02 octubre, 2011

Racimo de plátanos


  rdeb
 Contó tt hace poco que estacionados en puerto africano con el Tegerberg Me mandó a tt a comprar unos plátanos. No sabemos como siempre muy bien los detalles -y menos ahora cuando todo se vuelve a mover en un tablero que está en constante devenir-. Pero tt con nueve años desciende del Tegerberg y compra bananas, después la retan por comprar un racimo de plátanos y no dos o tres como por sentido común tenía encomendado. tt amante de las cantidades ya perfilaba quizá su destino en aquellos puestos portuarios de África un puerto por ahora innominado, debido seguramente a nuestra torpeza. Comen las bananas con las hermanas y la madre y unas mujeres que acompañan en aquel depósito del barco inmenso abajo junto a todos los pobres cerca de las bodegas en una semioscuridad. tt dice que se podía subir a cubierta dice que se podía visitar la parte de los ricos que le daba mucho trabajo la hermana y que mamá, por Me, fue de una osadía incomparable. Eso nadie lo pone en duda, en otras cosas tt es contradicha a veces con vehemencia.   

29 septiembre, 2011

Crisis

 Estábamos seguros de que toda crisis era más bien como cierto resquebrajamiento total del suelo, un hundirse absoluto donde el cuerpo es chupado hacia un sin fondo; porque siempre se puede estar peor. Aquella vez sentimos esa clase de llamada. Madrugada. En Turquía. Quince segundos de temblor y los cimientos se vaporizan y las calles quedan como venas abiertas que sangran objetos disímiles. El perder el sostén y caer, el esfumarse de la base y perder la apoyatura es la idea del effondrement. Una rutina, un trabajo, un amor pasa un día y se abisma haciéndose añicos pero siempre a partir de una libre elección. 
 La oportunidad de peligro. El juego salvaje con lo que nos acecha nos toma, nos nubla la visión. Y su boca, sus fauces cada vez más abiertas saturándonos con su aliento insoportable y el temor de que al cerrarse tenga los mil ochocientos kilos de fuerza de un saurópsido arcosaurio. Pero el peligro, la oportunidad, deben ser fisurados por el medio mismo abriendo la beta y haciéndola saltar; o colándose dentro de ella para barrer todo lo que de destructivo contenga y asociarse solo con sus partes blandas. Golpe tras golpe. Modelando. El peligro oportuno. Ahora nos parece que en aquella ocasión un tal effondrement no ha sido más que un viento del sur soplando de un modo demasiado vertiginoso, demasiado barredor de cualquier vestigio de tranquilidad. Había que saber colarse en una corriente oceánica tan fría, pero no era más que eso.    

22 septiembre, 2011

La lista

Primero la lista:

-hoy, visitar abuela,
-ir buscar, apunte francés y ejercicios de matemática + ev sábado -por la tarde
-pasar a buscar copias de geo y leer filos
-pedir a caro lo de ed


 Discutíamos sobre la distinción entre lo teórico y lo práctico; mejor dicho entre lo teórico y lo intuitivo. Cada uno tenía que pensar una pareja para decir de manera argumentada por qué creía que uno era el intuitivo y otro el teórico. Por ejemplo Gardel/Lepera, Pinki/Cerebro/, Quijote/Sancho, Bioy/JLB, Tom/Jerry, Dalí/Gala. Pero en medio de un bullicio que ya nos había sacado del tema y viendo cómo alguno que otro echaba un bostezo contagioso se pidió silencio y se dijo que había ocurrido un hallazgo. Todos miraron hacia el fondo donde Beni había encontrado bajo el antiguo pupitre, recientemente lijado, aquella lista olvidada, tal vez aquella misma mañana. Este sí que es el hombre teórico, el hombre que toma este paraguas endeble pero que nunca debe ser subestimado y postula la organización como modo básico de vida. Este es el hombre que trata de protegerse con los esquemas y que se sacrifica y se entrega a sus trazos de pequeñas esquirlas diseminadas antes de apoyar un pie sobre la tierra. Pero lo que más me sorprende, lo que me desarma por la profundidad apasionada... diría, del esquematismo que lo aprisiona y lo reduce todo a las herramientas de que dispone es este visitar abuela. Giro formidable potencia pura y bruta del esquema que se desnuda ante nosotros.  

20 septiembre, 2011

Perderse/recobrarse

 La tentación de irrumpir en un mundo de deseo prohibido se afianza en nosotros. Todos los que han mordisqueado esa fruta de placer y amargura lo saben. Si un día esta práctica de evitar ese asomo a la negra noche sale mal qué pasaría entonces? Qué pasaría si la rapto, si me la como, como ahora ya me la estoy devorando a toda su piel pequeña, curtida y deliciosa piel. Deliciosos ojos verdosos siempre de un vivo tono de sombras, de hojas, de cierta boscosidad, de luz que se cuela por recovecos con suavidad hasta el suelo. Y si cruzamos la delgada línea y si perdemos la cordura y nos perdemos para el mundo y la moral. Todos los que han mordisqueado esa fruta saben lo difícil que es retornar tan solo de esos pensamientos; alumbramientos.

16 septiembre, 2011

El informe




 Mi madre está abajo. Las escaleras llevan a la madre y luego al hall, al patio, a las rejas y la vereda y la calle y el barrio y bastante lejos las avenidas y las mesas lisas donde la gente ama comer hamburguesas. Tras las rejas había un tipo que sacudía, -solo lo vio johnny además de la víctima-, el pito, lo mostraba, se lo mostraba al chico del que se enamoró. Por eso la cabeza siempre girada hacia la ventana, sin oír, sin ver sin entender nada de lo que pasa alrededor. La dentadura floja después de dos trompadas terribles que no dejarían en pie ni a un animal de carga. Hacia las escaleras baja, se aproxima una carta para denunciar para que se vaya para que no vengan, no jodan, no digan, no exijan. La cabeza estalla en el pasillo, estalla tan fuerte que vuelan los sesos y la carne y la sangre espesa  chorrea por las paredes y de inmediato por la pata de una mesa que estaba allí y después todo eso va hacia el piso como un menjunje que se mueve despacio pero seguro. Y sigue, y sigue avanzando como si el suelo tuviese una inclinación. Por qué. La cabeza estalla porque se hartó de la pregunta acerca de qué era verdad y qué falsedad en toda aquella bola densa de palabras hilvanadas como un enjambre. Y sucumbió ante la pregunta y ante su impotencia analítica.    

28 agosto, 2011

Destiempos

 Nos hubiese gustado decir lo que teníamos que decir en el instante preciso, pero nunca funciona así para nosotros. En todos los demás casos no nos importa esa contramarcha, esa estupefacción. Pero con ustedes sí hubiésemos querido reaccionar a tiempo. Explicarles que todo eso lo habíamos predicho. Ahora qué hacer, qué hacer con nuestra vida disponible; material ahí echado junto a la puerta en esa espera de que las cosas pasen. A quién se le puede preguntar, junto a la puerta no hay nadie, no hay luz ni esperanza ni expectativa. Tal vez no esté lo suficientemente entreabierta y la hendija sea demasiado pequeña. Qué pasará si empujamos la puerta y entramos, qué pasará si nos quedamos a la espera de que otro la abra por nosotros. Bueno sería para nosotros poder abandonar este lugar de indecisión de cargarse de silencio y de sombra. En otro sueño deberían ustedes abrir la puerta, asomarse, saludar, un beso un abrazo y luego contarles de este enojo repentino, impotente de sentirse barrido junto a la puerta, fuera, lejos.

27 agosto, 2011

Arrepentirse

 Siempre viviendo y pensando en un tiempo que ya no está. Desencajado. Frente a un horizonte que ya no se pierde por todos los flancos y que tampoco nos ciega por su abrumadora intensa profundidad. El tiempo que ya no está. Arrepentirse. Arrepentirse. Arrepentirse. Y ahora tener todo ese apelotonamiento de tiempo para nada. Un tiempo que da risa y lástima que se desparrama sobre las sillas y deja un reguero de insatisfacción sobre las mesas y todo lo que toca. Ayer. Un tiempo que se escapaba pero para retornar como pequeñas esquirlas con las que componer una obra imperceptible. El tiempo ido era un tiempo que fluía a una velocidad insoportable, eso nos enfermaba y nos mataba todos los días. Y nos acercábamos más y más al climax al que tanto queríamos llegar. El momento en que nos encontramos lanzados a una estratosfera donde todo es desgarradura y nos preguntamos si al fin aprendimos algo. 

22 agosto, 2011

Una pregunta

 Me preguntan una noche casi cuando nos estamos quedando dormidos y la oscuridad se va entibiando de a poco que cuál fue el momento más feliz que puedo recordar juntos. Respiro hondo como si fuese a exhalar un montón de frases pero no sé qué decir; un rato todavía me quedo pensando y al final me duermo. Después pasan un montón de años y cualquier respuesta me parece adecuada. Ustedes me recomiendan muy especialmente leer un poema que es oportuno en relación a un comentario que hice sobre la preparación de un guiso para que comamos juntos otro día que seguro vamos a inventar. 
 Me acuerdo nada más o por caso que había ido al chino a comprar una noche fresca y vine todo cargado pero me sentía muy liviano. Cuando descendía el cordón altísimo en Rivadavia eso me alegraba y después cruzaba la Avenida trotando. No sé en qué pensaba, amaba esa rutina y solo quería estar en yerbalito y cocinar. 

17 agosto, 2011

Milagros


 De vuelta, otra vez andábamos por allá mirando la negrura del cielo del mediodía. Se había puesto así de repente. Cuando las fuerzas se espesan, se ensanchan y comienza a crujir todo el entorno de la naturaleza... nadie se acuerda de ningún pronóstico. El cielo estaba negro y quieto, como hecho de una masa que solo esperaba el último movimiento de partículas para desprenderse y desplomarse como un manto interminable de dolor, de frío. Convencidos de que en lo mojado no se genera nada bueno, nada estable, nada realmente vivo... 
 Nos recostamos sobre el respaldo de un sillón cómodo para sentirnos más livianos y contrarrestar el dolor, las vísceras atrofiadas desde hacía meses. 
 Levantamos en ese preciso instante la llamada. Era DTU para avisar que el fit había llegado a los 400. Nos contagio la alegría, las ganas de festejar, de abrazar a los compañeros y llorar y reír toda la noche. 
 Pero después ya no podíamos reír, mientras avanzábamos desganadamente sintiendo el suave repiqueteo sobre la fina capa de agua en el asfalto azul que deslumbraba todavía más bajo esos grandes faroles de luz fluorescente. Qué de noche estaba todo, a un costado nuestro un chico zumbó deslizándose con una gran tabla de skate. Y eso era lo único, no había más señal de movimiento ni de gente. Las rueditas de goma maciza del skate iban dejando unos largos trazos que se fundían sobre el trasfondo liso que ya no era la calle. Era una superficie para bañar todo de azul y contornear sobre ese plano liso único la noche mojándose así misma, imperceptiblemente, y liberando como un chorro de altísima presión todo el silencio posible.

11 agosto, 2011

Ver el tiempo

 Hay un momento de la tarde, cuando la luz ya se está diluyendo en el ambiente, en que te veo y me pongo triste. Las cosas que nos ponen tristes van como apareciendo solas. Un día nos damos cuenta de que ver que el tiempo pasó nos pone tristes; eso es como algo que se desmorona con suavidad pero no se puede detener juntando las palmas de las manos y oponiendo una fuerza. No hay contención porque es como arena que se cuela, agua que se escurre, granos que ruedan sin ser vistos, cosas que flotan. Me voy apurado, no sé por qué me apuro tanto, dudo que en otro lugar alguien me esté esperando. Vamos juntos hasta la puerta, atravesamos primero ese pasillo donde jamás nos imaginamos alguna vez en la lejanía. Hay hojas por el suelo y la noche corta todo con el frío. Nos damos un abrazo, tímido, después todo el camino me voy a ir reprochando no haberte abrazado con más fuerza. La puerta de una casa vecina se abre de a poco pero ruidosa espanta las pocas palabras que en el aire danzaban aún, un último saludo. Camino unos pasos y me doy vuelta y te veo. Ahí es cuando noto que varias imágenes y figuras de tu silueta se van superponiendo de manera simultánea y un resplandor que nace de la boca y de los dientes, de la sonrisa de la mano que me despide. Todo es exactamente igual y a la vez tan otra cosa, todo el tiempo pasado, y la vida, no sé por donde va tramando y destramando cada fulguración, cada pálpito que nos acerca y nos aleja, nos empequeñece, nos curva y arrastra.