleta y otros tantos desvíos de la ley y la urgencia. Esas y unas cuantas cosas más conectadas de cierta manera y las instituciones que albergan ciertos tópicos locos. Pero no los tópicos de un hospital que los hay, no los de una escuela que los hay, como dijiste antes, los aparecidos del banco son llamados por los humitos y los cactus mágicos del banco. Hacés un rollito y te fumás los dólares y la propiedad que está produciéndose en la imaginación y en el puro-maravilloso plano del deseo; y salís completamente embargado de todo eso y pensando que los fantasmas que se quedaron adentro -y no salieron a la calle porque adentro no los colmaban aún- ahora están tristes porque no tienen con quien hablar.
10 mayo, 2012
Vislumbre
Antes podíamos ver el futuro y por eso estábamos tranquilos. Antes. Y ahora ya no podemos, solo una nube, a veces oscura-tenebrosa, otras veces indeterminada y echando lágrimas en todas direcciones. Abrumadora nube. A veces cuando queremos mediante gestos lentos e inhospitalarios querer volver a ver el futuro ustedes no lo permiten y entonces nos vamos quejosos y un poco más viejos.
Cuando ustedes ofrecen o demandan lo imposible ahí es cuando el tiempo se nubla.
Acaso quizá solo eso justifica el juramento del aceptar para toda la vida. Porque permite vislumbrar toda la eternidad la más pequeña y exquisita la de un individuo cualquiera. Es formidable y es cierto en definitiva que las mejores cosas no se compran con dinero, al menos aquellas que tranquilizan los afectos. No dudamos de lo bien que lo pasamos todos los días del fin de semana largo. Uno se ocupaba de podar y desparasitar sus plantas que no se acostumbran al invierno. Y luego limpiar el acuario, sacar los trocitos de valisnerias trozadas por los caracoles o las potentes patas de la rana. Siempre las flores gélidas de la montaña están amenazando con secarse si no las atendemos o ubicamos en los lugares más desconcertantes pero razonables. Mientras tanto siempre se trata de vislumbrar lo que vendrá o de estar imposibilitados y enfermos de hacerlo. Después... siempre el acecho de la absolutez, de márgenes sin nombre, de algo que poniendo todo en entredicho muestra que no hay ausencia más hospitalaria que la muerte, para los que se aman.
Cuando ustedes ofrecen o demandan lo imposible ahí es cuando el tiempo se nubla.
Acaso quizá solo eso justifica el juramento del aceptar para toda la vida. Porque permite vislumbrar toda la eternidad la más pequeña y exquisita la de un individuo cualquiera. Es formidable y es cierto en definitiva que las mejores cosas no se compran con dinero, al menos aquellas que tranquilizan los afectos. No dudamos de lo bien que lo pasamos todos los días del fin de semana largo. Uno se ocupaba de podar y desparasitar sus plantas que no se acostumbran al invierno. Y luego limpiar el acuario, sacar los trocitos de valisnerias trozadas por los caracoles o las potentes patas de la rana. Siempre las flores gélidas de la montaña están amenazando con secarse si no las atendemos o ubicamos en los lugares más desconcertantes pero razonables. Mientras tanto siempre se trata de vislumbrar lo que vendrá o de estar imposibilitados y enfermos de hacerlo. Después... siempre el acecho de la absolutez, de márgenes sin nombre, de algo que poniendo todo en entredicho muestra que no hay ausencia más hospitalaria que la muerte, para los que se aman.
07 mayo, 2012
En la bandeja
Siempre nos gusta ver que entre los analías, los juanitas, bernabé, e incluso algún que otro mensaje que nosotros mismos pudimos mandar a nosotros mismos oculto o copiado, equivocado, perdido, apurado... A la noche, terminando ya, con sueño, en puja constante con cierta desesperanza lo último que se pierde... Entonces, ver allí, entre las superficies blancas y la luz artificial, un mail de ustedes. Uno que reposa antes de perderse en otras pantallas, en otras ventanas abiertas o cerradas, ya leído pero entremezclado todavía entre otros mensajes que se intercalan y superponen entre solapas de solapas que no esperan nada. De los veinticinco que se muestran uno hay, uno que renueva el círculo de los otros dos mil setecientos sesenta y dos que no nos importan tanto sus presencias.
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