La segunda parte del año es mucho mejor que la primera. Hay algo en la primera parte que hace que un día todo eclosione, es una presión que el resto de los días se puede manejar, disimular. Pero el último día de la primera mitad es terrible porque el cuerpo está harto de los años y las estaciones y las promesas de los órganos.
En el capítulo XXIV del tomo I dice Marx lo siguiente en una traducción de W. Roces: "Los contingentes expulsados de sus tierras al disolverse las huestes feudales y ser expropiados a empellones y por la fuerza de lo que poseían, formaban un proletariado libre y privado de medios de existencia, que no podía ser absorbido por las manufacturas con la misma rapidez con que se le arrojaba al arroyo. Por otra parte, estos seres que de repente se veían lanzados fuera de su órbita acostumbrada de vida, no podían adaptarse con la misma celeridad a la disciplina de su nuevo estado. Y así, una masa de ellos fueron convirtiéndose en mendigos, salteadores y vagabundos; algunos por inclinación, pero los más, obligados por las circunstancias".
Cuando la primera parte del año va llegando a su fin se hace insoportable porque avanza como un rápido que a cada curva del cauce degenera hasta volverse irreconocible. Las multitudes van hacia su propia caída donde las lleva irremisible la corriente de los tiempos para desperdiciarlas, y no dicen nada, no dicen, nada dicen. Por eso hasta que llegue la segunda mitad no hay nada de qué quejarse pues en la Edad Oscura los individuos no decían ni mu. Luego en los siglos de las Luces era tan esquizofrénica la fuerza con que se los capturaba para recofigurarlos que los hierros candentes con que se marcaba su carne se enfriaban pronto. La segunda mitad es el fiel reflejo de la primera pero típicamente descomprimida. Es como tomar un globo entre los dedos índice y pulgar, bien inflado el globo hasta que las paredes se vuelvan tenues y transparentes, y retenerlo allí con los dedos presionando y no dejando escapar el aire pero luego soltando la cosa y que se disperse resonando errática viajando como un huevo enloquecido de corta duración. La segunda mitad del año es entonces un trazo menos hostil y acuciante pero de cobertura fofa: Zaratustra... había dicho que el horizonte había sido borrado con una esponja?
11 junio, 2012
02 junio, 2012
Deseo
Empecemos por algo simple y pequeño. Una pequeña materia blancuzca de unos pocos milímetros de diámetro donde están puestas las esperanzas y las expectativas de ponerse bien de no tener más unas terribles visiones que suben de un interior desconocido de terribles impulsos oscuros llamados locura y muerte abrupta. Entre nuestras manos va y viene la pequeña esferilla achatada, compactada y difícil de manipular, sobre todo cuando tenemos que cortarla justo por el medio y que aunque está marcada de fábrica por una zanja perfecta que la corre cruzando su diámetro, es en extremo evasiva, partiéndose fragmentándose de un modo fastidioso que la transforma en polvo de vida desesperada. En cierta ocasión tratamos de cortarla con una tijera utilizando solo una de sus hojas haciendo presión contra el apoya brazos del micro en el que viajamos hasta un cerro que nos disponemos a escalar y es sumamente complejo; el corte falla, y después de vacilaciones y forcejeos nerviosos, por el tiempo que siempre nos corre, los trocitos de la pastillita saltan en fragmentos deshechos, pero por suerte todos quedan resguardados en nuestras manos. Ella dice que no es nada y chupa los trocitos vueltos polvo y los absorbe con pasión. Y pensamos que cuando levantemos la copa, soplemos pequeñas velas retorcidas o intentemos encontrar seres mitológicos mirando el firmamento en la cumbre de un cerro solo querremos pedir -porque tantas veces hubo que el deseo era un mero hueco y el futuro una estrella distante e indiferente- la estrella hermosa que ella se merece.
27 mayo, 2012
Fuego
La magia es la posibilidad de operar un transporte de lo posible pero inmediato. De cuerpos, de cosas vivas o meros artificios pero siempre lo posible y de manera instantánea, en el espacio y en el tiempo.
sonido:
A través de todos esos pasos en los pasillos larguísimos y frescos escuchábamos la música de un I-pod encajado -invisible y liviano- a unos auriculares gigantes parecidos a los cubre orejas que se usan en invierno cuando hace frío polar. Algo así escuchábamos o algo parecido a esto. Crracc. Un ruido como de galletitas muertas, de manzanas mordisqueadas por la dentadura helada y amarga de la muerte cuando es prematura. Después, Anne Marie dijo que ella nos avisó que fue la primera, imitó nuestra cara y reímos porque era una cara que nos dejaba parados como marmotas. Pero ya no lo recordábamos, nada, ni resabio de la voz suave pero penetrante de Anne Marie.
off:
Vimos una poderosa llama flameando con violencia y escupiendo un humo espeso en exceso mientras el aire adquiría muy levemente y con lentitud un aroma dulzón y cargado. Luego el humo ya no permitió que se viera la llama, ni las paredes ni lo que estaba en el otro extremo del pasillo. Corríamos con ese resto que sale de un interior desconocido y la velocidad del pensamiento y de las decisiones parecía como si fulminasen el universo silenciado e indiferente frente a las catástrofes humanas. Mientras el humo inundaba los órganos doblando-avanzando-doblando como una columna flexible que se adaptaba a todas las superficies por más rígidas por más macisas que fueran y ya cada vez con más dificultad lograban los cuerpos huir. No había aire respirable, los gritos apagados como sellados en las entrañas del inframundo cada vez más se parecían a estertores inofensivos; mímicas relentas. Alguien pisaba los auriculares sin quererlo, en el atropello cerca de la escalera. _____________________ Los huesos levitan... por el dolor? todo movimiento de cosas se inmoviliza para flotar... por la combustión? Mudez, total, absoluta.
sonido:
A través de todos esos pasos en los pasillos larguísimos y frescos escuchábamos la música de un I-pod encajado -invisible y liviano- a unos auriculares gigantes parecidos a los cubre orejas que se usan en invierno cuando hace frío polar. Algo así escuchábamos o algo parecido a esto. Crracc. Un ruido como de galletitas muertas, de manzanas mordisqueadas por la dentadura helada y amarga de la muerte cuando es prematura. Después, Anne Marie dijo que ella nos avisó que fue la primera, imitó nuestra cara y reímos porque era una cara que nos dejaba parados como marmotas. Pero ya no lo recordábamos, nada, ni resabio de la voz suave pero penetrante de Anne Marie.
off:
Vimos una poderosa llama flameando con violencia y escupiendo un humo espeso en exceso mientras el aire adquiría muy levemente y con lentitud un aroma dulzón y cargado. Luego el humo ya no permitió que se viera la llama, ni las paredes ni lo que estaba en el otro extremo del pasillo. Corríamos con ese resto que sale de un interior desconocido y la velocidad del pensamiento y de las decisiones parecía como si fulminasen el universo silenciado e indiferente frente a las catástrofes humanas. Mientras el humo inundaba los órganos doblando-avanzando-doblando como una columna flexible que se adaptaba a todas las superficies por más rígidas por más macisas que fueran y ya cada vez con más dificultad lograban los cuerpos huir. No había aire respirable, los gritos apagados como sellados en las entrañas del inframundo cada vez más se parecían a estertores inofensivos; mímicas relentas. Alguien pisaba los auriculares sin quererlo, en el atropello cerca de la escalera. _____________________ Los huesos levitan... por el dolor? todo movimiento de cosas se inmoviliza para flotar... por la combustión? Mudez, total, absoluta.
12 mayo, 2012
Explicación
Cuando abren las puertas a las 10.03 la gente es chupada hacia dentro. Hay dos colas, la cola larga y parsimoniosa de los mayores y la cola no tan larga y más o menos aletargada de los demás. Pero te podés poner en cualquiera de las dos porque al final es lo mismo. Cuando todos entramos somos como un reguero de ilusiones y de quejidos lastimosos y algún que otro recelo se cuela por las superficies templadas y las mamparas que distribuyen el espacio y los cartelitos acrílicos de colores azulados que indican a donde se debe dirigir cada uno llevando sus pequeñas densidades de expectativa. Nos sentamos al lado de un fantasma que nos habla entre tantas arrugas que se parten parece que se fueran a partir y desparramarse sin hacer ruido al rebotar en el suelo. Solo mantiene la fortaleza y la convicción en unos grandes ojos verdes que nos gustan.
No sabés con qué se conecta todo esto. Y no te atreverías a mirar con fijeza esos ojos por miedo a ver una cara de abuela muerta. Y preguntás luego: es por los dólares, por los créditos para comprar vivienda o por los plazos fijos de los que la anciana fantasmal habla sin cesar. Así son las apariciones, en un cómodo asiento mullido sobre limpio piso de goma y esas empleadas de banco con sus piernas muy largas y sus blusas escotadas que hablan mucho por teléfono y piden café y medialunas. Es la propiedad son los plazos fijos, son las colas las esperas inútiles, los empleados que trabajan demasiado despacio y las jubilaciones que enternecen el aire por su fragilidad y desamparo y los reclamos y las orientaciones que revolotean como colibríes paranoicos hechos de papel madera, salidera y azar de ruleta y otros tantos desvíos de la ley y la urgencia. Esas y unas cuantas cosas más conectadas de cierta manera y las instituciones que albergan ciertos tópicos locos. Pero no los tópicos de un hospital que los hay, no los de una escuela que los hay, como dijiste antes, los aparecidos del banco son llamados por los humitos y los cactus mágicos del banco. Hacés un rollito y te fumás los dólares y la propiedad que está produciéndose en la imaginación y en el puro-maravilloso plano del deseo; y salís completamente embargado de todo eso y pensando que los fantasmas que se quedaron adentro -y no salieron a la calle porque adentro no los colmaban aún- ahora están tristes porque no tienen con quien hablar.
No sabés con qué se conecta todo esto. Y no te atreverías a mirar con fijeza esos ojos por miedo a ver una cara de abuela muerta. Y preguntás luego: es por los dólares, por los créditos para comprar vivienda o por los plazos fijos de los que la anciana fantasmal habla sin cesar. Así son las apariciones, en un cómodo asiento mullido sobre limpio piso de goma y esas empleadas de banco con sus piernas muy largas y sus blusas escotadas que hablan mucho por teléfono y piden café y medialunas. Es la propiedad son los plazos fijos, son las colas las esperas inútiles, los empleados que trabajan demasiado despacio y las jubilaciones que enternecen el aire por su fragilidad y desamparo y los reclamos y las orientaciones que revolotean como colibríes paranoicos hechos de papel madera, salidera y azar de ruleta y otros tantos desvíos de la ley y la urgencia. Esas y unas cuantas cosas más conectadas de cierta manera y las instituciones que albergan ciertos tópicos locos. Pero no los tópicos de un hospital que los hay, no los de una escuela que los hay, como dijiste antes, los aparecidos del banco son llamados por los humitos y los cactus mágicos del banco. Hacés un rollito y te fumás los dólares y la propiedad que está produciéndose en la imaginación y en el puro-maravilloso plano del deseo; y salís completamente embargado de todo eso y pensando que los fantasmas que se quedaron adentro -y no salieron a la calle porque adentro no los colmaban aún- ahora están tristes porque no tienen con quien hablar.
10 mayo, 2012
Vislumbre
Antes podíamos ver el futuro y por eso estábamos tranquilos. Antes. Y ahora ya no podemos, solo una nube, a veces oscura-tenebrosa, otras veces indeterminada y echando lágrimas en todas direcciones. Abrumadora nube. A veces cuando queremos mediante gestos lentos e inhospitalarios querer volver a ver el futuro ustedes no lo permiten y entonces nos vamos quejosos y un poco más viejos.
Cuando ustedes ofrecen o demandan lo imposible ahí es cuando el tiempo se nubla.
Acaso quizá solo eso justifica el juramento del aceptar para toda la vida. Porque permite vislumbrar toda la eternidad la más pequeña y exquisita la de un individuo cualquiera. Es formidable y es cierto en definitiva que las mejores cosas no se compran con dinero, al menos aquellas que tranquilizan los afectos. No dudamos de lo bien que lo pasamos todos los días del fin de semana largo. Uno se ocupaba de podar y desparasitar sus plantas que no se acostumbran al invierno. Y luego limpiar el acuario, sacar los trocitos de valisnerias trozadas por los caracoles o las potentes patas de la rana. Siempre las flores gélidas de la montaña están amenazando con secarse si no las atendemos o ubicamos en los lugares más desconcertantes pero razonables. Mientras tanto siempre se trata de vislumbrar lo que vendrá o de estar imposibilitados y enfermos de hacerlo. Después... siempre el acecho de la absolutez, de márgenes sin nombre, de algo que poniendo todo en entredicho muestra que no hay ausencia más hospitalaria que la muerte, para los que se aman.
Cuando ustedes ofrecen o demandan lo imposible ahí es cuando el tiempo se nubla.
Acaso quizá solo eso justifica el juramento del aceptar para toda la vida. Porque permite vislumbrar toda la eternidad la más pequeña y exquisita la de un individuo cualquiera. Es formidable y es cierto en definitiva que las mejores cosas no se compran con dinero, al menos aquellas que tranquilizan los afectos. No dudamos de lo bien que lo pasamos todos los días del fin de semana largo. Uno se ocupaba de podar y desparasitar sus plantas que no se acostumbran al invierno. Y luego limpiar el acuario, sacar los trocitos de valisnerias trozadas por los caracoles o las potentes patas de la rana. Siempre las flores gélidas de la montaña están amenazando con secarse si no las atendemos o ubicamos en los lugares más desconcertantes pero razonables. Mientras tanto siempre se trata de vislumbrar lo que vendrá o de estar imposibilitados y enfermos de hacerlo. Después... siempre el acecho de la absolutez, de márgenes sin nombre, de algo que poniendo todo en entredicho muestra que no hay ausencia más hospitalaria que la muerte, para los que se aman.
07 mayo, 2012
En la bandeja
Siempre nos gusta ver que entre los analías, los juanitas, bernabé, e incluso algún que otro mensaje que nosotros mismos pudimos mandar a nosotros mismos oculto o copiado, equivocado, perdido, apurado... A la noche, terminando ya, con sueño, en puja constante con cierta desesperanza lo último que se pierde... Entonces, ver allí, entre las superficies blancas y la luz artificial, un mail de ustedes. Uno que reposa antes de perderse en otras pantallas, en otras ventanas abiertas o cerradas, ya leído pero entremezclado todavía entre otros mensajes que se intercalan y superponen entre solapas de solapas que no esperan nada. De los veinticinco que se muestran uno hay, uno que renueva el círculo de los otros dos mil setecientos sesenta y dos que no nos importan tanto sus presencias.
28 abril, 2012
Dos fisuras sobre la salida
Ellos me saludan y salen. Todavía entre ese aire se sienten los resoplidos burlones del desquite de lo que hizo con la plata que le dio soberano. Porque dice que le preguntaron que para qué quería la plata y dijo que para útiles, para útiles, todo es para útiles. Pero mientras la sonrisa crece y se le ataca cada comisura del rostro dice que fueron terribles las llantas y mientras otras risas se suman y unas carcajadas rabiosas rodean los cuerpos que se doblan por los giros violentos de nuevas risas dice que aquel de allá se compró un consolador negro.
La velocidad de las palabras y de los gestos, los movimientos breves de la lengua y de los dientes vibrando como si el esmalte saltara para recomponerse de inmediato siempre es irreproducible. Al menos mis enunciados no tienen jamás acceso a esa clase de velocidad. Pero entonces, cuando llegan a la esquina... Dos tipos están haciendo un ring ahí en medio de la calle, para un peugeot 404 y una moto embarrada, todos mirando, pasa otro vecino y todos se paran para ver. Ellos claro, algunos en la vereda otros tan cerca que casi pueden sentir el zumbido de las trompadas cortando la linda tarde de sol. Después llega gendarmería y se dispersan; todo lo terrible y lo azarosamente desgraciado se dispersa veo ese bastón negro girando en el aire como santo remedio.
Como cuando miramos el mar; así es ese gran momento. La violencia del mar y de las piñas, la espuma y la sangre a borbotones, el revoltijo torpe de los cuerpos sobre la densidad de la sal y el agua fría donde la carne y la madera flotan sin problemas y de este lado el amasijo de los miembros tensados que se abrazan y hacen que la violencia decante en un forcejeo ineficaz. El silencio infaltable porque cuando se mira el mar solo se lo mira y se lo escucha bramar pero de este lado nada, suspenso o suspensión. Silenciamiento. La violencia es el umbral que arrecia en el plano y del que penden todas las miradas muertas de hambre y de frío y de necesidad de que las placas circulen y diagramen todo el movimiento de los cuerpos. Todos prendidos de ese bumerang que traerá actos vivos y palabras vivas; pero en el umbral todo es siempre como dije un silencio que se sustrae atrayéndolo todo y silenciando más.
La velocidad de las palabras y de los gestos, los movimientos breves de la lengua y de los dientes vibrando como si el esmalte saltara para recomponerse de inmediato siempre es irreproducible. Al menos mis enunciados no tienen jamás acceso a esa clase de velocidad. Pero entonces, cuando llegan a la esquina... Dos tipos están haciendo un ring ahí en medio de la calle, para un peugeot 404 y una moto embarrada, todos mirando, pasa otro vecino y todos se paran para ver. Ellos claro, algunos en la vereda otros tan cerca que casi pueden sentir el zumbido de las trompadas cortando la linda tarde de sol. Después llega gendarmería y se dispersan; todo lo terrible y lo azarosamente desgraciado se dispersa veo ese bastón negro girando en el aire como santo remedio.
Como cuando miramos el mar; así es ese gran momento. La violencia del mar y de las piñas, la espuma y la sangre a borbotones, el revoltijo torpe de los cuerpos sobre la densidad de la sal y el agua fría donde la carne y la madera flotan sin problemas y de este lado el amasijo de los miembros tensados que se abrazan y hacen que la violencia decante en un forcejeo ineficaz. El silencio infaltable porque cuando se mira el mar solo se lo mira y se lo escucha bramar pero de este lado nada, suspenso o suspensión. Silenciamiento. La violencia es el umbral que arrecia en el plano y del que penden todas las miradas muertas de hambre y de frío y de necesidad de que las placas circulen y diagramen todo el movimiento de los cuerpos. Todos prendidos de ese bumerang que traerá actos vivos y palabras vivas; pero en el umbral todo es siempre como dije un silencio que se sustrae atrayéndolo todo y silenciando más.
18 abril, 2012
Totalidades
La tía calienta la mesa calienta las sillas calienta el aire con sus ojos pardos delineados y borrosos. Cuando se le escapa una sonrisa provocadora y un exabrupto que baña el espacio finalmente la tía parece poderlo todo. Cuando pega, cuando educa y mal educa cuando da y saca cuando increpa y recrimina; tanto reprocha y tan altos discursos de recriminación lanza que empequeñece todo y solo queda un charquito de lágrimas nadando en todas las cosas que ya no van a ser y en los cien pesos que van a ser diez y después cinco y después dos y luego nada. Para terminar en silencio y en echar todo a la mierda para que no vuelva porque se portó muy mal no cumplió no agradeció no valoró y se le atravesó el padre que nunca estuvo y solo la tía estuvo solo hubo tía nada más. Deliciosas manos de la tía que se mueven en el aire junto a ese esmalte que comienza a salirse del cartílago firme y de las nalgas firmes y de las curvas proporcionadas que se alejan moviendo caderas como el ultra viento que mueve edificios y nadie lo nota.
07 abril, 2012
De la no identidad
Todos los borrachos en la noche negra revolotean como un ejército que se niega a sí mismo, por el desorden y la confusión. Inertes. Caminan, deambulan; en la noche clara con luz artificial. Atraviesan estaciones de servicio fumando y los cagan a pedos cerca de la luna. Luego suben a un auto quemado desvensijado y juegan a que tienen auto y que manejan, su vida y sus relaciones y ríen tanto que las viejas se asoman a los balcones y ven penes flácidos por todas partes orinando los árboles caídos por el temporal. A dónde van y qué hacen de qué hablan y por qué no son concientes de que todo se acaba de que la felicidad que sienten es tan breve... Pero vale la pena, caminar y caminar con un rumbo incierto solo corridos por un amanecer que a cada momento amenaza con fulminar de un toque los cadáveres y levantar, a causa del sol insoportable de la mañana, un nauseabundo olor a madera podrida y otras tantas moneras anaeróbias.
01 abril, 2012
Identidad
Me miro al espejo, me niego, reboto y vuelvo para recomponerme. Todavía no me vestí, aún no tomé mate ni café y ya tracé en mí toda la identidad toda la historia subjetiva. Parece, dicen, los poco agraciados, que Lacan ganó miles de lingotitos oro solo por aprenderse ese dictum hasta la médula y reconfigurarlo con toda la corteza multicolor.
Después entro y alguien me sonríe; takara me dijo que es especialista en ortodoncia, yo también lo soy, porque el Dr. gonzález en el consultorio 27 así me hizo y por eso le debo eternamente la torta de dulce de leche, pero por culpa de la obra social de los bancarios que tanto supo pudrir zanola; ese nombre que trae para todos reminiscencias de frutas y dejos amargos en boca. Y, me confesó, takara, que no sabe hacer conductos; siempre misteriosos e inaccesibles. Todo esto porque la sonrisa amplia que me enfrenta tiene unos braques inmensos pero entradores; todo un logro que los braques tengan gracia. Usted se parece a alex ubago... lo conoce? Sí, no, sí, el sonido el nombre, algo que revuela que recorre el aire como todo, flatus. Y... es bueno o malo parecerse a alex? Silencio. Risas. Dudas. Melodías.
Después entro, me paro quiero decir algo importante; qué es el vértigo, definamos el vértigo... Usted se parece a... cómo se llaman los tres chiflados? ah! sí usted es el que no tiene pelo, no ese no, el que no tiene acá pero acá sí, sí, ese, sí. Larry.
Después entro y alguien me sonríe; takara me dijo que es especialista en ortodoncia, yo también lo soy, porque el Dr. gonzález en el consultorio 27 así me hizo y por eso le debo eternamente la torta de dulce de leche, pero por culpa de la obra social de los bancarios que tanto supo pudrir zanola; ese nombre que trae para todos reminiscencias de frutas y dejos amargos en boca. Y, me confesó, takara, que no sabe hacer conductos; siempre misteriosos e inaccesibles. Todo esto porque la sonrisa amplia que me enfrenta tiene unos braques inmensos pero entradores; todo un logro que los braques tengan gracia. Usted se parece a alex ubago... lo conoce? Sí, no, sí, el sonido el nombre, algo que revuela que recorre el aire como todo, flatus. Y... es bueno o malo parecerse a alex? Silencio. Risas. Dudas. Melodías.
Después entro, me paro quiero decir algo importante; qué es el vértigo, definamos el vértigo... Usted se parece a... cómo se llaman los tres chiflados? ah! sí usted es el que no tiene pelo, no ese no, el que no tiene acá pero acá sí, sí, ese, sí. Larry.
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